91%

olimpiadas

A: Tenemos con nosotros a uno de esos españoles que está a favor de que los Juegos Olímpicos se celebren en Madrid.
B: ¿Eh?
A: Parte de ese 91% que según las encuestas está apoyando a la capital española en su carrera olímpica.
B: ¿Pero qué dice?
A: Todo el mundo está de acuerdo: a la vigésimo novena va a la vencida.
B: ¿Esa cámara está grabando?
A: Díganos, ¿qué ventajas cree que le pueden traer los juegos a Madrid?
B: ¿Pero de qué juegos habla? Si yo sólo he bajado a por pan.
A: Ya, pero se alegra por el hecho de que la llama olímpica ya caliente los corazones de los madrileños.
B: ¿De qué habla? Si yo soy de Huesca.
A: Es lo mismo, usted está a favor de Madrid 2020: es una verdad matemática.
B: No entiendo nada de lo que me está diciendo.
A: Es muy sencillo: sólo el 9% está en contra de que los juegos se celebren en Madrid. Eso significa que 0,9 personas de cada diez no apoyan a nuestra capital. Y no veo que le falte la mano ni que le hayan cortado la nariz. Por tanto, está a favor.
B: ¿Pero esa encuesta cuándo se hizo? A mí no me ha llamado nadie.
A: No es una encuesta, es una verdad matemática. Si uno es un español entero y no un traidor tullido, está a favor de los Juegos Olímpicos de Madrid.
B: Yo es que no soy mucho de deportes. Le he dicho que bajaba a por pan, pero en realidad voy a comprar una palmera de chocolate. (Baja el rostro, avergonzado).
A: Pues no le extrañe que en 2020 pueda comprar palmeras DE ORO: un 99% de los encuestados de fuera de Madrid cree que los juegos aportarán beneficios económicos.
B: ¿Un 99%? Eso es mucho, ¿no?
A: Es posible que hayamos preguntado a algunos de los votantes de Kim Jong-un.
B: Oiga, pues me alegra mucho estar a favor de algo porque estar en contra de las cosas es de tristes. Y yo sin saberlo. Me quedo más tranquilo.
A: Pero por favor, no se vaya sin darnos su opinión sobre los Juegos Olímpicos que sin duda se celebrarán en Madrid dentro de siete años.
B: No sé… Pues a ver… Yo no voy a verlos porque soy más de dormir, pero… ¿Qué me está dando?
A: Nada, nada.
B: ¡Me está pasando un papelito!
A: Es lo que piensa acerca de los juegos. Por si necesita ayuda.
B: “Los juegos son una ilusionante oportunidad…” ¿Quiere que lea esto? Yo no he pensado nada así en toda mi vida.
A: Según la encuesta de antes, sí.
B: No voy a leer esta hoja.
A: El 93% de los españoles cree que debería.
B: ¿Cómo lo sabe? Eso no lo puede decir la encuesta.
A: No, no, qué tontería… Es otra encuesta. Una que he hecho. Ahora.
B: Oiga, eso es imposible.
A: El 102% de los españoles cree que es posible.
B: Pero si no se ha movido de aquí.
A: El 345,2% de los españoles insiste en que por favor lea la nota que le he pasado, que seguro que coincide totalmente con sus ideas acerca de las olimpiadas.
B: Pero…
A: Mire. Se lo voy a demostrar. Disculpe, caballero.
C: ¿Sí?
A: ¿Debe o no debe este señor leer la nota que le he pasado?
C: Y tanto.
A: ¿Lo ve? ¡El 100%! ¡Todos!
B: Esto no me parece normal. ¿No estará usted compinchado con ese otro señor?
A: No, en absoluto.
B: Entonces, ha escogido a alguien al azar.
A: Sí.
B: Que casualmente es el cámara.
A: Las probabilidades eran escasas, lo admito. Pero la estadística y las matemáticas son así.
B: (…)
A: ¿Sabe que nueve de cada diez españoles se está impacientando?
B: (…)
A: ¿Sabe que estamos en directo?
B: (Lee la nota mientras se va desnudando torpemente. La última palabra -“alegría”-, coincide con el caer de sus calzoncillos sobre los tobillos).
A: Muchas gracias.
B: De nada.

 

(Fuente de la imagen).

¡Opinad, malditos!

juicio

Jaime Rubio fue conducido ante el juez esta mañana por haber afirmado en un bar que no tenía muy claro lo que estaba pasando en Siria y por no haber ofrecido ninguna solución al conflicto ni en Twitter, ni en su blog, ni en GQ.

Interrogado por el fiscal, Rubio admitió los cargos e intentó explicar que no había tenido tiempo de leer nada sobre el tema, “ni tampoco muchas ganas, lo admito”. El fiscal se llevó las manos de una señora a la cabeza (él es manco) y le recordó que todo el mundo puede e inclusodebe decir lo que piensa. “¿No sabe usted que eso de documentarse es de invertidos, ateos y extranjeros?” El abogado de Rubio protestó enérgicamente por las palabras del fiscal pronunciadas en otro juicio, dos meses antes. “Orden, orden -rugió el juez-, ahora estamos hablando de otro tema”. “¡Pero es que llevo dándole vueltas al asunto desde entonces!” “¡Orden, orden!”.

Haciendo caso al juez, el fiscal le preguntó a Rubio: “¿Nada no nunca opinar piensa Siria sobre?” Tras un silencio de varios segundos por parte de todos los asistentes, el juez le pidió al fiscal que continuara el interrogatorio utilizando sólo el orden cronológico y no el alfabético, “aunque admito que ha estado ágil ahí”. Después de reordenar la pregunta, el acusado afirmó, muy solemne: “Sirio sé que no sé nada”, rompiendo a reír mientras todo el mundo le miraba muy serio con una ceja levantada y lamentando el dinero que se habían gastado sus padres en darle unos estudios que era evidente que no habían servido para nada. Rubio, ajeno a estas consideraciones, concluyó su carcajada con una palmada en el muslo, para después secarse una lagrimilla con el dedo índice y suspirar. “Qué bueno… Sirio sé que no sé nada…”

El abogado de la acusación concluyó su interrogatorio recordando al juez que no se podía permitir que la gente opinara únicamente acerca de las cosas que conocía, ya que eso supondría que los bares quedarían en silencio, los platós de televisión y los estudios de radio se vaciarían, y los periódicos venderían páginas en blanco. “Y en internet apenas nos quedaría el porno”, terminó, alzando uno de los puños de la misma señora de antes, a la que aún no había soltado a pesar de sus quejas.

Llegado el turno de la defensa, el abogado de Rubio le preguntó qué pensaba acerca de la guerra en general, a lo que el acusado respondió que él era partidario “de no ir matando a gente”. Acto seguido, el letrado le pidió su opinión sobre las dictaduras. “Las dictaduras son malas, sí, eso es verdad…” A lo que el abogado contestó: “Tanto le costaba decir eso en el bar, hombre de Dios…” Rubio se quejó al juez de que su propio abogado le había tendido una trampa, a lo que el magistrado respondió con un “si es que usted también…” Rubio insistió en su derecho a no tener una opinión formada, lo que llevó al fiscal a soltar, casi gritando, “¡la que tengo aquí colgada!”

Entre carcajadas, el juez condenó a Jaime Rubio a escribir quince tuits y dos textos en su blog sobre la guerra de Siria, condena que fue recibida por Rubio con gritos de “¡NO ME PODÉIS DECIR CÓMO TENGO QUE USAR TWITTER, SOY UN TUITSTAR!” mientras dos policías nacionales lo sacaban a rastras de la sala.

Este cronista coincidió con Rubio en el metro justo después de la vista y pudo leer su libretita por encima del hombro, en la que había garabateado algunas notas:

  • Why so Syrious, Obama?
  • Sirio sé no vengo.
  • Comparar el bigote de Aznar con el de Assad.
  • ¡Te van a Assad vivo con las bombas!
  • Damasco, asco: aquí hay posibilidades.
  • Oriente Miedo.
  • “Entre nosotros hay química”, le dijo Obama a Assad.

Después de escribir la última frase, Rubio rompió a llorar. Este periodista se levantó silenciosamente y se fue a la otra punta del vagón, mientras la vergüenza ajena le erizaba el vello de la nuca.

Vladímir Putin: “En Rusia somos todos muy viriles, diría que por el frío”

Vladímir Putin, presidente de Rusia, me recibe en su dacha, con el torso desnudo y sudado.

-Perdona, estaba haciendo algo de ejercicio -me explica, mientras se pasa una toalla por el pecho-. No hay nada como comenzar la jornada haciendo tres mil setecientas flexiones con un cerdo de setenta kilos subido a la espalda.

He viajado hasta su residencia de verano en el Mar Negro para preguntarle por la polémica ley que impide a los homosexuales hacer pública su condición. Mientras cabalgamos juntos por el monte, Putin me explica que esta normativa simplemente quiere proteger el orden social: “No podemos permitir que los homosexuales vayan por ahí diciendo que son homosexuales. ¿Qué será lo próximo? ¿Ciudadanos que no estén de acuerdo conmigo? ¿Personas expresando su opinión? Eso supondría el caos”.

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El presidente de Rusia se pone filosófico y añade que “tampoco hace falta decir todo lo que somos. Yo no voy por ahí explicando que asesiné a la periodista Anna Politkóvskaya, por ejemplo, y no soy menos feliz por eso”.

Las penas por hacer “propaganda” de las preferencias sexuales van desde una multa hasta quince días de cárcel y la deportación en el caso de los extranjeros, aunque Putin se considera más partidario de las “charlas aleccionadoras”, como hacían en la KGB. “Yo la homosexualidad la curo a hostias”, dice, entrelazando sus dedos con los míos mientras paseamos por el río, en lo que él llama “un gesto varonil típico de los cosacos”.

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“Por otro lado, en Rusia apenas hay homosexuales. En Rusia somos todos muy viriles, diría que por el frío. Ven, bañémonos juntos”. Entre risas chapoteamos en el agua, mientras le pregunto por los Juegos Olímpicos de invierno y la preocupación que está despertando esta legislación en contra de la homosexualidad. “Para empezar, los juegos de invierno no le interesan a nadie. Así que en todo caso el COI debería agradecer está polémica porque significa que a lo mejor hay alguien que enciende la tele para verlos. Por otro lado, no vamos a discriminar a ningún atleta homosexual. Eso sí, los maricas van a correr con tacones. Pero eso no es discriminación, simplemente les estamos dando lo que piden. ¿No quieren comportarse como hembras? Pues eso”. ¿Y las lesbianas? “El lesbianismo no existe -explica, muy convencido-. Eso es propaganda americana. No tiene ningún sentido. Es anatómicamente inconsistente. Como mucho, besitos durante algún Erasmus, pero nada más”.

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Nos quitamos la ropa mojada y nos tumbamos al sol, en la orilla. “Hablando de deporte, ¿sabes que soy cinturón negro de judo? Ven, que te enseño unas llaves”. Entrelazamos nuestros cuerpos desnudos, emulando a los luchadores griegos que protagonizaron tantas olimpiadas clásicas, hasta que el sol se pone, momento en el que recogemos nuestra ropa y volvemos a casa, cabalgando hacia el anochecer.

“El problema de los homosexuales -explica mientras tomamos un té- es que no saben disfrutar de la compañía de otros hombres, de la verdadera amistad masculina. Por ejemplo, si yo te acaricio la entrepierna, como estoy haciendo ahora, es simplemente por cordialidad. No son nada más que unas caricias cariñosas que aprovecho para comparar tamaños y para mostrarte de forma viril mi afecto y mi amistad. Es como una palmada en la espalda, un brindis con cerveza o un beso con lengua y mucha saliva. Nada sexual. Puedes hacer lo mismo, si quieres”.

Intento excusarme y salir de la habitación, pero en la puerta hay dos agentes de seguridad. “Piotr, el de la derecha -me susurra Putin al oído, mientras me abraza por detrás-, mató a un oso con una sola mano”.

19 características de un buen presidente del gobierno

presi

Es posible que no seas muy inteligente y que no te guste demasiado trabajar. Eso significa que tus únicas salidas laborales son participar en un reality o meterte en política. Concursar en Gran Hermano es ligeramente menos indigno que ser diputado, pero tiene el inconveniente de que lo más probable es que el sueldo sólo te dure un puñado meses, mientras que la carrera política puede ser algo más prolongada en el tiempo. Y ya puestos a perder la dignidad, ¿por qué no aspirar a la presidencia del gobierno? Piensa que un presidente no hace absolutamente nada, ni conducir, ¡tiene hasta chófer!

Por supuesto, no todo el mundo sirve. Estas son las diecinueve características que deberías reunir para ser un presidente del gobierno ideal.

1. No aprendas ningún idioma, aparte de un español justito. Si sabes inglés o cualquier otra lengua extranjera, asegura que no la entiendes y simula un acento muy forzado, algo así como “Espein is a beri nais contri. Contri más yu si it, más yu laic it”.
2. No te dediques a ninguna otra profesión que no sea la de político. Como mucho, sácate unas oposiciones, pero ni se te ocurra ejercer. Es importante que no tengas ningún contacto con la realidad. La realidad podría llevarte a pensar que los trabajadores no reciben sobres con sueldos extra en negro, por ejemplo.
3. No tengas opiniones propias. A partir de ahora, tus principios serán una combinación de muy difícil equilibrio entre: a) las preferencias de la mayoría de tus votantes y b) las necesidades de tu partido.
4. En caso de que haya conflicto de intereses, di que sí a ambos y no hagas nada al respecto.
5. De hecho, lo mejor es no hacer nada nunca. Cualquier acción o declaración hará que alguien que se enfade: lo ideal es mantenerte quieto y callado.
6. A no ser que necesites crear una cortina de humo. Si por ejemplo alguien de tu equipo está acusado de corrupción, resucita a Franco, habla de toros, declárale la guerra al Reino Unido o incendia un hospital infantil. Cualquier cosa antes de que uno de los tuyos se vea obligado a dimitir o, peor, tú te veas obligado a dar explicaciones.
7. Aprende a hablar sobre cosas que no te interesan con gente que no sabes quién es. La mayoría de actos políticos (inauguraciones, campañas, conferencias) no son más que largas conversaciones de ascensor.
8. Cásate con una persona del sexo opuesto.
9. No tienes por qué saber historia, pero sí has de poder utilizarla. Cualquier peligro o controversia es comparable a “los peores momentos de la guerra civil / la dictadura / el nazismo / la Segunda Guerra Mundial / el estalinismo / la Cuba de Fidel” (según la ocasión y las preferencias). Da igual que no haya relación, lo importante es asustar y soliviantar a los propios en contra de los ajenos.
10. No hables de tus ideas: a nadie le importa si eres progresista, conservador, cristiano, ateo, ecologista, liberal… Eso pertenece a tu esfera privada. Es algo muy íntimo. Pero eso sí, cuéntale a todo el mundo de qué equipo de fútbol eres. No vaya a pensar nadie que no te gusta el fútbol.
11. Si tu equipo o la selección llega a alguna final, no trabajes y ve al campo. Lo primero es lo primero.
12. Busca fotos con líderes políticos internacionales, aunque no hables su idioma. Como estos restaurantes que cuelgan fotos de los famosos que han comido allí. Estrecha su mano y después comenta que “hemos tenido una conversación muy enriquecedora que fortalecerá los vínculos entre dos naciones aliadas”.
13. No tengas memoria: piensa que hoy puedes decir una cosa y dentro de seis meses la contraria, según lo que interese en cada momento. Es posible que algún listillo publique tu primera declaración, pero no te preocupes: a nadie le gustan los listillos.
14. Y tampoco te preocupes por tus memorias: te las escribirá otro y no las leerá nadie.
15. Recuerda que tus declaraciones son opiniones sensatas, expresadas con respeto y desde la moderación. Las declaraciones de la oposición son burdos ejemplos de demagogia.
16. Si alguien del partido de la oposición disiente de su líder es porque no están organizados de forma eficiente. Un caos. Si el que discrepa es de tu partido, es simplemente porque hay libertad y pensamiento crítico.
17. Cuando ocurra algo horrible, busca a alguien a quien culpar. Ha de ser fácilmente identificable, pero lo suficientemente difuso como para que el menor número posible de gente se sienta aludido. Por ejemplo, la culpa del paro puede ser del gobierno anterior, de las grandes empresas, de los sindicatos, de los funcionarios o de los propios parados que no están dispuestos a aceptar cualquier trabajo. Depende de lo que le interese a cada cual.
18. Pero no olvides que cuando te retires, necesitarás algún carguito majo, de estos de ir a firmar de vez en cuando y hacer alguna llamada telefónica, así que acuérdate de hacer algunos amigos.
19. En definitiva, lo importante es dormir bien por las noches. Y disfrutar de una reparadora siesta.

Si sigues estos consejos, lo tendrás algo más fácil para alcanzar la presidencia del gobierno. Se trata de un camino difícil y sacrificado, al final del cual le caerás mal a un montón de gente. Pero da igual, si quieres dedicarte a la política, es muy posible que ya le caigas mal a muchos antes de comenzar. Así que ya puestos, mejor oír los insultos desde tu coche oficial blindado y pedirle al chófer que suba el volumen de la música.

 

(Fuente de la imagen).

TEST: Cómo eres según tu superhéroe favorito

superman

No cabe duda de que los superhéroes están de moda. Quizás en tiempos como los que corren [INSERTE AQUÍ TRES O CUATRO FRASES SOBRE LA NECESIDAD DE HÉROES EN TIEMPOS DE CRISIS, UNA CRISIS QUE NO ES SÓLO ECONÓMICA]. Pero no todos son iguales, aunque predominen los huérfanos que tienen problemas para relacionarse con las mujeres. De hecho, quién es tu superhéroe favorito dice mucho de ti. Mucho más de lo que puedas imaginar:

Batman: Tienes un problema de sobrepeso, más de 30 años y vives con tus padres. Tu madre llora algunas noches pensando que no le vas a dar nietos y no puede olvidar a aquella novia que tuviste a los 22 y a la que casi besaste. Estudiaste informática o cualquier cosa parecida, no sé, una ingeniería, física, matemáticas… Cualquier carrera en la que hubiera un mínimo de siete chicos por cada chica. Jugabas a rol de adolescente y aunque ya lo dejaste hace no muchos años, sigues conservando tanto los libros, como los dados, como el acné. Dedicas al menos un par de horas diarias a los videojuegos, ya sea jugándolos o publicando críticas, pistas y guías en foros y en tu blog. Estás ahorrando para ir a la Comic-Con de San Diego disfrazado de Batman. Te van a despedir si sigues dibujando tu fanzine en el trabajo. Por cierto, en la oficina muchos piensan que un día te plantarás allí con una escopeta y te liarás a tiros.

Spiderman: Tienes un problema de sobrepeso, más de 30 años y vives con tus padres. Tu madre llora algunas noches pensando que no le vas a dar nietos y no puede olvidar a aquella novia que tuviste a los 22 y a la que casi besaste. Estudiaste informática o cualquier cosa parecida, no sé, una ingeniería, física, matemáticas… Cualquier carrera en la que hubiera un mínimo de siete chicos por cada chica. Jugabas a rol de adolescente y aunque ya lo dejaste hace no muchos años, sigues conservando tanto los libros, como los dados, como el acné. Dedicas al menos un par de horas diarias a los videojuegos, ya sea jugándolos o publicando críticas, pistas y guías en foros y en tu blog. Estás ahorrando para ir a la Comic-Con de San Diego disfrazado de Spiderman. Te van a despedir si sigues dibujando tu fanzine en el trabajo. Por cierto, en la oficina muchos piensan que un día te plantarás allí con una escopeta y te liarás a tiros.

Superman: Tienes un problema de sobrepeso, más de 30 años y vives con tus padres. Tu madre llora algunas noches pensando que no le vas a dar nietos y no puede olvidar a aquella novia que tuviste a los 22 y a la que casi besaste. Estudiaste informática o cualquier cosa parecida, no sé, una ingeniería, física, matemáticas… Cualquier carrera en la que hubiera un mínimo de siete chicos por cada chica. Jugabas a rol de adolescente y aunque ya lo dejaste hace no muchos años, sigues conservando tanto los libros, como los dados, como el acné. Dedicas al menos un par de horas diarias a los videojuegos, ya sea jugándolos o publicando críticas, pistas y guías en foros y en tu blog. Estás ahorrando para ir a la Comic-Con de San Diego disfrazado de Superman. Te van a despedir si sigues dibujando tu fanzine en el trabajo. Por cierto, en la oficina muchos piensan que un día te plantarás allí con una escopeta y te liarás a tiros. Eres gay.

Linterna verde: ¿Linterna verde? ¿En serio? ¿Eso existe? ¿Y si se junta con Destornillador azul, Martillo rojo y Llave inglesa morada forman el valiente grupo de superhéroes conocido como La caja de herramientas?

Lobezno: Tienes un problema de sobrepeso, más de 30 años y vives con tus padres. Tu madre llora algunas noches pensando que no le vas a dar nietos y no puede olvidar a aquella novia que tuviste a los 22 y a la que casi besaste. Estudiaste informática o cualquier cosa parecida, no sé, una ingeniería, física, matemáticas… Cualquier carrera en la que hubiera un mínimo de siete chicos por cada chica. Jugabas a rol de adolescente y aunque ya lo dejaste hace no muchos años, sigues conservando tanto los libros, como los dados, como el acné. Dedicas al menos un par de horas diarias a los videojuegos, ya sea jugándolos o publicando críticas, pistas y guías en foros y en tu blog. Estás ahorrando para ir a la Comic-Con de San Diego disfrazado de Lobezno. Te van a despedir si sigues dibujando tu fanzine en el trabajo. Por cierto, en la oficina muchos piensan que un día te plantarás allí con una escopeta y te liarás a tiros.

Catwoman: Tienes un problema de sobrepeso, más de 30 años y vives con tus padres. Tu madre llora algunas noches pensando que no le vas a dar nietos y no puede olvidar a aquel novio que tuviste a los 22 y al que casi besaste. Estudiaste informática o cualquier cosa parecida, no sé, una ingeniería, física… Cualquier carrera en la que hubiera un mínimo de siete chicos por cada chica. Jugabas a rol de adolescente y aunque ya lo dejaste hace años, sigues conservando tanto los libros, como los dados, como el acné. Dedicas al menos un par de horas diarias a los videojuegos, ya sea jugándolos o publicando críticas, pistas y guías en foros y en tu blog. Estás ahorrando para ir a la comic-con de San Diego disfrazada de Catwoman. Te van a despedir si sigues dibujando tu fanzine en el trabajo. Por cierto, en la oficina muchos piensan que un día te plantarás allí con una escopeta y te liarás a tiros.

Mi favorito es Batman y, guau, da hasta miedo lo mucho que acierta este test 🙂

Cosas tuyas

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A: ¡SOCORRO! ¡NO ME MATES!

B: ¿Yo? No sé de qué hablas…

A: ¡Me estás clavando un cuchillo en el pecho!

B: Pero qué dices, ¡esto es un peine!

A: ¡Basta, estoy sangrando!

B: Anda, exagerado.

A: ¡NO! ¡BAJA LA PISTOLA! ¡AAAAH! ¡ME HAS DADO EN LA BARRIGA! ¡AAAAAAH!

B: No digas tonterías, yo estoy aquí tan tranquilo, esperando al autobús, pensando en mis cosas.

A: ¡Pero si estamos en mi casa!

B: Yo no tengo la culpa de que el autobús pase por aquí. Reclama al ayuntamiento o a quien sea.

A: ¿Qué es eso? ¿Qué me das?

B: Agua.

A: Ah, gracias, veo que has entrado en razón… ¡Sabe amarga!

B: Es que el agua de grifo de Barcelona es un asco.

A: ¡Me has envenenado!

B: ¿¡Yo!? ¿Pero por qué dices eso? Me estás ofendiendo con estas acusaciones infundadas.

A: ¡Al menos hazlo rápido! ¡Basta ya de tanto sufrimiento! ¿Qué haces con esa cuerda?

B: Nada, nada; me estoy atando los zapatos.

A: ¿Pero tú crees que la lámpara aguantará?

B: Los zapatos, te digo.

A: ¡Ah! ¡Suéltame! ¡No! ¡No quiero morir ahorc…! Au… Te dije que no aguantaría.

B: ¿El qué?

A: Estoy sangrando por todas partes, tengo el estómago revuelto, me he torcido el tobillo, me has roto la lámpara…

B: En serio, no dices más que tonterías. ¿No tendrás fiebre?

A: ¡AH! ¡BASTA! ¡NO! ¡EN LA CARA, NO! ¡SUELTA LA SARTÉN!

B: Jajaja, qué humor más raro tienes.

A: Mif dientef…

B: Jajaja…

A: ¡Qué me estás echando! Huele a… ¿Es gasolina?

B: No, hombre, si fuera gasolina y te tirara esta cerilla por encima, arderías en llamas.

A: ¿Se puede arder en otra cosa que no sea llamas? ¡AAAAH! ¡AAAAAH! ¡QUEMA! ¡POR FAVOR! ¡AYÚDAME! ¡AAAAAH! ¡Aaaah…! Menos mal que rodando se ha apagado… Duele… Llama a una ambulancia, por favor. ¿Qué haces? ¿Dónde me llevas? Suéltame.

B: Yo no te llevo a ningún lado. Vas tú solo. Yo te sigo.

A: No, por la ventana, no. ¡No! ¡Para! ¡Aaaaah!

B: ¿Qué dices? No te oigo.

A: Jajaja… Vivo en un primero… Jajaja… Sólo me he roto las dos piernas y varias costillas.

B: En serio, no entiendo lo que me estás contando. ¿Te encuentras bien?

A: ¿Eso es mi piano?

B: ¿Un piano? No hombre, no, ¿qué haría yo con un piano?

A: ¡NO! ¡NO ME LO TIRES ENCIMA! ¡NO!

B: Deja de inventar cosas, que me estás preocupando.

A: Ha caído sobre el lado izquierdo. Aún sigo vivo. Me duele todo, excepto lo que ya no siento, pero sigo vivo. ¿Qué es eso?

B: El móvil.

A: ¿Le estás quitando la anilla a una granada?

B: Que no, que es el móvil. Me ha llegado un guadsap.

A: ¡Ah! ¡Socorro! ¡Señora, corra, es una granada! Ah no, era el móvil.

B: Si te lo estoy diciendo. Mira qué foto más graciosa me han enviado. Es un perro.

A: Ah, pues sí. Jejeje… Envíamela.

B: Voy.

A: ¡NO ERA UNA FOTO DE UN PERRO! ¡ERA UNA GRANADA! ¡AH! ¡SOCORRO!

(Se oye una explosión. Mueren A y la señora).

B: Anda, coño, si tenía razón él. Si le estaba asesinando. Anda. Fíjate.

(Fuente de la imagen).

Instrucciones para colgar un cuadro

diy

Para colgar un cuadro necesitarás:

-Un cuadro.

-Un clavo.

-Un agujero.

Es cierto que puedes hacerte un agujero a mano, pero lo más fácil es comprarse uno ya hecho. Se pueden adquirir en cualquier ferretería y vienen en packs de seis. Al fin y al cabo, también podrías fabricarte tus cuadros y tus clavos, pero la mayoría de la gente no lo hace. La civilización consiste en gran medida en la división del trabajo.

Hay tres o cuatro empresas importantes en el sector de los agujeros. Se encargan de fabricar agujeros para todo tipo de usos: para colgar cuadros, para el queso gruyère, para huir de prisiones, para tu camiseta favorita, para todo. También fabrican agujeros de gusano y agujeros negros, pero de esos no suelen tener en las ferreterías de barrio porque son más bien caros. En El Corte Inglés sí que hay. Sirven para colgar cuadros, pero en otras épocas o dimensiones.

El problema con los agujeros prefabricados es que si no los usas en un tiempo razonable (pongamos uno o dos meses), se dan de sí. Guardé los últimos cuatro que me sobraron en el cajón del escritorio y un día entré en el despacho y me encontré con que la mesa se había caído por uno de esos hoyos.

Fue muy complicado arreglar el lío: tuve que meter medio cuerpo en el agujero, abrir el cajón del escritorio, sacar el agujero y guardarlo en una bolsa. Después tuve que salir del agujero y de la bolsa, arrastrando la mesa. Y aún tenía que deshacerme de aquellos cuatro agujeros. Los llevé a un descampado, no sin dificultad (me caí un par de veces en uno de ellos) y los llené de tierra. Pero claro, al llenarlos de tierra, dejé otro hoyo enorme al lado.

Por suerte, un par de semanas más tarde me tocó la lotería y pude tapar ese agujero con billetes. Me sobró un poco de dinero y lo metí en un queso porque del queso me gusta todo menos los agujeros, que no me saben a nada.

Algunas retransmisiones deportivas sinceras

retransmisiones

Fútbol
Se pasan el balón en el centro del campo. Están todos quietos. Uno trota. Se para. Se vuelven a pasar el balón. Se lo pasan al otro equipo. Siguen paseándose por el centro del campo. Trotan. Uno camina. Se pasan el balón. Otra vez. Y otra. Otra más. Aún se lo pasan otra vez. Siguen. Siguen. La pelota se para. El portero grita algo. Un espectador insulta al árbitro. Los jugadores se pasan el balón en el centro del campo. Otro pase. Otro más. Se la pasan otra vez. Y otra. Una vez más. Pase atrás. Pase al frente. Pase al lado. Pase al otro lado. Pase al mismo lado del principio. Pase largo. Sale fuera. Un espectador le pega a otro. Alguien tira una moneda. Le da al portero, que se cae. Se para el juego veinte minutos. Se reanuda el juego. Se pasan el balón en el centro del campo.

Ciclismo
Están pedaleando. Avanzan todos juntos. Siguen pedaleando. Llevan tres horas así. Ahora hay dos que beben agua. Siguen pedaleando. Pedalean. Ahora hay una cuesta. Pedalean. Pedalean. Y, a ver… Sí, pedalean. Uno se deja llevar sin pedalear. Otro se rasca. Hay dos que hablan de sus cosas. Siguen pedaleando. Ahora cogen una curva. Uno adelanta a otro. El otro adelanta a uno. Pedalean. Sólo faltan dos horas para que acabe la etapa y esto está muy emocionante. Otro bebe agua. Pedalean, pedalean. Pedalean. Y parece que… Efectivamente, siguen pedaleando. Ahora una vista desde el helicóptero. Frase usando la expresión «serpiente multicolor». Pedalean. Uno come algo, desde aquí no se ve lo que es. Pedalean. Siguen pedaleando. Un poco más. Ni cuesta abajo dejan de pedalear. Bueno, esos de ahí, sí. Uno se ajusta la gorra. Pedalean.

Baloncesto
Diez monstruos de más de dos metros de altura, mandíbula desproporcionada y pelos en los hombros han encontrado una forma de que la gente les admire sin tener que arrancarle la cabeza a nadie.

Maratón urbana
-¿Cuándo les decimos que en metro tardarían veinte minutos en hacer el mismo recorrido?
-Espera, espera, que hace tiempo que no me reía tanto. Mira ese como suda. Apuesto cincuenta euros a que se desmaya en menos de diez minutos.

Fórmula 1
Han dado otra vuelta. Y otra. Parece que uno va a adelantar a otro. No, le está doblando. Ahora sí, el rojo está pegado. Sigue pegado. Está más pegado. Ahora se despega. Otra vuelta más. El rojo sigue pegado. Lo intenta. Sólo ha conseguido despegarse un poco. Sigue pegado. Uno para y cambia las ruedas. Sale. No adelanta a nadie. Uno se sale de la pista, pero no explota ni nada. El rojo sigue pegado. Más pegado. Más. Menos. Se pega mucho. Más. Parece que… No. Sigue pegado. Le va a adel… No. Se pega más. Se despega. Mantiene la pegazón. Se pega más. Un poco más. Menos. Más. Más. Menos. Otra vuelta. Está pegado. Se despega. Se pega más. Menos. Más. Faltan veinte vueltas, así que ya no merece la pena arriesgar y se despega un poco.

Tenis
Uno le da. Ahora le da el otro. Uno le da. Ahora le da el otro. Punto. Uno le da. Ahora le da el otro. Uno le da. Ahora le da el otro. Uno le da. Punto. Uno le da. Ahora le da el otro. Punto. Uno le da. Falta. Uno le da. Ahora le da el otro. Punto. Uno le da. Uno le da. Uno le da. Uno le da. Uno le da. ¡Eh, está haciendo trampas! Ahora le da el otro. Uno le da. Ahora le da el otro. Uno le da. Ahora le da el otro. Punto. Uno le da. Ahora le da el otro. Uno le da. Punto. Uno le da. Ahora le da el otro. Uno le da. Ahora le da el otro. Uno le da. Punto. Uno le da. Falta. Uno le da. Punto.

Atletismo
Corren. Van rápido. Llegan a la meta. Ha ganado el que se ha dopado más. O mejor. Todos morirán antes de cumplir los cincuenta.

 

(Fuente de la imagen).

(Originalmente publicado en La decadencia del ingenio).

19 trucos para ahorrar

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Desde que entramos en crisis en 1830, todos estamos buscando nuevas formas de ahorrar y controlar los gastos, ya sea porque nuestros ingresos se han visto reducidos o simplemente por miedo a que se vean recortados y no contar con unos ahorros que nos permitan aguantar los 70 años de recesión previstos por los más optimistas.

Como a estas alturas (estoy subido a un taburete) ya debería saber todo el mundo, soy un experto en economía y conozco muchas técnicas de ahorro que a lo mejor vosotros ignoráis, al ser unos iletrados y unos manirrotos. Os explico unos cuantos trucos fáciles de aplicar:

1. Compra marcas blancas y ahorra, por ejemplo, cuatro céntimos por cada kilo de arroz. Después de comprar 300 paquetes habrás reunido los 12 euros que te cuesta el primero de los siete gintonics de cada fin de semana.

2. Por cierto, siempre que voy de gintonics, me llevo la ensalada de casa.

3. Si gastas lo mismo, pero pagas con billetes pequeños, tu gasto es más pequeñito. Y es supermono.

4. De hecho, es mucho mejor tener cien billetes de cinco euros que uno de quinientos porque los puedes tirar en la cama y revolcarte desnudo sobre ellos. Con el de quinientos también lo puedes hacer, pero queda muy raro.

5. En enero suelen subir los precios, aprovechando que nadie mira. Yo me compro unos setenta cortados en diciembre y me los voy tomando tranquilamente para empezar el año sin tanto gasto.

6. Si te cuesta ahorrar, puedes empezar poco a poco. Por ejemplo, ahorrando una hora al día o comprando menos cosas que comiencen por la letra A.

7. Desde que no tengo coche, ahorro mucho en gasolina. Sólo me gasto unos treinta euros al mes en llenar el depósito de la bicicleta.

8. De hecho, aproveché que me deshacía del coche para renegociar el seguro y ahora pago un 20% menos.

9. Hay que estudiar bien la factura del móvil: puede que no estemos aprovechando las ventajas de la tarifa, que necesitemos cambiar de operadora o, mejor aún, apagarlo, guardarlo en un cajón, meter el armario en una furgoneta, conducir hasta un acantilado de la costa y tirarlo el armario al mar.

10. ¿Seguro que necesitas respirar tanto? Prueba a respirar más lento y así gastarás menos oxígeno.

11. Cuando veas por Facebook que ofrecen cachorritos en adopción, ¡aprovecha! ¡Podrás comer carne gratis!

12. No hace falta que bebas agua embotellada. El agua del grifo cumple todos los requisitos de salubridad y a tu vecino no le importará que te cueles en su casa saltando por el balcón para llenar las dos garrafas de ocho litros cada día.

13. Hablando de agua, yo no me ducho. Cojo a un gato de la calle y le obligo a lamerme.

14. Puedes ahorrar haciendo pan casero. Y tu propio queso. Y comprándote una vaca para la leche. También tengo un cerdo al que mataré para hacer mi propio jamón. Y en la bañera es donde preparo Jaibeer, mi cerveza artesana. En el recibidor tengo una plantación de algodón y lino para tejerme mis propias camisas. Y con esta impresora elaboraba mis billetes caseros, pero se ve que eso es ilegal, como aprendí después de pasar cuatro años en la cárcel.

15. Los packs de ahorro son un timo, tal y como le demostré al encargado de un supermercado.

Jaime: Oiga, que este pack de doce yogures vale cuatro euros, pero el de cuatro sólo vale dos. ¿Cómo se atreven a llamarlo pack de ahorro si cuesta el doble?
Encargado: No, verá, si compra doce, cada yogur le cuesta treinta y tres céntimos, pero si compra cuatro, el yogur le sale por cincuenta céntimos.
Jaime: CUESTA EL DOBLE.
Encargado: Piense que es como si le regaláramos cuatro.
Jaime: CUATRO ES EL DOBLE DE DOS. TENDRÍA QUE SER AL REVÉS. EL PACK DE AHORRO TENDRÍA QUE COSTAR DOS Y EL NORMAL, CUATRO.

Me echaron a patadas porque no les interesa que se sepa la verdad.

16. En vez de ir cada día de menú, puedes llevarte un tupper al trabajo. Los puedes comprar por menos de un euro. Eso sí, saben mucho a plástico.

17. Comprar ropa de otras temporadas o incluso de segunda mano no es más que un parche. Yo prefiero desenterrar tumbas y vestirme con la ropa de los cadáveres. Fíjate, toca la tela. Calidad. A este señor lo enterraron con el traje de su boda, no hay más que ver las elegantes chorreras de la camisa. Sí, huele raro, pero lo disimulo echándome encima medio litro de Nenuco.

18. En vez de salir a cenar y de copas, invitaba a mis amigos a casa, pero me cobraban por venir y darme conversación, así que preferí hacer lo de siempre: divertirme con ellos por los mejores bares de Barcelona. Además, siguen empeñados en jugar al divertidísimo “¿pero esta vez quién coño ha avisado a Jaime?” ¡Nadie! ¡Os sigo cada tarde y os observo con mis prismáticos! ¡Nunca me ganaréis! ¡Jajaja! ¡Aunque esto de llevarla siempre es muy injusto! ¡Podríamos turnarnos!

19. No sabes lo que te ahorras en cenas si tu novia es una muñeca hinchable o un maniquí que no querían en Zara porque el brazo izquierdo está un poco roto. Eso sí, es posible que no te dejen entrar en todos los restaurantes.

 

(Fuente de la imagen).

¿Te puedo preguntar una cosilla?

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-Hola, ¿te puedo preguntar una cosilla? Es que no nos aclaramos con este tema.

Me giro y veo que es Judith, de contabilidad, que viene con unos papeles debajo del brazo, y pienso, anda, qué bien, esta chica parece maja y, de hecho, está sonriendo y me mira con esos ojos tan grandes que tiene, y pienso que claro que la disculpo, que me puede preguntar lo que le dé la gana y mira, igual se lo digo así: “Por supuesto que te disculpo, sólo faltaría, ni que hubieras hecho algo malo”. O no, mejor le digo: “No te perdonaré jamás” y se reirá porque se lo diré medio sonriendo y porque seguro que tiene sentido del humor. No he hablado mucho con ella, pero esas cosas se notan. Pues bien, le diré eso y se reirá, pero después le echaré una mano con lo que me diga, cordial y sobre todo serio. Ojo, ahí es donde entra en juego mi astucia, porque le diré que hay un tema que no tengo claro. “Dame un minuto y te lo miro”. Será algo que en realidad ya sabré, pero esperaré diez minutos para explicárselo por mail. Porque así parecerá que le he dedicado más tiempo del que en realidad le he dedicado y además podré comenzar a enviarle mails sin que parezca que soy un psicópata. ¿Por qué iba a enviarle correos, si no? Así, con la coñita, un día le diré de tomar algo y me dirá que sí, claro, ¿por qué no? Al fin y al cabo, seré ese tipo tan majo que le envía mails desde que le solucionó aquel problema. El primer día no pasará nada, sólo unas cervezas, pero nos reiremos mucho y yo sabré que podría, pero no habré querido. Que sufra un poco, que dude, que piense que igual sólo quiero ser su amigo, que sólo somos compañeros de trabajo y no hay nada más. Pero la segunda vez, sí, la segunda vez la cerveza se alargará hasta un tapeo y ahí ya no perdonaré. Al día siguiente nos saludaremos en la oficina, disimulando y aguantándonos la risa, y le enviaré un mail bromeando sobre mis ojeras porque tuve que salir de su casa a las cinco de la mañana para pasar por la mía y cambiarme. Seguiremos viéndonos, primero a escondidas, pero al cabo de unos meses ya lo sabrá todo el mundo e incluso los compañeros me darán algún codazo de complicidad durante el café, al que yo responderé con una sonrisa azorada. Cuando nos asciendan a los dos, porque nos ascenderán, nos decidiremos a dar el paso y nos iremos a vivir juntos. Apenas unos meses después, por qué no, nos casaremos y nos iremos de viaje de novios a Nueva Zelanda, que a ella siempre le ha hecho gracia. Al volver ella recibirá una oferta para trabajar en otro sitio, mucho mejor pagado, y la aceptará. Lo cual será un alivio para los dos porque ya estaremos un poco cansados de vernos a todas horas cada día, aunque no nos atreveremos a confesarlo. De todas formas, todo irá bien, al menos hasta que nazca el bebé. Ojo, que querremos mucho a Rebeca, pero entre una cosa y otra, las tensiones irán en aumento: yo no querré renunciar a mi independencia y a mis cervezas con mis amigos, mientras que ella lo tendrá cada vez más difícil para hacerse cargo del trabajo y de la cría, y más teniendo en cuenta que mis padres viven fuera de Barcelona y que su madre no estará ya muy bien de salud, por lo que no podremos recurrir a los abuelos para hacer de niñeros. Reconozco que yo no haré un gran esfuerzo por adaptarme, que me comportaré como un egoísta, pero también hay que decir que ella ya no será la Judith con la que me habré casado… No, espera, no está bien que le eche la culpa: eso no es más que una excusa, no es más que lo que me diré a mi mismo cuando me esté tomando una primera cerveza, al salir del trabajo, con la nueva abogada, una chica que habrá acabado de entrar, una morena con mucho sentido del humor (también) a la que yo haré caso porque soy imbécil y porque siempre lo echo todo a perder. Pero ya será tarde para lamentaciones, porque me estaré vistiendo en su casa y mientras baje en el ascensor le enviaré un mensaje a Judith diciéndole que ya salgo de la oficina, menudo lío de última hora, donde ella sabrá que ya no estoy porque como no cogía el móvil y la niña está enferma, habrá llamado y ya le habrán dicho que me fui hace como tres o cuatro horas.

Miro a Judith, que sostiene sus papeles, aguantando la sonrisa, probablemente sin saber si no la he oído o si simplemente soy subnormal.

Me pongo de pie. La abrazo.

-Lo siento, Judith, pero no te puedo echar una mano. Sé que ahora no lo entiendes, pero lo hago por tu bien.

Y me voy al baño a llorar.

(Fuente de la imagen).