19 trucos para ahorrar

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Desde que entramos en crisis en 1830, todos estamos buscando nuevas formas de ahorrar y controlar los gastos, ya sea porque nuestros ingresos se han visto reducidos o simplemente por miedo a que se vean recortados y no contar con unos ahorros que nos permitan aguantar los 70 años de recesión previstos por los más optimistas.

Como a estas alturas (estoy subido a un taburete) ya debería saber todo el mundo, soy un experto en economía y conozco muchas técnicas de ahorro que a lo mejor vosotros ignoráis, al ser unos iletrados y unos manirrotos. Os explico unos cuantos trucos fáciles de aplicar:

1. Compra marcas blancas y ahorra, por ejemplo, cuatro céntimos por cada kilo de arroz. Después de comprar 300 paquetes habrás reunido los 12 euros que te cuesta el primero de los siete gintonics de cada fin de semana.

2. Por cierto, siempre que voy de gintonics, me llevo la ensalada de casa.

3. Si gastas lo mismo, pero pagas con billetes pequeños, tu gasto es más pequeñito. Y es supermono.

4. De hecho, es mucho mejor tener cien billetes de cinco euros que uno de quinientos porque los puedes tirar en la cama y revolcarte desnudo sobre ellos. Con el de quinientos también lo puedes hacer, pero queda muy raro.

5. En enero suelen subir los precios, aprovechando que nadie mira. Yo me compro unos setenta cortados en diciembre y me los voy tomando tranquilamente para empezar el año sin tanto gasto.

6. Si te cuesta ahorrar, puedes empezar poco a poco. Por ejemplo, ahorrando una hora al día o comprando menos cosas que comiencen por la letra A.

7. Desde que no tengo coche, ahorro mucho en gasolina. Sólo me gasto unos treinta euros al mes en llenar el depósito de la bicicleta.

8. De hecho, aproveché que me deshacía del coche para renegociar el seguro y ahora pago un 20% menos.

9. Hay que estudiar bien la factura del móvil: puede que no estemos aprovechando las ventajas de la tarifa, que necesitemos cambiar de operadora o, mejor aún, apagarlo, guardarlo en un cajón, meter el armario en una furgoneta, conducir hasta un acantilado de la costa y tirarlo el armario al mar.

10. ¿Seguro que necesitas respirar tanto? Prueba a respirar más lento y así gastarás menos oxígeno.

11. Cuando veas por Facebook que ofrecen cachorritos en adopción, ¡aprovecha! ¡Podrás comer carne gratis!

12. No hace falta que bebas agua embotellada. El agua del grifo cumple todos los requisitos de salubridad y a tu vecino no le importará que te cueles en su casa saltando por el balcón para llenar las dos garrafas de ocho litros cada día.

13. Hablando de agua, yo no me ducho. Cojo a un gato de la calle y le obligo a lamerme.

14. Puedes ahorrar haciendo pan casero. Y tu propio queso. Y comprándote una vaca para la leche. También tengo un cerdo al que mataré para hacer mi propio jamón. Y en la bañera es donde preparo Jaibeer, mi cerveza artesana. En el recibidor tengo una plantación de algodón y lino para tejerme mis propias camisas. Y con esta impresora elaboraba mis billetes caseros, pero se ve que eso es ilegal, como aprendí después de pasar cuatro años en la cárcel.

15. Los packs de ahorro son un timo, tal y como le demostré al encargado de un supermercado.

Jaime: Oiga, que este pack de doce yogures vale cuatro euros, pero el de cuatro sólo vale dos. ¿Cómo se atreven a llamarlo pack de ahorro si cuesta el doble?
Encargado: No, verá, si compra doce, cada yogur le cuesta treinta y tres céntimos, pero si compra cuatro, el yogur le sale por cincuenta céntimos.
Jaime: CUESTA EL DOBLE.
Encargado: Piense que es como si le regaláramos cuatro.
Jaime: CUATRO ES EL DOBLE DE DOS. TENDRÍA QUE SER AL REVÉS. EL PACK DE AHORRO TENDRÍA QUE COSTAR DOS Y EL NORMAL, CUATRO.

Me echaron a patadas porque no les interesa que se sepa la verdad.

16. En vez de ir cada día de menú, puedes llevarte un tupper al trabajo. Los puedes comprar por menos de un euro. Eso sí, saben mucho a plástico.

17. Comprar ropa de otras temporadas o incluso de segunda mano no es más que un parche. Yo prefiero desenterrar tumbas y vestirme con la ropa de los cadáveres. Fíjate, toca la tela. Calidad. A este señor lo enterraron con el traje de su boda, no hay más que ver las elegantes chorreras de la camisa. Sí, huele raro, pero lo disimulo echándome encima medio litro de Nenuco.

18. En vez de salir a cenar y de copas, invitaba a mis amigos a casa, pero me cobraban por venir y darme conversación, así que preferí hacer lo de siempre: divertirme con ellos por los mejores bares de Barcelona. Además, siguen empeñados en jugar al divertidísimo “¿pero esta vez quién coño ha avisado a Jaime?” ¡Nadie! ¡Os sigo cada tarde y os observo con mis prismáticos! ¡Nunca me ganaréis! ¡Jajaja! ¡Aunque esto de llevarla siempre es muy injusto! ¡Podríamos turnarnos!

19. No sabes lo que te ahorras en cenas si tu novia es una muñeca hinchable o un maniquí que no querían en Zara porque el brazo izquierdo está un poco roto. Eso sí, es posible que no te dejen entrar en todos los restaurantes.

 

(Fuente de la imagen).

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¿Te puedo preguntar una cosilla?

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-Hola, ¿te puedo preguntar una cosilla? Es que no nos aclaramos con este tema.

Me giro y veo que es Judith, de contabilidad, que viene con unos papeles debajo del brazo, y pienso, anda, qué bien, esta chica parece maja y, de hecho, está sonriendo y me mira con esos ojos tan grandes que tiene, y pienso que claro que la disculpo, que me puede preguntar lo que le dé la gana y mira, igual se lo digo así: “Por supuesto que te disculpo, sólo faltaría, ni que hubieras hecho algo malo”. O no, mejor le digo: “No te perdonaré jamás” y se reirá porque se lo diré medio sonriendo y porque seguro que tiene sentido del humor. No he hablado mucho con ella, pero esas cosas se notan. Pues bien, le diré eso y se reirá, pero después le echaré una mano con lo que me diga, cordial y sobre todo serio. Ojo, ahí es donde entra en juego mi astucia, porque le diré que hay un tema que no tengo claro. “Dame un minuto y te lo miro”. Será algo que en realidad ya sabré, pero esperaré diez minutos para explicárselo por mail. Porque así parecerá que le he dedicado más tiempo del que en realidad le he dedicado y además podré comenzar a enviarle mails sin que parezca que soy un psicópata. ¿Por qué iba a enviarle correos, si no? Así, con la coñita, un día le diré de tomar algo y me dirá que sí, claro, ¿por qué no? Al fin y al cabo, seré ese tipo tan majo que le envía mails desde que le solucionó aquel problema. El primer día no pasará nada, sólo unas cervezas, pero nos reiremos mucho y yo sabré que podría, pero no habré querido. Que sufra un poco, que dude, que piense que igual sólo quiero ser su amigo, que sólo somos compañeros de trabajo y no hay nada más. Pero la segunda vez, sí, la segunda vez la cerveza se alargará hasta un tapeo y ahí ya no perdonaré. Al día siguiente nos saludaremos en la oficina, disimulando y aguantándonos la risa, y le enviaré un mail bromeando sobre mis ojeras porque tuve que salir de su casa a las cinco de la mañana para pasar por la mía y cambiarme. Seguiremos viéndonos, primero a escondidas, pero al cabo de unos meses ya lo sabrá todo el mundo e incluso los compañeros me darán algún codazo de complicidad durante el café, al que yo responderé con una sonrisa azorada. Cuando nos asciendan a los dos, porque nos ascenderán, nos decidiremos a dar el paso y nos iremos a vivir juntos. Apenas unos meses después, por qué no, nos casaremos y nos iremos de viaje de novios a Nueva Zelanda, que a ella siempre le ha hecho gracia. Al volver ella recibirá una oferta para trabajar en otro sitio, mucho mejor pagado, y la aceptará. Lo cual será un alivio para los dos porque ya estaremos un poco cansados de vernos a todas horas cada día, aunque no nos atreveremos a confesarlo. De todas formas, todo irá bien, al menos hasta que nazca el bebé. Ojo, que querremos mucho a Rebeca, pero entre una cosa y otra, las tensiones irán en aumento: yo no querré renunciar a mi independencia y a mis cervezas con mis amigos, mientras que ella lo tendrá cada vez más difícil para hacerse cargo del trabajo y de la cría, y más teniendo en cuenta que mis padres viven fuera de Barcelona y que su madre no estará ya muy bien de salud, por lo que no podremos recurrir a los abuelos para hacer de niñeros. Reconozco que yo no haré un gran esfuerzo por adaptarme, que me comportaré como un egoísta, pero también hay que decir que ella ya no será la Judith con la que me habré casado… No, espera, no está bien que le eche la culpa: eso no es más que una excusa, no es más que lo que me diré a mi mismo cuando me esté tomando una primera cerveza, al salir del trabajo, con la nueva abogada, una chica que habrá acabado de entrar, una morena con mucho sentido del humor (también) a la que yo haré caso porque soy imbécil y porque siempre lo echo todo a perder. Pero ya será tarde para lamentaciones, porque me estaré vistiendo en su casa y mientras baje en el ascensor le enviaré un mensaje a Judith diciéndole que ya salgo de la oficina, menudo lío de última hora, donde ella sabrá que ya no estoy porque como no cogía el móvil y la niña está enferma, habrá llamado y ya le habrán dicho que me fui hace como tres o cuatro horas.

Miro a Judith, que sostiene sus papeles, aguantando la sonrisa, probablemente sin saber si no la he oído o si simplemente soy subnormal.

Me pongo de pie. La abrazo.

-Lo siento, Judith, pero no te puedo echar una mano. Sé que ahora no lo entiendes, pero lo hago por tu bien.

Y me voy al baño a llorar.

(Fuente de la imagen).

Ideas para un negocio

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Yo también quiero ser emprendedor: montar una empresa con un nombre parte en español, parte en inglés y parte en una lengua muerta, como Consultalia o Improvención, dar charlas sobre cómo emprender cosas y actuar como si “emprendedor” no fuera sólo una mala traducción de “entrepreneur”, es decir, empresario. Soy consciente de que para “emprender” no hace falta más que eso, un buen nombre y hablar mucho sobre el proceso de “emprendimiento”, pero me gustaría ir más allá y que mi empresa hiciera algo. Sí, lo sé, soy un revolucionario. Me compré una libreta para ir anotando todas mis IDEAS PARA UN NEGOCIO. Estoy dudando entre estas:

  • Heredar veintiséis millones de euros (a lo mejor más, tengo que hacer cálculos).
  • Si no puedo heredar veintiséis millones de euros, podría comprarlos, PERO POR MENOS (veinte millones, por ejemplo) y luego venderlos POR MÁS (no menos de treinta).
  • Fundar la Coca-Cola. Podría ser también el Banco Santander o Movistar, por ejemplo.
  • Ganar la lotería.
  • Un día me encontré un billete de diez euros por la calle: ENCONTRAR MÁS.
  • Debería inventar algo que pudiera usar todo el mundo. El inventor del agua debe estar forrado, por ejemplo.
  • ¿Y si invento una especie de cabina telefónica con ruedas, para que la gente pueda llamar por teléfono desde donde quiera?
  • Quizás podría inventar un líquido que al beberlo provocara buen humor, incluso euforia, pero luego depresión, finalmente sueño y, al despertar, dolor de cabeza y náuseas.
  • No sé, no parece buena idea. ¿Quién pagaría por lo primero, sabiendo que luego viene todo lo demás?
  • Pedir un euro a cada español.
  • De hecho, si cada español le diera un euro a cada español, todos tendríamos 47 millones de euros. Acabaríamos con la crisis y seríamos millonarios. El problema es que no nos damos cuenta de que podríamos hacer mucho más si trabajáramos unidos. Mucho egoísmo y mucha envidia es lo que hay.
  • Casas a domicilio. Le enviamos la casa que quiera a su residencia.
  • Comida de segunda mano. Vende todas esas paellas y helados que ya comiste y que no te gustaron tanto como para volverlos a usar.
  • Personal shopper para pobres, acompañando a gente al Mercadona para elegir mejor las conservas.
  • ¿No tiene tiempo para echar una siesta? ¡Nosotros lo hacemos por usted!
  • Bonsáis a tamaño natural. Son como bonsáis, pero miden lo mismo que un árbol normal.
  • ¡Clonamos a su cactus! (Clonar cactus debe ser más barato que clonar animales o personas).
  • Hay gente que necesita órganos para vivir. No se pueden comprar y vender órganos humanos. Por tanto, vender órganos musicales a gente que espera un trasplante.
  • Hay países que llevan muchos años con sus banderas. ¿No viene siendo hora de rediseñarlas?
  • Inventar una palabra, como gunufreta, y cobrar derechos de autor cada vez que alguien la use. Como resulta imposible saber quién la usa y quién no, cobrar una tasa anual a todo el mundo.
  • Debería ser una palabra que todos necesitáramos, para evitar reclamaciones. Así que gunufreta (es un ejemplo) debería tener un significado IMPORTANTE. Digamos que gunufreta significa SÍ. Todo el mundo necesita decir que sí en algún momento, ¿verdad? La respuesta es GUNUFRETA.
  • Soy un puto genio.
  • Comercializar lámparas maravillosas. ¿Quién no querría que se le concedieran tres deseos?
  • ¿Y por qué no CUATRO deseos? (Importante: así nos diferenciamos de la competencia).
  • Lámparas premium: hasta diez deseos al mes por un fijo mensual. Con permanencia mínima. Los deseos no usados se pierden. Como lágrimas en el mar.
  • Me voy a forrar.
  • Otra idea para un negocio: forrarme. Eso da mucho dinero.
  • ¿Pierdes mucho tiempo en internet? ¡Nosotros lo localizamos y te lo devolvemos!
  • ¿Se podrá buscar en Google el tiempo que perdemos en internet?
  • Un internet paralelo, en el que todo es casi igual, pero hay pequeñas diferencias. En el internet paralelo, Yahoo le ganó la batalla a Google, nadie está en Facebook porque la red social de moda es una versión renovada de IRC, en Twitter se pueden usar hasta 200 caracteres y Napster todavía existe.
  • El internet paralelo es en 3D y te puedes descargar OBJETOS. Objetos pequeños, nada más allá de una taza o un libro, pero objetos, al fin y al cabo.
  • De hecho, en el internet paralelo los buscadores también te encuentran las gafas, las llaves, el paraguas y el amor de tu vida.
  • En el internet paralelo, Amazon se llama Nile.

Mi hija aún no ha vuelto a casa

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Son las cuatro de la mañana y no puedo dormir porque mi hija aún no ha llegado a casa. Puede que sea el clásico padre paranoico que siempre se pone en lo peor. Sí, tal vez debería relajarme. Seguro que no le ha pasado nada: esta es una ciudad segura y ella es una chica sensata. Sin embargo, no puedo evitar preocuparme. Y aquí estoy, sentado en el sofá, pensando incluso en hacerme un café porque ya no creo que pueda conciliar el sueño hasta que llegue.

Lo malo es que aún tardará bastante en abrir la puerta, preguntarme qué hago despierto y acostarse. Todavía tengo que conocer a su madre, por ejemplo, y eso me puede llevar, pongamos, un año (a lo mejor menos, a lo mejor más). También debería salir con ella durante un tiempo, para conocernos antes de casarnos y formar una familia. Pongamos que estamos tres años de novios. Es una cifra aproximada, por hacer un cálculo y saber cuánto más tengo que quedarme despierto, claro, no es algo matemático. Luego a lo mejor pasan otros dos años antes de que nos lancemos a tener hijos. Por decir algo, insisto: esto no se puede planificar al minuto. Y después de que ella nazca, tendremos que criarla y mantenerla viva varios años más hasta que comience a salir de noche, evidentemente, ya que la niña no se irá de bares en pañales.

Es decir, así a ojo, aún quedan unos veinticinco años para que mi hija vuelva a casa. Tal vez veintidós. Pero a lo mejor treinta, vete a saber.

Con lo que sí, igual debería tranquilizarme y dejar de temer accidentes de tráfico y violaciones. Seguro que dentro de veinticinco años vuelve a casa tan tranquila, después de haberlo pasado bien con sus amigos. Probablemente incluso le moleste encontrarme aquí sentado, en pijama, esperándola. Pero tiene que comprenderlo. Los padres somos así. Siempre sufriendo por si a nuestros hijos les pasa algo.

Creo que me haré ese café.

(Fuente de la imagen).

Recién nacido fallece después de vivir durante 91 años

Portrait

Prosigue la plaga de muertes de bebés en nuestra ciudad: ayer fallecieron diecisiete recién nacidos, después de haber vivido entre 63 y 91 años. Este último caso es especialmente triste: los médicos estuvieron cuidando de este bebé durante más de nueve décadas, pero no pudieron hacer nada para salvarle. Deja tres huérfanos y cinco nietos. Su esposa, aquejada también de haber nacido, murió hace tres años, habiendo cumplido los 82.

“No sabemos qué hacer -explica el doctor Gutiérrez-. Por algún motivo, la gente sigue muriéndose después de nacer. Siempre falla algo: o es una enfermedad, o es un camión, o es un cuchillo muy largo, pero no hemos podido salvar a ningún bebé”.

“¿Para qué traer niños al mundo? -Se preguntaba, consternado, el líder de la oposición durante una sesión del parlamento que trataba este tema-. Al final se acaban muriendo todos. ¿Y qué hace el gobierno para evitarlo? NADA”.

El Ministro de Sanidad ha anunciado una batería de medidas: “Aún no tengo clara las medidas porque me la tienen que traer y tengo que medirla, pero es una batería. Y al ser un objeto físico, tiene medidas. Está compuesta por tres tambores, un bombo y dos platillos en total. Calculo que será así de ancha y así de alta más o menos. Es una típica para aprender. Es mi primer año en el cargo”.

Medidas de una batería
Según ha podido averiguar este cronista, una batería típica dispone de las siguientes piezas y medidas, en pulgadas:

Bombo: 22×16
Caja: 14×5,5
Dos toms: 15×12
Tom base: 16×16
Platillo: 16
Hi-hat: 14

Di NO a las pulgadas
Mientras escribía esta crónica, varios miles de ciudadanos se han agolpado a las puertas del ministerio, en protesta por las medidas de la batería: “Vivimos en un país católico -ha explicado a este periodista el portavoz del movimiento popular Vivir en Centímetros– y no tenemos por qué sufrir unidades de medidas anglosajonas. ¡Yo no fui a la guerra para esto!”

“Es la guerra, ¿sabe?”
P: ¿Y para qué fue a la guerra?
R: Vengo de familia de militares y en mi hogar siempre se nos inculcó que defender la patria es el más alto honor al que puede aspirar una persona. Por eso me alisté. Y por eso no dudé ni un instante cuando me llegó la notificación de que tenía que ir al frente.
P: Pero usted desertó, ¿no es cierto?
R: Exacto. Y no dudé ni por un instante que eso era lo que tenía que hacer. Me puse a correr como un loco, en pijama, mientras me perseguían dos policías militares y una banda tocando la música de Benny Hill.
P: Le alcanzaron y en apenas dos semanas estaba en un portaaviones, dirigiéndose al frente.
R: Ridículo, ¿verdad? Es decir, ¿qué hacía yo en un portaaviones? Soy una persona, no un avión.
P: Se lo tengo que preguntar: ¿mató a alguien?
R: (Mira al horizonte. Suspira.) Es una pregunta muy dura.
P: Soy consciente. Si no quiere responder, lo entiendo.
R: Es la guerra, ¿sabe? Y en la guerra hay que hacer cosas de las que uno más tarde se arrepiente, como llorar escondido en un agujero o ponerse detrás del recluta gordo cuando los malos comienzan a disparar.
P: Claro.
R: Se lo diré: no, no maté a nadie. Estaba demasiado ocupado haciéndome el muerto.
P: ¿Qué aprendió de esa experiencia?
R: Francés. Me apunté a clases.
P: Dígame algo en francés.
R: Quelque chose.

(Fuente de la imagen).

En el súper

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Llego con el carrito a la caja y comienzo a amontonar la comida: el pan, la leche, las manzanas, los yogures, el queso. La cajera empieza a pasar los productos, y sigo con los pimientos, la berenjena, los champiñones, las uvas, el zumo de melocotón, y ella va pasando y al marcar el precio se oye un pip, y continúo con el zumo de naranja, los filetes, las pechugas, el café y la cajera pasando y el pip sonando. Vacío el carro y agarro una bolsa de plástico para ir guardando las cosas, mientras oigo pip, pip y más pip. La bolsa no se abre, ahora sí, ya está, y vamos metiéndolo todo por orden, primero la leche, luego el queso, pero la chica va muy rápido y se amontona todo; cojo otra bolsa y agarro como puedo la carne y los huevos, y los meto de cualquier manera, ¿no se habrán roto? La chica ya ha acabado de pasar la comida y dice veintiocho con cincuenta, pero yo aún no he guardado ni la mitad de lo que traía y tengo una bolsa en una mano y el pan de molde en la otra. No sé si pagar o acabar de guardar la comida, ¿veinticuántos con qué? El labio inferior comienza a temblarme y la señora que está detrás de mí en la cola me mira muy enfadada, con el morro muy arrugado; la chica espera, pero yo sigo quieto y el labio me tiembla más deprisa, hasta que hablo y digo un minuto más, treinta segundos y lo acabo todo, de verdad, por favor, sólo un minuto, no me miréis así todos, un momento, pero el labio ya me tiembla demasiado y me pongo a llorar.

Pero nada. Son cuatro sollozos. Ya está. Qué tontería. Me seco los ojos con las mangas de la camisa. Ya pasó. Saco la cartera y le tiendo la tarjeta de crédito a la cajera. Veintiloquesea con lo que haga falta. Y deja de mirarme así, que todo esto es por tu culpa.

Fuente de la imagen.

La caja sorpresa

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A: Condeno al acusado a 20 años de cárcel por asesinato. A no ser que prefiera lo que pueda haber en LA CAJA SORPRESA.
B: ¿Cómo?
Público: ¡La caja, elige la caja!
A: ¿Qué prefiere? ¿Ir a lo seguro y quedarse con los 20 años de cárcel? ¿O arriesgarse y optar por LA CAJA SORPRESA?
B: ¿Pero cómo que una caja sorpresa?
A: LA CAJA SORPRESA puede contener cualquier cosa. Cinco años de cárcel. La libertad. Un gato muerto. Un gato vivo. Un gato muerto y vivo.
B: ¿Pero eso es legal?
Público: ¡La caja! ¡La caja!
A: Claro que también puede contener la cadena perpetua. O la pena de muerte. O un libro de José María Aznar.
B: Yo soy inocente y…
A: Ahora ya es tarde para eso: ha sido juzgado y declarado culpable. ¿Con qué se queda? ¿Los veinte años o LA CAJA SORPRESA?
B: Esto no me parece serio.
Público: ¡LA CAJA!
A: Veo que está indeciso. Pues se lo voy a poner incluso más difícil. ¿Y si le ofrezco una tercera opción? ¿Y si le dejo elegir entre los veinte años, LA CAJA SORPRESA y LO QUE HAYA DETRÁS DE ESTA PUERTA?
B: Pero…
Público: ¡LA CAJA! ¡LA PUERTA! ¡LA CAJA, LA CAJA! ¡NO, LA PUERTA!
A: Detrás de esa puerta podría estar la libertad, una guillotina, una cabra… ¡Cualquier cosa!
B: No sé, creo que prefiero los veinte años…
Público: ¡NO, NO! ¡LA PUERTA! ¡LA CAJA! ¡NO! ¡LA CAJA! ¡LA PUERTA, LA PUERTA!
A: ¿Está seguro? Mire que veinte años son muchos. Y los tendrá que hacer seguidos.
B: Ya, pero es que esto no me parece ni medio normal.
A: Piénselo bien.
Público: ¡LA CAJA, HIJO DE LA GRAN PUTA, ESCOGE LA CAJA! ¡LA PUERTA, IMBÉCIL, QUE PARECES IMBÉCIL!
B: De acuerdo, pues me quedo la puerta.
A: ¿Seguro?
B: No, pero bueno.
A: La puerta a la una, la puerta a las dos…
B: Sí, sí, la puerta.
A: La puerta a las tres, ¡adjudicada!
(El público aplaude enfervorecido).
A: Venga conmigo. Vamos a abrir la puerta. Ha costado llegar a esta decisión.
B: Ya…
A: ¿Qué le gustaría que hubiera? ¿La libertad?
B: O la paz en el mundo.
A: ¡Podría ser! ¡Ni yo sé lo que hay detrás de la puerta! ¿Listo?
B: Adelante.
A: ¡Allá vamos!
B: Hay… Hay una caja.
A: LO QUE HAYA DETRÁS DE LA PUERTA es LA CAJA SORPRESA. Ha ganado usted LA CAJA SORPRESA.
(Más aplausos).
B: Pero…
A: Ábrala, ábrala.
B: Hay… Dentro de la caja hay… Hay un agujero.
A: Efectivamente, dentro de LA CAJA SORPRESA está el agujero de Bankia. ¡Ha ganado usted el agujero de Bankia!
B: No lo pillo.
A: El agujero de Bankia. Bankia es la caja sorpresa. Bankia es una caja. Una caja de ahorros. Y la sorpresa es que dentro de Bankia hay un agujero. Un agujero que cuesta miles de millones.
B: Ah…
A: ¡ES QUE SI SE EXPLICA PIERDE TODA LA GRACIA!
B: Perdón.

(Fuente de la imagen.)