En el súper

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Llego con el carrito a la caja y comienzo a amontonar la comida: el pan, la leche, las manzanas, los yogures, el queso. La cajera empieza a pasar los productos, y sigo con los pimientos, la berenjena, los champiñones, las uvas, el zumo de melocotón, y ella va pasando y al marcar el precio se oye un pip, y continúo con el zumo de naranja, los filetes, las pechugas, el café y la cajera pasando y el pip sonando. Vacío el carro y agarro una bolsa de plástico para ir guardando las cosas, mientras oigo pip, pip y más pip. La bolsa no se abre, ahora sí, ya está, y vamos metiéndolo todo por orden, primero la leche, luego el queso, pero la chica va muy rápido y se amontona todo; cojo otra bolsa y agarro como puedo la carne y los huevos, y los meto de cualquier manera, ¿no se habrán roto? La chica ya ha acabado de pasar la comida y dice veintiocho con cincuenta, pero yo aún no he guardado ni la mitad de lo que traía y tengo una bolsa en una mano y el pan de molde en la otra. No sé si pagar o acabar de guardar la comida, ¿veinticuántos con qué? El labio inferior comienza a temblarme y la señora que está detrás de mí en la cola me mira muy enfadada, con el morro muy arrugado; la chica espera, pero yo sigo quieto y el labio me tiembla más deprisa, hasta que hablo y digo un minuto más, treinta segundos y lo acabo todo, de verdad, por favor, sólo un minuto, no me miréis así todos, un momento, pero el labio ya me tiembla demasiado y me pongo a llorar.

Pero nada. Son cuatro sollozos. Ya está. Qué tontería. Me seco los ojos con las mangas de la camisa. Ya pasó. Saco la cartera y le tiendo la tarjeta de crédito a la cajera. Veintiloquesea con lo que haga falta. Y deja de mirarme así, que todo esto es por tu culpa.

Fuente de la imagen.

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3 comentarios en “En el súper

  1. Demonios. Cómo lo entiendo. A mí se me caen las monedas, digo “ta pego con trajeta” y pongo los huevos (los de gallina, los que compro) debajo de la botella de dos litros de Día-Cola.

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