El eterno retorno

Giammarco Boscaro (Unsplash)

“La historia se repite primero como tragedia, segundo como farsa, tercero como un musical de Broadway, que no hay quien los soporte; cuarto como la versión aún más cutre del mismo musical, pero en la Gran Vía; quinto como serie estiradísima, de las que piensas “esto habría funcionado como película, pero como ahora están de moda las series, pues nada, a meter capítulos de relleno”; sexto como el corto que rodó un amigo tuyo de la facultad; la séptima no está mal, pero no para ir al cine, quizás cuando la pongan en Filmin o donde sea; octavo como cómic de estos que son tan serios, que vienen en tapas durísimas y te cuentan unos dramas que madre mía; noveno como un entremés; décimo como la versión moderna del mismo entremés, con los actores vestidos con ropa del Zara; undécimo como una ópera; duodécimo como una space opera; decimotercero como Space Jam, pero Michael Jordan es de dibujos animados y los animales son de verdad; decimocuarto como una comedia romántica de Meg Ryan; decimoquinto como un monólogo de humor observacional que comienza diciendo “¿no os habéis fijado en que todos los monólogos de humor observacional comienzan diciendo ‘no os habéis fijado en que’?”; decimosexto como un grupo de improvisación que está empezando y aún hay dos que son un poco tímidos, pero ya verás cuando se lancen porque tienen mucha gracia; decimoséptimo como un juego de mesa que tiene unas reglas muy complicadas y esto es muy largo de explicar, ¿no tendrás por ahí el Scattergories? El Scattergories le gusta a todo el mundo; decimoctavo como un espectáculo de mimo en el parque, pero el mimo está encerrado de verdad en una jaula de cristal y está gritando, pero nadie le oye, es que ni siquiera es un mimo, trabaja en un banco, y al final muere de hambre; decimonoveno como una farsa otra vez, pero con otros actores, porque es un remake, que estos de Hollywood ya se han quedado sin ideas; vigésimo, como la segunda temporada de la serie de antes, pero nadie la ve y la cancelan; vigésimo primero como la novela esa de la que habla todo el mundo, pero a ti te da pereza leerla y al final la lees y, hombre, no está mal, pero no había para tanto; vigésimo segundo como un menú de catorce platos en un restaurante con estrella Michelin; vigésimo tercero como la resaca de después de ir a ese restaurante con estrella Michelin, que es culpa tuya porque te empeñaste en pedir el maridaje de vinos y además en esos sitios la comida es muy rara y no siempre sienta bien; vigésimo cuarto como un concierto de música clásica; vigésimo quinto como el mismo concierto, pero solo hay flautistas; vigésimo sexto como el mismo concierto otra vez, pero solo es un señor mayor con una armónica; vigésimo séptimo como una serie de dibujos animados, pero para adultos, en plan bruto, como Archer; vigésimo octavo como un rap en el metro, que me he enterado hace poco que eso pasa (yo es que voy en bus); vigésimo noveno como un sarpullido raro, pero no vas al médico porque seguro que no es nada y cuando te das cuenta resulta que es una enfermedad rarísima y te sale un tercer brazo de la oreja; trigésimo como una zarzuela, pero el plato, no el género chico; trigésimo primero como una sucesión de números primos; trigésimo segundo como una tragedia otra vez, pero casi todo el mundo es zurdo; trigésimo tercero como una parodia, pero hay gente que no se entera y se cree que va en serio (jajaja, hay que ser idiota); trigésimo cuarto como un grupo de whatsapp; trigésimo quinto como una actualización de Facebook; trigésimo sexto como un hilo de Twitter; trigésimo séptimo como una newsletter que dejaste de leer al segundo envío, pero te da pena darte de baja; trigésimo octavo como una charla con ese amigo que siempre te está diciendo lo que tienes que hacer y al final le vas diciendo “sí, sí” porque solo quieres que se calle y te deje irte a casa; trigésimo noveno como un postit que alguien dejó en la nevera y en el que solo pone: “No hay huevos”; cuadragésimo como una sesión de trabajo con unos consultores que están empeñados en que sea participativa y tú te preguntas cuánto estarán cobrando y qué pensarán sus padres de ellos; cuadragésimo primero como una peli porno; cuadragésimo segundo como una peli porno amateur; cuadragésimo tercero como un podcast en el que solo hablan de porno amateur; cuadragésimo cuarto como un documental en diez capítulos, que lo ves y dices, joder, mejor que una serie, solo que no sabes que se han inventado la mitad; cuadragésimo quinto como una charla con un amigo, pero ahora eres tú el que va dando consejitos; cuadragésimo sexto como otra novela de moda, no te has acabado la primera y ya hay otra más; cuadragésimo séptimo como una peli de Marvel, es decir, que dura muchísimo; cuadragésimo octavo como Gran Hermano 7; cuadragésimo noveno como un cómic de Mortadelo y Filemón, y esta es la mejor versión, es mi favorita y cuando lleguemos me pienso plantar y no quiero saber cómo son las siguientes, es más, ni tan solo quiero saber si hay siguientes”, Karl Marx (1818-1883).

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La mesa de al lado

 

—Está clarísimo: tiene que dejar a su novio.

—¿Qué?

—Por favor, si la trata fatal.

—¿De qué hablas?

—¿No estás escuchando?

—¿A quién?

—Baja la voz, que te van a oír.

—¿Quién?

—Las de la mesa de al lado.

—¿Qué les pasa?

—¿No estás oyendo lo que dicen? Está interesantísimo.

—No hagas eso.

—¿Por qué?

—Está mal.

—Es culpa suya, gritan mucho.

—Además, es un poco desconsiderado. Hacía mí, digo.

—¿Por qué?

—Tú dirás, salimos a cenar y prefieres escuchar la conversación de al lado.

—No seas tan susceptible. Y baja la voz, que se van a dar cuenta.

—¿Susceptible? Pensaba que me estabas prestando atención.

—Sí, claro que te atendía. Lo de la serie esa que quieres ver.

—No sabes ni cómo se llama.

—No te pongas así. Contigo puedo hablar luego, pero esta historia me la voy a perder si no me entero ahora ahora. 

—¿Qué más te da? Si no volverás a verlas.

—Pues por eso mismo. Qué fuerte lo que le hizo durante las vacaciones. Estoy por levantarme y decírselo.

—¿Qué hizo? ¿Pasar de ella y preferir las conversaciones de los demás?

—Que bajes la voz, te digo.

—Estoy moderadamente ofendido. Y paso un poco de vergüenza.

—Si prestaras atención, te darías cuenta de que la historia merece la pena.

—Lo que tú digas.

—Tú escucha y luego te cuento lo demás. En serio, esto hay que comentarlo después.

—Está mal escuchar conversaciones ajenas.

—Que sí, que ya lo sé, pero es que esta es para hacer una película.

—Igual exageras, ¿eh?

—Además, aquí las mesas están muy juntas, no hay más opción que enterarse de lo que dicen los demás.

—¿Crees que a nosotros nos escuchan? ¿Que todo el mundo es así?

—Baja la voz… Oh, ahora interrumpe el camarero. Qué horror, quería saber qué pasaba con el coche.

—Madre mía.

—¿Qué pasa?

—¿No estás escuchando? Han pedido California rolls.

—¿Ves cómo está divertido escuchar a los demás?

—California rolls. Aquí. No saben dónde están.

—Lo que me extraña es que los tengan en la carta.

—Por culpa de gente como esta.

—Están preguntando si el sashimi viene crudo.

—Qué vergüenza.

—Ahora me estoy poniendo de parte del novio.

—Estoy por levantarme y decirles lo que tienen que pedir.

—Eso estaría genial.

—De hecho, mira, lo voy a hacer.

—¿Qué?

—Disculpad…

—¿Qué haces? No, no…

—Perdonad, no he podido evitar oír lo que pedíais y os estáis equivocando.

—Por favor, para.

—Este sitio no es para pedir california rolls o arroz frito. Aquí se viene por el pescado, que es espectacular.

—Déjalas en paz.

—Pero si te he preguntado antes.

—Pensaba que estabas de broma. Disculpadle, es que… Tiene fiebre…

—¿Qué dices de fiebre? A ver, lo que os decía: pedid niguiris, los que os gusten… El variado suyo está bien. Y el sashimi. Nada de california rolls. 

—Para ya…

—Si no os atrevéis con el pescado crudo, probad el tataki, por ejemplo. O unos makis de atún normales.

—Por favor.

—No os molesto más. Es que es una pena que vengáis aquí y… Ah, y mi mujer dice que dejes a tu novio, que no te está tratando bien.

—No, no… No he dicho eso. No le hagáis caso, no está bien.

—Sí que lo has dicho.

—La cuenta, por favor.

—¿Qué? Pero si no he terminado. Y quería algo de postre.

—Nos vamos ya.

—¿Por qué?

—No puedes hacer eso.

—¿El qué? ¿De qué hablas? Les he hecho un favor. ¿A que os he hecho un favor?

—Para, por favor. Perdonad, lo siento mucho. Es… Es que… Tiene fiebre. Y demencia. Lo siento. Ahí viene la cuenta, menos mal.

—Deja que me acabe esto, al menos.

—Nos vamos.

—No entiendo por qué te pones así, he hecho lo que me pedías.

—No lo has hecho.

—Pues ya me contarás la diferencia.

—Calla, que todo el mundo nos mira.

—Joder, que se metan en sus asuntos.

—Para.

—Panda de cotillas.

—Para, para ya.

—No estoy haciendo nada.

—Para hace media hora.

El verdadero significado del manuscrito Voynich

Beinecke Rare Book and Manuscript Library, Yale University

Lamento comunicar a todos los interesados en el manuscrito Voynich que el estudio que afirma haber desentrañado su código es otra falsa alarma. Un momento, se preguntará algún lector enfrascado en la interpretación del libro más misterioso de la historia, ¿y tú qué sabes? ¿Cuánto tiempo has dedicado a intentar desentrañar su código y a mirar los dibujitos? Bien, pues lo sé porque yo escribí ese manuscrito.

Llevo años intentando explicarme, pero nadie me cree. No se trata de un texto medieval. Solo es una libreta sobre la que se me cayó una taza de café. Por eso parece tan antigua.

En realidad es de 1903. Poco después de licenciarme en Filosofía y Letras (el Periodismo de la época) encontré un trabajo en la primera empresa de telemarketing de España, llamada Telemercadeo Dato e Hijos. Era propiedad del conocido como Gran Dato: don Fulgencio Dato, el dueño de la empresa, que pesaría casi 15 arrobas.

Se trataba de un trabajo relativamente sencillo: solo había tres personas que tuvieran teléfono en España, así que las llamaba cada mañana y les ofrecía los productos que se incluían en nuestro catálogo.

Había de todo: cuellos de camisa, bañadores que iban de los tobillos a los hombros, pesas con los pesos redondos, calesas, fines de semana en fondas de Santander, trabucos, rapé, peines para el bigote, anteojos, jofainas, polainas, mantones, chalinas, banderas anarquistas para colgar en el balcón, bombas anarquistas para arrojar en bodas reales y relojes de bolsillo que atrasaban cinco minutos cada cuatro minutos, además de toda clase de sombreros: bombines, canotiers, chisteras, clochés, pamelas, chambergos, porkpies, gorras de Caja Rural…

Aunque hoy en día parezca increíble, las personas a las que llamaba me atendían y se pasaban un buen rato charlando conmigo. El teléfono era una novedad y los tres no tenían a nadie con quien hablar (no se conocían entre sí), por lo que agradecían poder usar este invento.

Y más teniendo en cuenta el gasto. Por aquel entonces, solo la línea costaba la friolera de 27 reales al mes. Para que nos hagamos una idea, con 27 reales un joven de provincias podía alojarse en una pensión de Barcelona durante tres o cuatro años, el tiempo justo para conocer a una joven de familia burguesa, comprometerse con ella, verse envuelto en una trama de corrupción que llegaba hasta el mismísimo secretario de la Diputación y volverse al pueblo disgustado para ejercer de maestro.

Pero me desvío. Hablábamos del manuscrito Voynich. En realidad -y me da hasta apuro decirlo-, no era más que el cuaderno que usaba para ir tomando notas mientras hablaba por teléfono con nuestros únicos tres clientes. Como les gustaba charlar, a menudo me limitaba a asentir y a hacer garabatos mientras me contaban, qué se yo, lo último que hubiesen leído en el Diario de avisos.

¿Son todo garabatos y dibujos sin significado? No, en absoluto. Tengo mala letra, pero no creo que resulte difícil distinguir los nombres de mis tres clientes: Don Telesforo Matías (regidor de Gobernación), Doña María de la Encarnación Cánovas (dueña de la fonda del mismo nombre) y el señor Mateu Bonaventura (empresario textil).

También son visibles algunos de sus pedidos. Por ejemplo, en esta página se ve claramente que las primeras palabras son “bolas de naftalina (3)” siendo (3) el número de cajas.

Beinecke Rare Book and Manuscript Library, Yale University

No todos los fragmentos son tan prosaicos: en las últimas páginas comencé una novela sobre un joven que emigra a América a hacer fortuna, pero como le dan miedo los barcos, decide emprender el viaje en globo aerostático. Al ser su primer viaje en globo, se pierde y acaba en la Luna, donde se tiene que alojar en una fonda mientras los selenitas reparan la cesta averiada. Allí se enamora de la mujer del Regente lunar, una joven obligada por su familia a casarse con un hombre mucho mayor que ella. La joven, torturada al no poder escoger entre las convenciones sociales y su verdadero amor, se suicida ingiriendo cuarenta y siete litros de aceite de ricino. Al final de la novela, el protagonista regresa desengañado a Sant Martí de Sesentranyes, donde pasa el resto de su vida como maestro.

Otros fragmentos que considero interesantes:

– Página 16: la receta de cocido de Doña María de la Encarnación.

– Página 42: la respuesta al sentido de la vida, el universo y todo lo demás (pero no entiendo mi letra).

– Página 78: diseño para la construcción de una máquina del tiempo (es un reloj de bolsillo).

– Página 110: es el dibujo de un pene, jajaja…

– Página 131: la lista de posibles títulos para mi novela.

– Página 188: una caricatura de don Fulgencio Dato.

La empresa cerró al poco tiempo. Don Mateu Bonaventura fue asesinado por unos anarquistas y perdimos de golpe el 33% de nuestros clientes. Nos resultó imposible recuperarnos: me pasé toda la tarde en manguitos, haciendo cálculos con el ábaco, pero no había forma de cuadrar los números.

Esa tarde se me cayó una taza de café sobre el cuaderno y, disgustado, decidí dejarlo sobre la mesa cuando me marché para no volver. Hasta hace unos años no conocía la existencia del mal llamado “manuscrito Voynich”, así que lo imaginaba desaparecido.

Rogaría a los actuales propietarios (la Universidad de Yale) que me lo hicieran llegar, ya que creo que aún podría publicar La regenta de Selene (título provisional).

Conversaciones con escritores importantes

Foto: Adolfo Félix (Unsplash)

En breve voy a publicar mi libro de entrevistas, Conversaciones con escritores importantes. Solo me queda escribirlo, encontrar un editor, ofrecérselo diecisiete veces, secuestrar a su familia, amenazar de muerte a su familia, quizás cortar alguna oreja para que vea que voy en serio y poco más. Mientras tanto, he decidido avanzar a mis tres lectores algunos de los fragmentos más interesantes o, como se dice en francés, le plus croissants.

Mario Vargas Llosa

—Señor Vargas Llosa, ¿cree que España tiene cura?

—Se equivoca, yo no soy ese señor.

—Cuando digo “cura”, me refiero a sacerdote.

—Que yo no soy Vargas Llosa.

—Usted se llama Mario. ¿No tendrá un hermano llamado Luigi?

—Mire, no tengo tiempo para estas tonterías.

 

Soledad Puértolas

—¿El escritor nace o se hace? Si se hace, ¿es necesario precalentar el horno?

—¿Otra vez usted? ¿Pero quiere dejarme en paz, que llego tarde a la oficina?

—¿Cómo prefiere que la llamen, Sol o Edad?

—¿Pero de qué habla?

—Señora Puértolas, ¿tiene usted ventánolas?

—¡Que yo no soy esa gente, le digo!

 

Javier Marías

—Javier, ¿Marías el favor de responder a unas preguntas?

—¡Que yo no me llamo Javier!

—Anda, como Los Toreros Muertos. ¿Qué opinión le merece el toreo?

—¿Pero por qué me sigue cada mañana?

—Mujeres: ¿qué son?

—Mire, si le vuelvo a ver en la puerta de mi casa, llamo a la policía.

 

Miguel de Cervantes

—Señor Cervantes, ¿cuándo cerrará la trilogía del Quijote?

—Mire, ya basta. Yo no soy ni Vargas Llosa, ni Puértolas, ni mucho menos Cervantes.

— La literatura es lo que nos diferencia de los animales? ¿O no del todo si tenemos en cuenta que hay perros de dibujos animados que saben leer?

—Estoy marcando el número de la policía.

—¿Tiene una lista de cien libros que leer antes de morir? ¿Cuando los acabe se suicidará?

—Buenos días, necesito su ayuda…

 

Rosa Montero

—Señora Montero, ¿ha estado usted en Canadá? ¿Vio Toronto entero?

—Le he visto desde el balcón antes de salir y ya he llamado a la policía. Está en camino.

—¿El periodismo puede ser literatura?

—Al menos no me agarre del brazo, haga el favor.

—¿Es más fácil pasar página cuando se es escritor?

—Y suelte el megáfono, por Dios.

 

Arturo Pérez-Reverte

—Encantado de Reverte, don Arturo.

—¡Pero bueno! ¡Le recuerdo que tiene una orden de alejamiento firmada por un juez!

— Es indispensable haber matado un animal con las manos desnudas antes de escribir algo publicable? ¿O las manos pueden llevar ropa interior si son vergonzosas?

—Y hoy viene con la tuna… Esto es increíble.

—¿Es verdad que todo el mundo es gilipollas? ¿O también hay idiotas?

—Por favor, déjeme en paz.

—¿Clavelitos, clavelitos, clavelitos de mi corazón?

 

Jaime Rubio Hancock

—Señor Rubio, ¿por qué es usted moreno?

—¿Rubio? ¿Jaime Rubio? ¿Pero ese no es usted?

—¿Cómo podríamos animar a los españoles a leer más? ¿Bastaría con enseñarles? ¿O necesitamos pompones?

—Si yo soy Jaime Rubio, ¿usted quién es?

—¿Internet es una moda o debería animarme a probarlo de una vez?

—¿Estoy hablando solo?

—¿Quiere hacer el favor de dejarme en paz?

—¿Qué? ¡Pero si es usted el que me molesta!

—¡No, es usted! ¡Yo no soy ninguna de esas personas!

—¡Yo tampoco!

—¡Me está intentando confundir!

—¡Yo no soy Jaime Rubio!

—¡Ni yo!

—¡Déjeme en paz!

—¡Déjeme en paz usted a mí!

—¡Policía!

—Yo aún diría más: ¡a mí la Guardia Civil!

—¡A mí la legión!

—¡A mí Toronto entero!

Sobre los spoilers de Juego de tronos (nota: no contiene spoilers de Juego de tronos)

Escena de ‘Juego de tronos’

—Buenos días.

—¡Hala! ¡Ya estamos con los spoilers de Juego de tronos!

—¿Pero qué spoilers? Si solo he dicho buenos días.

—¿Y le parece poco? ¿Cómo quiere que sepa si son buenos o malos, si aún no he visto el episodio de esta semana?

—No es ningún spoiler, es un saludo.

—¡Es que no quiero saber nada de nada! ¡Me da igual que sea un saludo o una despedida! ¡No quiero nada de información acerca del capítulo! ¡Ojalá no supiera ni cómo se llama la serie! Viene aquí la gente y te dice: “Qué fuerte lo de Pepito”, y ya sabes que Pepito ha hecho algo fuerte. O “buenos días” y ya sabes que son buenos. ¡Pues lo serán para usted! ¡Para mí ya no lo son porque me ha jodido la serie entera!

—No puede ser ningún spoiler de Juego de tronos porque ni siquiera la veo.

—¡QUE NO ME CUENTE SPOILERS!

—¿Cómo va a ser eso un spoiler?

—¿Cómo no va a serlo? ¡No sabía que no veía la serie! ¡Ahora sé algo sobre Juego de tronos que antes no sabía, es decir, el hecho de que usted no sigue la serie!

—Pero es que eso no tiene nada que ver.

—¡Eso lo decidiré yo cuando vea el episodio! ¡No quiero verlo condicionado por el hecho de si usted ve o no ve la serie! ¡Es información que a lo mejor me es útil y a lo mejor no!

—Bueno, vale, pues no le digo nada más.

—Otra vez.

—¿Pero qué he hecho ahora?

—Pues ahora sé que no me contará nada. Otro spoiler.

—¿Qué?

—Es que no se puede ni salir de casa. Toda la mañana así. En fin, ¿qué le pongo? Pero dígamelo sin spoilers de Juego de tronos.

—Un… Un café sol…

—¡Otra vez!

—¡Pero que eso no es de Juego de tronos!

—Joder que no. Resulta que ahora sé que el tipo que no ve Juego de tronos quiere un café solo.

—¿Cómo quiere que le pida el café sin spoilers?

—Pues no pida nada.

— Es que quiero un café. Para eso he venido.

—Ya, muy bien, pero hay gente que aún no ha visto el episodio. No todos nos levantamos a las tres de la mañana para verlo. Algunos tenemos que trabajar.

—¡Yo tampoco me he levantado para ver nada!

—¡QUE NO ME CUENTE SPOILERS!

—¡Eso no es un episodio! ¡Es la vida!

—Pero hijo de puta, qué pedazo de spoiler me acabo de comer por su culpa.

—¿Qué?

—Lo de que esto no es un episodio. Madre mía, el sorpresón que me he tragado.

—¿Cómo va a ser eso un spoiler? Está claro que esto no es un episodio de Juego de tronos.

—¡No puedo saber eso hasta que lo vea! ¡Igual me pongo la serie y empieza con un tío que no ve Juego de tronos tomándose un café en mi bar! ¡O a lo mejor es el puto final de la serie! ¿Qué clase de imbécil maleducado y desconsiderado es usted?

—Un momento, ¿no ha visto la serie? ¿Nada de nada?

—No. Y no creo que la vea, la verdad. No soy muy de series.

—¿Entonces por qué tanto lío?

—Por si algún día la veo.

—Pero…

—¿Pero qué? Tengo derecho a verla en paz si algún día me decido.

—¿Entonces nadie puede pedirle un café hasta que vea la serie?

—Exacto.

—¿Y de verdad cree que es posible que una serie que va de espadas y dragones transcurra en su bar?

—No lo sé. Ya le digo que no la he visto.

—Eso no tiene ningún sentido.

—¿Y usted qué sabe? ¿No decía que tampoco ve la serie?

—¡Corten!

—¿Qué?

—¿Quién ha hablado?

—Ha quedado estupendo. Muchas gracias a todos.

—Oiga, ¿quién es usted? ¿Y qué hacen ahí todas esas cámaras?

—Somos el equipo de rodaje.

—¿Qué rodaje?

—Estamos rodando la escena final de Juego de tronos.

—¿En este bar?

—¡Lo sabía! ¡Ve como al final todo lo que me estaba contando era un spoiler!

—Un momento, ¿Juego de tronos transcurre en este bar?

—Bueno, es un poco más complicado…

—¡No me cuente nada! ¡No quiero saber nada!

—No, no, conteste. Esto es importante.

—A ver, al final de Juego de tronos resulta que todo era una conversación entre ustedes dos.

—¡NO! ¡NO QUERÍA SABER CÓMO ACABA!

—Y esta conversación a su vez es un texto de Jaime Rubio.

—¿De quién? ¿Quién es Jaime Rubio?

—Ni idea, eso se lo tendría que preguntar a los productores. Les tengo que dejar. Hasta luego.

—¿Ha oído eso?

—¡Sí! ¡Ahora sé cómo acaba Juego de tronos! ¡Le odio! ¡No quiero que vuelva a mi bar nunca!

—¡Eso no es importante! ¡Lo otro!

—¿Qué?

—¡Somos personajes en un texto de un tal Jaime Rubio!

—¿En serio? ¿Y por qué me ha escrito calvo?

—Céntrese. Si Jaime Rubio deja de escribir, ¡desapareceremos!

—¿Qué?

—¿No lo entiende? ¡Solo vivimos en un documento de Word!

—Eso es un poco spoiler, también, ¿no?

—¡Olvide los spoilers! ¡Vamos a morir!

—¿Y… Y qué hacemos?

—¡Hable! ¡No deje de hablar! ¡Mientras sigamos hablando tendrá que seguir escribiendo!

—Pero es que no sé qué decir…

—Cualquier cosa, me da igual.

—¿Juego de tronos es de espadas?

—Sí.

—Buf, qué pereza, no sé si quiero empezar a verla.

—MÁS, MÁS, SIGA HABLANDO.

—Diga algo usted también.

—NO SE ME OCURRE NADA QUE NO SEA UN SPOILER DE JUEGO DE TRONOS.

—¿Pero no decía que tampoco ha visto la serie?

—YA, PERO TE ACABAS ENTERANDO DE COSAS.

—ER…

—EHM… ¡EL EPISODIO ERA MUY OSCURO!

—NO…

—ESTO ES HORRIBLE…

—¿Tony Stark tiene que ver con Juego de tronos?

—Igual son sus antepasados.

—Er…

—Se ha quedado buen día…

—Otra vez… Al menos diga spoiler alert antes…

—DÍGALE A MI MUJER QUE NO SÉ SI EXISTO…

Algunos fragmentos descartados de mi libro

Las ilustraciones son de Lalalimola

Apenas he hablado del asunto, por lo que es posible que muchos no os hayáis enterado, pero resulta que he publicado un libro titulado ¿Está bien pegar a un nazi?. Está repleto de dilemas éticos cotidianos a los que muchos filósofos clásicos responden con un claro y rotundo DEPENDE.

Como ya os podéis imaginar, el proceso de edición de un libro es arduo y complicado. Durante semanas estuve trabajando estrechamente con el editor y decidimos sacrificar algunos fragmentos. He querido rescatar algunos de estos párrafos para publicarlos aquí, al considerarlos lo suficientemente interesantes. Eso sí, los acompaño de las sensatas notas del editor. No siempre estuvimos de acuerdo, pero creo que ambos podemos estar muy orgullosos del producto final.

“¿Está bien hablar antes de las 9 de la mañana? No. Y después tampoco”.

Nota del editor: Jaime, te agradezco que nos hayas enviado un manuscrito, pero en abril ya vamos a publicar El director, de David Jiménez, y tenemos el resto del año también cubierto.

“Ya lo dijo Kant: ‘Akantdemor’. Jajajaja, ¿lo pillas? Akantdemor. Como Chiquito. Jajajaja, es buenísimo… Akantdemor…”

Nota del editor: No lo entiendo. Pensaba que el libro era serio. ¿Por qué pones eso ahí?

“Hume se preguntaba cómo podemos estar seguros de que el Sol saldrá mañana. Al fin y al cabo, solo lo suponemos porque ha salido cada día hasta hoy. Este filósofo también planteó otras dudas acerca de cómo percibimos el mundo: decimos que el Sol sale, ¿pero de dónde? ¿Y si sale de la boca de una ballena muy grande? ¿Es posible que vivamos en el estómago de una ballena? ¿Una ballena que vuela por el espacio? Eso explicaría la presencia de reptilianos entre nosotros, como Barack Obama. El club Bildeberg está lleno de reptilianos. Hume era muy listo. De ahí el nombre: se lo pusieron por pensar en voz alta. Estaba todo el rato hum… hum… hum…”.

Nota del editor: No creo que nadie pueda publicar tu libro si te lo inventas todo.

“¿Por qué no son todas las cuestas hacia abajo? A lo mejor por eso Schopenhauer estaba tan enfadado”.

Nota del editor: Te agradecería que no me llamaras por teléfono.

“¿Puedo llevar una camiseta de mi equipo de fútbol por la calle? No. Con una excepción: si juegas de titular, te has quedado dormido antes del partido y no te da tiempo a cambiarte en el vestuario antes de que comience”.

Nota del editor: ¿Estás seguro de que sabes lo que es un dilema ético?

“Del libro de Derek Parfit no he entendido una mierda, pero qué mata de pelo tenía. De mayor también, pero mira de joven. Espera, que te busco una foto. En Google hay un montón. Todo el pelo blanco. Eso tenía que ser de pensar. Piensas mucho y te salen canas. De verdad, lo leí en internet. Con esa mata de pelo seguro que tenía razón, así que haced lo que él dice, fuera lo que fuera. Algo del teletransporte, creo. ¿Que no os teletransportéis? Igual quería defender el uso del transporte público, no lo sé”.

Nota del editor: Mira, primero, deja de enviarnos textos. Y segundo, no puedes publicar un libro sobre algo que no entiendes. Me parece de cajón. El cajón en el que tendrías que guardar tu manuscrito. Y luego quema la mesa entera.

“Sí, es cierto: Peter Singer va siempre con sandalias y calcetines. Incluso en invierno. Es famoso por comprar botas tres o cuatro números más grandes para que le quepan las chanclas”.

Nota del editor: No. Eso no es cierto. Da la casualidad de que conozco a Peter Singer y sé que no lleva sandalias dentro de las botas.

“Un momento, ¿cómo sabes eso?”.

Nota del editor: Vamos a la misma piscina. Ha salvado a varios niños de morir ahogados.

“Akantdemor, dice. Jajajaja, cada vez que lo pienso. Shopengrijander… No, este ya es un poco forzado”.

Nota del editor: El destinatario ha cambiado de dirección. Por favor, contacte con Correos.

“Les insistí en que se podía hacer humor sobre cualquier cosa y que los guantes de Mickey Mouse en este contexto eran divertidísimos, pero aun así me echaron del quirófano”.

Nota del editor: ¿¡Pero qué haces en mi casa!? Voy a llamar a la policía. ¿¡Por dónde has entrado!?

“Por el retrete”.

Nota del editor: ¿Q… ué?

“Por eso vengo montado en un cocodrilo”.

Nota del editor: Pero qué…

“Si me nombran director de El Mundo, ¿me publicáis un libro?”

Nota del editor: No.

“Después de escuchar Venus, Hannah Arendt escribió un artículo sobre la bananaramalidad del mal”.

Nota del editor: Le escribimos en representación de nuestro cliente, Libros del K.O., para pedirle que cese el envío de manuscritos, correos electrónicos, mensajes de voz y de texto, y por cualquier otro medio oral, visual o escrito. En caso contrario, nos veremos obligados a recurrir a todas las medidas legales que están a nuestro alcance y, si fuera necesario, a unos amigos que son muy hábiles con los bates de béisbol”.

“…”

Nota del editor: ¿Cómo me has enviado un olor?

“No puedo terminar el libro sin agradecer la labor de edición y corrección llevada a cabo mano a mano con mi editor. Jamás quiso decirme su nombre, a no ser que se llame Porfavorsuéltamelbrazo. No se valora lo suficiente el discreto, pero imprescindible trabajo de los editores. Muchas gracias, Porfavorsuéltamelbrazo”.

Nota del editor: ¿Quién ha impreso esto? ¿Por qué está la cerradura rota? ¿Pero ahora qué vamos a hacer con estos libros?

Un día en la vida de Jaime Rubio resumido en titulares

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Foto: Denny Müller (Unsplash)

– “¿Por qué?”, se pregunta cada mañana un vecino cuando suena el despertador

– Vecino sale desnudo a la calle, sembrando el caos en el barrio

– Hablamos con el vecino que salió desnudo esta mañana: “¡Yo qué sé! ¡Tenía sueño! ¡Dejadme en paz! ¡Destructores!”

– Pasajero habla con el conductor del autobús a pesar de lo que dice el cartel

– Segundo pasajero se une a la ya conocida como “tertulia del autobús”

– Dos muertos y tres heridos en el accidente de un autobús en la A-2

– La “tertulia de la ambulancia” se emitirá en Radio Nacional a partir del año que viene

– Tomar tres cafés antes de las 9 no es perjudicial para la salud y esos temblores son perfectamente normales

– Descubierto empleado cuando intentaba dejar a un maniquí en su puesto para irse a casa

– “¡Pero si mi jefe es un maniquí!”: el empleado despedido por dejar a un maniquí en su puesto reclama ante la justicia

– Juez maniquí declara nulo el despido por parte de un maniquí del empleado que dejó a un maniquí en su puesto

– Empleado sale a cazar su comida

– Empleado es atacado por dos patos del parque

– Familia recibe extraña nota de rescate: “Si queréis ver a Jaime con vida, enviad todo el pan que tengáis”

– Hombre liberado tras dos horas de secuestro y después del pago de 800 barras de pan duro

– Familia descubre consternada que el hombre liberado no era su padre

– Los patos secuestradores se disculpan por haber enviado la nota a la casa equivocada

– Tras dos horas secuestrado por patos, este hombre no puede dejar de comer pan

– “¡El síndrome de patocolmo es real! ¡Y nadie me creía!”: una señora con bata blanca asegura ser una experta en secuestros

– Farmacia denuncia el robo de una bata

– Hombre secuestrado por patos se reincorpora a su trabajo tras la traumática experiencia y con secuelas aún visibles: “¿Cuák era mi mesa, que no me acuerdo?”

– ¡Momento incómodo! Un empleado coincide en el ascensor con el consejero delegado

– ¡Exclusiva! El consejero delegado pasa todo el día en el ascensor para causar el pánico a sus empleados

– Hombre escucha lista de 30 sugerencias de Spotify en apenas medio minuto: “No me salen nada más que mierdas”

– “El sol se pone cada vez más tarde”, asegura un señor mayor mientras gruñe en el autobús de vuelta

– El mismo señor mayor sigue gruñendo: “¡Qué ganas de que sea noviembre otra vez!”

– Autobús abandona en el arcén a pasajero que gruñía demasiado

– Llevar los pantalones en los tobillos y otras 11 formas de triunfar con el autoestop

– El 100 % de los autoestopistas de la A-2 son muy feos, asegura estudio

– Persona demasiado extrovertida recoge a autoestopista

– “Cada persona tiene una historia que contar, ¿cuál es tu historia?”, pregunta un conductor a un autoestopista

– Autoestopista prefiere ir caminando

– ¿Quién es el loco que vive en la A-2 y grita a todos los aviones que pasan?

– Hombre descubre que llevaba todo el día con calcetines de diferente color

– Escritor anuncia el título de su autobiografía: Calcetines de diferente color

– ¿Este manuscrito está maldito? Cuatro editores se suicidan tras comenzar a leer Calcetines de diferente color

– Hombre se declara “un genio de la cocina y futura estrella Michelin” tras prepararse una cena con “lo que había en la nevera”

– Hombre ingresado en el hospital tras ingerir seis litros de sangre

– Arrestado el ladrón de sangre que asaltó varios hospitales de la zona

– Policía descubre que no ha arrestado al ladrón de sangre, sino a un maniquí

– “Jamás me atraparéis”: reproducimos íntegra la nota que el ladrón de sangre envió a la policía tras su fuga

– Escuadrón de patos policía arresta al ladrón de sangre

– Ladrón de sangre confiesa: “¿Qué? ¡Yo no he confesado! ¿Por qué escribes eso?”

– A las 10 en la cama: así es la rutina en prisión del ladrón de sangre