Ideas para secuelas

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Según un estudio que al parecer ha hecho un señor que habla muy alto en el bar, el 92,8% de las películas que se estrenan cada año son secuelas o remakes. Y tiene lógica: no hay motivos para arriesgar con algo nuevo cuando lo mismo ya funcionó y además todo el mundo lo conoce. ¿De qué va la sexagésimo cuarta película de James Bond? Pues de James Bond, de qué va a ir.

Por este motivo, he quemado todos los guiones originales y novedosos en los que estaba trabajando. Luego me he dado cuenta de que he quemado el portátil y que en realidad hubiera bastado con tirar a la basura el post-it en el que tenía apuntada la frase: “Idea para una película: algo con robots”.

Tras este incidente, he sacado mi vieja Olivetti del armario y me he puesto a trabajar en posibles ideas para secuelas, con el objetivo de venderlas en Hollywood. De momento he dado con las siguientes veintisiete:

1. Los diez mandamientos 2: Egipto contraataca.
2. El bueno, el feo, el malo y un gordito gracioso.
3. Pretty Woman 2. Richard Gere visita un burdel y se hace mormón POR AMOR.
4. Gravity 2: infierno en Ikea.
5. Amelie 2. Amelie regresa a la Tierra en 2014 y descubre sorprendida que todo el mundo la odia.
6. Algo con robots 2. La primera parte no existe, pero así podría colar mi película sobre robots.
7. Revenge 2: la venganza.
8. Sábado 14. Jason se despierta el sábado por la mañana con las manos manchadas de sangre y un terrible dolor de cabeza. Lo peor es que no recuerda dónde aparcó el coche.
9. Sospechosos. Es la precuela de Sospechosos habituales.
10. Titanic 2. Leonardo di Caprio llega nadando a una isla. Se enamora de una indígena. Hay una escena final en la que están los dos colgando de una rama en el cráter de un volcán y él se deja caer para no romperla.
11. Revenge 3: el resquemor.
12. Vacaciones en Roma 2. Joe y la princesa Ana intentan salvar su matrimonio volviendo a la ciudad en la que se conocieron. Se pasan los 90 minutos de la película buscando “aquel sitio donde estuvimos… ¿Era en esta calle? Creo que sí… Me suena ese edificio… A ver, deja que saque el plano…”
13. El tío abuelo un poco sordo de ella. Admito que no me dejaron mucho margen después de Los padres de ella, Los padres de él y Ahora los padres son ellos.
14. E.T. 2. El extraterrestre vuelve a la Tierra porque se ha olvidado las gafas. Son dos horas de conversación incómoda entre el niño y el bicho. “Bueno, pues ya si eso nos llamamos… Voy a ir tirando, que he aparcado en doble fila… ¿La familia, bien? Me alegro, me alegro…”
15. Spanish Beauty. Un remake American Beauty con Antonio Resines en el papel de Kevin Spacey.
16. Drive 2. Ryan Gosling sigue mirando al infinito como una vaca mirando pasar los trenes. Hay una pelea en una cabina, por variar un poco.
17. El Padrino 2. Se me ocurre (a mí solo) que podríamos explicar los orígenes de don Vito Corleone. Lástima que Robert de Niro esté ya mayor, porque le veo en el papel.
18. La lista de Schindler 2. Tras la Segunda Guerra Mundial, Oskar Schindler escribe la lista de la compra con cierta nostalgia.
19. Resacón en Las Vegas 4. “No volveré a beber jamás” y “no volveré a ver otra película de la saga Resacón” son dos propósitos muy loables que no significan NADA.
20. El sabor de las cerezas 2. La primera es una película iraní. No la ha visto nadie. Yo tampoco. Por lo que aprovecharía para colar bajo ese título mi película sobre robots (otra vez). Nadie se dará cuenta jamás.
21. Viven 2. Uno de los supervivientes del accidente de los Andes se ha convertido EN UN VAMPIRO: su sed de sangre humana es insaciable.
22. Blade Runner 2: ¡me casé con un robot!
23. La ventana indiscreta 2. Aquí veo denuncias y órdenes de alejamiento.
24. El séptimo sentido. O Este muerto está muy vivo 3. Dudo.
25. Solo ante el peligro 2. Los amigos de Gary Cooper le aseguran que habían quedado a las doce y media, y no a las doce.
26. Memento 2. Es igual que la primera, aprovechando que el protagonista no se acuerda de nada.
27. El gran dictador 2: aventura en Corea del Norte.

Estas secuelas DEJARÁN SECUELAS. Jejeje… Jejeje… Me hago gracia a mí mismo porque de bebé me caí de la cuna de cabeza… Jejeje…

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Nadie tendrá excusa para no leer

leer

Está claro que con el ritmo de la vida moderna, no todo el mundo puede dedicar media hora, qué digo media hora, doce minutos minutos y gracias, a la lectura de un buen libro. ¿Quién tiene tiempo para leer hoy en día, con la cantidad de buenas series que hay, por no hablar de todos esos concursos en los que encierran a gente?

Ni siquiera se puede leer en el metro. En las estaciones hay teles con reportajes interesantísimos sobre los nuevos restaurantes libaneses de Gracia; los vagones están llenos de gente, y los móviles traen de serie el tetris, Twitter, Spotify, Facebook y el Candy Crush.

El único momento en el que realmente podemos disfrutar de la lectura es cuando subimos y bajamos en ascensor, ya que en los ascensores no hay cobertura (¿CUÁNDO VAMOS A SOLUCIONAR ESO, EH, OPERADORAS DE TELEFONÍA MÓVIL?). Por eso estoy escribiendo misCuentos para leer en el ascensor. Relatos de dos capítulos: uno para leer por la mañana, cuando se baja a la calle, y otro para leer por la tarde, cuando se regresa a casa.

He aquí algunos textos en los que estoy trabajando:

El atraco
1. Juan comenzó el día atracando un banco.
2. Pero un policía desbarató su hábil plan gracias a su astucia.

Un amor imposible
1. Eva quería mucho a Luis.
2. Pero después de dos años cortaron porque él era… ¡¡GAY!!

Cuentos repletos de emociones y personajes que se quedan en la memoria, con un final sorpresa introducido por alguna que otra conjunción adversativa (no siempre “pero”). Además, está todo calculadísimo: la primera parte siempre es más corta porque hay que contar el tiempo que uno tarda en leer el título.

Por supuesto, todo son ventajas: uno no sólo cultiva el espíritu, sino que también puede evitar tediosas conversaciones de ascensor acerca del tiempo o del partido de fútbol de la noche anterior o de lo maleducado que es el del tercero (oh, ¿tú, lector, eres el del tercero? Hm. Ya. Buen partido, el de ayer, ¿eh?), con un elegante: “Disculpe, ¿no ve que estoy leyendo? Maleducado de mierda…”

Mi idea es escribir varios libros con veintidós cuentos, para leer más o menos uno al mes y que al final del año uno pueda decir que “lee bastante”, sobre todo teniendo en cuenta que “no paro de trabajar, me tienen esclavizado por cuatro duros; el día que me canse lo dejo todo y me voy a vivir al campo”.

También estoy trabajando en una serie de ensayos, pequeñas joyas del pensamiento (el mío), como por ejemplo:

La sabiduría de Sócrates
1. Sócrates sólo sabía que no sabía nada.
2. Así que cada mañana recuerda que sabes algo más que ese estúpido ignorante, como por ejemplo la capital de Francia (París).

Lo importante de la vida
1. La amistad es importante en la vida.
2. También lo es reciclar la basura de forma adecuada.

Estoy en conversaciones con varios editores. He recibido una carta nada menos que de Anagrama, firmada personalmente por la impresora de uno de los empleados de Jorge Herralde —¡el gran Jorge Herralde!—, en la que dice: “Le rogamos que deje de enviarnos sus manuscritos o nuestros abogados se verán en la obligación de emprender las acciones legales pertinentes” etcétera, etcétera. Si no quieren que envíe más obras mías, es porque están ultimando los detalles del contrato millonario que me convertirá en un nuevo Ruiz Zafón. Espero que no se me caiga el pelo, ni engorde tanto, ni comience a escribir como uno de los redactores más vagos de Corín Tellado.

 

(Fuente de la imagen. Publicado originalmente en La decadencia del ingenio)

Te has hecho algo en el pelo

carrito

(Estoy acabando una novela, cuyo título provisional es Te has hecho algo en el pelo. Aquí tenéis las cuatro primeras páginas. Si no os gustan, es porque sois gordos y tenéis granos).

 

-¿Te has hecho algo en el pelo?

Así empezó todo. Con una pregunta anodina, quizás algo peligrosa, teniendo en cuenta que se la estaba haciendo a mi mujer un sábado por la mañana. Si la respuesta a esa pregunta era afirmativa, ya tendría que haberme dado cuenta la tarde anterior.

-No -contestó ella-. Hace más de un mes que no voy a la pelu. ¿Por qué lo dices?
-No sé, te lo veo más claro.

Y sí, se lo veía más claro. Si me hubieran preguntado de qué color era el cabello de mi mujer, hubiera contestado, sin dudar, “castaño oscuro, casi negro”. Desde siempre. No se lo había teñido en todos los años que llevábamos juntos. Pero ahora la estaba mirando y lo veía castaño claro, casi rubio.

-Será la luz -añadí, girando la cabeza, intentando buscar algún reflejo del sol que se me hubiera escapado y que hacía que el cabello de Mireia pareciera, eso, más claro-. O igual es que estoy medio dormido todavía.
-¿Rebeca ha desayunado?
-Sí, le he calentado la leche mientras estabas en el baño.
-No me gusta que vea la tele cuando desayuna.
-Bah, déjala, están echando uno de sus setecientos programas favoritos.
-…
-No gruñas. Es sábado. Los sábados por la mañana los niños ven la tele mientras sus padres olvidan toda la semana anterior. Yo lo hacía. Tú lo hacías. ¿Recuerdas La bola de cristal?
-A mí no me dejaban ver tanta tele como a ti.
-Así has salido.
-No, perdona, así has salido tú.

Me había despertado una mañana y mi mujer tenía el pelo de otro color. Tampoco era tan grave. No tenía una joroba, ni le faltaba un ojo. Intenté olvidarme del tema, asumir que me había despistado, olvidado. Decidí comportarme con normalidad. Estaría aún medio dormido. Seguramente mi cerebro todavía no funcionaba a pleno rendimiento. Me hacía mayor.

La mañana transcurrió como cualquier otra mañana de sábado, con la excepción de que no dejaba de mirarle el cabello a Mireia. Rebeca jugó, yo me duché y bajé al supermercado, también preparé la comida y acepté la propuesta horrible para pasar la tarde que hizo Mireia, si bien hay que admitir que podría haber salido de cualquiera de los dos.

-Podríamos ir a l’Illa. Rebeca necesita zapatos. Y a ti no te irían mal unos tejanos.

Fuimos a ese centro comercial, igual que aproximadamente la mitad de Barcelona. Todos dábamos tumbos de tienda en tienda, pensando por qué diablos estábamos allí con toda esa gente, pero conscientes de que dentro de dos o tres semanas volveríamos a venir y a agobiarnos y a quejarnos.

Como es natural, Rebeca se puso imposible, igual que todos los críos de su edad en una situación similar. Escogimos unos zapatos que le gustaban, pero que luego, nada más salir de la tienda, ya no. Manifestó su disgusto con un llanto forzado. La reñimos con escaso convencimiento, ya que nosotros mismos también estábamos algo hartos de aquel escenario y teníamos ganas de tener cinco años y soltar una pataleta. Mireia se probó varios vestidos de verano y un par de camisetas. No se compró nada. Yo no quise ir a ninguna de mis tiendas. Demasiada cola en los probadores. En una tienda vacía, podía tardar cuatro minutos en comprar unos tejanos. En aquellas igual tenía que pasar una hora. Demasiado. No estaba capacitado para llevar a cabo un esfuerzo semejante. Mireia volvió a las mismas tiendas en las que ya había estado para probarse la mitad de las prendas que ya se había probado. Ante una nueva y justificadísima, seamos sinceros, pataleta de Rebeca y ante mi también excusable cara de fastidio, Mireia nos envió a tomar un refresco mientras agarraba perchas como si se las fuera a clavar a alguien.

Salimos de allí a las ocho, estresados y malhumorados, con tres bolsas de ropa que no le acababa de gustar a nadie. Y yo con unas ganas terribles de beberme tres cervezas. Sólo que no podría porque habría que prepararle la cena a la niña, ponerle el pijama y luego ella querría jugar a algo y cuando finalmente se acostara ya se me habrían pasado las ganas de tomarme no tres, sino ninguna.

En todo ese tiempo intenté quitarme de la cabeza el hecho de que seguía viendo el cabello de Mireia de otro color. Pero no podía. Le miraba el pelo fijamente, cuando no atendía, claro, para no ponerla nerviosa, buscando el motivo que me hacía verlo en otro tono o el que me hacía recordarlo de otra manera. Incluso miré las fotos que tenía de ella en el móvil, mientras tomaba una Coca-Cola con Rebeca, sólo para comprobar que no, que su pelo nunca había sido castaño oscuro, casi negro, y que ese castaño claro, casi rubio, era su tono natural, o al menos el que aparecía en todas las fotos que tenía guardadas.

-No pienso volver con vosotros de compras un sábado -dijo, precisamente, Mireia, durante el paseo de vuelta.
-Menos mal -contesté, esbozando una sonrisa.
-¿Por qué? -Preguntó Rebeca desde mis hombros.
-Porque somos muy pesados.
-¿Mamá está enfadada?
-No, claro que no estoy enfadada.
-Sí que lo está. Y para que no lo esté más, tú y yo vamos a preparar la cena cuando lleguemos.
-Quiero tortilla de patatas.
-Pues tortilla de patatas.

Los tres llegamos a casa con mejor ánimo. Nos subimos en el ascensor y apretamos el botón del cuarto piso. Yo salí primero y, como de costumbre, hice mi imitación de mayordomo, que consistía en sostener la puerta e inclinarme mucho, con el rostro muy serio.

-Señoras, por favor.

La primera en salir fue Rebeca, dando saltitos. Le siguió un bulto negro, que era un cochecito para bebé en el que dormía un niño de alrededor de un año. Empujando el carrito estaba Mireia, con cara de cansancio.

-¿Tienes tus llaves? -Me preguntó.
-Er… Pues… Sí, sí, las tengo.

Abrí la puerta de casa. Mireia aparcó el carrito en el recibidor y sacó al niño, sin despertarlo.

-Voy a bañar a Xavi -me dijo-. Si quieres ir haciendo la cena…
-Sí, claro, la cena…

Me quedé parado, de pie, supongo que con la boca entreabierta, mientras Mireia se llevaba a aquel crío al cuarto de baño.

-Papá, papá -Rebeca tiraba de mi mano-. ¿Te puedo ayudar con la tortilla? ¿Puedo batir el huevo?
-Ehm… Sí…
-El tete no puede cocinar.
-No, el tete es pequeño.

Franco era catalán

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El historiador Jordi Bilbeny ha publicado unos libritos que en los que asegura que Cristóbal Colón y Miguel de Cervantes eran catalanes o, como mucho, checos, pero jamás y en ningún caso españoles.

Precisamente yo estoy a punto de publicar un estudio interesantísimo que demostraría que Francisco Franco también era catalán. Su verdadero nombre sería Francesc Francés, y habría nacido en Les Borges Blanques. Allí conoció a Francesc Macià, de quien heredaría su vocación militar.

Al parecer, Franco bailaba muy bien la sardana y tocaba la tenora. Ganó la Flor Natural en los Juegos Florales de su pueblo con un poema titulado “El meu cor plora pels teus ulls”, militó durante una breve temporada en la Lliga Regionalista e incluso publicó un artículo en La Veu de Catalunya en el que defendía más autogobierno para su país: “Hem de defensar Catalunya de la conspiració judeomasònica espanyolista que ens ofega”, concluía.

Cuando fue destinado a Marruecos, Francés ocultó su origen y cambió su nombre. Y todo por culpa de un error absurdo. Al parecer, unos compañeros, en lo que vendría a ser una alegre novatada, le dieron una paliza “por enano, voz de pito y cara pan”.

Como le sangraban las orejas después de los bofetones que le habían sacudido, no entendió bien las dos últimas palabras. Se puso en pie como pudo –aunque esto no tuvo mucho mérito, ya que al ser pequeñajo, no había mucho que poner en pie– y, después de escupir dos dientes dijo: “Jo no sóc català”. Con esto esperaba ahorrarse futuras palizas, pero sólo consiguió que le llamaran “el gallego” en tono de burla.

De ahí su resentimiento con los catalanes. Siempre creyó que su origen había sido la causa de aquella mala experiencia. Franco se empeñó en ocultarlo desde entonces y desde luego creyó haberlo logrado. Pero no contaba con que muchos no descansamos hasta que encontramos la verdad.

(Dicho sea de paso: sospecho que Jordi Bilbeny es en realidad sevillano y que su verdadero nombre es Jorge Bilbao. Seguiremos informando.)

 

(Texto publicado originalmente en La decadencia del ingenio).

(Fuente de la foto).

TEST: Cómo eres según tu superhéroe favorito

superman

No cabe duda de que los superhéroes están de moda. Quizás en tiempos como los que corren [INSERTE AQUÍ TRES O CUATRO FRASES SOBRE LA NECESIDAD DE HÉROES EN TIEMPOS DE CRISIS, UNA CRISIS QUE NO ES SÓLO ECONÓMICA]. Pero no todos son iguales, aunque predominen los huérfanos que tienen problemas para relacionarse con las mujeres. De hecho, quién es tu superhéroe favorito dice mucho de ti. Mucho más de lo que puedas imaginar:

Batman: Tienes un problema de sobrepeso, más de 30 años y vives con tus padres. Tu madre llora algunas noches pensando que no le vas a dar nietos y no puede olvidar a aquella novia que tuviste a los 22 y a la que casi besaste. Estudiaste informática o cualquier cosa parecida, no sé, una ingeniería, física, matemáticas… Cualquier carrera en la que hubiera un mínimo de siete chicos por cada chica. Jugabas a rol de adolescente y aunque ya lo dejaste hace no muchos años, sigues conservando tanto los libros, como los dados, como el acné. Dedicas al menos un par de horas diarias a los videojuegos, ya sea jugándolos o publicando críticas, pistas y guías en foros y en tu blog. Estás ahorrando para ir a la Comic-Con de San Diego disfrazado de Batman. Te van a despedir si sigues dibujando tu fanzine en el trabajo. Por cierto, en la oficina muchos piensan que un día te plantarás allí con una escopeta y te liarás a tiros.

Spiderman: Tienes un problema de sobrepeso, más de 30 años y vives con tus padres. Tu madre llora algunas noches pensando que no le vas a dar nietos y no puede olvidar a aquella novia que tuviste a los 22 y a la que casi besaste. Estudiaste informática o cualquier cosa parecida, no sé, una ingeniería, física, matemáticas… Cualquier carrera en la que hubiera un mínimo de siete chicos por cada chica. Jugabas a rol de adolescente y aunque ya lo dejaste hace no muchos años, sigues conservando tanto los libros, como los dados, como el acné. Dedicas al menos un par de horas diarias a los videojuegos, ya sea jugándolos o publicando críticas, pistas y guías en foros y en tu blog. Estás ahorrando para ir a la Comic-Con de San Diego disfrazado de Spiderman. Te van a despedir si sigues dibujando tu fanzine en el trabajo. Por cierto, en la oficina muchos piensan que un día te plantarás allí con una escopeta y te liarás a tiros.

Superman: Tienes un problema de sobrepeso, más de 30 años y vives con tus padres. Tu madre llora algunas noches pensando que no le vas a dar nietos y no puede olvidar a aquella novia que tuviste a los 22 y a la que casi besaste. Estudiaste informática o cualquier cosa parecida, no sé, una ingeniería, física, matemáticas… Cualquier carrera en la que hubiera un mínimo de siete chicos por cada chica. Jugabas a rol de adolescente y aunque ya lo dejaste hace no muchos años, sigues conservando tanto los libros, como los dados, como el acné. Dedicas al menos un par de horas diarias a los videojuegos, ya sea jugándolos o publicando críticas, pistas y guías en foros y en tu blog. Estás ahorrando para ir a la Comic-Con de San Diego disfrazado de Superman. Te van a despedir si sigues dibujando tu fanzine en el trabajo. Por cierto, en la oficina muchos piensan que un día te plantarás allí con una escopeta y te liarás a tiros. Eres gay.

Linterna verde: ¿Linterna verde? ¿En serio? ¿Eso existe? ¿Y si se junta con Destornillador azul, Martillo rojo y Llave inglesa morada forman el valiente grupo de superhéroes conocido como La caja de herramientas?

Lobezno: Tienes un problema de sobrepeso, más de 30 años y vives con tus padres. Tu madre llora algunas noches pensando que no le vas a dar nietos y no puede olvidar a aquella novia que tuviste a los 22 y a la que casi besaste. Estudiaste informática o cualquier cosa parecida, no sé, una ingeniería, física, matemáticas… Cualquier carrera en la que hubiera un mínimo de siete chicos por cada chica. Jugabas a rol de adolescente y aunque ya lo dejaste hace no muchos años, sigues conservando tanto los libros, como los dados, como el acné. Dedicas al menos un par de horas diarias a los videojuegos, ya sea jugándolos o publicando críticas, pistas y guías en foros y en tu blog. Estás ahorrando para ir a la Comic-Con de San Diego disfrazado de Lobezno. Te van a despedir si sigues dibujando tu fanzine en el trabajo. Por cierto, en la oficina muchos piensan que un día te plantarás allí con una escopeta y te liarás a tiros.

Catwoman: Tienes un problema de sobrepeso, más de 30 años y vives con tus padres. Tu madre llora algunas noches pensando que no le vas a dar nietos y no puede olvidar a aquel novio que tuviste a los 22 y al que casi besaste. Estudiaste informática o cualquier cosa parecida, no sé, una ingeniería, física… Cualquier carrera en la que hubiera un mínimo de siete chicos por cada chica. Jugabas a rol de adolescente y aunque ya lo dejaste hace años, sigues conservando tanto los libros, como los dados, como el acné. Dedicas al menos un par de horas diarias a los videojuegos, ya sea jugándolos o publicando críticas, pistas y guías en foros y en tu blog. Estás ahorrando para ir a la comic-con de San Diego disfrazada de Catwoman. Te van a despedir si sigues dibujando tu fanzine en el trabajo. Por cierto, en la oficina muchos piensan que un día te plantarás allí con una escopeta y te liarás a tiros.

Mi favorito es Batman y, guau, da hasta miedo lo mucho que acierta este test 🙂

Algunas retransmisiones deportivas sinceras

retransmisiones

Fútbol
Se pasan el balón en el centro del campo. Están todos quietos. Uno trota. Se para. Se vuelven a pasar el balón. Se lo pasan al otro equipo. Siguen paseándose por el centro del campo. Trotan. Uno camina. Se pasan el balón. Otra vez. Y otra. Otra más. Aún se lo pasan otra vez. Siguen. Siguen. La pelota se para. El portero grita algo. Un espectador insulta al árbitro. Los jugadores se pasan el balón en el centro del campo. Otro pase. Otro más. Se la pasan otra vez. Y otra. Una vez más. Pase atrás. Pase al frente. Pase al lado. Pase al otro lado. Pase al mismo lado del principio. Pase largo. Sale fuera. Un espectador le pega a otro. Alguien tira una moneda. Le da al portero, que se cae. Se para el juego veinte minutos. Se reanuda el juego. Se pasan el balón en el centro del campo.

Ciclismo
Están pedaleando. Avanzan todos juntos. Siguen pedaleando. Llevan tres horas así. Ahora hay dos que beben agua. Siguen pedaleando. Pedalean. Ahora hay una cuesta. Pedalean. Pedalean. Y, a ver… Sí, pedalean. Uno se deja llevar sin pedalear. Otro se rasca. Hay dos que hablan de sus cosas. Siguen pedaleando. Ahora cogen una curva. Uno adelanta a otro. El otro adelanta a uno. Pedalean. Sólo faltan dos horas para que acabe la etapa y esto está muy emocionante. Otro bebe agua. Pedalean, pedalean. Pedalean. Y parece que… Efectivamente, siguen pedaleando. Ahora una vista desde el helicóptero. Frase usando la expresión “serpiente multicolor”. Pedalean. Uno come algo, desde aquí no se ve lo que es. Pedalean. Siguen pedaleando. Un poco más. Ni cuesta abajo dejan de pedalear. Bueno, esos de ahí, sí. Uno se ajusta la gorra. Pedalean.

Baloncesto
Diez monstruos de más de dos metros de altura, mandíbula desproporcionada y pelos en los hombros han encontrado una forma de que la gente les admire sin tener que arrancarle la cabeza a nadie.

Maratón urbana
-¿Cuándo les decimos que en metro tardarían veinte minutos en hacer el mismo recorrido?
-Espera, espera, que hace tiempo que no me reía tanto. Mira ese como suda. Apuesto cincuenta euros a que se desmaya en menos de diez minutos.

Fórmula 1
Han dado otra vuelta. Y otra. Parece que uno va a adelantar a otro. No, le está doblando. Ahora sí, el rojo está pegado. Sigue pegado. Está más pegado. Ahora se despega. Otra vuelta más. El rojo sigue pegado. Lo intenta. Sólo ha conseguido despegarse un poco. Sigue pegado. Uno para y cambia las ruedas. Sale. No adelanta a nadie. Uno se sale de la pista, pero no explota ni nada. El rojo sigue pegado. Más pegado. Más. Menos. Se pega mucho. Más. Parece que… No. Sigue pegado. Le va a adel… No. Se pega más. Se despega. Mantiene la pegazón. Se pega más. Un poco más. Menos. Más. Más. Menos. Otra vuelta. Está pegado. Se despega. Se pega más. Menos. Más. Faltan veinte vueltas, así que ya no merece la pena arriesgar y se despega un poco.

Tenis
Uno le da. Ahora le da el otro. Uno le da. Ahora le da el otro. Punto. Uno le da. Ahora le da el otro. Uno le da. Ahora le da el otro. Uno le da. Punto. Uno le da. Ahora le da el otro. Punto. Uno le da. Falta. Uno le da. Ahora le da el otro. Punto. Uno le da. Uno le da. Uno le da. Uno le da. Uno le da. ¡Eh, está haciendo trampas! Ahora le da el otro. Uno le da. Ahora le da el otro. Uno le da. Ahora le da el otro. Punto. Uno le da. Ahora le da el otro. Uno le da. Punto. Uno le da. Ahora le da el otro. Uno le da. Ahora le da el otro. Uno le da. Punto. Uno le da. Falta. Uno le da. Punto.

Atletismo
Corren. Van rápido. Llegan a la meta. Ha ganado el que se ha dopado más. O mejor. Todos morirán antes de cumplir los cincuenta.

 

(Fuente de la imagen).

(Originalmente publicado en La decadencia del ingenio).

Instrucciones para enfundar un nórdico

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Cambiar la funda de un nórdico sin ayuda de dos o tres personas y una grúa es una tarea difícil. Todos creemos conocer algún sistema infalible que hemos visto en Youtube, pero al final acabamos sentados en el suelo, sudando, llorando de rabia, con ganas de olvidarlo todo y de dormir siempre en el sofá.

La teoría es sencilla: hay que hacer coincidir los dos extremos superiores del nórdico con los dos de la funda, y luego extenderla. Para hacerlo de forma rápida y sin lesiones musculares, lo mejor es seguir estas indicaciones:

-Extiende tus brazos dentro de la funda, sosteniendo los dos extremos del nórdico. Sobre todo (importante), mete medio cuerpo dentro.

-Comienza a caminar en dirección al sur. Consulta la brújula.

Haz descansos e hidrátate bien. Sigue las indicaciones de tus dos sherpas. Ellos conocen el territorio mucho mejor que tú y han seguido la misma ruta en muchas ocasiones.

-Escribe una entrada en tu diario: “Después de trece jornadas de viaje, nos acercamos al extremo izquierdo. Cada vez hace más frío y nos estamos quedando sin víveres. Nos hemos tenido que comer a la mula. No sé quién ha traído esta lata de piña en almíbar, que no le gusta a nadie”.

-La situación es tan difícil que tienes que comenzar a racionar el whisky y ya pasas la mayor parte del día sobrio.

-Llegas a un territorio en el que habita una manada de tejones mutantes, que como todo el mundo sabe, crían en las camas cuando no cambias las sábanas con la periodicidad adecuada. Saca el rifle y dispárale a uno: será un buen almuerzo.

-Oyes un grito. Como no sabes disparar, le has dado a uno de los sherpas en la pierna.

-Ese sherpa te quita el rifle mientras masculla insultos en su idioma y se encarga de cazar el tejón. Prepáralo siguiendo una receta de tu abuela (paella de tejón; buenísima).

-Dos días más de viaje y llegas a la primera esquina de la funda, donde dejas con cuidado una de las puntas del nórdico (qué descanso en el brazo izquierdo, ¿eh? Ahora ya no parece que bailes sardanas).

-Coméntales a tus sherpas que esa noche descansaréis allí y que al día siguiente partiréis hacia el otro extremo. Asustados, hablan entre sí en su idioma. Pregúntales qué ocurre: te contestarán que la esquina derecha está MALDITA. Diles que eso es una estupidez y ríete de sus costumbres entre carcajadas.

-Al día siguiente, los sherpas habrán huido, dejándote la lata de piña en almíbar, dos pares de calcetines, el rifle y algo de munición.

-Tras dos días de camino, darás con un poblado. Los nativos te acogen saludándote en su idioma (OLA K ASE) y celebran una fiesta en tu honor.

-Durante la fiesta, fíjate en la hija del jefe, que no está nada mal, e invítala a una copa de una especie de ponche que han preparado.

-Se te acercarán unos cuantos hombres de la tribu y te pedirán que vayas con ellos un momento. Como eres el invitado de honor, no te puedes negar, claro. Dile a la chica que vuelves en seguida.

-Sigue las tradiciones de ese antiguo pueblo y las indicaciones de los lugareños, para acabar atado a un palo que da vueltas encima de una hoguera.

-Sospecha que igual esa fiesta no es tan divertida como creías.

-Se te caerá la lata de piña en almíbar en la fogata. Con el calor, reventará y los nativos huirán asustados. Aprovecha para desatarte justo cuando tu espalda empiece a oler a cochinillo asado.

-Huye, no sin dejarle una nota a la chica con tu número de teléfono. Nunca se sabe.

-Resguárdate de una tormenta en una cueva. Está oscuro, enciende una linterna. Suelta un grito al ver un esqueleto vestido también con ropa de montañista. Abre su mochila y lee su diario. Sí, murió de hambre y frío hace doce años, cambiando la funda de su nórdico. Róbale el reloj, que parece bueno.

-Llegarás a la esquina derecha, que está custodiada por El Guardián de la Esquina Derecha. Te pondrá un acertijo. Es uno de estos en plan “si Juan tiene el doble de la edad de su hermano, cuántos años tendrá si dentro de seis años, etcétera”. La solución al acertijo es darle de garrotazos con el fusil al guardián hasta que te deje pasar.

-Coloca con cuidado el segundo extremo del nórdico.

-Por el camino de vuelta ve asegurándote de que el edredón queda plano y ajustado a la funda.

-Sal de la funda. Estás de vuelta en tu dormitorio. Mira el móvil. 27 de mayo. Saca el nórdico de la funda, dóblalo todo bien y guárdalo en el armario hasta el año que viene.

-Qué barba más chula de moderno llevas.

-Dúchate.

(Publicado originalmente en GQ.com).