La terracita

Powerhouse Museum (Flickr Commons)

Tras la llamada de unos vecinos, mi compañero de patrulla y yo mismo nos personamos en el lugar de los hechos, el bar llamado Tolo, a las 19:58 horas. Nada más acercarnos a la zona de la disputa oímos gritos y amenazas, sin que pudiéramos especificar en ese momento quién las profería, a quién iban dirigidas y si la madre de la persona interpelada estaba presente o no para defenderse de tales injurias.

En la terraza del antes mencionado bar discutían acaloradamente dos hombres varones de sexo masculino. Tal y como pudimos averiguar en cuanto los separamos y calmamos, uno de ellos era el dueño del local, Arturo Sánchez, mientras que el otro era un vecino llamado Álvaro Gutiérrez, al parecer afectado por las molestias ocasionadas por el funcionamiento de dicho establecimiento.

Procedimos a hablar primero con el vecino. Queríamos así contribuir a que se tranquilizara, al ser quien se mostraba más alterado de los dos. En estos casos es importante que la otra persona se sienta escuchada, tal y como leí en el blog de una psicóloga a la que sigo mucho y que me recomendó mi señora. Parece que no, pero estas cosas ayudan. Cabe decir que se trata solo de una técnica psicológica y que en todo momento mantuvimos la neutralidad que se espera de nuestro trabajo.

El vecino nos contó que vivía justo encima del bar, en el primer piso del mismo edificio. Llegando ese día a su vivienda en torno a las 19:00 horas oyó un ruido en su balcón, que da a la terraza del establecimiento. Creyendo que se trataba de la habitual algarabía festiva del bar llamado Tolo, se asomó para quejarse, como reconoce que hacía habitualmente, pero su sorpresa fue que se halló, en su propio balcón, con cuatro clientes del bar, sentados en dos mesas metálicas, bebiendo Mahou y picando unas aceitunitas y unos frutos secos, cortesía de la casa.

Ante la sorpresa y la ira de Gutiérrez, los clientes le explicaron que uno de los camareros les había dicho que la terraza estaba completa, pero que quedaba sitio en “la terraza superior”, a la que se accedía a través de una escalera apoyada contra la barandilla del balcón de Gutiérrez.

El vecino intentó echarles a gritos. Admitió haber proferido palabras subidas de tono e incluso haber arrojado un cuenco, cree recordar que de aceitunas, por el balcón. Fue entonces cuando el dueño del bar llamado Tolo intervino, saliendo del local y pidiendo a Gutiérrez desde la calle que dejara en paz a sus clientes. El vecino bajó y el intercambio de pareceres fue subiendo de tono, llegando al punto de que los clientes de la terraza superior prefirieron irse (motivo por el que no pudimos hablar con ellos cuando llegamos al lugar de los hechos). 

El dueño del local nos mostró los permisos para ampliar su terraza hacia el balcón del vecino inmediatamente superior a su local. Estos permisos estaban vigentes y en orden. Además de eso y según el hostelero, el vecino no usa nunca el balcón, excepto para apilar unas cajas y una bicicleta oxidada “que ni siquiera deberían estar ahí”, y por eso en el ayuntamiento le concedieron el permiso en solo una semana. 

También nos contó que se trata de uno de los vecinos “conflictivos” de la plaza: “Uno de esos que cuelga pancartas contra el ruido, pero luego el que hace ruido y molesta a mis clientes es él, no se si se han fijado en cómo gritaba”. 

No solo los papeles estaban en regla, sino que comprobamos que la terraza cumplía las condiciones para proceder a su crecimiento vertical, al no quedar sitio ninguno en la acera en el que colocar ninguna otra silla. Informado al respecto, el vecino se quejó y, visiblemente alterado, preguntó por qué tenía que meter él a gente en su casa, mostrando su sorpresa cuando se le recordaron sus obligaciones para con el mantenimiento del turismo y del crecimiento económico. Se le preguntó por la última vez que había salido al balcón y contestó con vaguedades, admitiendo así, al menos en parte, que esa zona de su casa estaba completamente desaprovechada, sobre todo si se comparaba con el servicio que podían dar dos mesas sirviendo cervezas y alguna que otra tapa siete días a la semana.

A pesar de que el dueño del local había aludido a un historial conflictivo por parte del vecino, decidimos limitarnos a amonestarlo verbalmente y pedirle que no importunara a los clientes del bar llamado Tolo, que tenían todo el derecho a disfrutar de su refrigerio sin que nadie les tirara las aceitunas a la calle. Le recordamos que en el caso de que le molestaran el ruido y el humo del tabaco de estos clientes, algo sin duda inevitable, siempre podía cerrar la ventana que daba al balcón.

El vecino no se lo tomó bien y amenazó con acciones legales. Conseguimos calmarle y hacerle ver que el local tenía todos los permisos en regla y que iba a ser perder el tiempo. Insistimos en que siempre era mejor una solución amistosa, a la que también se mostraba inclinado el señor Arturo Sánchez. En este sentido, le recordamos que el dueño del local ni siquiera le había exigido que pagara las consumiciones de los clientes que se habían marchado y a quienes había tenido que invitar. Añadimos que no queríamos tener que volver y reventarle la cabeza a hostias, a ver si así aprendía. Que no hay nada más agradable que una terracita en verano, hijo de puta, y que a ver dónde quería que el bar pusiera las mesas, ¿en lo alto de los coches o qué, pedazo de subnormal? A ver si dejamos que la gente se divierta en paz, amargado, que eres un amargado. Uno sale del trabajo, con el calorcito de la tarde, y qué mejor que tomarse una cervecita tan tranquilo en el bar sin tener que soportar los lamentos del clásico paliducho que se pasa todo el día en casa, quejándose de cualquier cosa, joder ya, aprende a divertirte o al menos deja en paz a los que sí saben hacerlo. Sal tú también de vez en cuando. Relájate, pedazo de cabrón. O al menos cierra la puta boca, que no hay nada peor que el ñiñiñi de un cenizo, que se le quitan a uno las ganas de vivir con tanta protestita de mierda. Procedí a darle las dos palmaditas suaves en la mejilla, técnica también recomendada en el blog de la psicóloga antes mencionada para demostrar dominación física y mental. Sonreí y dije: “Nos vamos entendiendo, ¿verdad?”, a lo que mi compañero, que no lee este blog por más veces que se lo recomiende, añadió un innecesario y diría que contraproducente: “Pues arreando, que es gerundio”.

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Así serían los gobiernos de Pablo Iglesias y Pedro Sánchez

Pablo López y Paul Churches (Moncloa)

He tenido acceso a la propuesta de gobierno de Pablo Iglesias y a la contrapropuesta de Pedro Sánchez. Las reproduzco aquí por su interés.

La propuesta de Pablo Iglesias

Presidente: Pablo Iglesias

Vicepresidente: Pablo Iglesias, pero poniendo otra voz

Vicepresidente segundo: Pablo Iglesias con gafas

Ministro de Asuntos Exteriores: Paul Churches

Ministro de Interior: Pablo Iglesias con uniforme de policía

Ministro de Educación y Ciencia: el Doctor Pablo Iglesias, con bata blanca y risa maléfica incluida

Ministro de Economía: Pablo Iglesias con una calculadora

Ministro de Hacienda: Pablo Iglesias disfrazado de Mister Monopoly

Ministro de Defensa: Pablo Iglesias enfadado

Ministro de Ataque: Pablo Iglesias más enfadado

Ministro de Agricultura: Pablo Iglesias con un sombrero de paja y acento sureño (pero del sur de Estados Unidos)

Ministro de Fomento: Pablo Iglesias con una grúa

Ministro de Justicia: Pablo Iglesias con un mazo

Política Territorial: Pablo Iglesias con un mapa

Ministro de Sanidad: Pablo Iglesias con bata y estetoscopio

Ministro de Trabajo: Pablo Iglesias con un mono (pero un mono animal, no de vestir)

Ministro de Transición Ecológica: Pablo Iglesias

(Todos los Pablo Iglesias se podrán comprar en reproducciones a escala de plástico fabricadas por Schleich).

 

La contrapropuesta de Pedro Sánchez

Presidente: Pedro Sánchez

Vicepresidente: Pedro González

Vicepresidente segundo: Pablo Rodríguez

Ministro de Asuntos Exteriores: Paul Smith

Ministro de Interior: Juan Interiórez

Ministro de Educación y Ciencia: Pedro Universidádez

Ministro de Economía: Pablo Dinérez

Ministro de Hacienda: José Impuéstez

Ministro de Defensa: Pedro Tánquez

Ministro de Ataque: Pedro Sánchez, pero otro Pedro Sánchez diferente

Ministro de Agricultura: José Cultívez

Ministro de Fomento: Antonio Carretérez

Ministro de Justicia: Luis Juzgádez

Política Territorial: Fernando Regiónez

Ministro de Sanidad: Juan Doctórez 

Ministro de Trabajo: Pablo Trabájez

Ministro de Transición Ecológica: Pedro Carbónez

El verdadero significado del manuscrito Voynich

Beinecke Rare Book and Manuscript Library, Yale University

Lamento comunicar a todos los interesados en el manuscrito Voynich que el estudio que afirma haber desentrañado su código es otra falsa alarma. Un momento, se preguntará algún lector enfrascado en la interpretación del libro más misterioso de la historia, ¿y tú qué sabes? ¿Cuánto tiempo has dedicado a intentar desentrañar su código y a mirar los dibujitos? Bien, pues lo sé porque yo escribí ese manuscrito.

Llevo años intentando explicarme, pero nadie me cree. No se trata de un texto medieval. Solo es una libreta sobre la que se me cayó una taza de café. Por eso parece tan antigua.

En realidad es de 1903. Poco después de licenciarme en Filosofía y Letras (el Periodismo de la época) encontré un trabajo en la primera empresa de telemarketing de España, llamada Telemercadeo Dato e Hijos. Era propiedad del conocido como Gran Dato: don Fulgencio Dato, el dueño de la empresa, que pesaría casi 15 arrobas.

Se trataba de un trabajo relativamente sencillo: solo había tres personas que tuvieran teléfono en España, así que las llamaba cada mañana y les ofrecía los productos que se incluían en nuestro catálogo.

Había de todo: cuellos de camisa, bañadores que iban de los tobillos a los hombros, pesas con los pesos redondos, calesas, fines de semana en fondas de Santander, trabucos, rapé, peines para el bigote, anteojos, jofainas, polainas, mantones, chalinas, banderas anarquistas para colgar en el balcón, bombas anarquistas para arrojar en bodas reales y relojes de bolsillo que atrasaban cinco minutos cada cuatro minutos, además de toda clase de sombreros: bombines, canotiers, chisteras, clochés, pamelas, chambergos, porkpies, gorras de Caja Rural…

Aunque hoy en día parezca increíble, las personas a las que llamaba me atendían y se pasaban un buen rato charlando conmigo. El teléfono era una novedad y los tres no tenían a nadie con quien hablar (no se conocían entre sí), por lo que agradecían poder usar este invento.

Y más teniendo en cuenta el gasto. Por aquel entonces, solo la línea costaba la friolera de 27 reales al mes. Para que nos hagamos una idea, con 27 reales un joven de provincias podía alojarse en una pensión de Barcelona durante tres o cuatro años, el tiempo justo para conocer a una joven de familia burguesa, comprometerse con ella, verse envuelto en una trama de corrupción que llegaba hasta el mismísimo secretario de la Diputación y volverse al pueblo disgustado para ejercer de maestro.

Pero me desvío. Hablábamos del manuscrito Voynich. En realidad -y me da hasta apuro decirlo-, no era más que el cuaderno que usaba para ir tomando notas mientras hablaba por teléfono con nuestros únicos tres clientes. Como les gustaba charlar, a menudo me limitaba a asentir y a hacer garabatos mientras me contaban, qué se yo, lo último que hubiesen leído en el Diario de avisos.

¿Son todo garabatos y dibujos sin significado? No, en absoluto. Tengo mala letra, pero no creo que resulte difícil distinguir los nombres de mis tres clientes: Don Telesforo Matías (regidor de Gobernación), Doña María de la Encarnación Cánovas (dueña de la fonda del mismo nombre) y el señor Mateu Bonaventura (empresario textil).

También son visibles algunos de sus pedidos. Por ejemplo, en esta página se ve claramente que las primeras palabras son “bolas de naftalina (3)” siendo (3) el número de cajas.

Beinecke Rare Book and Manuscript Library, Yale University

No todos los fragmentos son tan prosaicos: en las últimas páginas comencé una novela sobre un joven que emigra a América a hacer fortuna, pero como le dan miedo los barcos, decide emprender el viaje en globo aerostático. Al ser su primer viaje en globo, se pierde y acaba en la Luna, donde se tiene que alojar en una fonda mientras los selenitas reparan la cesta averiada. Allí se enamora de la mujer del Regente lunar, una joven obligada por su familia a casarse con un hombre mucho mayor que ella. La joven, torturada al no poder escoger entre las convenciones sociales y su verdadero amor, se suicida ingiriendo cuarenta y siete litros de aceite de ricino. Al final de la novela, el protagonista regresa desengañado a Sant Martí de Sesentranyes, donde pasa el resto de su vida como maestro.

Otros fragmentos que considero interesantes:

– Página 16: la receta de cocido de Doña María de la Encarnación.

– Página 42: la respuesta al sentido de la vida, el universo y todo lo demás (pero no entiendo mi letra).

– Página 78: diseño para la construcción de una máquina del tiempo (es un reloj de bolsillo).

– Página 110: es el dibujo de un pene, jajaja…

– Página 131: la lista de posibles títulos para mi novela.

– Página 188: una caricatura de don Fulgencio Dato.

La empresa cerró al poco tiempo. Don Mateu Bonaventura fue asesinado por unos anarquistas y perdimos de golpe el 33% de nuestros clientes. Nos resultó imposible recuperarnos: me pasé toda la tarde en manguitos, haciendo cálculos con el ábaco, pero no había forma de cuadrar los números.

Esa tarde se me cayó una taza de café sobre el cuaderno y, disgustado, decidí dejarlo sobre la mesa cuando me marché para no volver. Hasta hace unos años no conocía la existencia del mal llamado “manuscrito Voynich”, así que lo imaginaba desaparecido.

Rogaría a los actuales propietarios (la Universidad de Yale) que me lo hicieran llegar, ya que creo que aún podría publicar La regenta de Selene (título provisional).

Conversaciones con escritores importantes

Foto: Adolfo Félix (Unsplash)

En breve voy a publicar mi libro de entrevistas, Conversaciones con escritores importantes. Solo me queda escribirlo, encontrar un editor, ofrecérselo diecisiete veces, secuestrar a su familia, amenazar de muerte a su familia, quizás cortar alguna oreja para que vea que voy en serio y poco más. Mientras tanto, he decidido avanzar a mis tres lectores algunos de los fragmentos más interesantes o, como se dice en francés, le plus croissants.

Mario Vargas Llosa

—Señor Vargas Llosa, ¿cree que España tiene cura?

—Se equivoca, yo no soy ese señor.

—Cuando digo “cura”, me refiero a sacerdote.

—Que yo no soy Vargas Llosa.

—Usted se llama Mario. ¿No tendrá un hermano llamado Luigi?

—Mire, no tengo tiempo para estas tonterías.

 

Soledad Puértolas

—¿El escritor nace o se hace? Si se hace, ¿es necesario precalentar el horno?

—¿Otra vez usted? ¿Pero quiere dejarme en paz, que llego tarde a la oficina?

—¿Cómo prefiere que la llamen, Sol o Edad?

—¿Pero de qué habla?

—Señora Puértolas, ¿tiene usted ventánolas?

—¡Que yo no soy esa gente, le digo!

 

Javier Marías

—Javier, ¿Marías el favor de responder a unas preguntas?

—¡Que yo no me llamo Javier!

—Anda, como Los Toreros Muertos. ¿Qué opinión le merece el toreo?

—¿Pero por qué me sigue cada mañana?

—Mujeres: ¿qué son?

—Mire, si le vuelvo a ver en la puerta de mi casa, llamo a la policía.

 

Miguel de Cervantes

—Señor Cervantes, ¿cuándo cerrará la trilogía del Quijote?

—Mire, ya basta. Yo no soy ni Vargas Llosa, ni Puértolas, ni mucho menos Cervantes.

— La literatura es lo que nos diferencia de los animales? ¿O no del todo si tenemos en cuenta que hay perros de dibujos animados que saben leer?

—Estoy marcando el número de la policía.

—¿Tiene una lista de cien libros que leer antes de morir? ¿Cuando los acabe se suicidará?

—Buenos días, necesito su ayuda…

 

Rosa Montero

—Señora Montero, ¿ha estado usted en Canadá? ¿Vio Toronto entero?

—Le he visto desde el balcón antes de salir y ya he llamado a la policía. Está en camino.

—¿El periodismo puede ser literatura?

—Al menos no me agarre del brazo, haga el favor.

—¿Es más fácil pasar página cuando se es escritor?

—Y suelte el megáfono, por Dios.

 

Arturo Pérez-Reverte

—Encantado de Reverte, don Arturo.

—¡Pero bueno! ¡Le recuerdo que tiene una orden de alejamiento firmada por un juez!

— Es indispensable haber matado un animal con las manos desnudas antes de escribir algo publicable? ¿O las manos pueden llevar ropa interior si son vergonzosas?

—Y hoy viene con la tuna… Esto es increíble.

—¿Es verdad que todo el mundo es gilipollas? ¿O también hay idiotas?

—Por favor, déjeme en paz.

—¿Clavelitos, clavelitos, clavelitos de mi corazón?

 

Jaime Rubio Hancock

—Señor Rubio, ¿por qué es usted moreno?

—¿Rubio? ¿Jaime Rubio? ¿Pero ese no es usted?

—¿Cómo podríamos animar a los españoles a leer más? ¿Bastaría con enseñarles? ¿O necesitamos pompones?

—Si yo soy Jaime Rubio, ¿usted quién es?

—¿Internet es una moda o debería animarme a probarlo de una vez?

—¿Estoy hablando solo?

—¿Quiere hacer el favor de dejarme en paz?

—¿Qué? ¡Pero si es usted el que me molesta!

—¡No, es usted! ¡Yo no soy ninguna de esas personas!

—¡Yo tampoco!

—¡Me está intentando confundir!

—¡Yo no soy Jaime Rubio!

—¡Ni yo!

—¡Déjeme en paz!

—¡Déjeme en paz usted a mí!

—¡Policía!

—Yo aún diría más: ¡a mí la Guardia Civil!

—¡A mí la legión!

—¡A mí Toronto entero!

Sobre los spoilers de Juego de tronos (nota: no contiene spoilers de Juego de tronos)

Escena de ‘Juego de tronos’

—Buenos días.

—¡Hala! ¡Ya estamos con los spoilers de Juego de tronos!

—¿Pero qué spoilers? Si solo he dicho buenos días.

—¿Y le parece poco? ¿Cómo quiere que sepa si son buenos o malos, si aún no he visto el episodio de esta semana?

—No es ningún spoiler, es un saludo.

—¡Es que no quiero saber nada de nada! ¡Me da igual que sea un saludo o una despedida! ¡No quiero nada de información acerca del capítulo! ¡Ojalá no supiera ni cómo se llama la serie! Viene aquí la gente y te dice: “Qué fuerte lo de Pepito”, y ya sabes que Pepito ha hecho algo fuerte. O “buenos días” y ya sabes que son buenos. ¡Pues lo serán para usted! ¡Para mí ya no lo son porque me ha jodido la serie entera!

—No puede ser ningún spoiler de Juego de tronos porque ni siquiera la veo.

—¡QUE NO ME CUENTE SPOILERS!

—¿Cómo va a ser eso un spoiler?

—¿Cómo no va a serlo? ¡No sabía que no veía la serie! ¡Ahora sé algo sobre Juego de tronos que antes no sabía, es decir, el hecho de que usted no sigue la serie!

—Pero es que eso no tiene nada que ver.

—¡Eso lo decidiré yo cuando vea el episodio! ¡No quiero verlo condicionado por el hecho de si usted ve o no ve la serie! ¡Es información que a lo mejor me es útil y a lo mejor no!

—Bueno, vale, pues no le digo nada más.

—Otra vez.

—¿Pero qué he hecho ahora?

—Pues ahora sé que no me contará nada. Otro spoiler.

—¿Qué?

—Es que no se puede ni salir de casa. Toda la mañana así. En fin, ¿qué le pongo? Pero dígamelo sin spoilers de Juego de tronos.

—Un… Un café sol…

—¡Otra vez!

—¡Pero que eso no es de Juego de tronos!

—Joder que no. Resulta que ahora sé que el tipo que no ve Juego de tronos quiere un café solo.

—¿Cómo quiere que le pida el café sin spoilers?

—Pues no pida nada.

— Es que quiero un café. Para eso he venido.

—Ya, muy bien, pero hay gente que aún no ha visto el episodio. No todos nos levantamos a las tres de la mañana para verlo. Algunos tenemos que trabajar.

—¡Yo tampoco me he levantado para ver nada!

—¡QUE NO ME CUENTE SPOILERS!

—¡Eso no es un episodio! ¡Es la vida!

—Pero hijo de puta, qué pedazo de spoiler me acabo de comer por su culpa.

—¿Qué?

—Lo de que esto no es un episodio. Madre mía, el sorpresón que me he tragado.

—¿Cómo va a ser eso un spoiler? Está claro que esto no es un episodio de Juego de tronos.

—¡No puedo saber eso hasta que lo vea! ¡Igual me pongo la serie y empieza con un tío que no ve Juego de tronos tomándose un café en mi bar! ¡O a lo mejor es el puto final de la serie! ¿Qué clase de imbécil maleducado y desconsiderado es usted?

—Un momento, ¿no ha visto la serie? ¿Nada de nada?

—No. Y no creo que la vea, la verdad. No soy muy de series.

—¿Entonces por qué tanto lío?

—Por si algún día la veo.

—Pero…

—¿Pero qué? Tengo derecho a verla en paz si algún día me decido.

—¿Entonces nadie puede pedirle un café hasta que vea la serie?

—Exacto.

—¿Y de verdad cree que es posible que una serie que va de espadas y dragones transcurra en su bar?

—No lo sé. Ya le digo que no la he visto.

—Eso no tiene ningún sentido.

—¿Y usted qué sabe? ¿No decía que tampoco ve la serie?

—¡Corten!

—¿Qué?

—¿Quién ha hablado?

—Ha quedado estupendo. Muchas gracias a todos.

—Oiga, ¿quién es usted? ¿Y qué hacen ahí todas esas cámaras?

—Somos el equipo de rodaje.

—¿Qué rodaje?

—Estamos rodando la escena final de Juego de tronos.

—¿En este bar?

—¡Lo sabía! ¡Ve como al final todo lo que me estaba contando era un spoiler!

—Un momento, ¿Juego de tronos transcurre en este bar?

—Bueno, es un poco más complicado…

—¡No me cuente nada! ¡No quiero saber nada!

—No, no, conteste. Esto es importante.

—A ver, al final de Juego de tronos resulta que todo era una conversación entre ustedes dos.

—¡NO! ¡NO QUERÍA SABER CÓMO ACABA!

—Y esta conversación a su vez es un texto de Jaime Rubio.

—¿De quién? ¿Quién es Jaime Rubio?

—Ni idea, eso se lo tendría que preguntar a los productores. Les tengo que dejar. Hasta luego.

—¿Ha oído eso?

—¡Sí! ¡Ahora sé cómo acaba Juego de tronos! ¡Le odio! ¡No quiero que vuelva a mi bar nunca!

—¡Eso no es importante! ¡Lo otro!

—¿Qué?

—¡Somos personajes en un texto de un tal Jaime Rubio!

—¿En serio? ¿Y por qué me ha escrito calvo?

—Céntrese. Si Jaime Rubio deja de escribir, ¡desapareceremos!

—¿Qué?

—¿No lo entiende? ¡Solo vivimos en un documento de Word!

—Eso es un poco spoiler, también, ¿no?

—¡Olvide los spoilers! ¡Vamos a morir!

—¿Y… Y qué hacemos?

—¡Hable! ¡No deje de hablar! ¡Mientras sigamos hablando tendrá que seguir escribiendo!

—Pero es que no sé qué decir…

—Cualquier cosa, me da igual.

—¿Juego de tronos es de espadas?

—Sí.

—Buf, qué pereza, no sé si quiero empezar a verla.

—MÁS, MÁS, SIGA HABLANDO.

—Diga algo usted también.

—NO SE ME OCURRE NADA QUE NO SEA UN SPOILER DE JUEGO DE TRONOS.

—¿Pero no decía que tampoco ha visto la serie?

—YA, PERO TE ACABAS ENTERANDO DE COSAS.

—ER…

—EHM… ¡EL EPISODIO ERA MUY OSCURO!

—NO…

—ESTO ES HORRIBLE…

—¿Tony Stark tiene que ver con Juego de tronos?

—Igual son sus antepasados.

—Er…

—Se ha quedado buen día…

—Otra vez… Al menos diga spoiler alert antes…

—DÍGALE A MI MUJER QUE NO SÉ SI EXISTO…

Extrañas y sorprendentes aventuras de Jaime Rubio, náufrago

Foto: Adriel Kloppenburg (Unsplash)

Día 1

Yo, pobre y miserable Jaime Rubio, habiendo naufragado con el mar en calma, llegué más muerto que vivo a esta desdichada isla a la que llamé Isla de la Desesperación, mientras que el resto de la tripulación del barco supongo que está bien porque no les ha pasado nada, al menos que yo sepa.

Mis desdichas comenzaron la noche anterior. Insistí en comentarle al capitán del crucero que yo podía conducir el barco mucho más rápido que él. “Mañana estamos aparcados en Grecia o dónde sea que vayamos”, le dije. Herido en su orgullo, me gritó que abandonara la cabina del piloto (que él insistía en llamar “puente de mando”, a pesar de que estábamos en el mar y no cruzando un río) y me dijo que me fuera a algo llamado “cubierta”. Tras unos cuantos gritos más, logré entender que se refería a la terraza, que no tenía techo, por lo que era absurdo referirse a ella con ese término.

Una vez allí, me di cuenta de que se trataba de una terraza peligrosísima, porque cualquiera podía caerse. Bastaba con ponerse de pie sobre la barandilla y perder el equilibrio. Cosa que me ocurrió al tercer intento, mientras gritaba “¡que venga el conductor a la barandilla de la derecha!”.

El mar me ha traído a la costa de este islote en apariencia desierto. Por suerte, soy un hombre con recursos: he visto varios episodios de El último superviviente y sé que todo irá bien siempre que coma al menos una lagartija y pueda pasar la noche en un hotel.

Lo primero que necesitaba era construir un pequeño refugio, por si llovía. Como no he visto vegetación, he levantado un enorme castillo de arena. Bueno, a ver, no es un castillo, es más bien un chalé. Tiene dos plantas, con un un total de cinco habitaciones y tres baños. Me he hecho una terraza muy grande (o una “cubierta”, como la llaman los marineros) donde he escrito un mensaje con conchas para los aviones que sobrevuelen la isla:

“NO ESTOY AL DÍA CON JUEGO DE TRONOS. NADA DE SPOILERS, POR FAVOR”.

También he decidido escribir este diario en las paredes de la casa con ayuda de un palo que he encontrado en la playa y al que he llamado Palo.

Día 2

Al despertar he tenido el primer contacto con los nativos. Han venido hasta la playa en grupos de dos a cinco. Tienen la piel muy roja y visten ropa de manga corta y colores llamativos. Se tumban sobre mantas de tela y guardan extraños rituales. Por ejemplo, después de comer no pueden acercarse al agua durante dos horas, dado que podrían provocar la ira de sus dioses. Beben un líquido parecido a la cerveza y comen melón, sandía y superchocs.

Como no quería arriesgarme a que me capturaran, les he ahuyentado arrojándoles arena, lo que ha hecho que mantengan las distancias.

Mismo día, por la tarde

Se me ha acercado una líder nativa. Vestía una camiseta blanca con una cruz roja y, sorprendentemente, hablaba mi idioma. Quizás lo ha aprendido de oírme gritar:

-Oiga, no puede tirar arena a la gente que viene a la playa.

-Te llamaré Viernes. Si hoy no es viernes, te llamaré Hoy.

-¿Qué?

-Ayúdame a construir una balsa. Tengo que huir de aquí.

-¿Se encuentra usted bien?

-Palo, te presento a Viernes.

-¿Está hablando con un palo?

¿Te he hablado ya de mi libro?

Día 3

La policía nativa ha entrado en mi chalet de arena. Logré huir a tiempo y esconderme detrás de un señor. Desde aquí veo cómo están registrando la casa. Espero que no encuentren mi disco duro de arena con porno de arena. Este señor se queja mucho cuando escribo en su espalda, así que no puedo quedarme detrás de él durante mucho tiempo.

Día 4

He llegado al poblado de los nativos. Parece bastante más avanzado de lo que me imaginaba. Tienen tiendas de tela, pero también hay cabañas de madera, imagino que para los nativos más fuertes.

Me arrastro entre los pinos y llego hasta donde un grupo está preparando su comida. Al parecer, están cocinando al aire libre lo que llaman “paellita”, que es un guiso muy parecido a nuestra “paella”. Pero no tienen ni puta idea, claro. ¿Por qué le echan pimientos? ¿Y trozos de pescado? Eso no es paellita, eso es arrocito con cositas.

Día 5

He pasado la noche en lo alto de un pino. Desconozco la fauna local, por lo que no quería arriesgarme a que me devoraran lobos isleños, osos isleños, leones isleños o tiburones de tierra isleños. Me he despertado muy temprano, antes de que los nativos llegaran a la playa, por lo que he podido pescar con mis manos algo para desayunar. En concreto, dos algas y algo que parece una concha vacía. Suficiente para hacerme una sopa. En el pinar podré hacerme un fuego.

Mismo día, más tarde

El pinar está en llamas.

Día 6

Hoy he hecho un descubrimiento aterrador. Todo ha comenzado cuando la policía de los nativos me ha apresado.

Un inciso: creo que el pinar que he quemado era sagrado porque les ha molestado mucho que lo incendiara.

-¡Ha sido sin querer!

-Lo siento, pero nos tiene que acompañar.

-¡Si se hace sin querer no pasa nada! ¡Los accidentes ocurren!

Me han llevado a una comisaría nativa, un edificio de varias plantas imagino que construido con adobe y paja.

-A ver, ¿por qué lleva usted varios días durmiendo en la playa?

-¿Cómo habláis mi idioma?

-¿Qué quiere decir?

-Habláis muy bien español. ¿Cómo lo aprendisteis? ¿Estoy en el Caribe?

-¿En el Caribe?

-Naufragué y llegué a esta costa hace unos días… No sé dónde estoy…

-En Castelldefels.

-¿Cómo?

-En Castelldefels. Estamos en Castelldefels. ¿Dónde dice usted que naufragó?

-Pues en el mar, dónde voy a naufragar, si no.

-Pues llegó a Castelldefels.

No sé cuánto tiempo estuve perdido en alta mar, pero la conclusión es clara: durante el tiempo que pasé en el crucero o intentando sobrevivir en el agua, los nativos de no sé bien qué isla caribeña invadieron la costa mediterránea.

No sé qué habrá sido de mis compatriotas y hasta dónde habrá llegado la invasión. La policía nativa no contesta a mis preguntas y los agentes quieren quitarme a Palo, con el que seguía escribiendo mi diario (ahora en la pared de la celda). Ignoro cuándo podré seguir con mi narrativa. Solo espero que no me hagan comer “paellita”.

Y yo me pregunto: ¿quién es el verdadero salvaje? ¿Los nativos que nos invadieron? ¿Nosotros, que hemos sido invadidos y, por tanto, en cierto modo, somos los nativos? ¿El capitán del barco, que llamaba “cubierta” a algo que está al aire libre? ¿O mi compañero de celda, que me ha contado que al final del último capítulo de Juego de tronos aparecían los créditos? ¿No te estoy diciendo que NO lo he visto?

Debate a uno

Foto: Sven Scheuermeier (Unsplash)

(Como ya sabrán los lectores, a estas horas Pedro Sánchez ha confirmado su asistencia al debate del 22 de abril en Televisión Española y del día siguiente en Antena 3. Durante unas horas pareció que podría debatir a solas en la cadena pública, por lo que se estuvo preparando a fondo para esta posibilidad. Hemos tenido acceso a las transcripciones de sus ensayos).

PEDRO SÁNCHEZ: Y por eso creo que el PSOE es el partido que mejor puede asegurar la estabilidad económica y las libertades democráticas.

(Pedro Sánchez corre al atril de al lado).

PEDRO SÁNCHEZ, PONIENDO VOZ DE MALO: No, no es verdad. El PSOE no es bueno. Come esta manzana.

(Pedro Sánchez vuelve a su atril. Así todo el rato).

PEDRO SÁNCHEZ: Qué… ¿Una manzana?

PEDRO SÁNCHEZ, PONIENDO VOZ DE MALO: ¿No te apetece? Mira qué color más bonito tiene…

PEDRO SÁNCHEZ: No digo que no, pero…

PEDRO SÁNCHEZ, PONIENDO VOZ DE MALO: Pégale un bocado, anda…

PEDRO SÁNCHEZ: Bueno, vale.

MODERADOR: ¿Le parece buena idea fiarse de alguien que es usted poniendo, clarísimamento, voz de malo?

PEDRO SÁNCHEZ, PONIENDO VOZ DE MALO: No le hagas caso. Come, come. ¿Te frío un huevo?

(Pedro Sánchez muerde la manzana y cae al suelo. Se arrastra disimulando al atril de al lado).

PEDRO SÁNCHEZ, PONIENDO VOZ DE MALO: Jajaja… ¡He salvado a España!

MODERADOR: Hablando de España…

PEDRO SÁNCHEZ: No, no, lo otro.

MODERADOR: Pero no puedo…

PEDRO SÁNCHEZ: Claro que sí, venga.

MODERADOR: No me parece serio.

PEDRO SÁNCHEZ: Venga, tal y como lo habíamos preparado.

MODERADOR: No creo que pueda hacer esto en televisión.

PEDRO SÁNCHEZ: Luego lo hablamos. Primero veamos cómo queda.

MODERADOR: En fin… Er… Oh, no. ¿Quién ayudará al presidente?

PEDRO SÁNCHEZ: (Desde un tercer atril) ¡Yo! ¡Soy un socio de gobierno responsable! No me gustan las manzanas, prefiero las… (guiña un ojo) naranjas. (Va al primer atril, se arrodilla). ¡Yo te salvaré, Pedro Sánchez! (Se inclina y simula dar un beso al Pedro Sánchez acostado. Se abraza a sí mismo de tal modo que se ven sus manos en la espalda. Se pone de pie en el atril. Le hace un gesto al moderador con la mano).

MODERADOR: ¿De verdad tenemos que hacer esto?

PEDRO SÁNCHEZ: Rápido, que perdemos la intensidad del momento.

MODERADOR: ¡Vuelve a estar en pie! ¿Qué ha ocurrido?

PEDRO SÁNCHEZ: Gracias a nuestros socios de gobierno responsables, hemos salvado la democracia.

PEDRO SÁNCHEZ, PONIENDO VOZ DE MALO: Oh, no. Mis artimañas no han servido para nada.

PEDRO SÁNCHEZ: Así es. España está a salvo una vez más.

PEDRO SÁNCHEZ, DESDE EL TERCER ATRIL: Y yo he ayudado.

MODERADOR: Bien… Er… Pasamos al siguiente bloque. La economía.

PEDRO SÁNCHEZ, PONIENDO VOZ DE TONTO: ¡Me haré una casa de paja!

(Corre al atril de al lado).

PEDRO SÁNCHEZ, PONIENDO VOZ NORMAL: ¡Yo me haré una casa de madera!

(Corre al atril de al lado).

PEDRO SÁNCHEZ, MORDIENDO LA PATILLA DE UNAS GAFAS DE PASTA: Yo me haré una resistente casa de ladrillos, siguiendo las indicaciones del programa del Partido Socialista Obrero Español.