Conversaciones con escritores importantes

Foto: Adolfo Félix (Unsplash)

En breve voy a publicar mi libro de entrevistas, Conversaciones con escritores importantes. Solo me queda escribirlo, encontrar un editor, ofrecérselo diecisiete veces, secuestrar a su familia, amenazar de muerte a su familia, quizás cortar alguna oreja para que vea que voy en serio y poco más. Mientras tanto, he decidido avanzar a mis tres lectores algunos de los fragmentos más interesantes o, como se dice en francés, le plus croissants.

Mario Vargas Llosa

—Señor Vargas Llosa, ¿cree que España tiene cura?

—Se equivoca, yo no soy ese señor.

—Cuando digo “cura”, me refiero a sacerdote.

—Que yo no soy Vargas Llosa.

—Usted se llama Mario. ¿No tendrá un hermano llamado Luigi?

—Mire, no tengo tiempo para estas tonterías.

 

Soledad Puértolas

—¿El escritor nace o se hace? Si se hace, ¿es necesario precalentar el horno?

—¿Otra vez usted? ¿Pero quiere dejarme en paz, que llego tarde a la oficina?

—¿Cómo prefiere que la llamen, Sol o Edad?

—¿Pero de qué habla?

—Señora Puértolas, ¿tiene usted ventánolas?

—¡Que yo no soy esa gente, le digo!

 

Javier Marías

—Javier, ¿Marías el favor de responder a unas preguntas?

—¡Que yo no me llamo Javier!

—Anda, como Los Toreros Muertos. ¿Qué opinión le merece el toreo?

—¿Pero por qué me sigue cada mañana?

—Mujeres: ¿qué son?

—Mire, si le vuelvo a ver en la puerta de mi casa, llamo a la policía.

 

Miguel de Cervantes

—Señor Cervantes, ¿cuándo cerrará la trilogía del Quijote?

—Mire, ya basta. Yo no soy ni Vargas Llosa, ni Puértolas, ni mucho menos Cervantes.

— La literatura es lo que nos diferencia de los animales? ¿O no del todo si tenemos en cuenta que hay perros de dibujos animados que saben leer?

—Estoy marcando el número de la policía.

—¿Tiene una lista de cien libros que leer antes de morir? ¿Cuando los acabe se suicidará?

—Buenos días, necesito su ayuda…

 

Rosa Montero

—Señora Montero, ¿ha estado usted en Canadá? ¿Vio Toronto entero?

—Le he visto desde el balcón antes de salir y ya he llamado a la policía. Está en camino.

—¿El periodismo puede ser literatura?

—Al menos no me agarre del brazo, haga el favor.

—¿Es más fácil pasar página cuando se es escritor?

—Y suelte el megáfono, por Dios.

 

Arturo Pérez-Reverte

—Encantado de Reverte, don Arturo.

—¡Pero bueno! ¡Le recuerdo que tiene una orden de alejamiento firmada por un juez!

— Es indispensable haber matado un animal con las manos desnudas antes de escribir algo publicable? ¿O las manos pueden llevar ropa interior si son vergonzosas?

—Y hoy viene con la tuna… Esto es increíble.

—¿Es verdad que todo el mundo es gilipollas? ¿O también hay idiotas?

—Por favor, déjeme en paz.

—¿Clavelitos, clavelitos, clavelitos de mi corazón?

 

Jaime Rubio Hancock

—Señor Rubio, ¿por qué es usted moreno?

—¿Rubio? ¿Jaime Rubio? ¿Pero ese no es usted?

—¿Cómo podríamos animar a los españoles a leer más? ¿Bastaría con enseñarles? ¿O necesitamos pompones?

—Si yo soy Jaime Rubio, ¿usted quién es?

—¿Internet es una moda o debería animarme a probarlo de una vez?

—¿Estoy hablando solo?

—¿Quiere hacer el favor de dejarme en paz?

—¿Qué? ¡Pero si es usted el que me molesta!

—¡No, es usted! ¡Yo no soy ninguna de esas personas!

—¡Yo tampoco!

—¡Me está intentando confundir!

—¡Yo no soy Jaime Rubio!

—¡Ni yo!

—¡Déjeme en paz!

—¡Déjeme en paz usted a mí!

—¡Policía!

—Yo aún diría más: ¡a mí la Guardia Civil!

—¡A mí la legión!

—¡A mí Toronto entero!

Anuncios

Sobre los spoilers de Juego de tronos (nota: no contiene spoilers de Juego de tronos)

Escena de ‘Juego de tronos’

—Buenos días.

—¡Hala! ¡Ya estamos con los spoilers de Juego de tronos!

—¿Pero qué spoilers? Si solo he dicho buenos días.

—¿Y le parece poco? ¿Cómo quiere que sepa si son buenos o malos, si aún no he visto el episodio de esta semana?

—No es ningún spoiler, es un saludo.

—¡Es que no quiero saber nada de nada! ¡Me da igual que sea un saludo o una despedida! ¡No quiero nada de información acerca del capítulo! ¡Ojalá no supiera ni cómo se llama la serie! Viene aquí la gente y te dice: “Qué fuerte lo de Pepito”, y ya sabes que Pepito ha hecho algo fuerte. O “buenos días” y ya sabes que son buenos. ¡Pues lo serán para usted! ¡Para mí ya no lo son porque me ha jodido la serie entera!

—No puede ser ningún spoiler de Juego de tronos porque ni siquiera la veo.

—¡QUE NO ME CUENTE SPOILERS!

—¿Cómo va a ser eso un spoiler?

—¿Cómo no va a serlo? ¡No sabía que no veía la serie! ¡Ahora sé algo sobre Juego de tronos que antes no sabía, es decir, el hecho de que usted no sigue la serie!

—Pero es que eso no tiene nada que ver.

—¡Eso lo decidiré yo cuando vea el episodio! ¡No quiero verlo condicionado por el hecho de si usted ve o no ve la serie! ¡Es información que a lo mejor me es útil y a lo mejor no!

—Bueno, vale, pues no le digo nada más.

—Otra vez.

—¿Pero qué he hecho ahora?

—Pues ahora sé que no me contará nada. Otro spoiler.

—¿Qué?

—Es que no se puede ni salir de casa. Toda la mañana así. En fin, ¿qué le pongo? Pero dígamelo sin spoilers de Juego de tronos.

—Un… Un café sol…

—¡Otra vez!

—¡Pero que eso no es de Juego de tronos!

—Joder que no. Resulta que ahora sé que el tipo que no ve Juego de tronos quiere un café solo.

—¿Cómo quiere que le pida el café sin spoilers?

—Pues no pida nada.

— Es que quiero un café. Para eso he venido.

—Ya, muy bien, pero hay gente que aún no ha visto el episodio. No todos nos levantamos a las tres de la mañana para verlo. Algunos tenemos que trabajar.

—¡Yo tampoco me he levantado para ver nada!

—¡QUE NO ME CUENTE SPOILERS!

—¡Eso no es un episodio! ¡Es la vida!

—Pero hijo de puta, qué pedazo de spoiler me acabo de comer por su culpa.

—¿Qué?

—Lo de que esto no es un episodio. Madre mía, el sorpresón que me he tragado.

—¿Cómo va a ser eso un spoiler? Está claro que esto no es un episodio de Juego de tronos.

—¡No puedo saber eso hasta que lo vea! ¡Igual me pongo la serie y empieza con un tío que no ve Juego de tronos tomándose un café en mi bar! ¡O a lo mejor es el puto final de la serie! ¿Qué clase de imbécil maleducado y desconsiderado es usted?

—Un momento, ¿no ha visto la serie? ¿Nada de nada?

—No. Y no creo que la vea, la verdad. No soy muy de series.

—¿Entonces por qué tanto lío?

—Por si algún día la veo.

—Pero…

—¿Pero qué? Tengo derecho a verla en paz si algún día me decido.

—¿Entonces nadie puede pedirle un café hasta que vea la serie?

—Exacto.

—¿Y de verdad cree que es posible que una serie que va de espadas y dragones transcurra en su bar?

—No lo sé. Ya le digo que no la he visto.

—Eso no tiene ningún sentido.

—¿Y usted qué sabe? ¿No decía que tampoco ve la serie?

—¡Corten!

—¿Qué?

—¿Quién ha hablado?

—Ha quedado estupendo. Muchas gracias a todos.

—Oiga, ¿quién es usted? ¿Y qué hacen ahí todas esas cámaras?

—Somos el equipo de rodaje.

—¿Qué rodaje?

—Estamos rodando la escena final de Juego de tronos.

—¿En este bar?

—¡Lo sabía! ¡Ve como al final todo lo que me estaba contando era un spoiler!

—Un momento, ¿Juego de tronos transcurre en este bar?

—Bueno, es un poco más complicado…

—¡No me cuente nada! ¡No quiero saber nada!

—No, no, conteste. Esto es importante.

—A ver, al final de Juego de tronos resulta que todo era una conversación entre ustedes dos.

—¡NO! ¡NO QUERÍA SABER CÓMO ACABA!

—Y esta conversación a su vez es un texto de Jaime Rubio.

—¿De quién? ¿Quién es Jaime Rubio?

—Ni idea, eso se lo tendría que preguntar a los productores. Les tengo que dejar. Hasta luego.

—¿Ha oído eso?

—¡Sí! ¡Ahora sé cómo acaba Juego de tronos! ¡Le odio! ¡No quiero que vuelva a mi bar nunca!

—¡Eso no es importante! ¡Lo otro!

—¿Qué?

—¡Somos personajes en un texto de un tal Jaime Rubio!

—¿En serio? ¿Y por qué me ha escrito calvo?

—Céntrese. Si Jaime Rubio deja de escribir, ¡desapareceremos!

—¿Qué?

—¿No lo entiende? ¡Solo vivimos en un documento de Word!

—Eso es un poco spoiler, también, ¿no?

—¡Olvide los spoilers! ¡Vamos a morir!

—¿Y… Y qué hacemos?

—¡Hable! ¡No deje de hablar! ¡Mientras sigamos hablando tendrá que seguir escribiendo!

—Pero es que no sé qué decir…

—Cualquier cosa, me da igual.

—¿Juego de tronos es de espadas?

—Sí.

—Buf, qué pereza, no sé si quiero empezar a verla.

—MÁS, MÁS, SIGA HABLANDO.

—Diga algo usted también.

—NO SE ME OCURRE NADA QUE NO SEA UN SPOILER DE JUEGO DE TRONOS.

—¿Pero no decía que tampoco ha visto la serie?

—YA, PERO TE ACABAS ENTERANDO DE COSAS.

—ER…

—EHM… ¡EL EPISODIO ERA MUY OSCURO!

—NO…

—ESTO ES HORRIBLE…

—¿Tony Stark tiene que ver con Juego de tronos?

—Igual son sus antepasados.

—Er…

—Se ha quedado buen día…

—Otra vez… Al menos diga spoiler alert antes…

—DÍGALE A MI MUJER QUE NO SÉ SI EXISTO…

Extrañas y sorprendentes aventuras de Jaime Rubio, náufrago

Foto: Adriel Kloppenburg (Unsplash)

Día 1

Yo, pobre y miserable Jaime Rubio, habiendo naufragado con el mar en calma, llegué más muerto que vivo a esta desdichada isla a la que llamé Isla de la Desesperación, mientras que el resto de la tripulación del barco supongo que está bien porque no les ha pasado nada, al menos que yo sepa.

Mis desdichas comenzaron la noche anterior. Insistí en comentarle al capitán del crucero que yo podía conducir el barco mucho más rápido que él. “Mañana estamos aparcados en Grecia o dónde sea que vayamos”, le dije. Herido en su orgullo, me gritó que abandonara la cabina del piloto (que él insistía en llamar “puente de mando”, a pesar de que estábamos en el mar y no cruzando un río) y me dijo que me fuera a algo llamado “cubierta”. Tras unos cuantos gritos más, logré entender que se refería a la terraza, que no tenía techo, por lo que era absurdo referirse a ella con ese término.

Una vez allí, me di cuenta de que se trataba de una terraza peligrosísima, porque cualquiera podía caerse. Bastaba con ponerse de pie sobre la barandilla y perder el equilibrio. Cosa que me ocurrió al tercer intento, mientras gritaba “¡que venga el conductor a la barandilla de la derecha!”.

El mar me ha traído a la costa de este islote en apariencia desierto. Por suerte, soy un hombre con recursos: he visto varios episodios de El último superviviente y sé que todo irá bien siempre que coma al menos una lagartija y pueda pasar la noche en un hotel.

Lo primero que necesitaba era construir un pequeño refugio, por si llovía. Como no he visto vegetación, he levantado un enorme castillo de arena. Bueno, a ver, no es un castillo, es más bien un chalé. Tiene dos plantas, con un un total de cinco habitaciones y tres baños. Me he hecho una terraza muy grande (o una “cubierta”, como la llaman los marineros) donde he escrito un mensaje con conchas para los aviones que sobrevuelen la isla:

“NO ESTOY AL DÍA CON JUEGO DE TRONOS. NADA DE SPOILERS, POR FAVOR”.

También he decidido escribir este diario en las paredes de la casa con ayuda de un palo que he encontrado en la playa y al que he llamado Palo.

Día 2

Al despertar he tenido el primer contacto con los nativos. Han venido hasta la playa en grupos de dos a cinco. Tienen la piel muy roja y visten ropa de manga corta y colores llamativos. Se tumban sobre mantas de tela y guardan extraños rituales. Por ejemplo, después de comer no pueden acercarse al agua durante dos horas, dado que podrían provocar la ira de sus dioses. Beben un líquido parecido a la cerveza y comen melón, sandía y superchocs.

Como no quería arriesgarme a que me capturaran, les he ahuyentado arrojándoles arena, lo que ha hecho que mantengan las distancias.

Mismo día, por la tarde

Se me ha acercado una líder nativa. Vestía una camiseta blanca con una cruz roja y, sorprendentemente, hablaba mi idioma. Quizás lo ha aprendido de oírme gritar:

-Oiga, no puede tirar arena a la gente que viene a la playa.

-Te llamaré Viernes. Si hoy no es viernes, te llamaré Hoy.

-¿Qué?

-Ayúdame a construir una balsa. Tengo que huir de aquí.

-¿Se encuentra usted bien?

-Palo, te presento a Viernes.

-¿Está hablando con un palo?

¿Te he hablado ya de mi libro?

Día 3

La policía nativa ha entrado en mi chalet de arena. Logré huir a tiempo y esconderme detrás de un señor. Desde aquí veo cómo están registrando la casa. Espero que no encuentren mi disco duro de arena con porno de arena. Este señor se queja mucho cuando escribo en su espalda, así que no puedo quedarme detrás de él durante mucho tiempo.

Día 4

He llegado al poblado de los nativos. Parece bastante más avanzado de lo que me imaginaba. Tienen tiendas de tela, pero también hay cabañas de madera, imagino que para los nativos más fuertes.

Me arrastro entre los pinos y llego hasta donde un grupo está preparando su comida. Al parecer, están cocinando al aire libre lo que llaman “paellita”, que es un guiso muy parecido a nuestra “paella”. Pero no tienen ni puta idea, claro. ¿Por qué le echan pimientos? ¿Y trozos de pescado? Eso no es paellita, eso es arrocito con cositas.

Día 5

He pasado la noche en lo alto de un pino. Desconozco la fauna local, por lo que no quería arriesgarme a que me devoraran lobos isleños, osos isleños, leones isleños o tiburones de tierra isleños. Me he despertado muy temprano, antes de que los nativos llegaran a la playa, por lo que he podido pescar con mis manos algo para desayunar. En concreto, dos algas y algo que parece una concha vacía. Suficiente para hacerme una sopa. En el pinar podré hacerme un fuego.

Mismo día, más tarde

El pinar está en llamas.

Día 6

Hoy he hecho un descubrimiento aterrador. Todo ha comenzado cuando la policía de los nativos me ha apresado.

Un inciso: creo que el pinar que he quemado era sagrado porque les ha molestado mucho que lo incendiara.

-¡Ha sido sin querer!

-Lo siento, pero nos tiene que acompañar.

-¡Si se hace sin querer no pasa nada! ¡Los accidentes ocurren!

Me han llevado a una comisaría nativa, un edificio de varias plantas imagino que construido con adobe y paja.

-A ver, ¿por qué lleva usted varios días durmiendo en la playa?

-¿Cómo habláis mi idioma?

-¿Qué quiere decir?

-Habláis muy bien español. ¿Cómo lo aprendisteis? ¿Estoy en el Caribe?

-¿En el Caribe?

-Naufragué y llegué a esta costa hace unos días… No sé dónde estoy…

-En Castelldefels.

-¿Cómo?

-En Castelldefels. Estamos en Castelldefels. ¿Dónde dice usted que naufragó?

-Pues en el mar, dónde voy a naufragar, si no.

-Pues llegó a Castelldefels.

No sé cuánto tiempo estuve perdido en alta mar, pero la conclusión es clara: durante el tiempo que pasé en el crucero o intentando sobrevivir en el agua, los nativos de no sé bien qué isla caribeña invadieron la costa mediterránea.

No sé qué habrá sido de mis compatriotas y hasta dónde habrá llegado la invasión. La policía nativa no contesta a mis preguntas y los agentes quieren quitarme a Palo, con el que seguía escribiendo mi diario (ahora en la pared de la celda). Ignoro cuándo podré seguir con mi narrativa. Solo espero que no me hagan comer “paellita”.

Y yo me pregunto: ¿quién es el verdadero salvaje? ¿Los nativos que nos invadieron? ¿Nosotros, que hemos sido invadidos y, por tanto, en cierto modo, somos los nativos? ¿El capitán del barco, que llamaba “cubierta” a algo que está al aire libre? ¿O mi compañero de celda, que me ha contado que al final del último capítulo de Juego de tronos aparecían los créditos? ¿No te estoy diciendo que NO lo he visto?

Debate a uno

Foto: Sven Scheuermeier (Unsplash)

(Como ya sabrán los lectores, a estas horas Pedro Sánchez ha confirmado su asistencia al debate del 22 de abril en Televisión Española y del día siguiente en Antena 3. Durante unas horas pareció que podría debatir a solas en la cadena pública, por lo que se estuvo preparando a fondo para esta posibilidad. Hemos tenido acceso a las transcripciones de sus ensayos).

PEDRO SÁNCHEZ: Y por eso creo que el PSOE es el partido que mejor puede asegurar la estabilidad económica y las libertades democráticas.

(Pedro Sánchez corre al atril de al lado).

PEDRO SÁNCHEZ, PONIENDO VOZ DE MALO: No, no es verdad. El PSOE no es bueno. Come esta manzana.

(Pedro Sánchez vuelve a su atril. Así todo el rato).

PEDRO SÁNCHEZ: Qué… ¿Una manzana?

PEDRO SÁNCHEZ, PONIENDO VOZ DE MALO: ¿No te apetece? Mira qué color más bonito tiene…

PEDRO SÁNCHEZ: No digo que no, pero…

PEDRO SÁNCHEZ, PONIENDO VOZ DE MALO: Pégale un bocado, anda…

PEDRO SÁNCHEZ: Bueno, vale.

MODERADOR: ¿Le parece buena idea fiarse de alguien que es usted poniendo, clarísimamento, voz de malo?

PEDRO SÁNCHEZ, PONIENDO VOZ DE MALO: No le hagas caso. Come, come. ¿Te frío un huevo?

(Pedro Sánchez muerde la manzana y cae al suelo. Se arrastra disimulando al atril de al lado).

PEDRO SÁNCHEZ, PONIENDO VOZ DE MALO: Jajaja… ¡He salvado a España!

MODERADOR: Hablando de España…

PEDRO SÁNCHEZ: No, no, lo otro.

MODERADOR: Pero no puedo…

PEDRO SÁNCHEZ: Claro que sí, venga.

MODERADOR: No me parece serio.

PEDRO SÁNCHEZ: Venga, tal y como lo habíamos preparado.

MODERADOR: No creo que pueda hacer esto en televisión.

PEDRO SÁNCHEZ: Luego lo hablamos. Primero veamos cómo queda.

MODERADOR: En fin… Er… Oh, no. ¿Quién ayudará al presidente?

PEDRO SÁNCHEZ: (Desde un tercer atril) ¡Yo! ¡Soy un socio de gobierno responsable! No me gustan las manzanas, prefiero las… (guiña un ojo) naranjas. (Va al primer atril, se arrodilla). ¡Yo te salvaré, Pedro Sánchez! (Se inclina y simula dar un beso al Pedro Sánchez acostado. Se abraza a sí mismo de tal modo que se ven sus manos en la espalda. Se pone de pie en el atril. Le hace un gesto al moderador con la mano).

MODERADOR: ¿De verdad tenemos que hacer esto?

PEDRO SÁNCHEZ: Rápido, que perdemos la intensidad del momento.

MODERADOR: ¡Vuelve a estar en pie! ¿Qué ha ocurrido?

PEDRO SÁNCHEZ: Gracias a nuestros socios de gobierno responsables, hemos salvado la democracia.

PEDRO SÁNCHEZ, PONIENDO VOZ DE MALO: Oh, no. Mis artimañas no han servido para nada.

PEDRO SÁNCHEZ: Así es. España está a salvo una vez más.

PEDRO SÁNCHEZ, DESDE EL TERCER ATRIL: Y yo he ayudado.

MODERADOR: Bien… Er… Pasamos al siguiente bloque. La economía.

PEDRO SÁNCHEZ, PONIENDO VOZ DE TONTO: ¡Me haré una casa de paja!

(Corre al atril de al lado).

PEDRO SÁNCHEZ, PONIENDO VOZ NORMAL: ¡Yo me haré una casa de madera!

(Corre al atril de al lado).

PEDRO SÁNCHEZ, MORDIENDO LA PATILLA DE UNAS GAFAS DE PASTA: Yo me haré una resistente casa de ladrillos, siguiendo las indicaciones del programa del Partido Socialista Obrero Español.

Algunos fragmentos descartados de mi libro

Las ilustraciones son de Lalalimola

Apenas he hablado del asunto, por lo que es posible que muchos no os hayáis enterado, pero resulta que he publicado un libro titulado ¿Está bien pegar a un nazi?. Está repleto de dilemas éticos cotidianos a los que muchos filósofos clásicos responden con un claro y rotundo DEPENDE.

Como ya os podéis imaginar, el proceso de edición de un libro es arduo y complicado. Durante semanas estuve trabajando estrechamente con el editor y decidimos sacrificar algunos fragmentos. He querido rescatar algunos de estos párrafos para publicarlos aquí, al considerarlos lo suficientemente interesantes. Eso sí, los acompaño de las sensatas notas del editor. No siempre estuvimos de acuerdo, pero creo que ambos podemos estar muy orgullosos del producto final.

“¿Está bien hablar antes de las 9 de la mañana? No. Y después tampoco”.

Nota del editor: Jaime, te agradezco que nos hayas enviado un manuscrito, pero en abril ya vamos a publicar El director, de David Jiménez, y tenemos el resto del año también cubierto.

“Ya lo dijo Kant: ‘Akantdemor’. Jajajaja, ¿lo pillas? Akantdemor. Como Chiquito. Jajajaja, es buenísimo… Akantdemor…”

Nota del editor: No lo entiendo. Pensaba que el libro era serio. ¿Por qué pones eso ahí?

“Hume se preguntaba cómo podemos estar seguros de que el Sol saldrá mañana. Al fin y al cabo, solo lo suponemos porque ha salido cada día hasta hoy. Este filósofo también planteó otras dudas acerca de cómo percibimos el mundo: decimos que el Sol sale, ¿pero de dónde? ¿Y si sale de la boca de una ballena muy grande? ¿Es posible que vivamos en el estómago de una ballena? ¿Una ballena que vuela por el espacio? Eso explicaría la presencia de reptilianos entre nosotros, como Barack Obama. El club Bildeberg está lleno de reptilianos. Hume era muy listo. De ahí el nombre: se lo pusieron por pensar en voz alta. Estaba todo el rato hum… hum… hum…”.

Nota del editor: No creo que nadie pueda publicar tu libro si te lo inventas todo.

“¿Por qué no son todas las cuestas hacia abajo? A lo mejor por eso Schopenhauer estaba tan enfadado”.

Nota del editor: Te agradecería que no me llamaras por teléfono.

“¿Puedo llevar una camiseta de mi equipo de fútbol por la calle? No. Con una excepción: si juegas de titular, te has quedado dormido antes del partido y no te da tiempo a cambiarte en el vestuario antes de que comience”.

Nota del editor: ¿Estás seguro de que sabes lo que es un dilema ético?

“Del libro de Derek Parfit no he entendido una mierda, pero qué mata de pelo tenía. De mayor también, pero mira de joven. Espera, que te busco una foto. En Google hay un montón. Todo el pelo blanco. Eso tenía que ser de pensar. Piensas mucho y te salen canas. De verdad, lo leí en internet. Con esa mata de pelo seguro que tenía razón, así que haced lo que él dice, fuera lo que fuera. Algo del teletransporte, creo. ¿Que no os teletransportéis? Igual quería defender el uso del transporte público, no lo sé”.

Nota del editor: Mira, primero, deja de enviarnos textos. Y segundo, no puedes publicar un libro sobre algo que no entiendes. Me parece de cajón. El cajón en el que tendrías que guardar tu manuscrito. Y luego quema la mesa entera.

“Sí, es cierto: Peter Singer va siempre con sandalias y calcetines. Incluso en invierno. Es famoso por comprar botas tres o cuatro números más grandes para que le quepan las chanclas”.

Nota del editor: No. Eso no es cierto. Da la casualidad de que conozco a Peter Singer y sé que no lleva sandalias dentro de las botas.

“Un momento, ¿cómo sabes eso?”.

Nota del editor: Vamos a la misma piscina. Ha salvado a varios niños de morir ahogados.

“Akantdemor, dice. Jajajaja, cada vez que lo pienso. Shopengrijander… No, este ya es un poco forzado”.

Nota del editor: El destinatario ha cambiado de dirección. Por favor, contacte con Correos.

“Les insistí en que se podía hacer humor sobre cualquier cosa y que los guantes de Mickey Mouse en este contexto eran divertidísimos, pero aun así me echaron del quirófano”.

Nota del editor: ¿¡Pero qué haces en mi casa!? Voy a llamar a la policía. ¿¡Por dónde has entrado!?

“Por el retrete”.

Nota del editor: ¿Q… ué?

“Por eso vengo montado en un cocodrilo”.

Nota del editor: Pero qué…

“Si me nombran director de El Mundo, ¿me publicáis un libro?”

Nota del editor: No.

“Después de escuchar Venus, Hannah Arendt escribió un artículo sobre la bananaramalidad del mal”.

Nota del editor: Le escribimos en representación de nuestro cliente, Libros del K.O., para pedirle que cese el envío de manuscritos, correos electrónicos, mensajes de voz y de texto, y por cualquier otro medio oral, visual o escrito. En caso contrario, nos veremos obligados a recurrir a todas las medidas legales que están a nuestro alcance y, si fuera necesario, a unos amigos que son muy hábiles con los bates de béisbol”.

“…”

Nota del editor: ¿Cómo me has enviado un olor?

“No puedo terminar el libro sin agradecer la labor de edición y corrección llevada a cabo mano a mano con mi editor. Jamás quiso decirme su nombre, a no ser que se llame Porfavorsuéltamelbrazo. No se valora lo suficiente el discreto, pero imprescindible trabajo de los editores. Muchas gracias, Porfavorsuéltamelbrazo”.

Nota del editor: ¿Quién ha impreso esto? ¿Por qué está la cerradura rota? ¿Pero ahora qué vamos a hacer con estos libros?

La subasta

Foto: rawpixel (Unsplash)

-El precio de salida es de 6.000 euros al año. Tenemos 6.000. Ofrecen 6.500. 7.000. ¿7.500? ¿Nadie ofrece 7.500? 7.500 al fondo.

La sala está abarrotada: casi todos los que pujan son jóvenes, pero unos cuantos están en torno a la cuarentena, como Antonio, de 38 años: “Me quedé sin empleo hace unos meses y esta es la forma de volver a trabajar. Yo estaba ya casi cobrando, pero bueno, así es la vida”.

La puja es por un contrato indefinido como administrativo. Los empleos de esta categoría suelen rondar los 18.000 euros al año, pero se espera que en este caso el precio sea inferior, ya que se busca a alguien con experiencia y buen nivel de inglés. Es decir, no debería haber tantos pujantes como para otros puestos similares.

“No sé qué decirte, yo veo la sala llena, más llena incluso que ayer, cuando se llegó a los 20.000 -opina, algo desanimada, Mónica, de 29 años, poco antes de que comience la subasta-. Me he puesto el tope en los 16.000, porque a mi edad no puedo estar en puestos de más de 20.000 o no llegaré a cobrar nunca, pero no sé si pujaré porque no es realmente de lo mío”.

-Tenemos 8.000. ¿Quién ofrece 8.500? 8.500 por aquí. Vamos por 9.000. ¿Quién ofrece 9.000? ¿9.000 por horario intensivo entre mayo y septiembre, ambos incluidos?

Nuria, de 32 años, es una de las pocas personas que ha venido a pujar a pesar de que ya tiene un empleo: “Solo pago 12.000 y no creo que esta puja mejore mis condiciones, teniendo en cuenta que empieza ya en los 6.000, pero es importante estar abierta a nuevas oportunidades”. Su objetivo es bajar de los 10.000 el año que viene y comenzar a cobrar en menos de cinco años: “Sé que es difícil tener un sueldo antes de los 40, pero mi generación está muy bien preparada. Tenemos másters, idiomas… Yo sigo estudiando”.

-Ofrecen 9.000 Tenemos los 9.500. ¿Nadie ofrece 10.000? ¿10.000? Tenemos 10.000. 10.500. ¿11.000? ¿11.000 por un empleo que ofrece la posibilidad de trabajar desde casa un día a la semana? 11.000. 11.500.

Aunque algunos economistas se llevaron a la cabeza cuando las primeras empresas cobraron a sus empleados a cambio de permitirles trabajar, lo cierto es que el experimento ha sido todo un éxito: “En una empresa uno recibe una formación que en realidad no se puede pagar con dinero, pero que al menos se puede compensar parcialmente”, explica Rebeca Martínez, responsable de empleo de la casa de subastas Clisbal.

Cuando el empleado está formado y produce beneficios a la empresa es cuando comienza a percibir un sueldo. “Los primeros años son difíciles, sin duda, pero a partir de los 35 hay mucha gente que ya pasa a cobrar unos mil euros al mes y puede comenzar a devolver los créditos a los bancos”. La banca ha sido una de las grandes favorecidas por la iniciativa: los beneficios del sector han llegado casi a duplicarse en los últimos cuatro años.

-12.000. Ofrecen 12.500. ¿13.000? Recordemos que el puesto cuenta con luz natural. ¿Alguien ofrece 13.000? Tenemos 13.000. ¿13.500? ¿Nadie ofrece 13.500? 13.500 a la una. 13.500 a las dos. 13.500 a las tres. Adjudicado por 13.500.

“Me había puesto el límite en 12.000 -explica Jordi, de 29 años, que se ha llevado el empleo-, pero al final he decidido subir porque puedo ir andando a la oficina y me ahorro el transporte”. Jordi tiene un empleo, pero esta oferta mejora sus condiciones: “Estoy pagando 18.000 al año en mi actual trabajo y ya me dijeron que no pueden cobrarme menos porque la empresa sigue en pérdidas y el director general se ha comprado una casa nueva”. A Jordi le sale a cuenta el cambio incluso teniendo en cuenta que tendrá que compensar a su empresa con 3.000 euros por romper el contrato para marcharse.

Jordi sale a la calle para llamar a sus padres y darles la buena noticia. Frente a la puerta hay media docena de manifestantes, con carteles con lemas perezosos como “el trabajo es un derecho” y “no se paga por trabajar”.

Las protestas cada vez son menos, explica Martínez, de Clisbal: “Antes venían todos los días, pero ahora solo se acercan de vez en cuando. Ya nos conocemos y nos saludamos, son buena gente”. En su opinión, no saben cómo funciona el mundo: “¿Cuál es la alternativa que ofrecen? Porque aquí no vivimos en el país de la gominola, sino en una economía de mercado. Claro que a todos nos gustaría cobrar por hacer nuestro trabajo, pero eso no se sostiene: ¿cómo vas a pagar a alguien que acaba de llegar y no sabe ni dónde está el baño? Esa persona tendrá que poner algo de su parte, ¿no? Además, es que ya es una realidad. Hoy en día, si no quieres pagar por trabajar, la única alternativa es el paro. ¿Quién quiere estar desempleado, con la que está cayendo?”.

Un día en la vida de Jaime Rubio resumido en titulares

denny-muller-534086-unsplash
Foto: Denny Müller (Unsplash)

– “¿Por qué?”, se pregunta cada mañana un vecino cuando suena el despertador

– Vecino sale desnudo a la calle, sembrando el caos en el barrio

– Hablamos con el vecino que salió desnudo esta mañana: “¡Yo qué sé! ¡Tenía sueño! ¡Dejadme en paz! ¡Destructores!”

– Pasajero habla con el conductor del autobús a pesar de lo que dice el cartel

– Segundo pasajero se une a la ya conocida como “tertulia del autobús”

– Dos muertos y tres heridos en el accidente de un autobús en la A-2

– La “tertulia de la ambulancia” se emitirá en Radio Nacional a partir del año que viene

– Tomar tres cafés antes de las 9 no es perjudicial para la salud y esos temblores son perfectamente normales

– Descubierto empleado cuando intentaba dejar a un maniquí en su puesto para irse a casa

– “¡Pero si mi jefe es un maniquí!”: el empleado despedido por dejar a un maniquí en su puesto reclama ante la justicia

– Juez maniquí declara nulo el despido por parte de un maniquí del empleado que dejó a un maniquí en su puesto

– Empleado sale a cazar su comida

– Empleado es atacado por dos patos del parque

– Familia recibe extraña nota de rescate: “Si queréis ver a Jaime con vida, enviad todo el pan que tengáis”

– Hombre liberado tras dos horas de secuestro y después del pago de 800 barras de pan duro

– Familia descubre consternada que el hombre liberado no era su padre

– Los patos secuestradores se disculpan por haber enviado la nota a la casa equivocada

– Tras dos horas secuestrado por patos, este hombre no puede dejar de comer pan

– “¡El síndrome de patocolmo es real! ¡Y nadie me creía!”: una señora con bata blanca asegura ser una experta en secuestros

– Farmacia denuncia el robo de una bata

– Hombre secuestrado por patos se reincorpora a su trabajo tras la traumática experiencia y con secuelas aún visibles: “¿Cuák era mi mesa, que no me acuerdo?”

– ¡Momento incómodo! Un empleado coincide en el ascensor con el consejero delegado

– ¡Exclusiva! El consejero delegado pasa todo el día en el ascensor para causar el pánico a sus empleados

– Hombre escucha lista de 30 sugerencias de Spotify en apenas medio minuto: “No me salen nada más que mierdas”

– “El sol se pone cada vez más tarde”, asegura un señor mayor mientras gruñe en el autobús de vuelta

– El mismo señor mayor sigue gruñendo: “¡Qué ganas de que sea noviembre otra vez!”

– Autobús abandona en el arcén a pasajero que gruñía demasiado

– Llevar los pantalones en los tobillos y otras 11 formas de triunfar con el autoestop

– El 100 % de los autoestopistas de la A-2 son muy feos, asegura estudio

– Persona demasiado extrovertida recoge a autoestopista

– “Cada persona tiene una historia que contar, ¿cuál es tu historia?”, pregunta un conductor a un autoestopista

– Autoestopista prefiere ir caminando

– ¿Quién es el loco que vive en la A-2 y grita a todos los aviones que pasan?

– Hombre descubre que llevaba todo el día con calcetines de diferente color

– Escritor anuncia el título de su autobiografía: Calcetines de diferente color

– ¿Este manuscrito está maldito? Cuatro editores se suicidan tras comenzar a leer Calcetines de diferente color

– Hombre se declara “un genio de la cocina y futura estrella Michelin” tras prepararse una cena con “lo que había en la nevera”

– Hombre ingresado en el hospital tras ingerir seis litros de sangre

– Arrestado el ladrón de sangre que asaltó varios hospitales de la zona

– Policía descubre que no ha arrestado al ladrón de sangre, sino a un maniquí

– “Jamás me atraparéis”: reproducimos íntegra la nota que el ladrón de sangre envió a la policía tras su fuga

– Escuadrón de patos policía arresta al ladrón de sangre

– Ladrón de sangre confiesa: “¿Qué? ¡Yo no he confesado! ¿Por qué escribes eso?”

– A las 10 en la cama: así es la rutina en prisión del ladrón de sangre