En el súper

super

Llego con el carrito a la caja y comienzo a amontonar la comida: el pan, la leche, las manzanas, los yogures, el queso. La cajera empieza a pasar los productos, y sigo con los pimientos, la berenjena, los champiñones, las uvas, el zumo de melocotón, y ella va pasando y al marcar el precio se oye un pip, y continúo con el zumo de naranja, los filetes, las pechugas, el café y la cajera pasando y el pip sonando. Vacío el carro y agarro una bolsa de plástico para ir guardando las cosas, mientras oigo pip, pip y más pip. La bolsa no se abre, ahora sí, ya está, y vamos metiéndolo todo por orden, primero la leche, luego el queso, pero la chica va muy rápido y se amontona todo; cojo otra bolsa y agarro como puedo la carne y los huevos, y los meto de cualquier manera, ¿no se habrán roto? La chica ya ha acabado de pasar la comida y dice veintiocho con cincuenta, pero yo aún no he guardado ni la mitad de lo que traía y tengo una bolsa en una mano y el pan de molde en la otra. No sé si pagar o acabar de guardar la comida, ¿veinticuántos con qué? El labio inferior comienza a temblarme y la señora que está detrás de mí en la cola me mira muy enfadada, con el morro muy arrugado; la chica espera, pero yo sigo quieto y el labio me tiembla más deprisa, hasta que hablo y digo un minuto más, treinta segundos y lo acabo todo, de verdad, por favor, sólo un minuto, no me miréis así todos, un momento, pero el labio ya me tiembla demasiado y me pongo a llorar.

Pero nada. Son cuatro sollozos. Ya está. Qué tontería. Me seco los ojos con las mangas de la camisa. Ya pasó. Saco la cartera y le tiendo la tarjeta de crédito a la cajera. Veintiloquesea con lo que haga falta. Y deja de mirarme así, que todo esto es por tu culpa.

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La publicidad tendría que funcionar así

radio

Lo ideal sería que cuando la publicidad te preguntara una cosa tú le pudieras responder que no y que cambiara de tema en seguida.

Me explico con un ejemplo:

ANUNCIO DE TELEVISIÓN: ¿QUIERE USTED PERDER PESO?

Jaime: No, gracias.

A: Pero…

J: En serio, gracias, estoy bien.

A: No sé, igual esa lorcilla, esos cuarenta y siete kilitos de más.

J: Lo tengo controlado. ¿Podemos seguir con la programación habitual?

A: Ni siquiera has oído lo que tengo que ofrecerte. En un sistema realmente bueno.

J: Es que no me interesa, gracias.

A: No hace falta que dejes de comer nada.

J: Por favor, no insistas.

A: Tengo incluso varios ejemplos del antes y del después para mostrarte. En estas fotos se ve claramente que nuestra propuesta no tiene nada que ver con otras similares. ¡Nuestro método funciona!

J: En serio, agradezco el esfuerzo, pero me gustaría seguir viendo la tele.

A: Verás, voy a comisión por cada venta y tengo una mujer y dos hijos.

J: No te rebajes así, hombre. Además, no vas a conseguir nada, excepto herir tu dignidad.

A: Lo único que digo es que escuches lo que tengo que decir y luego tú ya decides libremente.

J: La decisión ya está tomada. Lo siento, no es nada personal. Es que no me interesa lo que vendes.

A: Pero…

J: Quizás otro día, quizás otro producto. Pero hoy no.

A: Vale, vale…

J: No te lo tomes como algo personal. Es tu trabajo. Deberías estar acostumbrado.

A: No, si ya… Pero es que estos meses están siendo muy difíciles.

J: La crisis.

A: Sí, la crisis.

J: Son ciclos. Ya volverán los buenos tiempos.

A: Imagino que sí.

J: ¿Entonces?

A: Sí, perdona. Dos anuncios más y vuelve la película.

J: Gracias.

OTRO ANUNCIO DE TELEVISIÓN: ¿Quiere saber cuál es el secreto de esta ropa TAN BLANCA?

J: No.

O: ¿Seguro?

J: Sí, seguro.

O: Mira que la ropa está blanquísima.

J: Ya, pero…

O: Y huele muy bien. Eso no te lo puedo enseñar, pero hay una imagen de un prado verdísimo, bajo un cielo muy azul, que transmite parcialmente la sensación de frescura que proporciona este detergente.

J: No me interesa. Además, tengo un montón de detergente. Ayer mismo compré.

O: Bueno, para la próxima vez. Te lo apuntas.

J: Uso la marca blanca del súper. Todos son iguales.

O: Este no. Nueva fórmula para un blanco tan nuclear QUE ES RADIOACTIVO.

J: He dicho que no.

O: Está bien, está bien…

J: Es que estáis muy pesados hoy.

O: Es nuestro trabajo, ¿sabes? Podrías mostrar un poco de respeto.

J: Venga, va, poned la peli.

O: Espera, que todavía falta uno.

Pues así, más o menos, es como tendría que funcionar la publicidad.

La caja sorpresa

juicio

A: Condeno al acusado a 20 años de cárcel por asesinato. A no ser que prefiera lo que pueda haber en LA CAJA SORPRESA.
B: ¿Cómo?
Público: ¡La caja, elige la caja!
A: ¿Qué prefiere? ¿Ir a lo seguro y quedarse con los 20 años de cárcel? ¿O arriesgarse y optar por LA CAJA SORPRESA?
B: ¿Pero cómo que una caja sorpresa?
A: LA CAJA SORPRESA puede contener cualquier cosa. Cinco años de cárcel. La libertad. Un gato muerto. Un gato vivo. Un gato muerto y vivo.
B: ¿Pero eso es legal?
Público: ¡La caja! ¡La caja!
A: Claro que también puede contener la cadena perpetua. O la pena de muerte. O un libro de José María Aznar.
B: Yo soy inocente y…
A: Ahora ya es tarde para eso: ha sido juzgado y declarado culpable. ¿Con qué se queda? ¿Los veinte años o LA CAJA SORPRESA?
B: Esto no me parece serio.
Público: ¡LA CAJA!
A: Veo que está indeciso. Pues se lo voy a poner incluso más difícil. ¿Y si le ofrezco una tercera opción? ¿Y si le dejo elegir entre los veinte años, LA CAJA SORPRESA y LO QUE HAYA DETRÁS DE ESTA PUERTA?
B: Pero…
Público: ¡LA CAJA! ¡LA PUERTA! ¡LA CAJA, LA CAJA! ¡NO, LA PUERTA!
A: Detrás de esa puerta podría estar la libertad, una guillotina, una cabra… ¡Cualquier cosa!
B: No sé, creo que prefiero los veinte años…
Público: ¡NO, NO! ¡LA PUERTA! ¡LA CAJA! ¡NO! ¡LA CAJA! ¡LA PUERTA, LA PUERTA!
A: ¿Está seguro? Mire que veinte años son muchos. Y los tendrá que hacer seguidos.
B: Ya, pero es que esto no me parece ni medio normal.
A: Piénselo bien.
Público: ¡LA CAJA, HIJO DE LA GRAN PUTA, ESCOGE LA CAJA! ¡LA PUERTA, IMBÉCIL, QUE PARECES IMBÉCIL!
B: De acuerdo, pues me quedo la puerta.
A: ¿Seguro?
B: No, pero bueno.
A: La puerta a la una, la puerta a las dos…
B: Sí, sí, la puerta.
A: La puerta a las tres, ¡adjudicada!
(El público aplaude enfervorecido).
A: Venga conmigo. Vamos a abrir la puerta. Ha costado llegar a esta decisión.
B: Ya…
A: ¿Qué le gustaría que hubiera? ¿La libertad?
B: O la paz en el mundo.
A: ¡Podría ser! ¡Ni yo sé lo que hay detrás de la puerta! ¿Listo?
B: Adelante.
A: ¡Allá vamos!
B: Hay… Hay una caja.
A: LO QUE HAYA DETRÁS DE LA PUERTA es LA CAJA SORPRESA. Ha ganado usted LA CAJA SORPRESA.
(Más aplausos).
B: Pero…
A: Ábrala, ábrala.
B: Hay… Dentro de la caja hay… Hay un agujero.
A: Efectivamente, dentro de LA CAJA SORPRESA está el agujero de Bankia. ¡Ha ganado usted el agujero de Bankia!
B: No lo pillo.
A: El agujero de Bankia. Bankia es la caja sorpresa. Bankia es una caja. Una caja de ahorros. Y la sorpresa es que dentro de Bankia hay un agujero. Un agujero que cuesta miles de millones.
B: Ah…
A: ¡ES QUE SI SE EXPLICA PIERDE TODA LA GRACIA!
B: Perdón.

(Fuente de la imagen.)

Esto sólo pasa en España

periodicos

A: Esto sólo pasa en España.
B: ¿El qué?
A: Esto. MIRE, MIRE (le pone un periódico debajo de la nariz).
B: (Lee) “El anticiclón de las Azores se instala sobre la península…” Bueno, también afecta a Portugal. Y por lo que veo, a Andorra.
A: Sólo pasa en España, le digo. Hágame caso, que sé de lo que hablo. Es increíble. Y no es lo único. Porque este país es de pandereta. MIRE, MIRE (le pone el cuarto volumen de la Enciclopedia Espasa debajo de la nariz).
B: “Felipe II fue coronado rey el 15 de enero de 1556…” Sí, no fue rey de Portugal hasta más tarde.
A: ¿Lo ve? Sólo pasa en España. Es que lo que no pase aquí… Lo de este país es de traca. Spain is different, decían ya los romanos, y con razón. MIRE, MIRE (le pone un globo terráqueo debajo de la nariz).
B: ¿Qué?
A: El Ebro. El Ebro sólo pasa en España. Y AÚN HAY MÁS (le pone un Ipad debajo de la nariz).
B: “Rajoy pedirá en Bruselas nuevas medidas de crecimiento…” Pues tampoco es un titular tan espectacular…
A: ¿Cómo que no? ¿CÓMO QUE NO? ¿Pero usted cuándo ha visto que un país crezca? ¿Y dónde nos vamos a meter? ¿En el Mediterráneo? ¿Y cargarnos la dieta mediterránea? ¿O en Francia? ¿Usted cree que los franceses lo permitirán? Porque Francia es un país serio, y no como nosotros, que siempre hemos sido el chiste de Europa.
B: Igual podemos crecer hacia Portugal. Son como pequeños y parece que no le importan mucho a nadie.
A: No se fíe de los portugueses. Son aliados del inglés. Ya nos la jugaron en la batalla de… Ehm… Por allá por la Edad MedLO QUE NO PASE EN ESTE PAÍS, NO PASA EN NINGÚN LADO, le digo. ¿Qué otro país tiene Madrid como capital y Andalucía como una de sus comunidades autónomas?
B: Hombre, pues visto así…
A: NINGUNO, ya se lo digo yo. Eso sólo pasa en España. Esta paloma de aquí sólo pasa en España. La de al lado tiene cara de francesa. Con más porte. Más elegancia. Más internacional. La otra es de aquí y no la saque de aquí porque no sabría qué hacer.
B: Ya se apañaría, la pobre.
A: No aguantaría ni dos minutos. NI DOS MINUTOS. Los españoles cuando nos vamos fuera, en seguida volvemos porque no aguantamos ni dos minutos. NI DOS MINUTOS. Se lo digo yo que me fui un verano con mi mujer de vacaciones a Francia y nos volvimos a los dos minutos DE RELOJ, escandalizados por el alto número de franceses que había en Francia.
B: Eso sólo pasa en Francia.
A: Que es como tiene que ser, y no como aquí: menos españoles, de todo. Métase en el metro, si no me cree: hay negros, gitanos, catalanes, ornitorrincos, ecuatorianos, paralelianos, meridianos… Eso sólo pasa aquí. En España. Sólo pasa en España.
B: Pero no todo es malo.
A: No, claro. Antes le mencionaba la dieta mediterránea. Invento única y exclusivamente de los españoles: los italianos no comen más que pizza y macarrones, como los niños, y los griegos son pobres. El norte de África no cuenta porque no es el Mediterráneo, sino África, como su propio nombre indica.
B: Pero el Mediterráneo es un mar bastante grande.
A: Como en España no se come en ningún lado, le digo. Y todo sano y ligero: pescado, croquetas, calamares a la romana, ensalada rebozada, empanadillas, patatas bravas, tortilla de patatas, wiener schnitzel, doble big mac con queso, rosbif, helado de vainilla… Todo muy frito y a ser posible rebozado, siempre en la misma piscina de aceite, para que no se pierdan los nutrientes de ninguno de los alimentos.
B: Dicho así, no suena muy bien.
A: Como en España, no se come en ningún sitio. Esto lo sabe todo el mundo. Si no me cree, vaya usted al aeropuerto de París, donde yo pasé dos minutos. De reloj. Por oposición a los minutos de lavadora. Comí una chocolatina, Kit Kat creo que la llamaban, y no estaba rebozada ni nada por el estilo. Muy cruda para mi gusto.
B: No, si ya…
A: Pero claro, luego volvemos a España y sí, se come muy bien, pero qué país y qué paisanaje. No me extraña que la gente emigre. Hay cosas que sólo pasan en España, MIRE, MIRE (le coloca un 386 con monitor en 256 colores debajo de la nariz).
B: “Carberry guides Solwhit home at Cheltenham…” Pero esto es una noticia de caballos. De un periódico irlan…
A: SÓLO PASA EN ESPAÑA, LE DIGO. Y ES QUE HAY COSAS QUE SÓLO PASAN AQUÍ: la corrupción, el franquismo, el comunismo, las carreras de caballos irlandeses, la dieta mediterránea, Bankia, las comunidades autónomas, los länder, los estados federales, los impuestos, las infracciones de tráfico, los relojes de cuco, el queso idiazábal, el parmesano, el cheddar, todo el queso del mundo, los toros, las vacas, la prensa rosa, los americanos, el terrorismo internacional, los retrasos en los vuelos, los retrasos en los trenes, los retrasos en la regla y los retrasos en los ministros. SÓLO, le digo, SÓLO PASA EN ESPAÑA.
B: De acuerdo, de acuerdo. Pero no se enfade.
A: Otro ejemplo: MIRE, MIRE (le pone un elefante bajo la nariz).
B: ¿Es un elefante? ¿Es un elefante español?
A: Lleva una revista en la trompa. Lea el titular.
B: “La Nasa revela que Marte reunió condiciones para la vida…”
A: ¿Lo ve? Incluso en Marte nos pasan la mano por la cara.
B: Aquí también hay vida.
A: ¿Y qué? ¿Acaso la Nasa nos investiga? NO. Y eso que nos tiene más cerca. ¿Por qué? Porque España no es un país, es un chiste. Y la Nasa prefiere irse a otro planeta antes que venir a España. PORQUE NO NOS ENTIENDEN NI ELLOS. Como lo oye. NI LOS CIENTÍFICOS DE LA NASA.
B: De todas formas, aún hay motivos para la esperanza.
A: ¿Usted cree?
B: Sí, mire, en Marte a lo mejor hubo vida. Pero aquí hay vida en marte, en miércole, en jueve…
A: …
B: Quería acabar con una nota de humor.
A: …
A: Babadumchassssss

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Entrevistas de trabajo: algunos consejos

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Observo con espanto y horror que son muchos quienes no saben cómo comportarse en una entrevista de trabajo y movidos por el pánico acaban corriendo hasta la ventana más cercana para saltar entre gritos de angustia.

Y así es muy difícil que a uno le den el puesto, excepto para un empleo de suicida en France Telecom.

Yo soy un experto en entrevistas de trabajo. Las hago tan bien que a veces me presento a procesos de selección simplemente por divertirme. Ahora podría estar trabajando como gobernador del Banco Central Europeo, de presidente fundador de Google o incluso como reponedor en el Mercadona, si no fuera porque me debo a mi blog y cada dos días he de despiojar y limpiar a manguerazos a mis monos redactores, cosa que me quita mucho tiempo.

De todas formas y siguiendo mi vocación de que La Conspiración se consolide como un manual para el hombre contemporáneo y la mujer de los 80, recojo aquí una lista de consejos y cuestiones a tener en cuenta en una entrevista de trabajo.

-Hay muchas dudas al respecto de la vestimenta adecuada. Yo soy de la opinión de que conviene llevar ropa. Y que esta ropa ha de ser adecuada al sexo de cada cual. Y a su tamaño. A su tamaño total, no sólo al tamaño del sexo.

-En cuanto al cuidado e higiene corporal, por norma es mejor ir limpio que ir sucio, pero si por ejemplo vas a pedir trabajo a una empresa madrileña, un exceso de higiene podría hacer sentir incómodos a tus posibles compañeros. Confórmate con engominarte el pelo, para disimular la grasa, y sobre todo no olvides bordar tus iniciales en la camisa, como hacen ellos, que por ahí hay mucho chorizo.

-Varios estudios demuestran que las personas altas lo tienen más fácil para conseguir un puesto de trabajo. Procura crecer cinco o seis centímetros la noche antes de la entrevista.

-Cuando saludes a tu entrevistador, ponte de pie y dale la mano con energía. Si ves que se la queda, recuérdale en tono amistoso que la necesitas, pero ya al final de la entrevista. Si tienes más manos, ni lo menciones. Tacaño.

-No seas tú mismo. Si estás en paro es porque probablemente tienes algún defecto. Si estás en paro y además eres soltero, tienes muchos defectos y nadie te quiere. Así no te van a dar trabajo. Mejor sé otra persona. Alguien agradable y atractivo, para variar. E interesante. John Malkovich. O James Spader. Pero el Spader gordote de ahora, no el pusilánime de los 80 y los 90.

-No todo el mundo está interesado en tus teorías sobre invasiones alienígenas. Especialmente si sostienes que “ya están aquí” y te pones a buscar cicatrices en la nuca de tu entrevistador, “donde implantan los chips”.

-El sexo en la primera entrevista no está bien visto por todo el mundo, sobre todo si es una entrevista de grupo. Mejor a partir de la segunda. Deja que tu entrevistador tome la iniciativa, pero no te andes con remilgos. Que estamos en crisis.

-Cuando te pregunten por tu experiencia laboral anterior, no hace falta que menciones a Martínez, “ese hijo de puta, vago de mierda, que se llevaba todo el mérito sin hacer nada”. Sobre todo si tú eres Martínez.

-Si tienes trabajo y te preguntan por los motivos por los que quieres cambiar, no expliques que tu jefe “es uno de ellos” y que “ya le implantaron el chip”. Tampoco añadas que quieres “acabar con esta invasión, SEA COMO SEA”.

-Mientras hables con tu entrevistador, procura mirarle a los ojos, ya que esto denota sinceridad y confianza. Pero no intentes hipnotizarle. Y si lo consigues, no le hagas imitar a una gallina. Cliché.

-No uses la palabra cliché. “Tópico” es preferible.

-Quién más, quién menos, todos hemos pasado una temporada en la cárcel por desfalco, pero mejor no lo incluyas en el currículum ni lo menciones en la entrevista. A no ser que hayas coincidido en prisión con tu entrevistador. En tal caso, recuerda con una sonrisa los buenos momentos y procura no referirte al incidente del almacén.

-Toma tu medicación antes o después de la entrevista. No suele estar bien visto lo de tomar antipsicóticos durante una entrevista de trabajo. Mejor arriesgarte a uno de tus famosos e hilarantes episodios, que además rara vez son violentos.

-Si te preguntan por tus pretensiones salariales, sé realista. Estando la economía como está, confórmate con no pagar. Respecto al horario, lo que ahora se lleva es salir el mismo día que se entró.

-En este sentido, muéstrate flexible y coloca los pies por detrás de la nuca.

-Al despedirte, evita estas preguntas: ¿Qué tal he estado? ¿Lo has pasado bien? ¿Te ha gustado tanto como a mí? ¿Me llamarás? ¿Quieres quedar mañana? ¿O vamos a tomar algo ahora? ¿Te apetece un café? ¿Ese es tu nombre de verdad? ¿Y este es tu número de verdad? ¿Puedo llamar para comprobarlo? ¿Te lo has pasado tan bien como yo? Mira nuestro reflejo, ¿no crees que hacemos buena pareja? ¿Por qué no hacemos una locura y nos casamos? ¿Eh? ¿Tú y yo? ¿Nos casamos? ¿Vamos al ayuntamiento y nos casamos? ¿Eh? ¿No? ¿Por qué no? ¿Es que no significo nada para ti? ¿Te abro mi corazón y así me recompensas? ¿Sólo soy otro candidato? ¿Eso es lo que soy para ti? ¿Otro candidato?

-Tampoco llames nada más salir y digas: “¡Sorpresa! ¡Soy yo! Te echaba de menos…”

-Los sobornos son una buena idea: todo el mundo tiene un precio. Pero claro, ese precio suele estar por encima de tu colección de cromos Panini de la liga 94-95. No, ese álbum no es “de coleccionista” y no tiene un “valor incalculable que se incrementa con el paso del tiempo”. Tampoco te pagará tu jubilación. Y además, falta Chendo.

-No quemes puentes. Si no te han cogido, no lances cócteles molotov a las oficinas, ni te hagas con el teléfono personal del responsable de recursos humanos para llamarle a las cuatro de la mañana. Tampoco te presentes en la empresa llorando y preguntando ¿¡POR QUÉ!?

-Por otro lado, si te cogen, tampoco acudas el primer día a trabajar llorando y preguntando ¿¡POR QUÉ A MÍ!?

-Espera dos meses antes de ponerte “enfermo”.

Obituario

funeral

 

Jaime Rubio (1977-2016) murió anoche después de perder la batalla contra una larga enfermedad. Será recordado por su influyente y prestigiosa obra, que fue testimonio crítico e implicado de los tiempos en los que le tocó vivir. A pesar de que no rehuía una polémica, Rubio contaba con el apoyo y la simpatía de muchos amigos y compañeros de profesión, que acudieron al tanatorio a dar su último adiós a quien era considerado no sólo como un gran profesional, sino una mejor persona. Todos coincidían en que “no somos nadie” y “fíjate, qué bien lo han dejado, parece que duerma”.

Hijo de un señor y de una señora, Jaime Rubio fue niño desde ya muy joven, aunque poco a poco dejó la infancia atrás, para convertirse en un adulto. Aunque se le recuerda especialmente por su labor en el terreno de su profesión, comenzó su carrera desde el principio para luego desempeñar también otras labores. Eso sí, Rubio siempre diría que su primer amor fue el que vino antes del resto. Rubio realizó su labor siempre al margen de modas, ya que apenas le llegaba el sueldo para comprar ropa en las rebajas.

Enamorado de su esposa, una alienígena de Omicrón-Persei 8, tuvo tres hijos, pero los perdió en la guerra. “Siempre he sido muy despistado”, explicó. Sus amigos le recuerdan como “¿Quién? ¿Jaime? ¿Ese no fue el que rompió el jarrón? ¡Toñi! ¿Jaime es el que nos rompió el jarrón? ¿Sí? Pues se ha muerto. De una larga enfermedad, se ve”.

Trabajador incansable, excepto en los momentos de agotamiento (que duraban todo el tiempo que pasaba despierto), prolongó su labor hasta que se retiró, momento en el que decidió dejar aparcada su profesión para dedicarse a otras cuestiones. Aun así, su consejo era buscado por quienes se iniciaban en este campo y Rubio jamás se negaba a darlo a los jóvenes que se lo pidieran, en especial si lucían un escote generoso.

El Ministerio de Cultura, la Real Academia de la Lengua y la Universidad de Harvard han enviado comunicados explicando que desconocían la existencia de esta persona.

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¿Te apetece un café?

cafe

A: Mi primer impulso fue estrangularle con el cable del teléfono.
B: ¿Pero…?
A: Mi teléfono es inalámbrico.
B: Ah, los odio. Donde esté un buen cable.
A: Así que decidí quitarme el cordón de uno de los zapatos.
B: ¿Pero…?
A: Pero le dio tiempo a huir, claro. Bueno, en realidad no huyó. O huyó de forma bastante tranquila. Teminó el café, bostezó durante mucho rato y salió a la calle silbando.
B: Ah, cómo odio a esa gente que sabe silbar y te lo restriega por la cara.
A: Cuando acabé de quitarme el maldito cordón salí a la calle tras él, pero el zapato se me caía todo el rato. Le dio tiempo a escaparse calle arriba. Caminando. Parándose a mirar en un escaparate.
B: Calle arriba. Encima estaba en buena forma.
A: Entonces volví a poner el cordón en el zapato, para recobrar velocidad y, por qué no, elegancia, y corrí también calle arriba.
B: Así que tú también estás en buena forma.
A: No. De hecho, de ahí viene el infarto.
B: Oh. Vaya. Cierto. Ahora entiendo por qué nos rodea este hospital y por qué traigo un ramo de flores.
A: Gracias.
B: No, si no son para ti.
A: Oh. Vaya.
B: Tengo una cita.
A: Anda. ¿Y está buena?
B: No lo sé. Es la primera vez que voy.
A: Es una cita a ciegas.
B: Supongo que la puedes llamar así, pero en realidad es una cita con un o una dentista. Lo que pasa es que yo soy un romántico y siempre llevo flores a todas mis citas.
A: Por eso te trataron tan bien en hacienda.
B: Y tan mal en el taller mecánico.
A: Y tan bien en la sastrería.
B: Y tan mal en aquella cena con aquella morena.
A: ¿Y eso?
B: Alergia.
A: Yo también tengo alergia, pero a los gatos.
B: Lo tendré presente. Si alguna vez vamos a cenar juntos, no traeré ninguno conmigo.
A: Gracias.
B: ¿Y qué piensas hacer?
A: Las alergias no se curan, así que me tendré que aguantar. Supongo que si me ataca un gato iré al médico para que me recete algo.
B: Me refiero a ese asesinato frustrado.
A: Ah. No sé. Al fin y al cabo nos conocemos desde hace mucho tiempo. Claro que durante todo este tiempo he querido estrangularle. De hecho, le invité a tomar café con esa única intención. No lo sé, la verdad, no lo sé.
B: Igual es demasiado astuto para ti. La horma de tu zapato.
A: Sí, algo tendrá que ver con los zapatos porque tuve muchos problemas para quitar el cordón.
B: Deberías buscarte una víctima más… fácil.
A: Igual sí. ¿Te apetece un café?
B: Uhm. ¿No querrás… matarme?
A: No, no. No. No, por favor. ¿De dónde habrás sacado esa idea? No. Ja, ja. No, no. No.
B: Ya.
A: Aunque no sería mala idea. Como entrenamiento. Pero no. No, no. Ja, ja. No. Nos conocemos desde hace mucho tiempo y… Vamos, que no.
B: Ya. Bueno.
A: No, no. Ja, ja. No. Qué idea tan absurda.
B: De todas formas, creo que voy a pasar del café.
A: Como quieras. Pero no lo hagas porque tenía pensado asesinarte.
B: No, no. Bueno, en realidad es por eso. Pero. Bueno. Además tengo que ir al dentista.
A: Claro, claro, ningún problema. Déjame a solas en este sucio hospital.
B: Tengo la cita programada desde hace más de un mes. No es una excusa.
A: Yo no he dicho que fuera una excusa.
B: Mira: traigo flores. Y me he puesto colonia.
A: Yo no digo nada.
B: Sí que lo dices. Me estás reprochando que te…
A: Yo no te estoy reprochando nada.
B: No, ya veo. Te recuerdo que tú querías asesinarme.
A: No mezcles cosas que no tienen nada que ver.
B: Mira, lo siento, pero tengo que ir al dentista.
A: Podrías llamar y decir que vas otro día.
B: Y qué hago con las flores.
A: Eso, vete, que te has gastado quince euros en un ramo de mierda.
B: Oye…
A: Así valoras nuestra amistad. En quince euros.
B: Insisto en que querías asesinarme.
A: Eso, no soy capaz de matar a nadie y no me quieres echar una mano.
B: Mira, lo siento, pero me voy. Tengo prisa.
A: Vete, vete. No te necesito para nada. Ni a ti ni a nadie.
B: Oh, vale, me quedo. Pero sólo un rato.
A: ¿En serio?
B: Sí, es igual. Puedo quedarme un rato más y pillar un taxi. Llegaré diez minutos tarde y en paz.
A: Guay.
B: Total, los dentistas siempre le hacen esperar a uno.
A: Y no sólo los dentistas: también los peluqueros.
B: Y los abogados.
A: Sí.
B: Uhm.
A: Bueeeno.
B: Sí.
A: Ehm…
B: Hace calor, ¿eh?
A: Sí. En la calle no tanto.
B: Ya.
A: Uhm… ¿Un café?
B: Me voy.
A: No, espera.
B: Te odio.
A: No digas eso.
B: Te odio.
A: Oh, últimamente todo me sale mal.
B: Ya, bueno, será por algo.

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