Encontrada mascota

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Encontrada mascota cerca de la plaza de Sants. Mide diez kilómetros de altura y tiene cientos de tentáculos en la boca. Su cuerpo está recubierto de escamas que parecen de un color verde oscuro, pero cuando uno se fija un poco, ve que tienen todos los tonos del universo. Sus alas son rudimentarias, pero al desplegarlas, crean una sombra tan negra que provoca semanas de pesadillas. Desde que lo encontré, me despierto cada noche bañado en sudor frío y gritando “tekeli-li, tekeli-li”. Mis vecinos no están nada contentos.

Mientras le sacaba una foto para el cartel, mi esposa cometió el error de mirarle a los ojos y entró en estado de shock. Cuando voy a verla al sanatorio de Arkham y le preguntó qué vio en esa mirada, solo me dice que se trata de “un horror indescriptible”. A continuación, se pasa tres cuartos de hora describiéndolo.

-En el abismo de sus ojos vi la lucha de los antiguos y oí ese grito ancestral, tekeli-li, tekeli-li…

-¿Seguro que no eran tiroleses? Yo no recuerdo mis sueños, pero a lo mejor salen tiroleses.

-Vi construcciones de varios cientos de metros de alto, en materiales no conocidos por los humanos y con formas que nunca había visto antes.

-Los tiroleses también dan mucho miedo.

-Sus ojos son como grutas abiertas a la oscuridad del universo, donde habitan millones de seres que esperan el retorno de los antiguos…

Responde al nombre de Cthulhu, pronunciado de varias maneras: tulu, catulu, chulu, culu… Aunque solo si uno se arrodilla y dice antes algo como “oh, señor de los grandes antiguos, déjame ser uno de tus siervos y formar parte de tu semilla estelar”.

Le pregunté quiénes eran sus dueños y me contestó con un rugido que me dio a entender que los grandes antiguos no tienen dueños y que cuando llegue la hora de su retorno no quedará ni rastro de nuestras vidas. Nadie nos recordará. Nadie sabrá que estuvimos en este universo. Todos nuestros esfuerzos son insignificantes. No somos más que una mota de polvo en la historia del universo.

Está bien cuidado y se alimenta de la ansiedad del barrio, pero agradecería que sus propietarios pasaran a recogerlo en cuanto les sea posible. Por las noches oigo gemidos y crujidos. Por lo general, son las tuberías, que son muy antiguas, pero a veces se trata del lamento de los shoggoth, que están esperando que su señor despierte.

(Fuente de la imagen)

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Mi discurso para los Oscar

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Tenía preparado mi discurso para cuando subiera a recoger el Oscar. O los Oscar. Los que me dieran. Seis, siete, me da lo mismo, todos son iguales. Pero resulta que no estoy ni nominado. Sí, lo sé, es ridículo. Tanto mi película como mi trayectoria merecen este premio.

Quizás esté mal que sea yo quien lo diga, pero soy un histórico del cine. Llevo tanto tiempo en el sector que mi primera película tuvo que estrenarse como obra de teatro. Muda y en blanco y negro. Exacto: inventé a los mimos. No pienso pedir perdón otra vez. Pasé siete años en la cárcel.

Después de eso rodé mi primer corto, pero no entendí bien el concepto. No hice una película corta de tiempo -duraba casi cuatro horas- sino bajita: los planos medían la mitad de alto y los actores tuvieron que interpretar sus papeles de rodillas. Reconozco que eso le restó emoción a la escena de la pelea e intensidad a las partes más románticas.

También fui el inventor de las palomitas. Se llaman así porque al principio eran palomas enteras fritas en mantequilla. Las cazaba en la plaza Cataluña arrojando maíz como cebo y usando un martillo para dejarlas inconscientes. Llegó un momento en el que las palomas se abalanzaban sobre mí cuando me veían llegar, así que empezamos a vender el maíz para que la gente las cazara por su cuenta.

Así empezó la primera guerra entre palomas y humanos.

Pero me desvío del tema.

Tuve muchos problemas para rodar mi última película, La venganza del contable, por la que esperaba varias nominaciones. En realidad y ahora que lo pienso, solo tuve un problema: no tenía nada de dinero.

Pero encontré una fórmula perfecta: primero, interpreté yo todos los papeles. Los 74. Me iba cambiando de peluca y poniendo voces. Fue una experiencia agotadora. Y, claro, tuve que hacer cambios en el guión porque, por ejemplo, soy incapaz de hablar como un zurdo.

Para ahorrar costes de producción (todos ellos) aproveché otros rodajes para grabar mis escenas. Así, la primera parte transcurre en el fondo de El renacido. Hay que fijarse mucho, pero la trama está ahí detrás, a la derecha. A veces me tapan un par de árboles.

La segunda parte se puede ver en los episodios 6, 9 y 13 de la séptima temporada de The Good Wife. Se me puede ver subido en alguna de las mesas del bufete. El diálogo se oye mal porque cada vez que gritaba me sacaban a rastras del plató.

El sorprendente final, en el que (ojo, spoilers) el contable consigue cuadrar las cuentas trimestrales, se puede disfrutar en uno de los castings de Britain’s Got Talent, disponible en la web del programa. Para evitar que el jurado me echara antes de terminar tuve que apuntarles con una pistola. No fue fácil integrar el arma en la escena, pero encontré una solución muy hábil.

MADRE: ¡Tienes una pistola en la mano!

CONTABLE: ¡Vaya! ¡Me debe haber crecido mientras dormía!

RATÓN 3: ¡Esas cosas pasan! ¡Lo leí en internet!

¿Es o no es un diálogo digno de Óscar? Lo es, pero Óscar quería cobrar por su trabajo, así que también lo interpreté yo.

La película cosechó buenas críticas. Un crítico de Cahiers du Cinéma me dijo: “No quiero ver su película. Y no me agarre del brazo, haga el favor”. El de Fotogramas me llegó a enviar un email: “Deja de escribirme, seas quien seas, estoy harto de recibir un mensaje tuyo cada diez minutos”. El de Cinemanía la vio dos veces seguidas: “Sí, me encanta, pero por favor suéltame, te juro que no le diré nada a la policía”. Le dejé ir con la condición de que escribiera una crítica: “Por favor, sé sincero -le dije- lo que más aprecio es la sinceridad”. Por eso me molestó tanto que avisara a la policía. Me dijo que no lo iba a hacer.

A pesar de todo, la academia ha ignorado mi película. Imagino que por motivos políticos: uno de los personajes dice cosas muy duras sobre Estados Unidos.

AUDITORA: Esa canción de Bob Dylan está bien.

Se trata de una canción muy crítica con cosas, de estas de protestar. En la peli no se oye porque no podía comprar los derechos, pero todo el mundo sabe de qué canción se trata porque otro personaje la tararea.

VIAJERO EN EL TIEMPO: Ah sí, la de nana-nananieeee-nana…

RATÓN 4: A mí no me gusta.

El ratón rebaja el mensaje crítico, pero porque quería que el espectador sacara sus propias conclusiones. De todas formas, se trata de un ratón nazi, por lo que difícilmente le caerá bien a nadie.

Total, que no podré dar el discurso que tenía preparado. Lo reproduzco a continuación por su interés y porque no creo que me valga para otros años.

EL DISCURSO DE ACEPTACIÓN DEL OSCAR DE JAIME RUBIO

Buenas noches. Vendo Iphone 3. Está perfecto, como recién comprado. Lo único malo es que la batería se me rompió y le puse la de una furgoneta. Muchas gracias.

Imagino que el año que viene ya lo habré vendido.

El sentido de la vida: posibles respuestas

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Al final, todo era una broma.

Todo está bien, pero sólo a ratos porque no hay mucha cobertura ni wifi.

Todo estaría bien si supiera la contraseña.

Todo pasa por algo. Normalmente, por joder.

Todo está conectado. Lo cual explica esas espantosas facturas de la luz.

Veré qué puedo hacer, aunque le advierto de que tengo los ojos vendados.

Tienes que abrirte, pero por favor, sin salpicar.

No podemos facilitarle información sobre otro usuario.

¡Camarero, mi agua está mojada!

No hay forma de luchar contra la entropía, es totalmente imposible. Pero he diseñado un método que FUNCIONA.

Nadie puede vivir por ti. No, si pagas tan poco.

Ese era mi autobús. Si corro, no lo pillaré, pero al menos todo el mundo sabrá que ese era mi autobús.

Le daremos los resultados de sus análisis dentro de cuarenta y ocho o setenta y dos años.

Hacer o ser: elige.

Las personas que están delante de nosotros en la cola siempre van más lentas de lo que iremos nosotros. Lo hacen todo mal. Fatal. Si sólo se quedaran un rato a ver cómo lo hacemos nosotros, podrían aprender cómo se hacen las cosas. Pero prefieren irse porque creen que ya lo han hecho todo.

Creía que me vibraba el móvil, pero no.

Buenas tardes, le llamaba para saber si tenía teléfono.

Pilas no incluidas. No funciona a pilas.

Si necesitas algo, dímelo. Me refiero a algo como concepto general, no a algo en concreto. Estoy haciendo una encuesta para saber cuánta gente necesita algo y cuánta no necesita nada.

Lo que quieras. Cualquier cosa. Lo que tú me pidas. No, eso no. Eso tampoco. Yo había pensado en esto.

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Necesitas aprender a estar solo, esto es algo que te repetimos constantemente las cincuenta personas que estamos encerrados contigo en este ascensor de por vida.

¿Qué ha sido ese ruido?

“¿Tiene algo suelto?”, y le regaló su perro, que se había escapado.

¿Es verdad lo que dicen? ¿Todo lo que dicen?

-Doctor, me duele aquí.

-Pues póngase allí. (Señala a Saturno).

Ven conmigo, si quieres, pero yo no voy.

Hay vida después de la muerte, eso lo sabemos a ciencia cierta. Pero es posible que no se trate de la tuya.

Sería más agradable echarte de menos si no te hubieras ido.

Mi abuela siempre nos decía: “¿Ya os vais? ¿Pero a dónde vais a ir que estéis mejor que aquí?”. Y luego: “Tomad, para que os convidéis a algo”, y nos daba mil pesetas a cada uno.

Lo siento, no hablo español y no soy de aquí.

Tienes que ser fuerte. Y alto. Y rubio. Y con un ojo de cada color.

No me digas lo que tengo que hacer. Sólo contéstame a esta pregunta: ¿qué hago ahora?

Todo pasa. Sólo hay que esperar el tiempo suficiente. La sexta extinción está al caer. Y luego habrá una séptima.

Si estás ahí, da un golpe en la mesa y de paso quítale el polvo, que está hecha un asco.

Va a llover. Pero no sé cuándo.

Mañana. Pero no sé qué.

¿Recuerdas que te dije que todo era una broma? Eso también era una broma.

El hombre que opinaba sobre todo

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No me gusta esa camisa. ¡Oiga! ¡Oiga! ¡Sí, es a usted! No me me gusta esa camisa. El color es demasiado apagado. Y le sienta bastante mal, sobre todo porque no la ha combinado con los pantalones adecuados. ¿Cómo que quién soy? Un ciudadano, señor mío, un ciudadano libre que vive en una democracia. Pero no me interrumpa. La próxima vez pruebe con un azul. Creo que ese es su color.

Lo llevo pensando varios días. Esta panadería está bien. Ya lo sabe: vengo cada tarde. Buen pan. Buen precio. Pero es que le veo y está claro que usted tendría que haber abierto una zapatería. No sé, es algo en la expresión. También en las manos. Tiene manos y cara de zapatera y no de panadera. Pero sólo es mi opinión. Debería abrir una zapatería. Abra una zapatería. Sólo es mi opinión. Abra una zapatería.

Disculpe, pero balancea demasiado los brazos al caminar. Pruebe a no moverlos tantos. Sí, así mucho mejor. Se siente incómodo porque no está acostumbrado, pero esta es la forma correcta. Cuidado, está volviendo a balancear mucho los brazos. Muy bien, así. Eso es.

Hola, he visto sus cortinas desde la calle y son horribles. Hagan el favor de cambiarlas.

¿Lo ve? Le queda azúcar al fondo de la taza. Si es que lo estaba viendo: ha removido el café menos de lo necesario y, claro, todo al final. Seguro que le sabía amargo al principio y dulzón al fondo. Tiene que mover la cucharilla al menos tres o cuatro veces más. No mucho más, que el ruido es muy molesto. ¿Viene aquí cada día? Mañana lo miramos otra vez.

Disculpen, no he podido evitar oír el chiste que acaba de explicar uno de ustedes y, de acuerdo, tiene su gracia, pero no ha sido tan gracioso. Se han reído de más. Bastante de más. Entiendo que son amigos y están de buen humor, y además está el hecho de que estamos en un bar y el alcohol ayuda, pero me ha parecido una carcajada completamente desproporcionada. Sobraban varios jas ahí. Y usted incluso se ha secado una lagrimilla. Eso estaba fuera de lugar. Completamente fuera de lugar. Se han reído de más.

¡Oiga! ¡Vecino! ¡Oiga! ¡Está regando mal las plantas! Sí, le falta juego de muñeca. Así, ¿no ve cómo el agua cae mejor? ¿No? ¿En serio no lo ve? Es bastante evidente. Pues si no quiere opiniones, no haga cosas en público. Estamos en una democracia y cuando la gente hace cosas en público se arriesga a que le den su opinión. No, caballero, eso no es una opinión, es un insulto. Y le ruego que no meta a mi madre en esto. Es una madre bastante buena: le puse un 7,75. Le falla que no siempre me coge el teléfono, no sé por qué.

Eh, tú, árbol. Tus hojas están poniéndose marrones muy pronto. Ni siquiera estamos en septiembre. No vayas tan deprisa. Todo tiene que seguir el orden que le corresponde.

Este perro debería levantar más la pata al mear. Sí, así. Ahora sujétesela usted. Mucho mejor, dónde va a parar. Haré una foto para que lo vea. Aquí tiene. Mucho mejor, ¿verdad?. Supongo que deberá sujetársela usted los primeros días, hasta que se acostumbre. Pero los perros y los niños se acostumbran a todo, lo leí en internet.

¿Pero qué hace hablando en sueco, señora? El sueco es una lengua horrible. ¿No me entiende? Swedish is a hideous language. Please speak English. Or French. I think French is in your line, as you are an elegant wom… ¿Pero a dónde va? ¡No corra! ¡Señora! ¡No corra en sueco!

Perdone, pero está tecleando mal. Cuando se escribe un mensaje con el móvil, hay que usar los dos pulgares, no un pulgar y un índice. Con ese gesto le está diciendo a todo el mundo que tiene más de 30 años. Sí, así. Ya se acostumbrará. Al principio cuesta, pero es la forma correcta de hacerlo. Mire qué rápido voy yo.

¡Usted es muy feo! Sí, yo también, pero me está cambiando de tema y lo hace además con un burdo ad hominem.

Nota de cata

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Es un vino equilibrado, generoso en boca. Si lo huelen, notarán aromas ahumados, tostados, pero sin ocultar la fruta. Correcto, es fruta roja, madura, pero con un punto de acidez. Moras, arándanos… Es un aroma que me recuerda a mi infancia. Mi madre plantó arándanos en la casa donde veraneábamos cuando éramos niños. Recuerdo que los comía a escondidas, sin dejar que acabaran de madurar y cuando aún estaban demasiado ácidos. Pero este vino tiene un punto correcto de acidez. No es excesivo. Volví hace unos años a esa casa. Sabía que no había nadie viviendo en ella. Mis padres la vendieron cuando yo aún era un niño y fue pasando de dueños en dueños hasta que los últimos no pudieron pagar las cuotas de la hipoteca y se la quedó el banco. Por eso la escogí. Sabía que no habría nadie y además la conocía. Podía saltar el muro, que es más bien bajo, sin problemas, y guiarme en la oscuridad a través de lo que quedaba de ese jardín que aún conservaba el viejo almendro y un par de limoneros, bastante descuidados. Ya no había arándanos, claro, pero sí césped y hierbas sin cortar que perfumaban la noche con un aroma fresco que también se percibe en este vino, que tiene notas especiadas: tomillo, regaliz… Sí, también un poco de pimienta, tiene razón. Tuve que hacer tres viajes, claro: uno primero de reconocimiento, para asegurarme de que no había nadie. Un segundo con la pala y la linterna. Al agacharme para dejarlo todo en el suelo toqué la tierra, que estaba aún húmeda y blanda de la lluvia de la mañana. Me llegaron notas minerales que se pueden apreciar en este vino cultivado en una zona en la que hay mucha pizarra. Es un aroma que en el vino me disgusta desde aquella noche en la que hice un tercer viaje acarreando el cuerpo de mi socio, blanco y frío, con la cabeza rota a botellazos. No de este vino, claro, sino de la primera cosecha de nuestra bodega, que había resultado ser un completo desastre porque compré unas barricas baratas, sin consultarlo con él y para ahorrarme un dinero que necesitaba para pagar unas deudas. Estaban podridas. Le enterré con los restos de la botella, que conservaba aún unas gotas de vino, un vino echado a perder, desestructurado y rancio, pero que a la luz de la luna y mezclado con sangre mostraba un color oscuro, apagado en los bordes, casi bermejo. Como este, en el que se nota el año que ha pasado en barrica. Inclinen la copa y fíjense en el color del borde sobre el blanco del mantel. Al volver, di un buen rodeo con el coche. Más de cincuenta kilómetros. No para pensar, como si estuviera en una película barata, sino para deshacerme de la pala y de la ropa manchada de sangre. Cuando llegué a casa y a pesar de que eran casi las cinco de la mañana, me abrí una copa de un vino de la misma denominación de origen que el que estamos probando, pero en el que la garnacha se matizaba con algo de syrah, cosa que echo en falta en esta botella. De todas formas, este es un vino agradable y con una muy buena relación calidad precio, a pesar de que tiene el inconveniente de que me ha recordado a un momento de mi vida bastante desagradable, aunque fue peor para mi exsocio: primero rompí sus sueños y luego le rompí el cráneo. Es posible que tenga un contenido de alcohol algo elevado, a pesar de que queda bien equilibrado con la fruta y la madera. Esto, unido a la amplia variedad de aromas, ha ayudado a que soltara esta confesión que en realidad llevo años queriendo hacer. También es verdad que este es el tercer vino que probamos. Ah, miren, ya viene la policía. ¿Ha llamado usted, verdad? Le he visto salir, sí. Se lo agradezco. Quería terminar la cata con esta otra botella, pero creo que me voy a tener que ir. De todas formas y como ustedes han pagado y aquí está Óscar, el dueño de este bar tan fantástico al que me temo que tardaré en volver, la abriremos y así podrán al menos probarla. Es un vino con mucho cuerpo y mucha madera. La fuerza de sus aromas tostados recuerda casi a un brandy y también a aquella noche en la que quemé mi restaurante para cobrar el seguro. Pero esa es otra historia.

El lenguaje de las ballenas

11064018343_7d33ceb4cb_zLa ballena Mistetas. Fuente de la imagen.

Mi regalo del amigo invisible fue un cedé con cantos de ballena. Se supone que son relajantes y ayudan a echar la siesta, pero mi cerebro no puede limitarse a descansar: siempre ha de proponerse nuevos retos. En este caso, el de descifrar el lenguaje de los cetáceos y averiguar qué conversaciones y mensajes ocultan estos bellos animales marinos. Tras dedicarle dos tardes casi enteras a este enigma, pude traducir la primera pista del compact disc. Sigo trabajando en el resto. Cuando lo tenga completo, enviaré a la revista Science mis primeros análisis del apasionante lenguaje de las ballenas, incluyendo un resumen de su sintaxis y gramática, además de un diccionario parcial.

A: Creo que nos están grabando.

B: No digas tonterías. ¿Quién nos va a estar grabando?

A: ¿Eso que cuelga no es un micro?

B: ¿Cómo va a ser un micro?

A: ¿Y qué es?

B: No sé… Igual están midiendo la temperatura de las corrientes marinas.

A: No parece un termómetro.

B: Ni idea, pero ¿para qué nos iban a grabar?

A: Pues para saber qué decimos.

B: ¿Pero quién te crees que eres? ¿Tony Soprano?

A: Mira, acércate. Ven, te digo. ESO ES UN MICRO.

B: Estarán estudiando el fondo marino.

A: Nos están grabando.

B: No tiene ningún sentido. ¿Qué pueden querer de nosotros? Nos pasamos el día nadando y comiendo plancton. No somos ballenas famosas.

A: Esto es cosa de la NSA.

B: ¿La NSA?

A: La agencia de seguridad estadounidense. Graban todas las conversaciones telefónicas y guardan un registro de todas las comunicaciones por internet. Ahora nos ha llegado el turno a nosotras.

B: Eso es absurdo. Nosotras no suponemos un peligro para Estados Unidos. No hay ballenas terroristas.

A: Pero eso ellos no lo saben. Quieren cerciorarse.

B: Se lo voy a explicar. Señores americanos… Un momento, ¿tú crees que nos entienden?

A: Claro. Por eso nos graban.

B: Señores americanos: les puedo asegurar que no hay ballenas terroristas. Si que hubo una orca asesina, pero eso fue en los 80. Un caso completamente aislado. No se puede generalizar. Las ballenas somos animales tranquilos y amistosos. Grandes y pesados, pero afables. Ni siquiera mordemos. En alguna ocasión nos hemos tragado a un profeta o a un niño de madera, pero ha sido sin querer y los hemos expulsado en cuanto hemos podido.

A: No creo que te hagan mucho caso. Cuando a los americanos se les mete una idea entre ceja y ceja, no la sueltan.

B: Bueno, yo lo intento. ¿Crees que tendrán muchos micros de estos?

A: Seguro. Deben estar grabando a todas las ballenas del planeta.

B: ¿Sólo a las ballenas?

A: Evidentemente. No hay muchos animales que tengan un sistema de comunicación tan desarrollado como el nuestro.

B: Hay monos que conocen el lenguaje de signos.

A: Bah. Apenas un puñado de palabras. No es más que un truco de circo.

B: Y luego están… Bueno… Ehm… Los delfines.

A: Por favor, no me salgas tú también con los delfines. No hay animal más sobrevalorado que ellos. ¡Son estúpidos!

B: Existe la creencia de que son muy inteligentes.

A: ¡Son animales de circo! ¡Como los monos! ¡Como los loros en triciclo!

B: No quiero entrar en lo que son. Pero sí digo que es posible que los americanos crean que el estereotipo del delfín inteligente se corresponde a la realidad y, por tanto, también estén grabando sus conversaciones. Piensa que creen que somos terroristas.

A: ¡Pues peor para ellos! ¡Que graben sus grazniditos y sus hola qué tal y sus qué felices somos en el mar!

B: Eso es un estereotipo racista. No todos los delfines son alegres. Ni tienen ese acento.

A: No me vengas con el tópico del delfín triste y circunspecto.

B: Vale, vale, no he dicho nada.

A: ¡Que graben a todos los delfines que quieran! Humanos estúpidos.

B: Eres muy injusto con los delfines.

A: ¡Si tanto te gustan los delfines, cásate con uno!

B: ¡Pues a lo mejor lo hago!

A: ¡Pues hazlo!

B: Mira, quería decírtelo de otra forma, pero llevo tres meses saliendo un delfín.

A: ¿Qué?

B: Y además vamos en serio.

A: Pero… Pero eso es…

B: Dilo. Venga, di lo que piensas.

A: Eso es… Eso es contranatura.

B: Ya está. Ya lo has dicho. Te has quedado a gusto, ¿no? Pues mira, nos queremos. Y es muy inteligente. Más que tú.

A: No, espera, no te vayas… Hablemos de esto.

B: ¡Déjame en paz! ¡Mi delfín no te prejuzga! ¡Le he hablado de ti y aun así quiere conocerte.

A: Vuelve…

B: ¡Que me dejes!

A: No podemos terminar la conversación así.

B: ¿Y por qué no?

A: Pues porque nos están grabando. ¿Qué van a pensar esos señores de nosotros?

B: Que te folle un pez.

 

National Domestic

McCall's Magazine Cover, family arriving in kitchen for the holidays

A: Estamos ante imágenes nunca vistas antes en televisión. Se trata de Luis García disponiéndose a comerse una manzana sentado en la mesa de su casa. Está frente al televisor, viendo un episodio repetido de los Simpson, sin prestar mucha atención. No sabemos siquiera si pelará o no la manzana… ¡No la está pelando! Traía un plato y un cuchillo, pero finalmente ha decidido no pelarla. Esto es sensacional. Es información nueva e interesante para los luisgarciólogos. La semana pasada pudimos ver a Marta Jiménez buscando un libro y hoy a Luis García comiéndose una manz… Creo que nos ha visto. Nos hemos agachado porque parece que…

B: ¡Eh! ¿Qué hacen ustedes detrás de mi sofá?

A: Efectivamente, nos ha visto. En esta situación hay que mantener la calma y procurar no moverse para que no nos vea.

B: Oigan, ¿cómo han entrado en mi casa? ¿Eso es una cámara?

A: Vamos a intentar entablar una conversación con él. A la hora de hablar con humanos, lo fundamental es que vea que somos inofensivos y venimos en son de paz.

B: ¡Salgan inmediatamente de aquí! ¡Voy a llamar a la policía!

A: Saludos, señor García, venimos a grabar un documental.

B: ¿Pero qué documental ni qué niño muerto? ¿Cómo van a grabar un documental en mi casa?

A: Estamos interesados en las vicisitudes domésticas del homo sapiens.

B: ¿Homo sapiens? ¡Ustedes están locos! ¡Fuera de mi casa!

A: Nos gustaría grabar antes un…

B: ¡Aquí no se graba más! ¡Fuera! ¡Fuera he dicho!

A: Pero…

B: ¡Fuera! ¡Largo de aquí!

A: Oiga, sin golpes.

B: ¡Que se marchen!

A: ¡No, la cámara n…!

*****

C: Estremecedoras e interesantísimas imágenes las que pudo grabar nuestro compañero y que pudimos rescatar gracias a nuestro equipo técnico, que consiguió rescatarlas de un disco duro dañado. Tanto el reportero como el cámara se encuentran bien aunque el médico les ha recomendado reposo. En todo caso, resulta interesante apreciar cómo Luis García comía su manzana sin usar cuchillo. Aunque no podamos decir que lo haga siempre, se trata de una duda que siempre habíamos tenido: ¿cómo prefiere Luis García su fruta? ¿Con o sin piel? Me dicen que tenemos una llamada. Buenos días.

B: Buenos días, soy Luis García. ¿Por qué están hablando de mí en la tele?

C: Atención, tenemos con nosotros a Luis García, en un testimonio único. Se trata de la primera vez en la que Luis García habla por televisión.

B: ¡Que no hablen de mí, les digo! ¡Y que no saquen mi comedor por la tele!

C: Se trata de un documento con un valor científico fundamental que intenta responder a la pregunta: ¿cómo prefiere Luis García la fruta?

B: ¡Les he denunciado a la policía!

C: Comprobamos además que Luis García recurre a las fuerzas de seguridad del estado cuando siente su espacio amenazado por otros homo sapiens.

B: ¡Oiga, que deje de hablar de mí y de mi fruta, le digo!

C: (Susurrando). Es importante mantener la calma en estas situaciones. Recordemos lo que les pasó a nuestros compañeros, cuando fueron atacados por Luis García.

B: LE ESTOY OYENDO.

C: Luis García y la fruta. Este ha sido otro documento interesante que les hemos traído.

B: QUE YA VALE, LE DIGO.

C: La semana que viene les traeremos otro documento jamás visto en televisión. El matrimonio Sánchez Romero discutiendo en Ikea.

B: Ah mire, eso ya lo veo más interesante.

C: Por primera vez les mostraremos imágenes de Julio Sánchez y Natalia Romero muy enfadados por el color más apropiado para una mesa de café valorada en 19,95 euros. Él prefiere la marrón clara porque en la negra se ve el polvo en seguida, pero ella le recuerda que la Expedit que tienen ya es negra por lo que la marrón no pegaría con el resto del comedor. Es una escena que nunca antes se habían grabado.

B: A mí es que los documentales me gustan mucho.

C: Nos vemos la semana que viene. Muchas gracias por su atención.

B: Me los pongo para dormir.