Acerca de las justas críticas de la CEOE a la pereza de los asalariados

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José de la Cavada, responsable de relaciones laborales de la CEOE, ha criticado que se concedan hasta cuatro días de permiso cuando fallece un familiar directo y hay que ir a enterrarle lejos de donde uno vive. Es una excusa muy barata porque nadie entierra a sus familiares. Sólo nos quedamos ahí de pie, mirando como otros señores hacen todo el trabajo. Nuestra asistencia es inútil. Somos los empresarios de los funerales.

En todo caso, De la Cavada tiene razón: la actual legislación laboral tiene muchos huecos que son continuamente aprovechados por empleados vagos y sin escrúpulos. Por ejemplo:

– Las empresas están medio vacías porque los empleados están continuamente asesinando a todos los familiares que viven lejos sólo para poder disfrutar de cuatro días de permiso.

– Conozco a muchas parejas que se han casado para tener los quince días de vacaciones. Cada cierto tiempo se divorcian y después se vuelven a casar para tener otros quince días.

– Ojo, que también hay bodas entre amiguetes para hacer un viaje en plan colegas a costa de la empresa o simplemente tener dos semanas de fiesta cada uno. El matrimonio homosexual ha agravado esta costumbre, aunque hay que reconocer que ya estaba muy extendida desde hace años.

– Muchas parejas tienen hijos para disfrutar del permiso de paternidad y maternidad, por no hablar de las visitas al ginecólogo. Cuando se cansan del niño, estos comunistas lo matan y lo entierran. A ser posible, bien lejos, para tener cuatro días de permiso y no sólo dos.

– Cuando se termina el amor, muchos prefieren asesinar a su pareja en lugar de divorciarse, para tener, de nuevo, dos o cuatro días de fiesta. Es importante darse prisa para ser el criminal y no la víctima.

– Combinando bodas, divorcios, nacimientos y asesinatos, hay gente que acaba trabajando dos o tres meses al año, como mucho.

– Es más, un antiguo compañero de trabajo no sólo mató a su pareja, sino que tuvo la desfachatez de pedirse una baja por depresión con la excusa, claro, de que su esposa había fallecido.

– Y ojo, que si pillan a alguien por uno de estos crímenes, sigue impune, porque si le citan judicialmente, puede faltar al trabajo sin consecuencias.

También hay un día de permiso por mudanza. Como todo el mundo sabe, la burbuja inmobiliaria no fue debida a que los empresarios no tuvieran visión de futuro y los bancos no supieran hacer su trabajo. No: la burbuja se debió a que muchos trabajadores comenzaron a comprar y a vender casas como locos para disfrutar de ese día de asueto extra. Una amiga mía se mudó cada semana durante un año para trabajar sólo de lunes a jueves.

– ¿Y qué hay del derecho a voto? El derecho a voto no es más que una concesión de los partidos políticos a los sindicatos para que quienes trabajan en domingo puedan escaquearse unas horas. La gente puede votar en su tiempo libre. O por correo. Es cuestión de planificarse. O de eliminar el derecho a voto. ¿Para qué quiere votar todo el mundo? No tiene sentido. Cuánta más gente vote, menos valor tiene cada voto, por lo que la democracia pierde fuerza si todo el mundo puede acceder a ella.

Los abusos de las bajas por enfermedad son aún peores. Todos conocemos a alguien que ha viajado a Fukushima para volver con cáncer y poder pillarse la baja.

– Las excusas no quedan ahí. ¿Quién no se ha disparado alguna vez en la cabeza para no ir a trabajar? Al fin y al cabo, nadie te hará ir a la oficina una vez muerto. Vale, hace unos años mi jefe obligó a un compañero a venir a trabajar después de haberse suicidado. Fue un poco desagradable porque se pasó las horas comiendo cerebros, pero sin duda fue una decisión justa.

– Lo reconozco: en una ocasión yo llamé al trabajo dando un aviso de bomba para no tener que ir. Y para que nadie descubriera que era mentira, detoné varios kilos de explosivos de verdad. Pasaron tres semanas hasta que nos reubicamos en otras oficinas. Y sólo murieron siete personas. Mereció la pena. Ocho ya me hubiera sabido mal.

Está claro: si reducimos drásticamente estos permisos innecesarios, no sólo mejorará la productividad de nuestras empresas, sino que prácticamente eliminaremos la criminalidad en España. De hecho, por poco que investiguemos veremos claro que Gerardo Díaz Ferrán, presidente de la CEOE entre 2007 y 2010, simplemente acabó en la cárcel porque sus trabajadores no rindieron lo suficiente. Y el propio De la Cavada fue multado sólo por intentar desenmascarar a los asesinos que había infiltrados en su plantilla.

Héroes. Son héroes.

 

(Fuente de la imagen).

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Piensa como un asesino

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El inspector me miró a los ojos y después de darle otra calada al cigarrillo, me dijo:

-Si queremos capturar al asesino, tendremos que pensar como un asesino.

Me acaricié la barbilla mientras meditaba la frase que había acabado de pronunciar mi mentor. ¿Qué haría el asesino si estuviera en un callejón a oscuras con el inspector que quería arrestarle?

Saqué la Smith & Wesson con la que mi padre había servido al cuerpo durante diecisiete años (hasta que le descubrieron vendiendo droga incautada) y disparé al inspector casi a bocajarro. Cayó al suelo, muy enfadado.

-¿PERO QUÉ…? -Su rostro estaba hinchado por la ira y por la dificultad para respirar mientras intentaba soportar el dolor. Tenía las manos llenas de sangre, apretadas contra la herida del estómago.
-Me dijo que pensara como un asesino, inspector.
-¡ERES UN RETRASADO!
-Un retrasado que piensa como un asesino, inspector.
-Eres más imbécil que el inútil de tu padre.
-¿Y ahora qué debo hacer, inspector?
-¿Eh?
-Ya he pensado como un asesino. ¿Cómo debo proseguir la investigación, inspector?
-LLAMA A UNA AMBULANCIA, GILIPOLLAS.
-No me gusta el tono que está usando conmigo, inspector.
-¡Me estoy… Me estoy desangrando, anormal!
-Ah, ya lo tengo.

Me agaché y le quité la cartera.

-¿AHORA QUÉ COÑO HACES, TARADO?
-Es que el asesino también robó a la víctima, inspector. Así que estoy pensando como un asesino que además roba -sonreí muy satisfecho mientras le quitaba el dinero y las tarjetas y tiraba el resto al suelo.
-PERO LLAMA A UN MÉDICO.
-Un asesino no haría eso, inspector. Claro que un ladrón a lo mejor sí. ¿Pero a quién quiero atrapar? ¿Al asesino o al ladrón?
-Subnormal… Te voy a…

Vi que buscaba algo en el bolsillo. Le pegué una patada en el brazo.

-¿Qué hace, inspector?
-¡Estoy buscando el móvil! ¡Necesito ir a un hospital!
-No puedo dejarle hacer eso, inspector. Un asesino no lo permitiría.
-¡Ahora tienes que pensar como un policía!
-¡Alto! ¡Policía! -Me apunté con la pistola.
-¿Qué haces?
-Me estoy arrestando, inspector. ¡El juego ha terminado!
-¿Pero qué coño haces?
-¡Baja el arma o disparo! ¡NUNCA! ¡Baja el arma, te digo! ¡No me atraparéis con vida! ¡Estás rodeado! ¡Tengo al inspector!
-No me apuntes, gilipollas.
-¡Soltadle! ¡Ni hablar, es mi seguro de vida!
-¡Espera! ¡Ahora debes pensar como un civil!
-¡AAAAH! ¡ESTOY EN MEDIO DE UN FUEGO CRUZADO!
-¡Llama a la policía! ¡Es lo que haría un civil!
-¡Jajaja…! ¡Ya no necesito al inspector! ¡Tengo a un civil como rehén! ¡Maldita sea!
-¿Qué haces? ¿Dónde vas?
-Estoy huyendo con un civil como rehén y he salido en mi persecución, inspector.

Durante mi secuestro, huida y persecución pensé también (por orden) como un taxista, como un fugitivo que huye a Laos con un pasaporte falso, como un emigrante, como un policía extranjero que no recibe la colaboración de las fuerzas locales para atraparse a sí mismo a pesar de que la vida de un civil corre peligro y también como un señor que se ha enamorado de una joven laosiana. Después pensé como un extranjero que le pide a un laosiano la mano de su hija, como un europeo sorprendido porque resulta que la joven laosiana en realidad era la madre del laosiano, como un tipo que huye de quien podría haber sido su suegro, que al parecer ha malinterpretado sus intenciones, y como un amante que se reúne en secreto con la madre del laosiano porque SE AMAN.

Por desgracia, nos arrestaron y extraditaron a los doce. El inspector ya había muerto. Nunca pude decirle que su consejo DE MIERDA no me sirvió de nada. Nunca atrapé al asesino.

 

(Fuente de la imagen).

Outfit para el Sunday

Os presento mi outfit para este Sunday, con el que comienzo mi andadura como bloguero de moda. Se trata de un pantalón de pijama en grey que mi madre compró en el Carrefour cuando se llamaba Pryca. Los catorce agujeros le dan un toque boho chic que me parece perfecto para este día de la week. El top es una camiseta navy de manga short en la que se puede apreciar una mancha de black coffee. Lo complemento con un kleenex usado que como no tengo bolsillos he tirado sobre el sofá.

Se trata de un outfit cómodo, pero cool, para el glamour relajado de esos domingos de comer peanuts tirado en el chaise longue. Como veis, el color nude de los trozos de cáscara que se me han caído encima contrastan con el navy, logrando un efecto total dandruff.

El calzado es importante y no hay que olvidarlo never, ni siquiera en un outfit tan casual como este que I’m wearing: llevo unas havaianas en pink que regalaban con no recuerdo qué magazine hará como tres o cuatro years y que están un poco rotas de aquí, ¿ves? Están como a punto de soltarse, pero bueno, siguen dándole un touch atrevido e irónico al outfit.

También llevo unas gafas sucias, pero es que sólo tengo el kleenex usado a mano y claro, no es plan de limpiarlas con eso, que va a ser worse el remedy que la disease.

Le haría una foto al outfit, para que you can check lo trendy que es, pero he comido too much peanuts y me duele la barriga y no me puedo levantar. Pero os hacéis una idea del look, que es ideal para ir por home y además sale apañadito of price, que en times como los que run, esto es importante.

Outfit:

  • Pijama grey del Carrefour cuando se llamaba Pryca. Tres por 995 pesetas.
  • Camiseta navy vieja. Creo que la compré en las rebajas de 2005 o 2006. 4,95 euros, pongamos.
  • Havaianas de regalo. No recuerdo la revista, pero ponle 3 euros.
  • Kleenex del Mercadona. Es un pack de 30 paquetes por 2 euros, me parece. No sé, está bien.
  • Un kilo de peanuts del paki. No me acuerdo de cuánto costó porque compré más things y tiré el ticket.

19 trucos para ahorrar

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Desde que entramos en crisis en 1830, todos estamos buscando nuevas formas de ahorrar y controlar los gastos, ya sea porque nuestros ingresos se han visto reducidos o simplemente por miedo a que se vean recortados y no contar con unos ahorros que nos permitan aguantar los 70 años de recesión previstos por los más optimistas.

Como a estas alturas (estoy subido a un taburete) ya debería saber todo el mundo, soy un experto en economía y conozco muchas técnicas de ahorro que a lo mejor vosotros ignoráis, al ser unos iletrados y unos manirrotos. Os explico unos cuantos trucos fáciles de aplicar:

1. Compra marcas blancas y ahorra, por ejemplo, cuatro céntimos por cada kilo de arroz. Después de comprar 300 paquetes habrás reunido los 12 euros que te cuesta el primero de los siete gintonics de cada fin de semana.

2. Por cierto, siempre que voy de gintonics, me llevo la ensalada de casa.

3. Si gastas lo mismo, pero pagas con billetes pequeños, tu gasto es más pequeñito. Y es supermono.

4. De hecho, es mucho mejor tener cien billetes de cinco euros que uno de quinientos porque los puedes tirar en la cama y revolcarte desnudo sobre ellos. Con el de quinientos también lo puedes hacer, pero queda muy raro.

5. En enero suelen subir los precios, aprovechando que nadie mira. Yo me compro unos setenta cortados en diciembre y me los voy tomando tranquilamente para empezar el año sin tanto gasto.

6. Si te cuesta ahorrar, puedes empezar poco a poco. Por ejemplo, ahorrando una hora al día o comprando menos cosas que comiencen por la letra A.

7. Desde que no tengo coche, ahorro mucho en gasolina. Sólo me gasto unos treinta euros al mes en llenar el depósito de la bicicleta.

8. De hecho, aproveché que me deshacía del coche para renegociar el seguro y ahora pago un 20% menos.

9. Hay que estudiar bien la factura del móvil: puede que no estemos aprovechando las ventajas de la tarifa, que necesitemos cambiar de operadora o, mejor aún, apagarlo, guardarlo en un cajón, meter el armario en una furgoneta, conducir hasta un acantilado de la costa y tirarlo el armario al mar.

10. ¿Seguro que necesitas respirar tanto? Prueba a respirar más lento y así gastarás menos oxígeno.

11. Cuando veas por Facebook que ofrecen cachorritos en adopción, ¡aprovecha! ¡Podrás comer carne gratis!

12. No hace falta que bebas agua embotellada. El agua del grifo cumple todos los requisitos de salubridad y a tu vecino no le importará que te cueles en su casa saltando por el balcón para llenar las dos garrafas de ocho litros cada día.

13. Hablando de agua, yo no me ducho. Cojo a un gato de la calle y le obligo a lamerme.

14. Puedes ahorrar haciendo pan casero. Y tu propio queso. Y comprándote una vaca para la leche. También tengo un cerdo al que mataré para hacer mi propio jamón. Y en la bañera es donde preparo Jaibeer, mi cerveza artesana. En el recibidor tengo una plantación de algodón y lino para tejerme mis propias camisas. Y con esta impresora elaboraba mis billetes caseros, pero se ve que eso es ilegal, como aprendí después de pasar cuatro años en la cárcel.

15. Los packs de ahorro son un timo, tal y como le demostré al encargado de un supermercado.

Jaime: Oiga, que este pack de doce yogures vale cuatro euros, pero el de cuatro sólo vale dos. ¿Cómo se atreven a llamarlo pack de ahorro si cuesta el doble?
Encargado: No, verá, si compra doce, cada yogur le cuesta treinta y tres céntimos, pero si compra cuatro, el yogur le sale por cincuenta céntimos.
Jaime: CUESTA EL DOBLE.
Encargado: Piense que es como si le regaláramos cuatro.
Jaime: CUATRO ES EL DOBLE DE DOS. TENDRÍA QUE SER AL REVÉS. EL PACK DE AHORRO TENDRÍA QUE COSTAR DOS Y EL NORMAL, CUATRO.

Me echaron a patadas porque no les interesa que se sepa la verdad.

16. En vez de ir cada día de menú, puedes llevarte un tupper al trabajo. Los puedes comprar por menos de un euro. Eso sí, saben mucho a plástico.

17. Comprar ropa de otras temporadas o incluso de segunda mano no es más que un parche. Yo prefiero desenterrar tumbas y vestirme con la ropa de los cadáveres. Fíjate, toca la tela. Calidad. A este señor lo enterraron con el traje de su boda, no hay más que ver las elegantes chorreras de la camisa. Sí, huele raro, pero lo disimulo echándome encima medio litro de Nenuco.

18. En vez de salir a cenar y de copas, invitaba a mis amigos a casa, pero me cobraban por venir y darme conversación, así que preferí hacer lo de siempre: divertirme con ellos por los mejores bares de Barcelona. Además, siguen empeñados en jugar al divertidísimo “¿pero esta vez quién coño ha avisado a Jaime?” ¡Nadie! ¡Os sigo cada tarde y os observo con mis prismáticos! ¡Nunca me ganaréis! ¡Jajaja! ¡Aunque esto de llevarla siempre es muy injusto! ¡Podríamos turnarnos!

19. No sabes lo que te ahorras en cenas si tu novia es una muñeca hinchable o un maniquí que no querían en Zara porque el brazo izquierdo está un poco roto. Eso sí, es posible que no te dejen entrar en todos los restaurantes.

 

(Fuente de la imagen).

¿Te puedo preguntar una cosilla?

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-Hola, ¿te puedo preguntar una cosilla? Es que no nos aclaramos con este tema.

Me giro y veo que es Judith, de contabilidad, que viene con unos papeles debajo del brazo, y pienso, anda, qué bien, esta chica parece maja y, de hecho, está sonriendo y me mira con esos ojos tan grandes que tiene, y pienso que claro que la disculpo, que me puede preguntar lo que le dé la gana y mira, igual se lo digo así: “Por supuesto que te disculpo, sólo faltaría, ni que hubieras hecho algo malo”. O no, mejor le digo: “No te perdonaré jamás” y se reirá porque se lo diré medio sonriendo y porque seguro que tiene sentido del humor. No he hablado mucho con ella, pero esas cosas se notan. Pues bien, le diré eso y se reirá, pero después le echaré una mano con lo que me diga, cordial y sobre todo serio. Ojo, ahí es donde entra en juego mi astucia, porque le diré que hay un tema que no tengo claro. “Dame un minuto y te lo miro”. Será algo que en realidad ya sabré, pero esperaré diez minutos para explicárselo por mail. Porque así parecerá que le he dedicado más tiempo del que en realidad le he dedicado y además podré comenzar a enviarle mails sin que parezca que soy un psicópata. ¿Por qué iba a enviarle correos, si no? Así, con la coñita, un día le diré de tomar algo y me dirá que sí, claro, ¿por qué no? Al fin y al cabo, seré ese tipo tan majo que le envía mails desde que le solucionó aquel problema. El primer día no pasará nada, sólo unas cervezas, pero nos reiremos mucho y yo sabré que podría, pero no habré querido. Que sufra un poco, que dude, que piense que igual sólo quiero ser su amigo, que sólo somos compañeros de trabajo y no hay nada más. Pero la segunda vez, sí, la segunda vez la cerveza se alargará hasta un tapeo y ahí ya no perdonaré. Al día siguiente nos saludaremos en la oficina, disimulando y aguantándonos la risa, y le enviaré un mail bromeando sobre mis ojeras porque tuve que salir de su casa a las cinco de la mañana para pasar por la mía y cambiarme. Seguiremos viéndonos, primero a escondidas, pero al cabo de unos meses ya lo sabrá todo el mundo e incluso los compañeros me darán algún codazo de complicidad durante el café, al que yo responderé con una sonrisa azorada. Cuando nos asciendan a los dos, porque nos ascenderán, nos decidiremos a dar el paso y nos iremos a vivir juntos. Apenas unos meses después, por qué no, nos casaremos y nos iremos de viaje de novios a Nueva Zelanda, que a ella siempre le ha hecho gracia. Al volver ella recibirá una oferta para trabajar en otro sitio, mucho mejor pagado, y la aceptará. Lo cual será un alivio para los dos porque ya estaremos un poco cansados de vernos a todas horas cada día, aunque no nos atreveremos a confesarlo. De todas formas, todo irá bien, al menos hasta que nazca el bebé. Ojo, que querremos mucho a Rebeca, pero entre una cosa y otra, las tensiones irán en aumento: yo no querré renunciar a mi independencia y a mis cervezas con mis amigos, mientras que ella lo tendrá cada vez más difícil para hacerse cargo del trabajo y de la cría, y más teniendo en cuenta que mis padres viven fuera de Barcelona y que su madre no estará ya muy bien de salud, por lo que no podremos recurrir a los abuelos para hacer de niñeros. Reconozco que yo no haré un gran esfuerzo por adaptarme, que me comportaré como un egoísta, pero también hay que decir que ella ya no será la Judith con la que me habré casado… No, espera, no está bien que le eche la culpa: eso no es más que una excusa, no es más que lo que me diré a mi mismo cuando me esté tomando una primera cerveza, al salir del trabajo, con la nueva abogada, una chica que habrá acabado de entrar, una morena con mucho sentido del humor (también) a la que yo haré caso porque soy imbécil y porque siempre lo echo todo a perder. Pero ya será tarde para lamentaciones, porque me estaré vistiendo en su casa y mientras baje en el ascensor le enviaré un mensaje a Judith diciéndole que ya salgo de la oficina, menudo lío de última hora, donde ella sabrá que ya no estoy porque como no cogía el móvil y la niña está enferma, habrá llamado y ya le habrán dicho que me fui hace como tres o cuatro horas.

Miro a Judith, que sostiene sus papeles, aguantando la sonrisa, probablemente sin saber si no la he oído o si simplemente soy subnormal.

Me pongo de pie. La abrazo.

-Lo siento, Judith, pero no te puedo echar una mano. Sé que ahora no lo entiendes, pero lo hago por tu bien.

Y me voy al baño a llorar.

(Fuente de la imagen).

Colmillos venenosos

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A: Buenas, venía a devolver este juguete.

B: Claro, ¿qué le ocurre?

A: Verá, es que pone que es una araña de plástico con colmillos venenosos. Y ahora mi hijo está muerto.

B: Aham… ¿Y cuál es el problema?

A: A ver, es una araña de plástico. Con colmillos. Y los colmillos tienen veneno de verdad.

B: Claro, lo pone en la caja.

A: Pero es un juguete para niños. ¿Por qué ponen veneno en un juguete para niños?

B: Para niños de entre 6 y 12 años.

A: Sí… Mi pobre Alfredito tenía 7 años de nada…

B: Es decir, niños que saben leer.

A: ¿Cómo?

B: A ver, es que usted mismo lo ha dicho, lo pone en la caja: “Araña monstruosa con colmillos venenosos”.

A: Pero es un juguete. Los juguetes no son venenosos. Hacen ver que lo son, pero en realidad no lo son.

B: No sé qué decirle, es que está muy claro.

A: Creía que era un reclamo publicitario.

B: ¿Un reclamo publicitario? ¡Era una advertencia!

A: ¿Pero a quién se le ocurre ponerle veneno a un juguete?

B: Así es más divertido. Los niños quieren juguetes realistas. Para jugar a ser mayores. Y de esta forma  aprenden acerca de los riesgos con los que se pueden encontrar cada día.

A: ¡Y ahora mi hijo está muerto!

B: Claro, es que usted tendría que haberle avisado. Mira, Luisito…

A: Alfredito.

B: Perdón. Mira, Alfonsito, esta araña tiene veneno, así que cuidado con los colmillos. Colmillos CACA.

A: ¿Y no sería más fácil poner colmillos de goma SIN veneno?

B: El problema que tienen los padres de hoy en día y perdone que sea Franco y me subleve contra el orden constitucional iniciando una Guerra Civil básicamente porque no respeto la voluntad de los ciudadanos y me falta un huevo… Ay, disculpe, que me he equivocado. Quería decir que el problema de los padres de hoy en día y perdone que sea franco, es que ustedes rehúyen sus responsabilidades. Pretenden aparcar a los niños delante de la tele o con algún juguete moderno para no tener que perder el tiempo educándolos.

A: Es que llego tarde a casa… Mi mujer también trabaja mucho… Estamos cansados, compréndalo…

B: Ya, si yo lo comprendo, pero no le eche la culpa al juguete. Lo decía bien claro. En la caja. Colmillos venenosos. Mire, vamos a hacer una cosa. ¿Tiene más hijos?

A: Una niña. De cinco.

B: Pues le vendo esta muñeca con un descuento del treinta por ciento. Es perfecta. Come papillitas y llora…

A: Aquí pone que también hace pipí. Y que el pipí es ácido de batería.

B: Efectivamente.

A: ¿No tiene nada más seguro?

B: ¿Qué le parece este juego de construcción? Con los bloques puede construir una casa. ¡O lo que imagine!

A: Aquí pone que dos de los ladrillos son de dinamita y explotan al colocarlos.

B: Jajaja… Sí…

A: ¿No tiene nada que no sea mortal?

B: Es que es lo que está de moda… Mire, por ejemplo, esto es lo último que nos llega de Estados Unidos.

A: ¿Es una pistola? Parece de verdad.

B: Es de verdad. El juego consiste en que usted la esconde y los niños la tienen que buscar. Hay dos niveles de dificultad: cargada o sin cargar.

A: Me sigue pareciendo muy peligroso.

B: También tengo una botella de lejía.

A: No, es igual, déjelo.

B: Y este juego de manualidades. ¡Incluye sierra eléctrica!

A: Gracias, buenas tardes.

B: ¡Eh! ¡Oiga! ¡Se deja la araña! ¡Oiga!

Ideas para un negocio

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Yo también quiero ser emprendedor: montar una empresa con un nombre parte en español, parte en inglés y parte en una lengua muerta, como Consultalia o Improvención, dar charlas sobre cómo emprender cosas y actuar como si “emprendedor” no fuera sólo una mala traducción de “entrepreneur”, es decir, empresario. Soy consciente de que para “emprender” no hace falta más que eso, un buen nombre y hablar mucho sobre el proceso de “emprendimiento”, pero me gustaría ir más allá y que mi empresa hiciera algo. Sí, lo sé, soy un revolucionario. Me compré una libreta para ir anotando todas mis IDEAS PARA UN NEGOCIO. Estoy dudando entre estas:

  • Heredar veintiséis millones de euros (a lo mejor más, tengo que hacer cálculos).
  • Si no puedo heredar veintiséis millones de euros, podría comprarlos, PERO POR MENOS (veinte millones, por ejemplo) y luego venderlos POR MÁS (no menos de treinta).
  • Fundar la Coca-Cola. Podría ser también el Banco Santander o Movistar, por ejemplo.
  • Ganar la lotería.
  • Un día me encontré un billete de diez euros por la calle: ENCONTRAR MÁS.
  • Debería inventar algo que pudiera usar todo el mundo. El inventor del agua debe estar forrado, por ejemplo.
  • ¿Y si invento una especie de cabina telefónica con ruedas, para que la gente pueda llamar por teléfono desde donde quiera?
  • Quizás podría inventar un líquido que al beberlo provocara buen humor, incluso euforia, pero luego depresión, finalmente sueño y, al despertar, dolor de cabeza y náuseas.
  • No sé, no parece buena idea. ¿Quién pagaría por lo primero, sabiendo que luego viene todo lo demás?
  • Pedir un euro a cada español.
  • De hecho, si cada español le diera un euro a cada español, todos tendríamos 47 millones de euros. Acabaríamos con la crisis y seríamos millonarios. El problema es que no nos damos cuenta de que podríamos hacer mucho más si trabajáramos unidos. Mucho egoísmo y mucha envidia es lo que hay.
  • Casas a domicilio. Le enviamos la casa que quiera a su residencia.
  • Comida de segunda mano. Vende todas esas paellas y helados que ya comiste y que no te gustaron tanto como para volverlos a usar.
  • Personal shopper para pobres, acompañando a gente al Mercadona para elegir mejor las conservas.
  • ¿No tiene tiempo para echar una siesta? ¡Nosotros lo hacemos por usted!
  • Bonsáis a tamaño natural. Son como bonsáis, pero miden lo mismo que un árbol normal.
  • ¡Clonamos a su cactus! (Clonar cactus debe ser más barato que clonar animales o personas).
  • Hay gente que necesita órganos para vivir. No se pueden comprar y vender órganos humanos. Por tanto, vender órganos musicales a gente que espera un trasplante.
  • Hay países que llevan muchos años con sus banderas. ¿No viene siendo hora de rediseñarlas?
  • Inventar una palabra, como gunufreta, y cobrar derechos de autor cada vez que alguien la use. Como resulta imposible saber quién la usa y quién no, cobrar una tasa anual a todo el mundo.
  • Debería ser una palabra que todos necesitáramos, para evitar reclamaciones. Así que gunufreta (es un ejemplo) debería tener un significado IMPORTANTE. Digamos que gunufreta significa SÍ. Todo el mundo necesita decir que sí en algún momento, ¿verdad? La respuesta es GUNUFRETA.
  • Soy un puto genio.
  • Comercializar lámparas maravillosas. ¿Quién no querría que se le concedieran tres deseos?
  • ¿Y por qué no CUATRO deseos? (Importante: así nos diferenciamos de la competencia).
  • Lámparas premium: hasta diez deseos al mes por un fijo mensual. Con permanencia mínima. Los deseos no usados se pierden. Como lágrimas en el mar.
  • Me voy a forrar.
  • Otra idea para un negocio: forrarme. Eso da mucho dinero.
  • ¿Pierdes mucho tiempo en internet? ¡Nosotros lo localizamos y te lo devolvemos!
  • ¿Se podrá buscar en Google el tiempo que perdemos en internet?
  • Un internet paralelo, en el que todo es casi igual, pero hay pequeñas diferencias. En el internet paralelo, Yahoo le ganó la batalla a Google, nadie está en Facebook porque la red social de moda es una versión renovada de IRC, en Twitter se pueden usar hasta 200 caracteres y Napster todavía existe.
  • El internet paralelo es en 3D y te puedes descargar OBJETOS. Objetos pequeños, nada más allá de una taza o un libro, pero objetos, al fin y al cabo.
  • De hecho, en el internet paralelo los buscadores también te encuentran las gafas, las llaves, el paraguas y el amor de tu vida.
  • En el internet paralelo, Amazon se llama Nile.