Manifestación en contra de Saturno

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El Partido Popular ha convocado una manifestación en contra del planeta Saturno: “Es un planeta con anillo -explica Carlos Floriano- y nosotros defendemos el matrimonio tradicional entre un hombre y una mujer, o entre un hombre y una muñeca muy realista, de estas que dan incluso un poco de miedo”. El vicesecretario general de organización del PP ha apuntado además que “no entendemos por qué el PSOE no está con nosotros en esta manifestación contra un parricida”, en referencia al hecho de que Saturno se comió a sus hijos. “¿Están los socialistas del lado de los asesinos?”, pregunta Floriano, con cara de no saber leer.

La Asociación de Víctimas de Saturno (AVS) afirma en un comunicado que el planeta “en realidad no es más que una masa gaseosa, un enorme pedo. Lo que deberíamos hacer es disolverlo para que deje de molestarnos con sus conductas antinaturales”. De hecho, la AVS sostiene que el único planeta que merece tal nombre es la Tierra: “Los demás no son más que sucedáneos gaseosos, yermos o helados, y sobre todo herederos de un ya superado paganismo”.

Soraya Rodríguez, portavoz del PSOE en el Congreso, apunta que Saturno es un planeta solidario, “ya que irradia más calor del que recibe del sol, lo cual es un ejemplo para el resto de planetas”, y ha añadido que “la cruzada del Partido Popular contra los planetas gaseosos es una cortina de humo. Literalmente”, en referencia al plan de la AVS de enviar a Saturno un enorme ventilador.

En cuanto a los satélites, Saturnino Pérez, presidente de la AVS, ha afirmado que “no hay por qué tener ningún tipo de consideración hacia el entorno de Saturno”, formado por “cuerpos celestes colaboracionistas. En lo que a nosotros respecta, Titán, Hiperión, Jápeto y los demás también son Saturno”.

Preguntado por su nombre de pila, Saturnino Pérez se ha limitado a silbar y a mirar al techo, para después añadir: “A ver si llega ya el otoño, que estamos ya casi en noviembre y vamos a manifestarnos en manga corta”.

(Fuente de la imagen).

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¡El gobierno está asesinando a mucha gente!

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Los datos están ahí y lo dejan bien claro: el gobierno es responsable de un genocidio. El paro ha bajado en 72.800 personas durante septiembre, pero sólo se han creado 39.500 empleos. ¿Dónde están esas otras 33.300 personas? Es evidente que el gobierno las ha asesinado y posiblemente ha quemado sus cadáveres y ha eliminado toda huella de su existencia.

-¿Es la policía? ¡Hace tres días que mi marido no viene a casa!
-¿Cómo se llama su marido?
-¡Sebastián Gutiérrez Hernández!
-No hay ningún Sebastián Gutiérrez Hernández.
-¿Cómo?
-Por favor, esto es la policía, no llame para gastar bromas.
-Pero…

Y cuelgan. Llamadas como esta habrá habido miles, y eso a pesar de que supongo que habrán escogido a parados solitarios. Y taciturnos. Como mi vecino del cuarto, que no sé si es parado, o pensionista, o qué, pero se pasa todo el día en el bar. En dos o tres semanas, SE LO CARGARÁN, seguro.

Voy a avisarle.

Ya. Primero no me ha hecho caso, luego le he cogido por la camisa y le he gritado QUE TENÍA QUE SALIR DEL PAÍS y al final me han echado del bar. Yo ya no puedo hacer más. Aparte de pasarme toda la noche en la puerta de su casa con el megáfono, gritando: “VAS A MORIR, FULGENCIO; SI NO HUYES, VAS A MORIR”. Se llama Eduardo, pero Fulgencio me parece mucho más gracioso.

Siguiendo con el asunto que nos ocupa (el gobierno está exterminando a los parados), no me extrañaría que un equipo de agentes secretos se metiera de noche por las casas de estos desempleados después de asesinarlos e hiciera desaparecer fotos, libretas y pares de zapatos.

-¡No estoy loca! ¡Llevo veintisiete años casada con tu padre!
-Pero mamá, no sé… Ya hemos estado hasta en el ayuntamiento y ahí nadie sabe nada de ese señor.
-¡De tu padre!
-¿Y dónde están las fotos de la boda?
-¡Nos las han robado!
-Mamá, por favor, me estás asustando.
-¿Y entonces tú de quién eres hijo?
-ESO ME GUSTARÍA SABER A MÍ, ZORRA.

Yo me tomé a broma estás cifras sospechosas hace poco más de un mes, cuando el paro descendió en 31 personas, pero ahora resulta más que evidente que esa fue una primera prueba. Vamos a matar a unos pocos, a ver si funciona. Y funcionó, claro, porque hemos perdido todo el sentido crítico y fuimos por tanto incapaces de darnos cuenta de la trama genocida que este gobierno asesino estaba organizando.

Hemos perdido perspicacia y capacidad de reflexión por culpa de los gifs. Nos ponen gifs por toda la internet para que no prestemos atención a lo verdaderamente importante. Los gifs entretienen y despistan, son el circo de la era de la internet y sin duda los ha diseñado la CIA para frenar toda oposición al sistema. ¿Quién le iba a decir a George Orwell que en la sociedad de Gran Hermano los gifs iban a ser las herramientas opresoras? Nadie, porque Orwell está muerto y hablar sobre cosas de la internet con una tumba es de locos.

Os explico lo de los gifs con un ejemplo:

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¿Lo veis? Yo ya no sé de qué hablaba. No puedo apartar la vista de ese señor que se ha hecho daño mientras me carcajeo y pienso: “Jejeje… Es gracioso porque parece tonto y me recuerda a Pepe Viyuela con la silla”.

No, en serio, ¿qué comentábamos? ¿Era algo de mis libros? Es probable. Compradlos. No hace falta que los leáis. No os pienso pedir tanto. Pero compradlos. Pensad que si acabo millonario, me pasaré el día con el Candy Crush y ya no tendré tiempo para escribir ninguna tontería nunca más en la vida hasta el día que me muera. De hambre, imagino, por no levantarme a hacer la cena, enganchado a la pantallita, que es peor que un gif. Creo que a los caramelos de Candy Crush les echan heroína.

 

(Fuente de la imagen).

 

Cómo distinguir a alguien de derechas

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Como todo el mundo sabe, nosotros los de izquierdas somos mejores que los de derechas en casi todo: varios estudios confirman que somos más inteligentes, más guapos y al menos tres centímetros más altos. Además, yo puedo hacer esto con el pulgar. Fíjate, fíjate, ¿a que mola? ¡Y con el otro también!

Durante los últimos años, he observado muy de cerca a la gente de derechas, tanto que incluso en ocasiones llegaba a olerlos. Sí, alguna vez me han llamado la atención por eso mismo. Pero lo importante es que esta experiencia me ha servido para confeccionar una lista de rasgos que en su gran mayoría sirven para identificar a un facha. Lo cual es muy útil si uno, por ejemplo, quiere montar un restaurante sólo para comunistas.

  1. A la gente de derechas no le gusta que la olfateen.
  2. La gente de derechas toma gintonics. Todavía.
  3. A los de derechas les gusta ir de boda.
  4. Y añaden: “¡Mientras no sea la mía!”, para luego reírse muy fuerte.
  5. ¡Los de derechas son calvos! ¡Todos! ¡Sin excepciones!
  6. ¡Las mujeres también! ¡Es horrible! ¡Se quitan la peluca y la dejan en una cabeza de maniquí en la mesilla de noche y luego se bajan uno de los tirantes del camisón, mostrando un hombro, y te guiñan un ojo, con la esperanza de que les hagas el amor con la luz apagada!
  7. Eso, en caso de que estéis casados. Si no, es posible que la mujer llame a la policía y te denuncie por haberte colado en su casa (y en su cama).
  8. Lo cual es muy injusto: el que le ha visto la calva soy yo.
  9. ¿Ves a ese tipo que lleva camisa de manga corta? Es de derechas. Hay que tener mal gusto.
  10. Otra cosa que hacen a menudo los de derechas es masticar con la boca abierta mientras dicen cosas de fachas, como “lo que pasa es que hay mucho vago”, “dicen que hay crisis, pero los bares están llenos”, o “pásame la sal”.
  11. La gente de derechas toma demasiada sal. En serio, un día van a tener un susto, que eso sube mucho la tensión.
  12. La gente de derechas es más de gatos que de perros. Sobre todo los villanos de derechas, que se pasan las tardes acariciando a sus gatos mientras piensan cosas de derechas en sus enormes y malvadas butacas.
  13. La frase anterior suena regular en inglés.
  14. Los de derechas ya tienen el nórdico puesto. ¡Son muy frioleros! ¡Hay que ser fascista!
  15. Hasta donde yo sé, todos los que no saben silbar, son de derechas. (Conozco a una persona que no sabe silbar).
  16. El otro día vi a una señora por la calle que llevaba mucha laca y pensé: “Zorra nazi, por tu culpa nos hemos quedado sin capa de ozono”. Era una tal Pilar Bardem.
  17. Un porcentaje muy elevado de la gente de derechas de más de 40 años está casada y con hijos.
  18. También es habitual que estén pagando una hipoteca. ¡Endeudados hasta las cejas! ¡Putos fachas, qué cosas tienen!
  19. Los fachas van mucho a El Corte Inglés a comprar cosas.
  20. Y a otras tiendas. Son muy de comprar.
  21. Está demostrado que la mayoría de los votantes del PP ha asesinado en alguna ocasión a una stripper en Las Vegas.
  22. Mucha gente de derechas lleva gafas.
  23. Pero no te fíes: ¡hay gente de derechas con lentillas!
  24. La gente con lentillas camina más lento que la gente con gafas.
  25. (Perdón).
  26. La serie favorita de la gente de derechas es Breaking Bad, porque Breaking Bad es buenísima y le gusta a todo el mundo.
  27. La gente de derechas mira la hora en el móvil aunque lleve reloj. Lo cual es muy absurdo. Y lo cual prueba que los de derechas son muy estúpidos.
  28. Qué tonto el tío facha, mirando la hora en el móvil, CUANDO LLEVA UN RELOJ EN LA MUÑECA. Así vota luego, el muy anormal.
  29. Este texto me está saliendo muy largo, así que voy a pegar aquí un gif. El primero que pille de Buzzfeed.
  30. salto
  31. Me he pasado cuatro días y siete horas en Buzzfeed.
  32. Voy a ducharme y a tomarme un café. Ahora vuelvo.
  33. Sigamos hablando de la gente de derechas.
  34. Una cosa que los fachas hacen mucho es ducharse por las noches. Como si fueran niños pequeños. Y luego llegan a la oficina con legañas y el pelo graso.
  35. Es de noche y me he duchado, pero porque llevaba cuatro días mirando gifs de animales. Es algo completamente diferente. Y mañana por la mañana también me ducharé. ¿Por quién me tomas? ¿¡POR JOSÉ MARÍA AZNAR!?
  36. La gente de derechas habla con diminutivos: cafelito, cortadito, cruasantito, cervecita…
  37. Excepto cuando se trata de gintonics. Entonces es “copazo”.
  38. Los de derechas tienen los nudillos más peludos que los de izquierdas. Fíjate, fíjate.
  39. Los peperos tienen tres pezones.
  40. ¿Cómo distinguir a una persona de derechas en un museo? Pregúntale si es de derechas. Si te contesta que sí, es muy probable que lo sea.
  41. Aunque igual ES UN EMBUSTERO.
  42. Lo mejor será secuestrarlo y torturarlo hasta que confiese la verdad.
  43. La gente de derechas está leyendo esto y pensando “pero qué gilipollez”. Los de izquierdas, no. Los de izquierdas saben dónde vivo y vienen a prenderle fuego al edificio.
  44. ¡Socorro! ¡Avisad a la policía! ¡Socorro, peperos, que los comunistas me queman vivo!
  45. Está toda la casa llena de humo… No puedo salir, han atrancado la puerta…
  46. Intentaré llegar a la ventana… Sólo es un primero… Puedo lograrlo…
  47. No puedo respirar… Malditos fachas…
  48. En caso de incendio, la gente de derechas es muy de quemarse.
  49. He llegado… Está abierta… He de ponerme en pie…
  50. Estoy colgando… Ahora debería dejar de teclear y soltarme…
  51. Primero el portát
  52. il. Y ahora
  53. yo.
  54. Creo que me he torcido un tobillo. Y tengo los ojos y la garganta en carne viva por culpa del humo y del calor. Pero al menos he sobrevivido. Ahí llegan los bomberos.
  55. ¿Serán de derechas los bomberos? Voy a preguntarles.

91%

olimpiadas

A: Tenemos con nosotros a uno de esos españoles que está a favor de que los Juegos Olímpicos se celebren en Madrid.
B: ¿Eh?
A: Parte de ese 91% que según las encuestas está apoyando a la capital española en su carrera olímpica.
B: ¿Pero qué dice?
A: Todo el mundo está de acuerdo: a la vigésimo novena va a la vencida.
B: ¿Esa cámara está grabando?
A: Díganos, ¿qué ventajas cree que le pueden traer los juegos a Madrid?
B: ¿Pero de qué juegos habla? Si yo sólo he bajado a por pan.
A: Ya, pero se alegra por el hecho de que la llama olímpica ya caliente los corazones de los madrileños.
B: ¿De qué habla? Si yo soy de Huesca.
A: Es lo mismo, usted está a favor de Madrid 2020: es una verdad matemática.
B: No entiendo nada de lo que me está diciendo.
A: Es muy sencillo: sólo el 9% está en contra de que los juegos se celebren en Madrid. Eso significa que 0,9 personas de cada diez no apoyan a nuestra capital. Y no veo que le falte la mano ni que le hayan cortado la nariz. Por tanto, está a favor.
B: ¿Pero esa encuesta cuándo se hizo? A mí no me ha llamado nadie.
A: No es una encuesta, es una verdad matemática. Si uno es un español entero y no un traidor tullido, está a favor de los Juegos Olímpicos de Madrid.
B: Yo es que no soy mucho de deportes. Le he dicho que bajaba a por pan, pero en realidad voy a comprar una palmera de chocolate. (Baja el rostro, avergonzado).
A: Pues no le extrañe que en 2020 pueda comprar palmeras DE ORO: un 99% de los encuestados de fuera de Madrid cree que los juegos aportarán beneficios económicos.
B: ¿Un 99%? Eso es mucho, ¿no?
A: Es posible que hayamos preguntado a algunos de los votantes de Kim Jong-un.
B: Oiga, pues me alegra mucho estar a favor de algo porque estar en contra de las cosas es de tristes. Y yo sin saberlo. Me quedo más tranquilo.
A: Pero por favor, no se vaya sin darnos su opinión sobre los Juegos Olímpicos que sin duda se celebrarán en Madrid dentro de siete años.
B: No sé… Pues a ver… Yo no voy a verlos porque soy más de dormir, pero… ¿Qué me está dando?
A: Nada, nada.
B: ¡Me está pasando un papelito!
A: Es lo que piensa acerca de los juegos. Por si necesita ayuda.
B: “Los juegos son una ilusionante oportunidad…” ¿Quiere que lea esto? Yo no he pensado nada así en toda mi vida.
A: Según la encuesta de antes, sí.
B: No voy a leer esta hoja.
A: El 93% de los españoles cree que debería.
B: ¿Cómo lo sabe? Eso no lo puede decir la encuesta.
A: No, no, qué tontería… Es otra encuesta. Una que he hecho. Ahora.
B: Oiga, eso es imposible.
A: El 102% de los españoles cree que es posible.
B: Pero si no se ha movido de aquí.
A: El 345,2% de los españoles insiste en que por favor lea la nota que le he pasado, que seguro que coincide totalmente con sus ideas acerca de las olimpiadas.
B: Pero…
A: Mire. Se lo voy a demostrar. Disculpe, caballero.
C: ¿Sí?
A: ¿Debe o no debe este señor leer la nota que le he pasado?
C: Y tanto.
A: ¿Lo ve? ¡El 100%! ¡Todos!
B: Esto no me parece normal. ¿No estará usted compinchado con ese otro señor?
A: No, en absoluto.
B: Entonces, ha escogido a alguien al azar.
A: Sí.
B: Que casualmente es el cámara.
A: Las probabilidades eran escasas, lo admito. Pero la estadística y las matemáticas son así.
B: (…)
A: ¿Sabe que nueve de cada diez españoles se está impacientando?
B: (…)
A: ¿Sabe que estamos en directo?
B: (Lee la nota mientras se va desnudando torpemente. La última palabra -“alegría”-, coincide con el caer de sus calzoncillos sobre los tobillos).
A: Muchas gracias.
B: De nada.

 

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¡Opinad, malditos!

juicio

Jaime Rubio fue conducido ante el juez esta mañana por haber afirmado en un bar que no tenía muy claro lo que estaba pasando en Siria y por no haber ofrecido ninguna solución al conflicto ni en Twitter, ni en su blog, ni en GQ.

Interrogado por el fiscal, Rubio admitió los cargos e intentó explicar que no había tenido tiempo de leer nada sobre el tema, “ni tampoco muchas ganas, lo admito”. El fiscal se llevó las manos de una señora a la cabeza (él es manco) y le recordó que todo el mundo puede e inclusodebe decir lo que piensa. “¿No sabe usted que eso de documentarse es de invertidos, ateos y extranjeros?” El abogado de Rubio protestó enérgicamente por las palabras del fiscal pronunciadas en otro juicio, dos meses antes. “Orden, orden -rugió el juez-, ahora estamos hablando de otro tema”. “¡Pero es que llevo dándole vueltas al asunto desde entonces!” “¡Orden, orden!”.

Haciendo caso al juez, el fiscal le preguntó a Rubio: “¿Nada no nunca opinar piensa Siria sobre?” Tras un silencio de varios segundos por parte de todos los asistentes, el juez le pidió al fiscal que continuara el interrogatorio utilizando sólo el orden cronológico y no el alfabético, “aunque admito que ha estado ágil ahí”. Después de reordenar la pregunta, el acusado afirmó, muy solemne: “Sirio sé que no sé nada”, rompiendo a reír mientras todo el mundo le miraba muy serio con una ceja levantada y lamentando el dinero que se habían gastado sus padres en darle unos estudios que era evidente que no habían servido para nada. Rubio, ajeno a estas consideraciones, concluyó su carcajada con una palmada en el muslo, para después secarse una lagrimilla con el dedo índice y suspirar. “Qué bueno… Sirio sé que no sé nada…”

El abogado de la acusación concluyó su interrogatorio recordando al juez que no se podía permitir que la gente opinara únicamente acerca de las cosas que conocía, ya que eso supondría que los bares quedarían en silencio, los platós de televisión y los estudios de radio se vaciarían, y los periódicos venderían páginas en blanco. “Y en internet apenas nos quedaría el porno”, terminó, alzando uno de los puños de la misma señora de antes, a la que aún no había soltado a pesar de sus quejas.

Llegado el turno de la defensa, el abogado de Rubio le preguntó qué pensaba acerca de la guerra en general, a lo que el acusado respondió que él era partidario “de no ir matando a gente”. Acto seguido, el letrado le pidió su opinión sobre las dictaduras. “Las dictaduras son malas, sí, eso es verdad…” A lo que el abogado contestó: “Tanto le costaba decir eso en el bar, hombre de Dios…” Rubio se quejó al juez de que su propio abogado le había tendido una trampa, a lo que el magistrado respondió con un “si es que usted también…” Rubio insistió en su derecho a no tener una opinión formada, lo que llevó al fiscal a soltar, casi gritando, “¡la que tengo aquí colgada!”

Entre carcajadas, el juez condenó a Jaime Rubio a escribir quince tuits y dos textos en su blog sobre la guerra de Siria, condena que fue recibida por Rubio con gritos de “¡NO ME PODÉIS DECIR CÓMO TENGO QUE USAR TWITTER, SOY UN TUITSTAR!” mientras dos policías nacionales lo sacaban a rastras de la sala.

Este cronista coincidió con Rubio en el metro justo después de la vista y pudo leer su libretita por encima del hombro, en la que había garabateado algunas notas:

  • Why so Syrious, Obama?
  • Sirio sé no vengo.
  • Comparar el bigote de Aznar con el de Assad.
  • ¡Te van a Assad vivo con las bombas!
  • Damasco, asco: aquí hay posibilidades.
  • Oriente Miedo.
  • “Entre nosotros hay química”, le dijo Obama a Assad.

Después de escribir la última frase, Rubio rompió a llorar. Este periodista se levantó silenciosamente y se fue a la otra punta del vagón, mientras la vergüenza ajena le erizaba el vello de la nuca.

Vladímir Putin: “En Rusia somos todos muy viriles, diría que por el frío”

Vladímir Putin, presidente de Rusia, me recibe en su dacha, con el torso desnudo y sudado.

-Perdona, estaba haciendo algo de ejercicio -me explica, mientras se pasa una toalla por el pecho-. No hay nada como comenzar la jornada haciendo tres mil setecientas flexiones con un cerdo de setenta kilos subido a la espalda.

He viajado hasta su residencia de verano en el Mar Negro para preguntarle por la polémica ley que impide a los homosexuales hacer pública su condición. Mientras cabalgamos juntos por el monte, Putin me explica que esta normativa simplemente quiere proteger el orden social: “No podemos permitir que los homosexuales vayan por ahí diciendo que son homosexuales. ¿Qué será lo próximo? ¿Ciudadanos que no estén de acuerdo conmigo? ¿Personas expresando su opinión? Eso supondría el caos”.

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El presidente de Rusia se pone filosófico y añade que “tampoco hace falta decir todo lo que somos. Yo no voy por ahí explicando que asesiné a la periodista Anna Politkóvskaya, por ejemplo, y no soy menos feliz por eso”.

Las penas por hacer “propaganda” de las preferencias sexuales van desde una multa hasta quince días de cárcel y la deportación en el caso de los extranjeros, aunque Putin se considera más partidario de las “charlas aleccionadoras”, como hacían en la KGB. “Yo la homosexualidad la curo a hostias”, dice, entrelazando sus dedos con los míos mientras paseamos por el río, en lo que él llama “un gesto varonil típico de los cosacos”.

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“Por otro lado, en Rusia apenas hay homosexuales. En Rusia somos todos muy viriles, diría que por el frío. Ven, bañémonos juntos”. Entre risas chapoteamos en el agua, mientras le pregunto por los Juegos Olímpicos de invierno y la preocupación que está despertando esta legislación en contra de la homosexualidad. “Para empezar, los juegos de invierno no le interesan a nadie. Así que en todo caso el COI debería agradecer está polémica porque significa que a lo mejor hay alguien que enciende la tele para verlos. Por otro lado, no vamos a discriminar a ningún atleta homosexual. Eso sí, los maricas van a correr con tacones. Pero eso no es discriminación, simplemente les estamos dando lo que piden. ¿No quieren comportarse como hembras? Pues eso”. ¿Y las lesbianas? “El lesbianismo no existe -explica, muy convencido-. Eso es propaganda americana. No tiene ningún sentido. Es anatómicamente inconsistente. Como mucho, besitos durante algún Erasmus, pero nada más”.

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Nos quitamos la ropa mojada y nos tumbamos al sol, en la orilla. “Hablando de deporte, ¿sabes que soy cinturón negro de judo? Ven, que te enseño unas llaves”. Entrelazamos nuestros cuerpos desnudos, emulando a los luchadores griegos que protagonizaron tantas olimpiadas clásicas, hasta que el sol se pone, momento en el que recogemos nuestra ropa y volvemos a casa, cabalgando hacia el anochecer.

“El problema de los homosexuales -explica mientras tomamos un té- es que no saben disfrutar de la compañía de otros hombres, de la verdadera amistad masculina. Por ejemplo, si yo te acaricio la entrepierna, como estoy haciendo ahora, es simplemente por cordialidad. No son nada más que unas caricias cariñosas que aprovecho para comparar tamaños y para mostrarte de forma viril mi afecto y mi amistad. Es como una palmada en la espalda, un brindis con cerveza o un beso con lengua y mucha saliva. Nada sexual. Puedes hacer lo mismo, si quieres”.

Intento excusarme y salir de la habitación, pero en la puerta hay dos agentes de seguridad. “Piotr, el de la derecha -me susurra Putin al oído, mientras me abraza por detrás-, mató a un oso con una sola mano”.

19 características de un buen presidente del gobierno

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Es posible que no seas muy inteligente y que no te guste demasiado trabajar. Eso significa que tus únicas salidas laborales son participar en un reality o meterte en política. Concursar en Gran Hermano es ligeramente menos indigno que ser diputado, pero tiene el inconveniente de que lo más probable es que el sueldo sólo te dure un puñado meses, mientras que la carrera política puede ser algo más prolongada en el tiempo. Y ya puestos a perder la dignidad, ¿por qué no aspirar a la presidencia del gobierno? Piensa que un presidente no hace absolutamente nada, ni conducir, ¡tiene hasta chófer!

Por supuesto, no todo el mundo sirve. Estas son las diecinueve características que deberías reunir para ser un presidente del gobierno ideal.

1. No aprendas ningún idioma, aparte de un español justito. Si sabes inglés o cualquier otra lengua extranjera, asegura que no la entiendes y simula un acento muy forzado, algo así como “Espein is a beri nais contri. Contri más yu si it, más yu laic it”.
2. No te dediques a ninguna otra profesión que no sea la de político. Como mucho, sácate unas oposiciones, pero ni se te ocurra ejercer. Es importante que no tengas ningún contacto con la realidad. La realidad podría llevarte a pensar que los trabajadores no reciben sobres con sueldos extra en negro, por ejemplo.
3. No tengas opiniones propias. A partir de ahora, tus principios serán una combinación de muy difícil equilibrio entre: a) las preferencias de la mayoría de tus votantes y b) las necesidades de tu partido.
4. En caso de que haya conflicto de intereses, di que sí a ambos y no hagas nada al respecto.
5. De hecho, lo mejor es no hacer nada nunca. Cualquier acción o declaración hará que alguien que se enfade: lo ideal es mantenerte quieto y callado.
6. A no ser que necesites crear una cortina de humo. Si por ejemplo alguien de tu equipo está acusado de corrupción, resucita a Franco, habla de toros, declárale la guerra al Reino Unido o incendia un hospital infantil. Cualquier cosa antes de que uno de los tuyos se vea obligado a dimitir o, peor, tú te veas obligado a dar explicaciones.
7. Aprende a hablar sobre cosas que no te interesan con gente que no sabes quién es. La mayoría de actos políticos (inauguraciones, campañas, conferencias) no son más que largas conversaciones de ascensor.
8. Cásate con una persona del sexo opuesto.
9. No tienes por qué saber historia, pero sí has de poder utilizarla. Cualquier peligro o controversia es comparable a “los peores momentos de la guerra civil / la dictadura / el nazismo / la Segunda Guerra Mundial / el estalinismo / la Cuba de Fidel” (según la ocasión y las preferencias). Da igual que no haya relación, lo importante es asustar y soliviantar a los propios en contra de los ajenos.
10. No hables de tus ideas: a nadie le importa si eres progresista, conservador, cristiano, ateo, ecologista, liberal… Eso pertenece a tu esfera privada. Es algo muy íntimo. Pero eso sí, cuéntale a todo el mundo de qué equipo de fútbol eres. No vaya a pensar nadie que no te gusta el fútbol.
11. Si tu equipo o la selección llega a alguna final, no trabajes y ve al campo. Lo primero es lo primero.
12. Busca fotos con líderes políticos internacionales, aunque no hables su idioma. Como estos restaurantes que cuelgan fotos de los famosos que han comido allí. Estrecha su mano y después comenta que “hemos tenido una conversación muy enriquecedora que fortalecerá los vínculos entre dos naciones aliadas”.
13. No tengas memoria: piensa que hoy puedes decir una cosa y dentro de seis meses la contraria, según lo que interese en cada momento. Es posible que algún listillo publique tu primera declaración, pero no te preocupes: a nadie le gustan los listillos.
14. Y tampoco te preocupes por tus memorias: te las escribirá otro y no las leerá nadie.
15. Recuerda que tus declaraciones son opiniones sensatas, expresadas con respeto y desde la moderación. Las declaraciones de la oposición son burdos ejemplos de demagogia.
16. Si alguien del partido de la oposición disiente de su líder es porque no están organizados de forma eficiente. Un caos. Si el que discrepa es de tu partido, es simplemente porque hay libertad y pensamiento crítico.
17. Cuando ocurra algo horrible, busca a alguien a quien culpar. Ha de ser fácilmente identificable, pero lo suficientemente difuso como para que el menor número posible de gente se sienta aludido. Por ejemplo, la culpa del paro puede ser del gobierno anterior, de las grandes empresas, de los sindicatos, de los funcionarios o de los propios parados que no están dispuestos a aceptar cualquier trabajo. Depende de lo que le interese a cada cual.
18. Pero no olvides que cuando te retires, necesitarás algún carguito majo, de estos de ir a firmar de vez en cuando y hacer alguna llamada telefónica, así que acuérdate de hacer algunos amigos.
19. En definitiva, lo importante es dormir bien por las noches. Y disfrutar de una reparadora siesta.

Si sigues estos consejos, lo tendrás algo más fácil para alcanzar la presidencia del gobierno. Se trata de un camino difícil y sacrificado, al final del cual le caerás mal a un montón de gente. Pero da igual, si quieres dedicarte a la política, es muy posible que ya le caigas mal a muchos antes de comenzar. Así que ya puestos, mejor oír los insultos desde tu coche oficial blindado y pedirle al chófer que suba el volumen de la música.

 

(Fuente de la imagen).