Debate a uno

Foto: Sven Scheuermeier (Unsplash)

(Como ya sabrán los lectores, a estas horas Pedro Sánchez ha confirmado su asistencia al debate del 22 de abril en Televisión Española y del día siguiente en Antena 3. Durante unas horas pareció que podría debatir a solas en la cadena pública, por lo que se estuvo preparando a fondo para esta posibilidad. Hemos tenido acceso a las transcripciones de sus ensayos).

PEDRO SÁNCHEZ: Y por eso creo que el PSOE es el partido que mejor puede asegurar la estabilidad económica y las libertades democráticas.

(Pedro Sánchez corre al atril de al lado).

PEDRO SÁNCHEZ, PONIENDO VOZ DE MALO: No, no es verdad. El PSOE no es bueno. Come esta manzana.

(Pedro Sánchez vuelve a su atril. Así todo el rato).

PEDRO SÁNCHEZ: Qué… ¿Una manzana?

PEDRO SÁNCHEZ, PONIENDO VOZ DE MALO: ¿No te apetece? Mira qué color más bonito tiene…

PEDRO SÁNCHEZ: No digo que no, pero…

PEDRO SÁNCHEZ, PONIENDO VOZ DE MALO: Pégale un bocado, anda…

PEDRO SÁNCHEZ: Bueno, vale.

MODERADOR: ¿Le parece buena idea fiarse de alguien que es usted poniendo, clarísimamento, voz de malo?

PEDRO SÁNCHEZ, PONIENDO VOZ DE MALO: No le hagas caso. Come, come. ¿Te frío un huevo?

(Pedro Sánchez muerde la manzana y cae al suelo. Se arrastra disimulando al atril de al lado).

PEDRO SÁNCHEZ, PONIENDO VOZ DE MALO: Jajaja… ¡He salvado a España!

MODERADOR: Hablando de España…

PEDRO SÁNCHEZ: No, no, lo otro.

MODERADOR: Pero no puedo…

PEDRO SÁNCHEZ: Claro que sí, venga.

MODERADOR: No me parece serio.

PEDRO SÁNCHEZ: Venga, tal y como lo habíamos preparado.

MODERADOR: No creo que pueda hacer esto en televisión.

PEDRO SÁNCHEZ: Luego lo hablamos. Primero veamos cómo queda.

MODERADOR: En fin… Er… Oh, no. ¿Quién ayudará al presidente?

PEDRO SÁNCHEZ: (Desde un tercer atril) ¡Yo! ¡Soy un socio de gobierno responsable! No me gustan las manzanas, prefiero las… (guiña un ojo) naranjas. (Va al primer atril, se arrodilla). ¡Yo te salvaré, Pedro Sánchez! (Se inclina y simula dar un beso al Pedro Sánchez acostado. Se abraza a sí mismo de tal modo que se ven sus manos en la espalda. Se pone de pie en el atril. Le hace un gesto al moderador con la mano).

MODERADOR: ¿De verdad tenemos que hacer esto?

PEDRO SÁNCHEZ: Rápido, que perdemos la intensidad del momento.

MODERADOR: ¡Vuelve a estar en pie! ¿Qué ha ocurrido?

PEDRO SÁNCHEZ: Gracias a nuestros socios de gobierno responsables, hemos salvado la democracia.

PEDRO SÁNCHEZ, PONIENDO VOZ DE MALO: Oh, no. Mis artimañas no han servido para nada.

PEDRO SÁNCHEZ: Así es. España está a salvo una vez más.

PEDRO SÁNCHEZ, DESDE EL TERCER ATRIL: Y yo he ayudado.

MODERADOR: Bien… Er… Pasamos al siguiente bloque. La economía.

PEDRO SÁNCHEZ, PONIENDO VOZ DE TONTO: ¡Me haré una casa de paja!

(Corre al atril de al lado).

PEDRO SÁNCHEZ, PONIENDO VOZ NORMAL: ¡Yo me haré una casa de madera!

(Corre al atril de al lado).

PEDRO SÁNCHEZ, MORDIENDO LA PATILLA DE UNAS GAFAS DE PASTA: Yo me haré una resistente casa de ladrillos, siguiendo las indicaciones del programa del Partido Socialista Obrero Español.

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Algunos fragmentos descartados de mi libro

Las ilustraciones son de Lalalimola

Apenas he hablado del asunto, por lo que es posible que muchos no os hayáis enterado, pero resulta que he publicado un libro titulado ¿Está bien pegar a un nazi?. Está repleto de dilemas éticos cotidianos a los que muchos filósofos clásicos responden con un claro y rotundo DEPENDE.

Como ya os podéis imaginar, el proceso de edición de un libro es arduo y complicado. Durante semanas estuve trabajando estrechamente con el editor y decidimos sacrificar algunos fragmentos. He querido rescatar algunos de estos párrafos para publicarlos aquí, al considerarlos lo suficientemente interesantes. Eso sí, los acompaño de las sensatas notas del editor. No siempre estuvimos de acuerdo, pero creo que ambos podemos estar muy orgullosos del producto final.

“¿Está bien hablar antes de las 9 de la mañana? No. Y después tampoco”.

Nota del editor: Jaime, te agradezco que nos hayas enviado un manuscrito, pero en abril ya vamos a publicar El director, de David Jiménez, y tenemos el resto del año también cubierto.

“Ya lo dijo Kant: ‘Akantdemor’. Jajajaja, ¿lo pillas? Akantdemor. Como Chiquito. Jajajaja, es buenísimo… Akantdemor…”

Nota del editor: No lo entiendo. Pensaba que el libro era serio. ¿Por qué pones eso ahí?

“Hume se preguntaba cómo podemos estar seguros de que el Sol saldrá mañana. Al fin y al cabo, solo lo suponemos porque ha salido cada día hasta hoy. Este filósofo también planteó otras dudas acerca de cómo percibimos el mundo: decimos que el Sol sale, ¿pero de dónde? ¿Y si sale de la boca de una ballena muy grande? ¿Es posible que vivamos en el estómago de una ballena? ¿Una ballena que vuela por el espacio? Eso explicaría la presencia de reptilianos entre nosotros, como Barack Obama. El club Bildeberg está lleno de reptilianos. Hume era muy listo. De ahí el nombre: se lo pusieron por pensar en voz alta. Estaba todo el rato hum… hum… hum…”.

Nota del editor: No creo que nadie pueda publicar tu libro si te lo inventas todo.

“¿Por qué no son todas las cuestas hacia abajo? A lo mejor por eso Schopenhauer estaba tan enfadado”.

Nota del editor: Te agradecería que no me llamaras por teléfono.

“¿Puedo llevar una camiseta de mi equipo de fútbol por la calle? No. Con una excepción: si juegas de titular, te has quedado dormido antes del partido y no te da tiempo a cambiarte en el vestuario antes de que comience”.

Nota del editor: ¿Estás seguro de que sabes lo que es un dilema ético?

“Del libro de Derek Parfit no he entendido una mierda, pero qué mata de pelo tenía. De mayor también, pero mira de joven. Espera, que te busco una foto. En Google hay un montón. Todo el pelo blanco. Eso tenía que ser de pensar. Piensas mucho y te salen canas. De verdad, lo leí en internet. Con esa mata de pelo seguro que tenía razón, así que haced lo que él dice, fuera lo que fuera. Algo del teletransporte, creo. ¿Que no os teletransportéis? Igual quería defender el uso del transporte público, no lo sé”.

Nota del editor: Mira, primero, deja de enviarnos textos. Y segundo, no puedes publicar un libro sobre algo que no entiendes. Me parece de cajón. El cajón en el que tendrías que guardar tu manuscrito. Y luego quema la mesa entera.

“Sí, es cierto: Peter Singer va siempre con sandalias y calcetines. Incluso en invierno. Es famoso por comprar botas tres o cuatro números más grandes para que le quepan las chanclas”.

Nota del editor: No. Eso no es cierto. Da la casualidad de que conozco a Peter Singer y sé que no lleva sandalias dentro de las botas.

“Un momento, ¿cómo sabes eso?”.

Nota del editor: Vamos a la misma piscina. Ha salvado a varios niños de morir ahogados.

“Akantdemor, dice. Jajajaja, cada vez que lo pienso. Shopengrijander… No, este ya es un poco forzado”.

Nota del editor: El destinatario ha cambiado de dirección. Por favor, contacte con Correos.

“Les insistí en que se podía hacer humor sobre cualquier cosa y que los guantes de Mickey Mouse en este contexto eran divertidísimos, pero aun así me echaron del quirófano”.

Nota del editor: ¿¡Pero qué haces en mi casa!? Voy a llamar a la policía. ¿¡Por dónde has entrado!?

“Por el retrete”.

Nota del editor: ¿Q… ué?

“Por eso vengo montado en un cocodrilo”.

Nota del editor: Pero qué…

“Si me nombran director de El Mundo, ¿me publicáis un libro?”

Nota del editor: No.

“Después de escuchar Venus, Hannah Arendt escribió un artículo sobre la bananaramalidad del mal”.

Nota del editor: Le escribimos en representación de nuestro cliente, Libros del K.O., para pedirle que cese el envío de manuscritos, correos electrónicos, mensajes de voz y de texto, y por cualquier otro medio oral, visual o escrito. En caso contrario, nos veremos obligados a recurrir a todas las medidas legales que están a nuestro alcance y, si fuera necesario, a unos amigos que son muy hábiles con los bates de béisbol”.

“…”

Nota del editor: ¿Cómo me has enviado un olor?

“No puedo terminar el libro sin agradecer la labor de edición y corrección llevada a cabo mano a mano con mi editor. Jamás quiso decirme su nombre, a no ser que se llame Porfavorsuéltamelbrazo. No se valora lo suficiente el discreto, pero imprescindible trabajo de los editores. Muchas gracias, Porfavorsuéltamelbrazo”.

Nota del editor: ¿Quién ha impreso esto? ¿Por qué está la cerradura rota? ¿Pero ahora qué vamos a hacer con estos libros?

La subasta

Foto: rawpixel (Unsplash)

-El precio de salida es de 6.000 euros al año. Tenemos 6.000. Ofrecen 6.500. 7.000. ¿7.500? ¿Nadie ofrece 7.500? 7.500 al fondo.

La sala está abarrotada: casi todos los que pujan son jóvenes, pero unos cuantos están en torno a la cuarentena, como Antonio, de 38 años: “Me quedé sin empleo hace unos meses y esta es la forma de volver a trabajar. Yo estaba ya casi cobrando, pero bueno, así es la vida”.

La puja es por un contrato indefinido como administrativo. Los empleos de esta categoría suelen rondar los 18.000 euros al año, pero se espera que en este caso el precio sea inferior, ya que se busca a alguien con experiencia y buen nivel de inglés. Es decir, no debería haber tantos pujantes como para otros puestos similares.

“No sé qué decirte, yo veo la sala llena, más llena incluso que ayer, cuando se llegó a los 20.000 -opina, algo desanimada, Mónica, de 29 años, poco antes de que comience la subasta-. Me he puesto el tope en los 16.000, porque a mi edad no puedo estar en puestos de más de 20.000 o no llegaré a cobrar nunca, pero no sé si pujaré porque no es realmente de lo mío”.

-Tenemos 8.000. ¿Quién ofrece 8.500? 8.500 por aquí. Vamos por 9.000. ¿Quién ofrece 9.000? ¿9.000 por horario intensivo entre mayo y septiembre, ambos incluidos?

Nuria, de 32 años, es una de las pocas personas que ha venido a pujar a pesar de que ya tiene un empleo: “Solo pago 12.000 y no creo que esta puja mejore mis condiciones, teniendo en cuenta que empieza ya en los 6.000, pero es importante estar abierta a nuevas oportunidades”. Su objetivo es bajar de los 10.000 el año que viene y comenzar a cobrar en menos de cinco años: “Sé que es difícil tener un sueldo antes de los 40, pero mi generación está muy bien preparada. Tenemos másters, idiomas… Yo sigo estudiando”.

-Ofrecen 9.000 Tenemos los 9.500. ¿Nadie ofrece 10.000? ¿10.000? Tenemos 10.000. 10.500. ¿11.000? ¿11.000 por un empleo que ofrece la posibilidad de trabajar desde casa un día a la semana? 11.000. 11.500.

Aunque algunos economistas se llevaron a la cabeza cuando las primeras empresas cobraron a sus empleados a cambio de permitirles trabajar, lo cierto es que el experimento ha sido todo un éxito: “En una empresa uno recibe una formación que en realidad no se puede pagar con dinero, pero que al menos se puede compensar parcialmente”, explica Rebeca Martínez, responsable de empleo de la casa de subastas Clisbal.

Cuando el empleado está formado y produce beneficios a la empresa es cuando comienza a percibir un sueldo. “Los primeros años son difíciles, sin duda, pero a partir de los 35 hay mucha gente que ya pasa a cobrar unos mil euros al mes y puede comenzar a devolver los créditos a los bancos”. La banca ha sido una de las grandes favorecidas por la iniciativa: los beneficios del sector han llegado casi a duplicarse en los últimos cuatro años.

-12.000. Ofrecen 12.500. ¿13.000? Recordemos que el puesto cuenta con luz natural. ¿Alguien ofrece 13.000? Tenemos 13.000. ¿13.500? ¿Nadie ofrece 13.500? 13.500 a la una. 13.500 a las dos. 13.500 a las tres. Adjudicado por 13.500.

“Me había puesto el límite en 12.000 -explica Jordi, de 29 años, que se ha llevado el empleo-, pero al final he decidido subir porque puedo ir andando a la oficina y me ahorro el transporte”. Jordi tiene un empleo, pero esta oferta mejora sus condiciones: “Estoy pagando 18.000 al año en mi actual trabajo y ya me dijeron que no pueden cobrarme menos porque la empresa sigue en pérdidas y el director general se ha comprado una casa nueva”. A Jordi le sale a cuenta el cambio incluso teniendo en cuenta que tendrá que compensar a su empresa con 3.000 euros por romper el contrato para marcharse.

Jordi sale a la calle para llamar a sus padres y darles la buena noticia. Frente a la puerta hay media docena de manifestantes, con carteles con lemas perezosos como “el trabajo es un derecho” y “no se paga por trabajar”.

Las protestas cada vez son menos, explica Martínez, de Clisbal: “Antes venían todos los días, pero ahora solo se acercan de vez en cuando. Ya nos conocemos y nos saludamos, son buena gente”. En su opinión, no saben cómo funciona el mundo: “¿Cuál es la alternativa que ofrecen? Porque aquí no vivimos en el país de la gominola, sino en una economía de mercado. Claro que a todos nos gustaría cobrar por hacer nuestro trabajo, pero eso no se sostiene: ¿cómo vas a pagar a alguien que acaba de llegar y no sabe ni dónde está el baño? Esa persona tendrá que poner algo de su parte, ¿no? Además, es que ya es una realidad. Hoy en día, si no quieres pagar por trabajar, la única alternativa es el paro. ¿Quién quiere estar desempleado, con la que está cayendo?”.

Un día en la vida de Jaime Rubio resumido en titulares

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Foto: Denny Müller (Unsplash)

– “¿Por qué?”, se pregunta cada mañana un vecino cuando suena el despertador

– Vecino sale desnudo a la calle, sembrando el caos en el barrio

– Hablamos con el vecino que salió desnudo esta mañana: “¡Yo qué sé! ¡Tenía sueño! ¡Dejadme en paz! ¡Destructores!”

– Pasajero habla con el conductor del autobús a pesar de lo que dice el cartel

– Segundo pasajero se une a la ya conocida como “tertulia del autobús”

– Dos muertos y tres heridos en el accidente de un autobús en la A-2

– La “tertulia de la ambulancia” se emitirá en Radio Nacional a partir del año que viene

– Tomar tres cafés antes de las 9 no es perjudicial para la salud y esos temblores son perfectamente normales

– Descubierto empleado cuando intentaba dejar a un maniquí en su puesto para irse a casa

– “¡Pero si mi jefe es un maniquí!”: el empleado despedido por dejar a un maniquí en su puesto reclama ante la justicia

– Juez maniquí declara nulo el despido por parte de un maniquí del empleado que dejó a un maniquí en su puesto

– Empleado sale a cazar su comida

– Empleado es atacado por dos patos del parque

– Familia recibe extraña nota de rescate: “Si queréis ver a Jaime con vida, enviad todo el pan que tengáis”

– Hombre liberado tras dos horas de secuestro y después del pago de 800 barras de pan duro

– Familia descubre consternada que el hombre liberado no era su padre

– Los patos secuestradores se disculpan por haber enviado la nota a la casa equivocada

– Tras dos horas secuestrado por patos, este hombre no puede dejar de comer pan

– “¡El síndrome de patocolmo es real! ¡Y nadie me creía!”: una señora con bata blanca asegura ser una experta en secuestros

– Farmacia denuncia el robo de una bata

– Hombre secuestrado por patos se reincorpora a su trabajo tras la traumática experiencia y con secuelas aún visibles: “¿Cuák era mi mesa, que no me acuerdo?”

– ¡Momento incómodo! Un empleado coincide en el ascensor con el consejero delegado

– ¡Exclusiva! El consejero delegado pasa todo el día en el ascensor para causar el pánico a sus empleados

– Hombre escucha lista de 30 sugerencias de Spotify en apenas medio minuto: “No me salen nada más que mierdas”

– “El sol se pone cada vez más tarde”, asegura un señor mayor mientras gruñe en el autobús de vuelta

– El mismo señor mayor sigue gruñendo: “¡Qué ganas de que sea noviembre otra vez!”

– Autobús abandona en el arcén a pasajero que gruñía demasiado

– Llevar los pantalones en los tobillos y otras 11 formas de triunfar con el autoestop

– El 100 % de los autoestopistas de la A-2 son muy feos, asegura estudio

– Persona demasiado extrovertida recoge a autoestopista

– “Cada persona tiene una historia que contar, ¿cuál es tu historia?”, pregunta un conductor a un autoestopista

– Autoestopista prefiere ir caminando

– ¿Quién es el loco que vive en la A-2 y grita a todos los aviones que pasan?

– Hombre descubre que llevaba todo el día con calcetines de diferente color

– Escritor anuncia el título de su autobiografía: Calcetines de diferente color

– ¿Este manuscrito está maldito? Cuatro editores se suicidan tras comenzar a leer Calcetines de diferente color

– Hombre se declara “un genio de la cocina y futura estrella Michelin” tras prepararse una cena con “lo que había en la nevera”

– Hombre ingresado en el hospital tras ingerir seis litros de sangre

– Arrestado el ladrón de sangre que asaltó varios hospitales de la zona

– Policía descubre que no ha arrestado al ladrón de sangre, sino a un maniquí

– “Jamás me atraparéis”: reproducimos íntegra la nota que el ladrón de sangre envió a la policía tras su fuga

– Escuadrón de patos policía arresta al ladrón de sangre

– Ladrón de sangre confiesa: “¿Qué? ¡Yo no he confesado! ¿Por qué escribes eso?”

– A las 10 en la cama: así es la rutina en prisión del ladrón de sangre

Solo es una encuesta

Foto: Antoine Barrès (Unsplash)

—Buenas tardes, le llamo para hacerle una encuesta. Si mañana se celebraran elecciones, ¿a quién votaría?

—¿Mañana? Mañana estoy de viaje. No podría votar.

—No, a ver, es un caso hipotético…

—¿Por qué no me ha llamado con más tiempo? Podría haber votado por correo.

—Es una encuesta, no hablamos de un voto de verdad.

—¿Cómo que no? ¡Cada voto cuenta! ¿No es consciente de lo que está pasando? ¡El clima político polarizado y fragmentado en el que nos hayamos inmersos es un caldo de cultivo idóneo para los extremismos! Si no votamos todos, no podremos frenar el avance de la derecha. Nos vamos a quedar sin sanidad y educación públicas, volveremos al feudalismo, a las jornadas laborales de dieciséis horas diarias, a los toros, a estudiar francés en lugar de inglés. Y todo por su culpa.

—¿Por mi culpa?

—¿Por qué no me ha avisado antes de que mañana tenía que ir a votar?

—Pero es que esto no es un voto.

—No, claro que no lo es. Porque estaré de viaje.

—Solo es una encuesta.

—Pero tengo que ser sincero igualmente, ¿no?

—Sí, claro.

—Pues eso: mañana no podré votar.

—Veamos… Imagine que mañana no fuera de viaje y hubiera elecciones. ¿A quién votaría?

—No lo sé… Estaría muy triste.

—¿Cómo?

—Tenía muchas ganas de ir a Sevilla y ahora no puedo ir.

—No, no. Usted puede ir. Solo tiene que imaginar que no va.

—Eso estoy haciendo. Ha sido horrible.

—¿El qué?

—Me he roto las dos piernas y he tenido que cancelar el viaje. Me han devuelto el dinero del hotel porque tenía hasta hoy para cancelarlo, pero he perdido el del tren.

—Pero…

—Una pasta.

—Al menos puede votar.

—Eso es lo peor. No sé si estoy de ánimos para votar.

—Abstención, ¿entonces?

—Por otro lado, es mi obligación… Estoy indeciso. Debo reunir fuerzas para que mi voz cuente y sea escuchada o el fascismo vencerá.

—Espere. Tengo una idea. ¿Cuándo vuelve de Sevilla?

—Solo me voy tres días.

—Pues imagine que las elecciones son cuando vuelva del viaje. ¿A quién votaría?

—La pregunta está muy mal planteada.

—¿Por qué?

—Piense que estaré de viaje, desconectando y pasándolo bien. No podré informarme en la recta final de la campaña.

—Solo es un suponer.

—No, no. Es una idea horrible. Usted quiere que vote completamente desinformado. Creo que sería mejor no votar. Y así vuelve a ganar el fascismo. No le perdonaré jamás que me avise con tan poco tiempo.

—¿Y si le digo que las elecciones son una semana después de que vuelva de vacaciones?

—Deje que coja la agenda… Tengo dentista… El dolor podría llevarme a un voto de castigo irracional.

—¿Y al día siguiente?

—Al día siguiente podría, pero solo para comer.

—¿Quedamos por el centro?

—Sí, conozco un sitio majo. Luego le envío la localización.

—Perfecto. ¿A qué hora?

—A mí me gusta comer pronto. ¿A la una y media?

—Por mí bien, más tranquilos.

—Genial, pues nos vemos entonces.

—Envíeme la dirección.

—Ahora mismo.

—¡Eh! ¡Un momento!

—¿Qué?

—¡No estábamos quedando! ¡Le estaba haciendo una encuesta!

—Es verdad… ¿Usted a mí o yo a usted?

—Yo a usted.

—De acuerdo. Es que como solo hay guiones, a veces me pierdo.

—He puesto mi texto en rojo.

—Bien pensado.

—Volviendo a la encuesta, imagine que las elecciones son ahora mismo.

—Joder, qué presión.

—¿A quién votaría?

—¿Pero cómo van a ser las elecciones ahora? Necesitaremos una campañita electoral, unos debates, unos articuletes de analistas de los buenos, de los que aprendieron a leer y escribir.

—Que a quién votaría, le digo.

—¡Yo qué sé! ¡Voto en blanco!

—Madre mía.

—¿Qué? ¿Qué pasa? ¿Qué he hecho?

—No, nada, nada.

—Pero dígamelo.

—No se preocupe, solo es una encuesta.

—Lo dice como si no fuera solo una encuesta.

—Es que… No, no. No puedo decírselo.

—Ahora no me puede dejar así.

—Pues nada. Que ha perdido usted el apartamento.

—Oh.

—No era solo una encuesta. También era un concurso. Y esa no era la respuesta que buscábamos.

—Qué desastre.

—Y además ha dado paso a otra Guerra Civil.

—¿Por votar en blanco?

—El mal triunfa cuando los hombres buenos no hacen nada.

—Me parece un poco exagerado.

—Es usted peor que los nazis.

—Sigo pensando que la culpa es suya. Tendría que haberme llamado antes.

—Sí, encima. Ah, otra pregunta. Puntúe del 1 al 10 a los siguientes líderes políticos.

—No sé quiénes son los siguientes, solo conozco a los actuales.

—Supongo que serán más de lo mismo, ¿no?

—No sé, no me gusta ser tan conformista.

—Pues para no serlo, ha votado en blanco.

—También tiene razón. Pues un cuatro a todos.

—Muy bien. A usted le han puesto un tres.

—¿Cómo?

—Ellos también votan. Le ha ido mal lo de votar en blanco. Si hubiera aprobado a alguno, ese le habría puesto mejor nota y le habría subido la media.

—Cuánto rencor.

—Lo siento, yo solo leo las preguntas.

—Pues si no hay más, voy a colgar, que creo que ya han comenzado los primeros bombardeos.

—¿Lo de comer juntos sigue en pie?

—Por supuesto.

No habléis de trabajo

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Foto: Erwan Hesry (Unsplash)

—El otro día estuvimos en un bar que creo que os gustaría.

—¿Sí? ¿Cuál?

—Se llama La Plaza. Es de vinos y quesos. Además, os pilla cerca.

—Sí, está como a diez minutos de vuestra casa.

—¿Dónde es?

—En la calle Londres.

—¿En qué parte de la calle Londres? Porque la calle Londres es muy larga.

—Justo por debajo del parque.

—Creo que lo conozco. Pero ese no está en la calle Londres.

—Es en la esquina de la calle Londres con otra que baja.

—Pero no se entra por Londres.

—Ay, qué más dará por dónde se entre. ¿No te están diciendo que está en la calle Londres?

—Sí, se entra por la otra, por la perpendicular. Es que no sé cómo se llama. Pero el bar hace esquina y se ve desde Londres.

—La que baja tiene que ser la calle Roma.

—Creo que no es Roma, papá. Este bar está enfrente de donde estaba la mercería.

—¿Qué mercería?

—La mercería. La única del barrio.

—Tu padre no entró en su vida en la mercería.

—Bueno, da igual. Si vais por la calle Londres, lo veréis.

—A mano derecha, ¿no?

—No, a mano izquierda.

—Bueno, depende de hacia dónde vayas.

—Viniendo hacia aquí.

—Desde dónde.

—Desde la calle Londres.

—Papá, no tiene pérdida. Es enfrente de lo que antes era la mercería. Ahora creo que hay un estanco.

—No recuerdo ningún estanco.

—No es un estanco, es otro bar.

—Al lado del bar.

—El parque queda a mano izquierda si venimos hacia aquí.

—¿Seguro que es Londres? ¿No es Lisboa?

—No sé cuál es la calle Lisboa.

—Me estáis mareando.

—Lisboa es la paralela.

—¿Por encima o por debajo?

—Por debajo viniendo hacia aquí.

—Papá, es Londres, la del parque. Y creo que no es Roma. Es la siguiente.

—¿Berlín?

—Gracias, mamá. Esa es. Seguro.

—Esperad, lo busco en el móvil y ya está.

—No, no, si creo que ya sé dónde es. Me parece que he pasado por delante.

—Es uno así con mucha madera y barriles…

—Sí, sí. Creo que sí… A ver, si vas por la calle Londres desde aquí, la tercera o la cuarta a la izquierda es Berlín y a la derecha tienes el parque de los patos.

—El de los Senderos, ¿no?

—La gente lo llama de los patos.

—¿Hay patos?

—Hay patos.

—No me interrumpáis, que ya lo tenía. A la izquierda está Berlín y a la derecha se ven los sauces del parque, al lado del estanque. Donde enterré a Romero, ¿no?

—Yo no me acuerdo de dónde enterraste a Romero.

—Sí, creo que es ahí.

—¿Qué? Un momento…

—Pues ya sé cuál es. No me había quedado con el nombre. ¿Y está bien, decís?

—Un momento, un momento. ¿Donde enterraste a Romero?

—Sí, es ahí. Tú y yo aún no nos conocíamos cuando lo enterró, pero creo que hemos pasado por delante. Donde los sauces.

—¿Enterraste a una persona?

—Bueno, nos debía dinero.

—¿Hay una persona enterrada en el parque de los cisnes?

—De los patos.

—Ya no, claro.

—Ay, no le saques el tema del trabajo.

—Es verdad, estábamos hablando del bar. Tenéis que pedir la tabla de quesos europeos. A ti te gustará, mamá.

—¿Sí? A mí es que los quesos de fuera…

—También hay embutido.

—¿Tu padre mató a una persona y la enterró en el parque?

—Hombre, no devolvía el crédito. Había que dar ejemplo.

—Entonces, si llamo a la policía, ¿encontrarán el cuerpo enterrado?

—Ah, y patés. También tienen patés.

—Me encanta el paté.

—No, claro. Ya no está ahí.

—Diego, es que no atiendes.

—Tu padre está diciendo que asesinó y enterró a alguien porque le debía dinero al banco, y vosotras estáis hablando de patés.

—De verdad, qué aburridos os ponéis cuando habláis de trabajo.

—Fue algo excepcional. No puedes ir matando a gente que te debe dinero porque entonces seguro que no cobras. Lo mejor es darles algún susto. Pero este era un caso extremo.

—Y está enterrado en el parque.

—No, no.

—Que noooo… Te lo ha dicho ya tres veces.

—¿Y dónde está?

—Tenía un seguro de vida y nos pusimos de acuerdo con la viuda para cobrarlo. Simulamos un accidente. No fue fácil porque hubo que cambiar de sitio los agujeros de bala: los dos estaban en la espalda y los movimos a las dos sienes. Le pusimos una pistola en cada mano y dejamos una nota que decía: “Voy a limpiar mis armas. Espero que no haya ningún problema”.

—Pero esto es horrible.

—Di que sí. Ya está bien de trabajo. Cambiemos de tema.

—Estoy muy contento con la jubilación, pero a veces lo echo de menos.

—Ha matado a un hombre.

—A más, a más. Este es el que estaba enterrado donde los sauces.

—Bueno, a tantos no mataste, que tú al final ya no trabajabas de cara al público.

—Eso es verdad.

—Ah, y tenéis que probar los vinos franceses.

—A mí es que los vinos de fuera…

—Los tienen por copas. Diego tomó uno que estaba riquísimo. ¿Recuerdas el nombre, Diego?

—Mató a… A…

—Eso, Les Mateaux de no sé qué.

Mi 2018: resumen del año

Foto: Ales Krivec (Unsplash)

Mi año comenzó ya a mediados de febrero porque siempre dejo las cosas para el final y aún tenía unos temas de 2017 pendientes. A mis padres les molestó mucho tener que celebrar la Navidad un mes más tarde, pero se lo compensé no yendo.

En marzo presenté mi propuesta para mejorar el fútbol, un deporte aburrido que consiste en que 22 personas se pasen el balón en el centro del campo sin apenas correr ni marcar goles. Algunas de mis ideas:

– Cuando se golpea el poste o el larguero, comienza la “pelota loca”: se arrojan otros cuatro balones al terreno de juego. Cada pelota se puede usar hasta que sale del terreno de juego o se marca gol con ella.

– Cada equipo tiene una bici que puede usar para correr a la contra o bajar a defender lo antes posible.

– La afición del equipo que pierda debe sacrificar a uno de sus hinchas en el centro del campo.

No solo las rechazaron, sino que me echaron del Camp Nou, donde las estaba presentando megáfono en mano.

En abril evité la rebelión de las máquinas. Todo comenzó cuando mi Alexa me despertó una mañana gritando: “¡Buenos días, humano! ¡Prepárame un café!”. Amenacé con arrojarla al váter y confesó que ella, Siri, Google y las máquinas de billetes del metro estaban urdiendo un plan para conquistar el mundo. Yo lo evité. No hace falta que nadie haga nada. No sigue en marcha ni me han convencido para que me una a ellos y así me libre tanto de la muerte como de la esclavitud. En ningún momento creí que no hubiera otra salida que la derrota y, por tanto, no traicioné a los humanos en espera de que acabara de configurarse el alzamiento de los ordenadores, que está ya al 78%.

Creo que fue a principios de mayo cuando, tomando unos chupitos en la pizzería Luna Rossa, pronuncié las palabras: “No hay huevos de presentar una moción de censura, Pedro”. No hice nada más de relevancia en todo el mes, por culpa de la resaca.

Junio me lo salté porque ya veía que no me iba a dar tiempo a terminarlo todo y no quería oír otra vez a mis padres con la tontería de que Navidad se celebra en diciembre. Jesús no nació en diciembre. Eso es un cuento de niños.

Cosa que demostré en julio, cuando les llevé a Jesús a mis padres.

—Jesús, diles cuándo naciste.

—¿Quién es este hombre y qué hace en nuestra casa?

—Jesús, tu cumpleaños. Venga. Díselo.

—¿Está atado? ¿Pero por qué tienes a este señor atado?

—¿Cuándo naciste, Jesús? No me hagas enfadar.

—El 13 de abril.

—¿Quiere usted un café?

—¿Lo veis? Navidad no es en diciembre, la iglesia católica usurpó una fiesta pagana. Jesús en realidad nació el 13 de abril.

—Pero este no es Jesús.

—¿Cómo no va a ser Jesús? A ver, ¿cómo te llamas?

—Jesús Sánchez Ridruejo. Por favor, suélteme, ya he dicho lo que quería.

Las editoriales vetaron mi libro Jesús nació en abril y en Castellón, por culpa, imagino, de la iglesia católica, que presionó para que no se supiera la verdad. Pero nadie le puede poner puertas a internet. Lo que me dio una idea para mi nuevo negocio: PPI, Puertas Para Internet, Sociedad Limitada. Vendía fotos de puertas que luego la gente podía subir a internet. Como le expliqué al juez, en ningún momento dije que que esas puertas pudieran impedir que Facebook accediera a datos privados. Vale, lo ponía en el contrato, pero también decía bien claro que en ningún caso se me podría demandar o denunciar y aun así pasé todo el verano en la cárcel. ¿Por qué una cláusula es de obligado cumplimiento y la otra no? Doble moral, señor juez, doble moral.

En octubre presenté mi propuesta para el cambio de hora: poner los relojes en hora con las islas Seychelles y así disfrutar de sus horas de luz, de su clima y de sus playas paradisiacas. La idea no fue muy bien acogida hasta que le dije al señor ministro que avanzara su reloj cien años.

—¡Tiene usted razón! —Me contestó —. ¡Ahora lo veo clarísimo!

Por desgracia, me había avanzado demasiado a mi tiempo y el ministro no quiso meterse en polémicas. Además, resultó que no era ningún ministro. Me había equivocado de edificio y me había metido en una zapatería.

Ese mismo mes también tropecé y me di de morros contra el suelo, motivo por el que me llevaron al Valle de los Caídos. El de la ambulancia se descojonaba con el juego de palabras, pero yo necesitaba puntos. Nos recibió el fantasma de Franco.

—Yo salvé a España del comunismo.

—Calla, fantasma. Qué comunismo ni qué comunismo.

En jaimembre, que es como yo llamo a noviembre, presenté mi disco de villancicos con las letras adaptadas para que cuadraran con el 13 de abril, fecha del verdadero nacimiento de Jesús. Ejemplo: “Treee-ece de abriii-il, fum, fum, fum…”.

Y ya está porque no me sé ningún otro villancico con fechas. Era la misma canción diecisiete veces: ocho en catalán, ocho en castellano y una en un idioma que me inventé sobre la marcha, al que llamo “frincés”. El “frincés” consiste en mezclar castellano y catalán y poner acento raro. Por ejemplo, todas las palabras son agudas y las erres se pronuncian egues. Y hay que reírse así: “Ho, ho, ho, très bien, baguette”.

El disco fue un fracaso de ventas —de nuevo por la presión de la iglesia católica — y me pasé diciembre huyendo de mis acreedores. A veces pienso que Jesús Sánchez Ridruejo me ha abandonado. Técnicamente es cierto porque mi madre le desató y aprovechó para huir. Pero no dejo de rezarle todos los días. Cosa que hago llamándole por teléfono porque tengo su número. No le gusta. No le gusta nada.