Dejar de esconderse es una buena idea

A todos nos debería dar muy igual quién se acuesta con quién, y por tanto es bueno que cada vez sea menos noticia que alguien más o menos popular diga públicamente que es gay. Es más, estoy convencido de que algún día eso será tan relevante como decir “soy zurdo”.

Pero de momento, no es así. Y por eso, el hecho de que la homosexualidad sea cada vez más visible es sin duda positivo. Atul Gawanade escribió el pasado verano en The New Yorker un artículo en el que explicaba qué es lo que ayuda a difundir las buenas ideas y, en gran medida, la respuesta es la visibilidad. La anestesia se difundió mucho más rápido que la antisepsia por la sencilla razón de que los cirujanos no querían oír los gritos de los enfermos. En cambio, los gérmenes ni siquiera se ven.

El ejemplo es muy particular, pero es que Gawanade es médico. Lo que viene a explicar es que las ideas que avanzan más lentamente no son necesariamente peores que las que se extienden muy deprisa: la principal diferencia suele ser que “atacan problemas que son importantes, pero para la mayoría, invisibles”.

De hecho y en muchas ocasiones, las campañas más eficaces no son las que cuentan con más dinero o las que usan mensajes más innovadores, sino las que explican en una breve conversación con una enfermera las ventajas, por ejemplo, de lavarse bien las manos o de tomar la presión y la temperatura a las madres que acaban de dar a luz. Es decir, una forma de dar visibilidad a las buenas ideas es hablar sobre ellas.

(Nota: está bien saber que no hace falta sangrar y gritar de dolor para que nos hagan caso).

En una entrevista en The Colbert Report, Gawanade y Stephen Colbert explicaban que esto también está pasando, por ejemplo, con el matrimonio entre personas del mismo sexo. Es muy fácil decir “esto es pecado” o “me parece una aberración” cuando hablas en términos generales sobre cosas que no conoces. Pero si estás hablando de tus amigos Joaquín y Pedro, o de tus vecinos, o de tu prima, la cosa cambia mucho. Es gente a la que aprecias: ¿por qué no van a poder casarse, si les apetece? Y claro que van a cuidar bien a sus hijos, si los tienen. ¡Es mi prima! ¿Qué insinúas?

El hecho de que cada vez más gente pueda hablar con naturalidad acerca de sus relaciones nos hace ver a todos que no se trata de oscuras perversiones ni de conductas pecaminosas, sino, simplemente, de que una persona quiere pasar el resto de sus días con otra. Y todo el mundo debería tener derecho a verse atrapado en un matrimonio sin amor y trabajar cada día hasta más tarde porque NO SOPORTO LA IDEA DE VOLVER A CASA.

Pero me desvío del tema.

En Rusia pasa lo contrario: las leyes de Putin quieren reforzar precisamente la opacidad. Ya no se trata de un amigo, vecino o prima, sino simplemente de “los homosexuales”, un grupo sin nombres propios, sin cara y sin voz. Y es mucho más fácil oponerse a una masa amorfa (aunque sólo sea porque lo que hacen a ti te da “cosa”) que a una persona a la que conoces y “vaya, resulta que no había para tanto”. Por eso no debería extrañarnos que el 88% de los rusos apruebe estas medidas. Porque quieren tapar cosas que de entrada ya resulta difícil ver.

En cambio y por ejemplo, en España la mayoría de la población aprueba el matrimonio entre personas del mismo sexo. En 2004, antes de presentarse el anteproyecto de ley, el CIS publicó que el 66,2% de los ciudadanos estaba a favor de esta norma, porcentaje que en 2011 y entre los adolescentes rozaba el 77%. En Estados Unidos, una encuesta de Gallup de 2014 llevaba el índice de aprobación al 54%. En 1996 sólo era del 27%.

Soy consciente de que sigue habiendo homofobia en España (no hablo ya de Rusia o de Irán) y de que las cifras deberían ser mucho más altas. También sé que para mí es muy fácil hablar, desde la distancia, tumbado en mi sofá y aplaudiendo frente al monitor.

Pero aun así quería comentar que uno de los muchos factores que influye en el hecho de que esas cifras crezcan es que cada vez más gente habla con normalidad de sus relaciones y se coge de la mano con quien quiere por la calle. Lo que a su vez lleva a que cada vez más personas se den cuenta de que sus prejuicios son ridículos y eso de nuevo anime a más gente a coger de la mano por la calle a quien le dé la gana y así sucesivamente.

Por eso es bueno que algunas cosas sigan siendo noticia, incluso aunque no debieran serlo.

Anuncios

Hay que decir las verdades a la cara

mega

A mí me gusta decir las cosas a la cara. Por eso salía a la calle con un megáfono y soltaba verdades a la gente que pasaba, la mayor parte de ellas referidas a su exceso de peso o ausencia de cabello. Lo hacía por su bien. Podría haberme quedado en casa, leyendo un libro o planchando, pero las mentiras piadosas no son más que un flaco favor. Es mucho mejor ir con la verdad por delante y gritar GORDO y CALVO de vez en cuando. Aunque duela. A mí, sobre todo. Me pegaban y me tiraban cosas. Alguno me insultaba.

Insultar y decir las verdades a la cara son dos cosas que no tienen nada que ver. Una verdad es lo que en ocasiones nos vemos obligados a decir a otras personas. Un insulto es lo que algún maleducado, probablemente borracho, me dice a mí.

En definitiva, nadie es profeta en su tierra.

Por eso me fui a Shanghái. Porque me hacía ilusión ser profeta. Me había dejado la barba y todo. Sin embargo y a pesar de salir del país, no conseguí ver el futuro. Fue un chasco, la verdad.  No hay que fiarse de las frases hechas. Mejor vuelta y vuelta, un poco de sal maldon, pimienta, un buen vinito y listos.

Como tampoco fui profeta en China, continué gritando verdades a la gente. Iba por la calle y le decía a todo el mundo que tenía cara de chino. Lo cual era cierto. Porque me puedo equivocar, pero jamás diré una mentira.

La reacción de los chinos era casi opuesta a la de los barceloneses. Algunos se sorprendían, otros se asustaban, una gran mayoría me miraba, pensativa, y seguía su camino. Y es que se trata de una cultura muy diferente. Están educados en el respeto, la introversión y la reflexión. Gritaba mis verdades con ayuda del megáfono y se decían a sí mismos: “Debo pensar en esto que me cuentan. A lo mejor este tipo de la barba sucia tiene razón y es cierto que tengo cara de chino”.

También puede ser que no todos ellos supieran castellano y alguno no me entendiera. Cosa que dudo. Con lo difícil que es el chino, ¿cómo no van a saber español? Hay muchas menos letras y son más fáciles de dibujar. Excepto la G. A mí la G me sale fatal, tanto la mayúscula como la minúscula. Y la f minúscula también me cuesta un montón: en teoría la barriga va hacia la derecha, pero a mí me sale a la izquierda, que es lo fácil. A mucha gente. Pues se ve que está mal.

Es curioso que China esté llena de personas con rasgos orientales. ¿Cómo se juntaron todas en el mismo sitio? ¿Se pusieron de acuerdo? Y pasa en todas partes. Será que no hay españoles en España. Un montón. Lo malo es que como hay tantos, al final alguno llega al gobierno y es un lío. Deberíamos tener, no sé, más ingleses, quizás algún sueco. Para compensar. Habría que mezclar más porque al final siempre nos toca a nosotros todo lo malo.

De hecho, volví de China para investigar la España profunda. Con ayuda de un martillo neumático, me puse a hacer un buen agujero para comprobar si todo lo que se dice sobre este tema es cierto. Me imaginaba una civilización subterránea llena de paletos disparándose trabucazos y votando a Fraga. Pero resulta que no, que lo único que te encuentras debajo del suelo es el metro. Y en mi caso, una noche en el calabozo y un juicio dentro de siete semanas. La próxima vez compraré un billete, que se han puesto muy duros con el tema.

Ideas para secuelas

cine

Según un estudio que al parecer ha hecho un señor que habla muy alto en el bar, el 92,8% de las películas que se estrenan cada año son secuelas o remakes. Y tiene lógica: no hay motivos para arriesgar con algo nuevo cuando lo mismo ya funcionó y además todo el mundo lo conoce. ¿De qué va la sexagésimo cuarta película de James Bond? Pues de James Bond, de qué va a ir.

Por este motivo, he quemado todos los guiones originales y novedosos en los que estaba trabajando. Luego me he dado cuenta de que he quemado el portátil y que en realidad hubiera bastado con tirar a la basura el post-it en el que tenía apuntada la frase: “Idea para una película: algo con robots”.

Tras este incidente, he sacado mi vieja Olivetti del armario y me he puesto a trabajar en posibles ideas para secuelas, con el objetivo de venderlas en Hollywood. De momento he dado con las siguientes veintisiete:

1. Los diez mandamientos 2: Egipto contraataca.
2. El bueno, el feo, el malo y un gordito gracioso.
3. Pretty Woman 2. Richard Gere visita un burdel y se hace mormón POR AMOR.
4. Gravity 2: infierno en Ikea.
5. Amelie 2. Amelie regresa a la Tierra en 2014 y descubre sorprendida que todo el mundo la odia.
6. Algo con robots 2. La primera parte no existe, pero así podría colar mi película sobre robots.
7. Revenge 2: la venganza.
8. Sábado 14. Jason se despierta el sábado por la mañana con las manos manchadas de sangre y un terrible dolor de cabeza. Lo peor es que no recuerda dónde aparcó el coche.
9. Sospechosos. Es la precuela de Sospechosos habituales.
10. Titanic 2. Leonardo di Caprio llega nadando a una isla. Se enamora de una indígena. Hay una escena final en la que están los dos colgando de una rama en el cráter de un volcán y él se deja caer para no romperla.
11. Revenge 3: el resquemor.
12. Vacaciones en Roma 2. Joe y la princesa Ana intentan salvar su matrimonio volviendo a la ciudad en la que se conocieron. Se pasan los 90 minutos de la película buscando “aquel sitio donde estuvimos… ¿Era en esta calle? Creo que sí… Me suena ese edificio… A ver, deja que saque el plano…”
13. El tío abuelo un poco sordo de ella. Admito que no me dejaron mucho margen después de Los padres de ella, Los padres de él y Ahora los padres son ellos.
14. E.T. 2. El extraterrestre vuelve a la Tierra porque se ha olvidado las gafas. Son dos horas de conversación incómoda entre el niño y el bicho. “Bueno, pues ya si eso nos llamamos… Voy a ir tirando, que he aparcado en doble fila… ¿La familia, bien? Me alegro, me alegro…”
15. Spanish Beauty. Un remake American Beauty con Antonio Resines en el papel de Kevin Spacey.
16. Drive 2. Ryan Gosling sigue mirando al infinito como una vaca mirando pasar los trenes. Hay una pelea en una cabina, por variar un poco.
17. El Padrino 2. Se me ocurre (a mí solo) que podríamos explicar los orígenes de don Vito Corleone. Lástima que Robert de Niro esté ya mayor, porque le veo en el papel.
18. La lista de Schindler 2. Tras la Segunda Guerra Mundial, Oskar Schindler escribe la lista de la compra con cierta nostalgia.
19. Resacón en Las Vegas 4. “No volveré a beber jamás” y “no volveré a ver otra película de la saga Resacón” son dos propósitos muy loables que no significan NADA.
20. El sabor de las cerezas 2. La primera es una película iraní. No la ha visto nadie. Yo tampoco. Por lo que aprovecharía para colar bajo ese título mi película sobre robots (otra vez). Nadie se dará cuenta jamás.
21. Viven 2. Uno de los supervivientes del accidente de los Andes se ha convertido EN UN VAMPIRO: su sed de sangre humana es insaciable.
22. Blade Runner 2: ¡me casé con un robot!
23. La ventana indiscreta 2. Aquí veo denuncias y órdenes de alejamiento.
24. El séptimo sentido. O Este muerto está muy vivo 3. Dudo.
25. Solo ante el peligro 2. Los amigos de Gary Cooper le aseguran que habían quedado a las doce y media, y no a las doce.
26. Memento 2. Es igual que la primera, aprovechando que el protagonista no se acuerda de nada.
27. El gran dictador 2: aventura en Corea del Norte.

Estas secuelas DEJARÁN SECUELAS. Jejeje… Jejeje… Me hago gracia a mí mismo porque de bebé me caí de la cuna de cabeza… Jejeje…

Nadie tendrá excusa para no leer

leer

Está claro que con el ritmo de la vida moderna, no todo el mundo puede dedicar media hora, qué digo media hora, doce minutos minutos y gracias, a la lectura de un buen libro. ¿Quién tiene tiempo para leer hoy en día, con la cantidad de buenas series que hay, por no hablar de todos esos concursos en los que encierran a gente?

Ni siquiera se puede leer en el metro. En las estaciones hay teles con reportajes interesantísimos sobre los nuevos restaurantes libaneses de Gracia; los vagones están llenos de gente, y los móviles traen de serie el tetris, Twitter, Spotify, Facebook y el Candy Crush.

El único momento en el que realmente podemos disfrutar de la lectura es cuando subimos y bajamos en ascensor, ya que en los ascensores no hay cobertura (¿CUÁNDO VAMOS A SOLUCIONAR ESO, EH, OPERADORAS DE TELEFONÍA MÓVIL?). Por eso estoy escribiendo misCuentos para leer en el ascensor. Relatos de dos capítulos: uno para leer por la mañana, cuando se baja a la calle, y otro para leer por la tarde, cuando se regresa a casa.

He aquí algunos textos en los que estoy trabajando:

El atraco
1. Juan comenzó el día atracando un banco.
2. Pero un policía desbarató su hábil plan gracias a su astucia.

Un amor imposible
1. Eva quería mucho a Luis.
2. Pero después de dos años cortaron porque él era… ¡¡GAY!!

Cuentos repletos de emociones y personajes que se quedan en la memoria, con un final sorpresa introducido por alguna que otra conjunción adversativa (no siempre “pero”). Además, está todo calculadísimo: la primera parte siempre es más corta porque hay que contar el tiempo que uno tarda en leer el título.

Por supuesto, todo son ventajas: uno no sólo cultiva el espíritu, sino que también puede evitar tediosas conversaciones de ascensor acerca del tiempo o del partido de fútbol de la noche anterior o de lo maleducado que es el del tercero (oh, ¿tú, lector, eres el del tercero? Hm. Ya. Buen partido, el de ayer, ¿eh?), con un elegante: “Disculpe, ¿no ve que estoy leyendo? Maleducado de mierda…”

Mi idea es escribir varios libros con veintidós cuentos, para leer más o menos uno al mes y que al final del año uno pueda decir que “lee bastante”, sobre todo teniendo en cuenta que “no paro de trabajar, me tienen esclavizado por cuatro duros; el día que me canse lo dejo todo y me voy a vivir al campo”.

También estoy trabajando en una serie de ensayos, pequeñas joyas del pensamiento (el mío), como por ejemplo:

La sabiduría de Sócrates
1. Sócrates sólo sabía que no sabía nada.
2. Así que cada mañana recuerda que sabes algo más que ese estúpido ignorante, como por ejemplo la capital de Francia (París).

Lo importante de la vida
1. La amistad es importante en la vida.
2. También lo es reciclar la basura de forma adecuada.

Estoy en conversaciones con varios editores. He recibido una carta nada menos que de Anagrama, firmada personalmente por la impresora de uno de los empleados de Jorge Herralde —¡el gran Jorge Herralde!—, en la que dice: “Le rogamos que deje de enviarnos sus manuscritos o nuestros abogados se verán en la obligación de emprender las acciones legales pertinentes” etcétera, etcétera. Si no quieren que envíe más obras mías, es porque están ultimando los detalles del contrato millonario que me convertirá en un nuevo Ruiz Zafón. Espero que no se me caiga el pelo, ni engorde tanto, ni comience a escribir como uno de los redactores más vagos de Corín Tellado.

 

(Fuente de la imagen. Publicado originalmente en La decadencia del ingenio)

Te has hecho algo en el pelo

carrito

(Estoy acabando una novela, cuyo título provisional es Te has hecho algo en el pelo. Aquí tenéis las cuatro primeras páginas. Si no os gustan, es porque sois gordos y tenéis granos).

 

-¿Te has hecho algo en el pelo?

Así empezó todo. Con una pregunta anodina, quizás algo peligrosa, teniendo en cuenta que se la estaba haciendo a mi mujer un sábado por la mañana. Si la respuesta a esa pregunta era afirmativa, ya tendría que haberme dado cuenta la tarde anterior.

-No -contestó ella-. Hace más de un mes que no voy a la pelu. ¿Por qué lo dices?
-No sé, te lo veo más claro.

Y sí, se lo veía más claro. Si me hubieran preguntado de qué color era el cabello de mi mujer, hubiera contestado, sin dudar, “castaño oscuro, casi negro”. Desde siempre. No se lo había teñido en todos los años que llevábamos juntos. Pero ahora la estaba mirando y lo veía castaño claro, casi rubio.

-Será la luz -añadí, girando la cabeza, intentando buscar algún reflejo del sol que se me hubiera escapado y que hacía que el cabello de Mireia pareciera, eso, más claro-. O igual es que estoy medio dormido todavía.
-¿Rebeca ha desayunado?
-Sí, le he calentado la leche mientras estabas en el baño.
-No me gusta que vea la tele cuando desayuna.
-Bah, déjala, están echando uno de sus setecientos programas favoritos.
-…
-No gruñas. Es sábado. Los sábados por la mañana los niños ven la tele mientras sus padres olvidan toda la semana anterior. Yo lo hacía. Tú lo hacías. ¿Recuerdas La bola de cristal?
-A mí no me dejaban ver tanta tele como a ti.
-Así has salido.
-No, perdona, así has salido tú.

Me había despertado una mañana y mi mujer tenía el pelo de otro color. Tampoco era tan grave. No tenía una joroba, ni le faltaba un ojo. Intenté olvidarme del tema, asumir que me había despistado, olvidado. Decidí comportarme con normalidad. Estaría aún medio dormido. Seguramente mi cerebro todavía no funcionaba a pleno rendimiento. Me hacía mayor.

La mañana transcurrió como cualquier otra mañana de sábado, con la excepción de que no dejaba de mirarle el cabello a Mireia. Rebeca jugó, yo me duché y bajé al supermercado, también preparé la comida y acepté la propuesta horrible para pasar la tarde que hizo Mireia, si bien hay que admitir que podría haber salido de cualquiera de los dos.

-Podríamos ir a l’Illa. Rebeca necesita zapatos. Y a ti no te irían mal unos tejanos.

Fuimos a ese centro comercial, igual que aproximadamente la mitad de Barcelona. Todos dábamos tumbos de tienda en tienda, pensando por qué diablos estábamos allí con toda esa gente, pero conscientes de que dentro de dos o tres semanas volveríamos a venir y a agobiarnos y a quejarnos.

Como es natural, Rebeca se puso imposible, igual que todos los críos de su edad en una situación similar. Escogimos unos zapatos que le gustaban, pero que luego, nada más salir de la tienda, ya no. Manifestó su disgusto con un llanto forzado. La reñimos con escaso convencimiento, ya que nosotros mismos también estábamos algo hartos de aquel escenario y teníamos ganas de tener cinco años y soltar una pataleta. Mireia se probó varios vestidos de verano y un par de camisetas. No se compró nada. Yo no quise ir a ninguna de mis tiendas. Demasiada cola en los probadores. En una tienda vacía, podía tardar cuatro minutos en comprar unos tejanos. En aquellas igual tenía que pasar una hora. Demasiado. No estaba capacitado para llevar a cabo un esfuerzo semejante. Mireia volvió a las mismas tiendas en las que ya había estado para probarse la mitad de las prendas que ya se había probado. Ante una nueva y justificadísima, seamos sinceros, pataleta de Rebeca y ante mi también excusable cara de fastidio, Mireia nos envió a tomar un refresco mientras agarraba perchas como si se las fuera a clavar a alguien.

Salimos de allí a las ocho, estresados y malhumorados, con tres bolsas de ropa que no le acababa de gustar a nadie. Y yo con unas ganas terribles de beberme tres cervezas. Sólo que no podría porque habría que prepararle la cena a la niña, ponerle el pijama y luego ella querría jugar a algo y cuando finalmente se acostara ya se me habrían pasado las ganas de tomarme no tres, sino ninguna.

En todo ese tiempo intenté quitarme de la cabeza el hecho de que seguía viendo el cabello de Mireia de otro color. Pero no podía. Le miraba el pelo fijamente, cuando no atendía, claro, para no ponerla nerviosa, buscando el motivo que me hacía verlo en otro tono o el que me hacía recordarlo de otra manera. Incluso miré las fotos que tenía de ella en el móvil, mientras tomaba una Coca-Cola con Rebeca, sólo para comprobar que no, que su pelo nunca había sido castaño oscuro, casi negro, y que ese castaño claro, casi rubio, era su tono natural, o al menos el que aparecía en todas las fotos que tenía guardadas.

-No pienso volver con vosotros de compras un sábado -dijo, precisamente, Mireia, durante el paseo de vuelta.
-Menos mal -contesté, esbozando una sonrisa.
-¿Por qué? -Preguntó Rebeca desde mis hombros.
-Porque somos muy pesados.
-¿Mamá está enfadada?
-No, claro que no estoy enfadada.
-Sí que lo está. Y para que no lo esté más, tú y yo vamos a preparar la cena cuando lleguemos.
-Quiero tortilla de patatas.
-Pues tortilla de patatas.

Los tres llegamos a casa con mejor ánimo. Nos subimos en el ascensor y apretamos el botón del cuarto piso. Yo salí primero y, como de costumbre, hice mi imitación de mayordomo, que consistía en sostener la puerta e inclinarme mucho, con el rostro muy serio.

-Señoras, por favor.

La primera en salir fue Rebeca, dando saltitos. Le siguió un bulto negro, que era un cochecito para bebé en el que dormía un niño de alrededor de un año. Empujando el carrito estaba Mireia, con cara de cansancio.

-¿Tienes tus llaves? -Me preguntó.
-Er… Pues… Sí, sí, las tengo.

Abrí la puerta de casa. Mireia aparcó el carrito en el recibidor y sacó al niño, sin despertarlo.

-Voy a bañar a Xavi -me dijo-. Si quieres ir haciendo la cena…
-Sí, claro, la cena…

Me quedé parado, de pie, supongo que con la boca entreabierta, mientras Mireia se llevaba a aquel crío al cuarto de baño.

-Papá, papá -Rebeca tiraba de mi mano-. ¿Te puedo ayudar con la tortilla? ¿Puedo batir el huevo?
-Ehm… Sí…
-El tete no puede cocinar.
-No, el tete es pequeño.

Franco era catalán

Franco0001

El historiador Jordi Bilbeny ha publicado unos libritos que en los que asegura que Cristóbal Colón y Miguel de Cervantes eran catalanes o, como mucho, checos, pero jamás y en ningún caso españoles.

Precisamente yo estoy a punto de publicar un estudio interesantísimo que demostraría que Francisco Franco también era catalán. Su verdadero nombre sería Francesc Francés, y habría nacido en Les Borges Blanques. Allí conoció a Francesc Macià, de quien heredaría su vocación militar.

Al parecer, Franco bailaba muy bien la sardana y tocaba la tenora. Ganó la Flor Natural en los Juegos Florales de su pueblo con un poema titulado “El meu cor plora pels teus ulls”, militó durante una breve temporada en la Lliga Regionalista e incluso publicó un artículo en La Veu de Catalunya en el que defendía más autogobierno para su país: “Hem de defensar Catalunya de la conspiració judeomasònica espanyolista que ens ofega”, concluía.

Cuando fue destinado a Marruecos, Francés ocultó su origen y cambió su nombre. Y todo por culpa de un error absurdo. Al parecer, unos compañeros, en lo que vendría a ser una alegre novatada, le dieron una paliza “por enano, voz de pito y cara pan”.

Como le sangraban las orejas después de los bofetones que le habían sacudido, no entendió bien las dos últimas palabras. Se puso en pie como pudo –aunque esto no tuvo mucho mérito, ya que al ser pequeñajo, no había mucho que poner en pie– y, después de escupir dos dientes dijo: “Jo no sóc català”. Con esto esperaba ahorrarse futuras palizas, pero sólo consiguió que le llamaran “el gallego” en tono de burla.

De ahí su resentimiento con los catalanes. Siempre creyó que su origen había sido la causa de aquella mala experiencia. Franco se empeñó en ocultarlo desde entonces y desde luego creyó haberlo logrado. Pero no contaba con que muchos no descansamos hasta que encontramos la verdad.

(Dicho sea de paso: sospecho que Jordi Bilbeny es en realidad sevillano y que su verdadero nombre es Jorge Bilbao. Seguiremos informando.)

 

(Texto publicado originalmente en La decadencia del ingenio).

(Fuente de la foto).

TEST: Cómo eres según tu superhéroe favorito

superman

No cabe duda de que los superhéroes están de moda. Quizás en tiempos como los que corren [INSERTE AQUÍ TRES O CUATRO FRASES SOBRE LA NECESIDAD DE HÉROES EN TIEMPOS DE CRISIS, UNA CRISIS QUE NO ES SÓLO ECONÓMICA]. Pero no todos son iguales, aunque predominen los huérfanos que tienen problemas para relacionarse con las mujeres. De hecho, quién es tu superhéroe favorito dice mucho de ti. Mucho más de lo que puedas imaginar:

Batman: Tienes un problema de sobrepeso, más de 30 años y vives con tus padres. Tu madre llora algunas noches pensando que no le vas a dar nietos y no puede olvidar a aquella novia que tuviste a los 22 y a la que casi besaste. Estudiaste informática o cualquier cosa parecida, no sé, una ingeniería, física, matemáticas… Cualquier carrera en la que hubiera un mínimo de siete chicos por cada chica. Jugabas a rol de adolescente y aunque ya lo dejaste hace no muchos años, sigues conservando tanto los libros, como los dados, como el acné. Dedicas al menos un par de horas diarias a los videojuegos, ya sea jugándolos o publicando críticas, pistas y guías en foros y en tu blog. Estás ahorrando para ir a la Comic-Con de San Diego disfrazado de Batman. Te van a despedir si sigues dibujando tu fanzine en el trabajo. Por cierto, en la oficina muchos piensan que un día te plantarás allí con una escopeta y te liarás a tiros.

Spiderman: Tienes un problema de sobrepeso, más de 30 años y vives con tus padres. Tu madre llora algunas noches pensando que no le vas a dar nietos y no puede olvidar a aquella novia que tuviste a los 22 y a la que casi besaste. Estudiaste informática o cualquier cosa parecida, no sé, una ingeniería, física, matemáticas… Cualquier carrera en la que hubiera un mínimo de siete chicos por cada chica. Jugabas a rol de adolescente y aunque ya lo dejaste hace no muchos años, sigues conservando tanto los libros, como los dados, como el acné. Dedicas al menos un par de horas diarias a los videojuegos, ya sea jugándolos o publicando críticas, pistas y guías en foros y en tu blog. Estás ahorrando para ir a la Comic-Con de San Diego disfrazado de Spiderman. Te van a despedir si sigues dibujando tu fanzine en el trabajo. Por cierto, en la oficina muchos piensan que un día te plantarás allí con una escopeta y te liarás a tiros.

Superman: Tienes un problema de sobrepeso, más de 30 años y vives con tus padres. Tu madre llora algunas noches pensando que no le vas a dar nietos y no puede olvidar a aquella novia que tuviste a los 22 y a la que casi besaste. Estudiaste informática o cualquier cosa parecida, no sé, una ingeniería, física, matemáticas… Cualquier carrera en la que hubiera un mínimo de siete chicos por cada chica. Jugabas a rol de adolescente y aunque ya lo dejaste hace no muchos años, sigues conservando tanto los libros, como los dados, como el acné. Dedicas al menos un par de horas diarias a los videojuegos, ya sea jugándolos o publicando críticas, pistas y guías en foros y en tu blog. Estás ahorrando para ir a la Comic-Con de San Diego disfrazado de Superman. Te van a despedir si sigues dibujando tu fanzine en el trabajo. Por cierto, en la oficina muchos piensan que un día te plantarás allí con una escopeta y te liarás a tiros. Eres gay.

Linterna verde: ¿Linterna verde? ¿En serio? ¿Eso existe? ¿Y si se junta con Destornillador azul, Martillo rojo y Llave inglesa morada forman el valiente grupo de superhéroes conocido como La caja de herramientas?

Lobezno: Tienes un problema de sobrepeso, más de 30 años y vives con tus padres. Tu madre llora algunas noches pensando que no le vas a dar nietos y no puede olvidar a aquella novia que tuviste a los 22 y a la que casi besaste. Estudiaste informática o cualquier cosa parecida, no sé, una ingeniería, física, matemáticas… Cualquier carrera en la que hubiera un mínimo de siete chicos por cada chica. Jugabas a rol de adolescente y aunque ya lo dejaste hace no muchos años, sigues conservando tanto los libros, como los dados, como el acné. Dedicas al menos un par de horas diarias a los videojuegos, ya sea jugándolos o publicando críticas, pistas y guías en foros y en tu blog. Estás ahorrando para ir a la Comic-Con de San Diego disfrazado de Lobezno. Te van a despedir si sigues dibujando tu fanzine en el trabajo. Por cierto, en la oficina muchos piensan que un día te plantarás allí con una escopeta y te liarás a tiros.

Catwoman: Tienes un problema de sobrepeso, más de 30 años y vives con tus padres. Tu madre llora algunas noches pensando que no le vas a dar nietos y no puede olvidar a aquel novio que tuviste a los 22 y al que casi besaste. Estudiaste informática o cualquier cosa parecida, no sé, una ingeniería, física… Cualquier carrera en la que hubiera un mínimo de siete chicos por cada chica. Jugabas a rol de adolescente y aunque ya lo dejaste hace años, sigues conservando tanto los libros, como los dados, como el acné. Dedicas al menos un par de horas diarias a los videojuegos, ya sea jugándolos o publicando críticas, pistas y guías en foros y en tu blog. Estás ahorrando para ir a la comic-con de San Diego disfrazada de Catwoman. Te van a despedir si sigues dibujando tu fanzine en el trabajo. Por cierto, en la oficina muchos piensan que un día te plantarás allí con una escopeta y te liarás a tiros.

Mi favorito es Batman y, guau, da hasta miedo lo mucho que acierta este test 🙂