Acerca de la motivación

trabajo

Un conocido experimento empresarial nos muestra lo curioso de los mecanismos de la motivación en el trabajo, además de romper el mito de que los incentivos económicos son los que mejor funcionan.

En una misma compañía, a un grupo de trabajadores se le dio coche de empresa y se le subió el sueldo un quince por ciento. A otro grupo del mismo nivel y con las mismas responsabilidades sólo se le compró una cafetera para compartir en la oficina y se le dio dinero para café, azúcar y galletitas danesas.

Adivinad qué grupo mejoró más su rendimiento.

El del café, obviamente.

Al principio se arguyó tomar café es una actividad que se lleva a cabo en grupo y esto mejoró el ambiente laboral. Además, se trataba de un incentivo simbólico, lo que va en línea con lo que sabemos acerca de la complejidad de las motivaciones personales y de las dinámicas de trabajo en las oficinas. Es decir, motivar no consiste en tratar a los empleados como máquinas expendedoras que funcionan con monedas, sino como personas con diferentes objetivos y preferencias.

Eso fue hasta que se comprobó que los tipos de los coches llegaban cada día tarde a la oficina por culpa de los atascos. Y que dos de ellos habían muerto en terribles accidentes. Bueno, en realidad uno no murió. Quedó en estado vegetativo. Lo desconectaron, pero aún aguanta gracias a la pila del marcapasos. Esas pilas duran diez o doce años tranquilamente. Además y con el incremento de sueldo, otro se fue de vacaciones a un páis exótico, donde fue asesinado, mientras que al menos cuatro acabaron adictos al alcohol, a las drogas y/o al juego, ya que tenían más dinero para dedicarlo a esas actividades que les servían para soportar la agonía absurda de la jornada laboral.

Lo peor vino cuando el grupo de la cafetera se enteró de que a sus compañeros les habían regalado esos Audis negros y, resentidos, quemaron la oficina y asesinaron a los dueños, a los altos directivos, a los psicólogos que habían diseñado el experimento, al jefe de personal que lo había permitido, a un tipo que había escrito un libro sobre cómo motivar a los empleados y a sus primogénitos.

“¡Café -gritaban-, los hijos de puta nos daban CÁPSULAS DE CAFÉ DE TREINTA CÉNTIMOS!” Cuando les recordaban lo contentos que estaban, los empleados aseguraban con los ojos enrojecidos por la ira que hubieran estado aún más contentos con un Audi negro. Incluso con un Audi gris.

Los trabajadores fueron juzgados y absueltos de todos los cargos. El juez aseguró en su sentencia que “él hubiera hecho lo mismo” y que estaba “hasta las narices de esas galletas danesas, que te las ponen en todas partes y no tienen ni chocolate, ni pasas, ni nada que sepa a algo que no sea mantequilla”.

(Fuente de la imagen).

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29 consejos para jóvenes periodistas

periodistas

Hace unos días Delia Rodríguez escribió unos consejos dirigidos a una joven Delia estudiante de periodismo, a los que Pablo Rodríguez Suanzes (no son familia) respondió con otro puñado de recomendaciones.

Además de ser amigos míos, saben mucho más que yo sobre casi todo, pero eh, mira qué pelazo, así que yo también he querido escribirle a un joven Jaime Rubio, estudiante de periodismo en la Universidad Autónoma de Barcelona, y darle algunos consejos que ojalá alguien me hubiera dado en su momento.

1. Quítate esa perilla. Por favor. Nos estás haciendo daño a los dos.

2. Estudia cualquier cosa menos periodismo. Ah no, que a ti te llegó la nota de corte. Entonces estudia periodismo, no te amargues. ¿Qué otras opciones hay? ¿Económicas, que es como astrología, pero con matemáticas? ¿Ciencias políticas, que es un chiste que a alguien se le fue de las manos?

3. El periodismo consiste en escribir sobre cosas acerca de las que no tienes ni idea. No hace falta que aprendas nada, simplemente pregunta.

4. Es mejor preguntar por mail porque así puedes cortar y pegar, y no tienes que perder el tiempo transcribiendo grabaciones o intentando entender tu propia letra.

5. Claro que puedes cambiar el orden de las palabras que te envíen. Incluso las mismas palabras. Lo haces “por estilo”.

6. Si preguntas a una sola fuente, puedes escribir algo así como “la mayoría de los expertos consultados opina que…”

7. Deberías haber nacido en una familia con dinero: si quieres ser periodista, necesitarás que alguien te pague el alquiler mientras trabajas los próximos diecisiete años como freelance.

8. Y es que por culpa del toque romántico de la profesión, muchos medios pagan usando cosas como “visibilidad” y “currículum”. Es curioso, porque si vas con visibilidad al kiosco, no te dejan ni oler los periódicos.

9. Dicho lo cual, los números premiados en la primitiva del jueves 22 de septiembre de 2004 son 4, 8, 15, 16, 23, 42.

10. No copies las notas de prensa tal cual. Esa no es forma de trabajar. Borra los adjetivos. Ahora sí, perfecto. Estás EDITANDO.

11. Los periodistas del corazón también son periodistas, igual que ese desgraciado que te inundó el piso y ahogó a tu periquito era un fontanero. Un fontanero regular, de los no muy buenos, pero fontanero, al fin y al cabo.

12. Todo el mundo tiene una opinión sobre cómo debería ser el periodismo. Yo suelo contraatacar dando mi opinión sobre el alto porcentaje de ingenieros (por ejemplo) que llegan vírgenes a los 30 años.

13. Decir que eres periodista sirve para ligar. Por desgracia, tú, Jaime Rubio, no sirves para ligar, como demuestra esa perilla.

14. Es importante que los demás medios estén haciendo lo mismo que tú. Incluso titulando con las mismas palabras, si es posible. Si por algún motivo has titulado diferente o has tratado el tema desde otro punto de vista, es que algo has hecho mal. Todos los medios de comunicación del país no pueden estar equivocados.

15. Escoge: puedes escribir sobre política y recibir presiones políticas, o escribir sobre cualquier otra cosa y recibir presiones de los anunciantes. También puedes escribir sobre economía, que te presione todo el mundo y que no te lea nadie.

16. Podría ser peor. Podrías trabajar en el departamento de comunicación de una empresa.

17. Incluso peor: en el departamento de comunicación de un partido político.

18. Te equivocarás a menudo, se darán cuenta dos, y le dirás a tu jefe que “ya se sabe cómo son los pirados de internet. Gente obesa y con mucho tiempo libre, que no tiene otra cosa que hacer que ir trolleando al personal. Deberíamos moderar los comentarios”.

19. Es perfectamente posible ir a una rueda de prensa de La Caixa, que te regalen una televisión y mantener la independencia.

20. ¡No tengo tiempo para oponerme al poder, estoy trabajando!

21. Si realmente quisieran que hablaras sobre lo que ocurre en el mundo, no te encerrarían en un zulo sin ventanas, que es lo que son la mayoría de redacciones.

22. Dona cinco euros de vez en cuando a la Wikipedia, anda, que poco es para las fusiladas que le metes.

23. En internet, lo que importa son las páginas vistas así que puedes usar ese titular con las palabras “tetas”, “sangre”, “Mariano Rajoy”, “cadáveres” y “Satán”. Ya habrá tiempo de contradecirte a ti mismo en la entradilla.

24. Las redes sociales son tu escaparate. Úsalas.

25. Bien, ahora que ya podemos usar Twitter en el trabajo, necesitamos una excusa para Candy Crush. ¿Nos estamos documentando para un tema de… caramelos… que explotan…? ¿Caramelos terroristas? ¿Un ataque de caramelos? ¿Estamos atrapados en gelatina y necesitamos que un caramelo explote para liberarnos? Ya casi lo tengo.

26. Aprende mucho sobre un tema, especialízate en él y entra en el circuito de las conferencias. Te bastará con prepararte una sola charla y un power point con algún vídeo gracioso para no tener que volver a trabajar en tu vida.

27. Abre un blog y escribe los mismos textos aburridos que te encuentras en las columnas de opinión de cualquier periódico.

28. No, espera, nada de blogs: abre una web sobre chorradas ilustradas con gifs animados. Llámala Buzzfeed.

29. En serio, hazme caso. El futuro del periodismo es una página con fotos de gatitos.

Busco AMOR

amor

Estoy buscando a mi alma gemela. ¿Por qué es tan difícil encontrar a alguien que nos quiera? Quizás es por este frío mundo en el que no se valora a las personas por lo que de verdad importa y en el que los abrazos se han sustituido por distantes mensajes de texto, algunos de ellos, eso sí, con berenjenas. Tampoco pido mucho, sólo quiero a alguien que me dé su cariño y con quien compartir (¿quién sabe?) el resto de mis días y algunas aficiones.

Busco a una mujer sensible, pero que no se queje mucho por todo, tampoco, ni que sea sensible de piel, y se pase el día con urticarias. También quiero que sea inteligente: que tenga un cociente intelectual de entre 116 y 134. Más no, que me haría sentir inseguro. Que le guste leer, pero no en francés, que es muy pedante, ni a Martin Amis. Quiero que descubra a Martin Amis gracias a mí. “Cariño, deberías leer a Martin Amis”, yo empezaría con Campos de Londres. Y lo leería y al principio no acabaría de gustarle, pero luego le iría pillando el gustillo gradualmente, gracias a dos o tres libros más (ya iríamos viendo cuáles, dejemos un poco de margen para la sorpresa).

También le ha de gustar el cine, pero no de ir cada semana, que es muy caro y no estamos para gastos. Pongamos una o dos veces al mes y luego ir bajándose pelis para los domingos. Eso sí, le tiene que gustar Woody Allen, pero no mucho. Que le ponga un 8. En plan, “es muy bueno, pero también tiene mucha morralla”.

También estoy buscando a alguien a quien le guste pasear por el mar, pero dejando el mar a la izquierda, jamás en sentido contrario, y que sea ella quien vaya más cerca de la orilla, que las olas me dan un poco de miedo. Vamos, que haga un poco de airbag, para no mojarme.

Lo de pasear bajo la lluvia me parece bien, pero sólo si el paraguas es negro. Los paraguas de otros colores me provocan pesadillas porque de niño perdí uno azul y desde entonces me siento muy culpable. No podría ni siquiera tomarme un café con alguien que entrara en el bar acarreando un paraguas, pongamos, rojo. Tendría que golpearle con el taburete, escupir, y largarme muy indignado.

Le ha de gustar salir, pero hasta las tres como muy tarde, y también ha de comer pescado, pero nada de trucha. En los ríos la gente mete los pies muy cerca de los peces y eso no puede ser bueno.

No puede haber estudiado ni derecho, ni historia, ni ciencias políticas, ni ninguna carrera de ciencias, menos matemáticas, y tampoco ninguna ingeniería, excepto alguna de las técnicas (tendríamos que negociarlo). Ha de tener un trabajo estable y cobrar entre 28.000 y 36.000 euros al año (si cobra más, se puede hablar, pero de entrada no me interesa alguien tan materialista).

Su coche ha de ser de color azul metalizado o gris oscuro, y para mí es fundamental que en la guantera haya guantes, como su propio nombre indica. Hablando de nombres, no es que sea algo que me vaya a romper el corazón, pero preferiría que su apellido no acabara en -ez. Le resta mucho romanticismo al asunto y yo soy un romántico empedernido.

El físico no me importa mucho: basta con que sea guapa, mida entre 1,57 y 1,66 metros, pese entre 47 y 59 kilos, tenga el pelo en alguno de los seis tonos cuyos pantone adjunto y tenga un máximo de dos dioptrías por ojo, que no pueden ser verdes. No ha de tener ningún lunar en la nalga derecha. En la izquierda, si quiere, sí, que tampoco es plan de andarse con exigencias. En cuanto a la edad, ha de tener entre 128 semanas menos y 59 semanas más que yo.

Puede ser alérgica a los gatos, pero no a las plumas de aves. No tengo pájaros, pero esa alergia me parece muy ridícula hoy en día, cuando ya no hay almohadas rellenas de plumas. Es una alergia que no sirve para nada. Tampoco vas a ir lamiendo palomas por la calle.

También es importante para mí que no vista nunca con prendas marrones, que su plato favorito sea el magret de pato (sin plumas, nada de lamer plumas) y que no coma jamás helado de vainilla, le guste o no. No ha de planchar jamás en fin de semana y su desayuno ha de consistir en un café solo, con o sin azúcar (no soy especialmente maniático) y dos tostadas con mermelada (sin mantequilla ni margarina).

Debe haber viajado al menos a Holanda, Francia, República Checa y Marruecos, pero no a Bélgica ni a México.

En cuanto a mí, ¿qué puedo contar? Apenas soy un alma herida que navega sin rumbo en busca de su brújula. Por cierto, la brújula en cuestión ha de tener título de patrona de barco. De verdad, no es ninguna metáfora.

Ah, casi lo olvido: si jugamos al Trivial Pursuit, ha de usar la ficha rosa o la amarilla. Las otras, jamás. De hecho, si hay más gente jugando y los demás se piden esas fichas antes que ella, ha de arrojar el tablero al suelo y gritar mucho mientras les clava a los dos ladrones un tenedor en los ojos.

No podría amar a alguien que no supiera defender sus principios.

Espero que estés ahí, media naranja mía, leyendo este mensaje y escribiendo una lista con todos los requisitos que cumples. Si llegas al ochenta por ciento, envíame un mail con la relación detallada, y mi responsable de recursos humanos se pondrá en contacto contigo lo antes posible para comenzar a construir juntos nuestra vida en común, previo proceso de selección con prueba escrita y dos entrevistas personales.

Zurdas abstenerse.

"No conozco a mis padres"

familia

Jessica G. acaba de cumplir diecisiete años y aún no conoce a sus padres. “Son muy tímidos –explica– y a pesar de que llevamos toda la vida viviendo juntos, aún no se han presentado. Por la correspondencia, creo que se llaman Matías y Mireia, pero no lo puedo asegurar”.

Al parecer, a su madre nunca le hizo gracia lo de meter a una desconocida en casa. “Yo no veía claro lo del embarazo –explica–. ¿Y si nos sale delincuente o drogadicta? Creo que es mejor mantener las distancias hasta que estemos seguros”. De todas formas, Mireia ya ha cobrado cierta confianza: “A la Jessica esta (se llama Jessica, ¿no?) se la ve buena gente. Pero fíate tú de la juventud”.

Matías no desconfía de su hija, pero siempre ha sido muy cortado con el sexo opuesto. “Lo reconozco –afirma–, a mí las mujeres me intimidan. Y es injusto eso de que siempre seamos nosotros los que demos el primer paso”. De todas formas, este hombre asegura estar “reuniendo valor para saludar a Jessica e iniciar una relación padre-hija como la que yo jamás tuve con mi padre. Más que nada porque yo no era su hija, sino su hijo. Esto me marcó mucho. Lo de no ser su hija. Porque me definió como persona. Concretamente, como persona de sexo masculino. Sí, llevo medias debajo de los pantalones. Déjame en paz”.

(Fuente de la imagen).

¿Qué es la internet? Os lo explico

lainternet

Es posible que hayáis oído hablar de un invento reciente que podría revolucionar el mundo de las telecomunicaciones: se trata de la internet, que conectaría nuestros ordenadores con la red telefónica y nos permitiría acceder a lo que ya se denomina la “autopista de la información”.

Imaginad lo que algo así podría suponer para la civilización occidental (incluso la oriental): tendríamos acceso a los clásicos de la literatura universal (como Superlópez) hablaríamos con personas que están en la otra punta del mundo (pudiendo enviarles fotos de nuestros cuerpos desnudos) y, por qué no, podríamos entrar en los ordenadores del Pentágono (y lanzar varios misiles atómicos).

Recientemente tuve la oportunidad de adentrarme en el centro neurálgico de la internet: unas oficinas subterráneas llenas de computadoras y cables, situadas en Silicon Valley (California), una zona llamada así por su semejanza con el entreteto de una señora operada.

En esta central trabaja una cincuentena de personas, proporcionando todos los contenidos que podemos ver y leer cada día cuando surfeamos en la red. “Puede parecer mucho trabajo -explica el doctor Jakob Adenauer, director técnico de la internet-, pero contamos con los medios más sofisticados para llevar a cabo nuestra tarea”.

Me lleva a una de las áreas más importantes de la internet, Gatitos, y me muestra cómo funciona. “En estas jaulas guardamos gatitos graciosos, como por ejemplo este de aquí -mientras habla, saca de su jaula a un gato que lleva pajarita-. Lo único que tenemos que hacer es introducirlo en la máquina de memes”. Abre una compuerta metálica de la que sale una llamarada y arroja al gato dentro, que grita durante apenas unos segundos. “El meme se genera en esta pantalla y nuestro guionista escribe varios cientos de miles de frases graciosas”.

Me presenta al redactor, un tal Damon Lindelof, que deja de teclear para agarrarse a mi chaqueta y explicarme en qué consiste su trabajo: “Sácame de aquí… Por favor… Te lo suplico…” Adenauer suelta una carcajada y lo aparta con un palo. “Qué bromista es. Así le salen luego las cosas de gatos”.

gato lindelof

¿Esto es lo mejor que se te ocurrió, Lindelof? ¡Todo el mundo te odia!

Adenauer también me enseña cómo se hacen los gifs. “Se trata de uno de los mayores avances tecnológicos de la humanidad. Ni te imaginas lo que cuestan”. El equipo de gifs está formado por cuatro personas que llevan trajes de amianto y a los que sólo podemos ver desde detrás de un cristal reforzado. “Esta gente trata las imágenes con radioactividad: ¡por eso se mueven!”, explica Adenauer, que añade, con un tono de voz menos jovial, que “los técnicos en gifs acaban muriendo de cáncer después de apenas unas semanas de trabajo. No supone un problema real, porque casi todos son extranjeros, pero es un engorro tener que sustituirlos con tanta frecuencia”.

grimes

Técnico en gifs dándolo todo

Otra parte importante de la internet es la publicidad. “Nuestro trabajo consiste en que sea odiosa: que te tape el texto que estás leyendo, que tenga musiquita, que el botón para cerrarlo sea lo más pequeño posible… El objetivo es que hagas clic sin querer y se te abran setenta u ochenta pestañas”. Es lo que Adenauer llama “marketing por erosión”: “Está comprobadísimo que si te insisten lo suficiente, acabas gritando BASTA, POR DIOS, BASTA, TOMA MI DINERO Y CÁLLATE, BASTA YA, NO PUEDO MÁS, ME QUIERO MORIR. No se trata sólo de nuestra experiencia diaria: hay estudios que lo demuestran”.

Una preocupación de muchas empresas culturales es la piratería. ¿La internet es el paraíso de lo gratis? “Lo fácil es echarle la culpa a la internet. También es lo acertado, claro”. Adenauer afirma que “las empresas tendrán que adaptarse” y no duda en añadir que “la internet ofrece muchas oportunidades de negocio, aparte de la ya mencionada publicidad. Hay expertos que están ganando mucho dinero con la internet dando conferencias en las que explican que se puede ganar mucho dinero con la internet”.

Le pregunto al doctor Adenauer por los nuevos proyectos que está desarrollando y me explica que “lo estamos organizando todo en listas. Verás”. Me lleva hasta una sala llena de archivos metálicos en la que un par de bibliotecarias cincuentonas con gafas en la punta de la nariz toman notas en multitud de fichas desperdigadas por varias mesas. “Internet contiene cantidades ingentes de información y conocimiento. Pero tanta información acaba resultando caótica y por eso necesitamos ordenarla. Por ejemplo -lee un par de fichas-: 27 cosas que no sabías del cuerpo humano, 42 inconvenientes de ser millonario, 11 motivos por los que un hombre debe leer, 19 gatitos graciosos… ¿Ves? Así es más fácil dar con la información que te hace falta”.

Sin duda, la internet será aún más útil gracias a estas listas. ¡La información ya no estará dispersa en multitud de páginas, sino que se podrá acceder a ellas con un sólo clic! ¡Gracias, internet!

Le comento que he visto poca gente trabajando y me dice que eso es normal, ya que “la mayoría de los empleados trabaja en otras dos secciones”. La primera es el área llamada Sabiduría, donde una decena de guionistas escribe comentarios para periódicos, foros y, sobre todo, Menéame. “Es un trabajo muy difícil, ya que deben comentar textos que no han tenido tiempo para leer, y aun así hacerlo como si supieran lo que pone y se hubieran enfadado mucho leyéndolos”. Para hacerlo, añade, el departamento cuenta con “las personas mejor preparadas”. Se trata de tertulianos medio retirados, como Juan Adriansens y Javier Nart. “No hay nada mejor para hablar de lo que no se sabe. Lo único que le pedimos es que sepa escribir un poco, excepto en el caso de Miguel Ángel Rodríguez, al que le dejamos que dicte a un mono borracho”.

Este departamento también se encarga de las redes sociales: “Hay que darle a ‘me gusta’ en las fotos en las que sales gordo, escribir esos chistes tan buenos sobre gordas en Twitter y publicar fotos de magdalenas de colores en Instagram. Sí, este tema lo lleva el chico gordito del fondo”.

La otra gran área es la de Tetas, en la que otra decena de personas se dedica a colgar fotos y vídeos subidos de tono. No sé muy bien lo que ocurre con este departamento, pero lo cierto es que entro a echar un vistazo el 12 de julio de 1998 y salgo de allí el 2 de octubre de 2013. Me puse a mirar cosas, hice un par de clics y me lié.

“En realidad -explica Adenauer-, esto te podría haber pasado en cualquier departamento. Cuando los datos se transmiten por la internet, ya sea por cable o de forma inalámbrica, se crean unos campos electromagnéticos que rompen el tejido del continuo espacio-tiempo y generan una anomalía. Por eso cuando estamos con la internet y nos ponermos a ver gifs de gatos, el tiempo transcurre mucho más deprisa de lo que nos parece”. Los gifs son especialmente peligrosos, “por culpa de la radiación”.

Dejo las instalaciones de la internet muy contento con la experiencia. He aprendido mucho acerca de un medio que sin duda será muy importante en el futuro. ¡Estoy ansioso por conocer qué más sorpresas nos traerá la red de redes!

Te has hecho algo en el pelo

carrito

(Estoy acabando una novela, cuyo título provisional es Te has hecho algo en el pelo. Aquí tenéis las cuatro primeras páginas. Si no os gustan, es porque sois gordos y tenéis granos).

 

-¿Te has hecho algo en el pelo?

Así empezó todo. Con una pregunta anodina, quizás algo peligrosa, teniendo en cuenta que se la estaba haciendo a mi mujer un sábado por la mañana. Si la respuesta a esa pregunta era afirmativa, ya tendría que haberme dado cuenta la tarde anterior.

-No -contestó ella-. Hace más de un mes que no voy a la pelu. ¿Por qué lo dices?
-No sé, te lo veo más claro.

Y sí, se lo veía más claro. Si me hubieran preguntado de qué color era el cabello de mi mujer, hubiera contestado, sin dudar, “castaño oscuro, casi negro”. Desde siempre. No se lo había teñido en todos los años que llevábamos juntos. Pero ahora la estaba mirando y lo veía castaño claro, casi rubio.

-Será la luz -añadí, girando la cabeza, intentando buscar algún reflejo del sol que se me hubiera escapado y que hacía que el cabello de Mireia pareciera, eso, más claro-. O igual es que estoy medio dormido todavía.
-¿Rebeca ha desayunado?
-Sí, le he calentado la leche mientras estabas en el baño.
-No me gusta que vea la tele cuando desayuna.
-Bah, déjala, están echando uno de sus setecientos programas favoritos.
-…
-No gruñas. Es sábado. Los sábados por la mañana los niños ven la tele mientras sus padres olvidan toda la semana anterior. Yo lo hacía. Tú lo hacías. ¿Recuerdas La bola de cristal?
-A mí no me dejaban ver tanta tele como a ti.
-Así has salido.
-No, perdona, así has salido tú.

Me había despertado una mañana y mi mujer tenía el pelo de otro color. Tampoco era tan grave. No tenía una joroba, ni le faltaba un ojo. Intenté olvidarme del tema, asumir que me había despistado, olvidado. Decidí comportarme con normalidad. Estaría aún medio dormido. Seguramente mi cerebro todavía no funcionaba a pleno rendimiento. Me hacía mayor.

La mañana transcurrió como cualquier otra mañana de sábado, con la excepción de que no dejaba de mirarle el cabello a Mireia. Rebeca jugó, yo me duché y bajé al supermercado, también preparé la comida y acepté la propuesta horrible para pasar la tarde que hizo Mireia, si bien hay que admitir que podría haber salido de cualquiera de los dos.

-Podríamos ir a l’Illa. Rebeca necesita zapatos. Y a ti no te irían mal unos tejanos.

Fuimos a ese centro comercial, igual que aproximadamente la mitad de Barcelona. Todos dábamos tumbos de tienda en tienda, pensando por qué diablos estábamos allí con toda esa gente, pero conscientes de que dentro de dos o tres semanas volveríamos a venir y a agobiarnos y a quejarnos.

Como es natural, Rebeca se puso imposible, igual que todos los críos de su edad en una situación similar. Escogimos unos zapatos que le gustaban, pero que luego, nada más salir de la tienda, ya no. Manifestó su disgusto con un llanto forzado. La reñimos con escaso convencimiento, ya que nosotros mismos también estábamos algo hartos de aquel escenario y teníamos ganas de tener cinco años y soltar una pataleta. Mireia se probó varios vestidos de verano y un par de camisetas. No se compró nada. Yo no quise ir a ninguna de mis tiendas. Demasiada cola en los probadores. En una tienda vacía, podía tardar cuatro minutos en comprar unos tejanos. En aquellas igual tenía que pasar una hora. Demasiado. No estaba capacitado para llevar a cabo un esfuerzo semejante. Mireia volvió a las mismas tiendas en las que ya había estado para probarse la mitad de las prendas que ya se había probado. Ante una nueva y justificadísima, seamos sinceros, pataleta de Rebeca y ante mi también excusable cara de fastidio, Mireia nos envió a tomar un refresco mientras agarraba perchas como si se las fuera a clavar a alguien.

Salimos de allí a las ocho, estresados y malhumorados, con tres bolsas de ropa que no le acababa de gustar a nadie. Y yo con unas ganas terribles de beberme tres cervezas. Sólo que no podría porque habría que prepararle la cena a la niña, ponerle el pijama y luego ella querría jugar a algo y cuando finalmente se acostara ya se me habrían pasado las ganas de tomarme no tres, sino ninguna.

En todo ese tiempo intenté quitarme de la cabeza el hecho de que seguía viendo el cabello de Mireia de otro color. Pero no podía. Le miraba el pelo fijamente, cuando no atendía, claro, para no ponerla nerviosa, buscando el motivo que me hacía verlo en otro tono o el que me hacía recordarlo de otra manera. Incluso miré las fotos que tenía de ella en el móvil, mientras tomaba una Coca-Cola con Rebeca, sólo para comprobar que no, que su pelo nunca había sido castaño oscuro, casi negro, y que ese castaño claro, casi rubio, era su tono natural, o al menos el que aparecía en todas las fotos que tenía guardadas.

-No pienso volver con vosotros de compras un sábado -dijo, precisamente, Mireia, durante el paseo de vuelta.
-Menos mal -contesté, esbozando una sonrisa.
-¿Por qué? -Preguntó Rebeca desde mis hombros.
-Porque somos muy pesados.
-¿Mamá está enfadada?
-No, claro que no estoy enfadada.
-Sí que lo está. Y para que no lo esté más, tú y yo vamos a preparar la cena cuando lleguemos.
-Quiero tortilla de patatas.
-Pues tortilla de patatas.

Los tres llegamos a casa con mejor ánimo. Nos subimos en el ascensor y apretamos el botón del cuarto piso. Yo salí primero y, como de costumbre, hice mi imitación de mayordomo, que consistía en sostener la puerta e inclinarme mucho, con el rostro muy serio.

-Señoras, por favor.

La primera en salir fue Rebeca, dando saltitos. Le siguió un bulto negro, que era un cochecito para bebé en el que dormía un niño de alrededor de un año. Empujando el carrito estaba Mireia, con cara de cansancio.

-¿Tienes tus llaves? -Me preguntó.
-Er… Pues… Sí, sí, las tengo.

Abrí la puerta de casa. Mireia aparcó el carrito en el recibidor y sacó al niño, sin despertarlo.

-Voy a bañar a Xavi -me dijo-. Si quieres ir haciendo la cena…
-Sí, claro, la cena…

Me quedé parado, de pie, supongo que con la boca entreabierta, mientras Mireia se llevaba a aquel crío al cuarto de baño.

-Papá, papá -Rebeca tiraba de mi mano-. ¿Te puedo ayudar con la tortilla? ¿Puedo batir el huevo?
-Ehm… Sí…
-El tete no puede cocinar.
-No, el tete es pequeño.

19 características de un buen presidente del gobierno

presi

Es posible que no seas muy inteligente y que no te guste demasiado trabajar. Eso significa que tus únicas salidas laborales son participar en un reality o meterte en política. Concursar en Gran Hermano es ligeramente menos indigno que ser diputado, pero tiene el inconveniente de que lo más probable es que el sueldo sólo te dure un puñado meses, mientras que la carrera política puede ser algo más prolongada en el tiempo. Y ya puestos a perder la dignidad, ¿por qué no aspirar a la presidencia del gobierno? Piensa que un presidente no hace absolutamente nada, ni conducir, ¡tiene hasta chófer!

Por supuesto, no todo el mundo sirve. Estas son las diecinueve características que deberías reunir para ser un presidente del gobierno ideal.

1. No aprendas ningún idioma, aparte de un español justito. Si sabes inglés o cualquier otra lengua extranjera, asegura que no la entiendes y simula un acento muy forzado, algo así como “Espein is a beri nais contri. Contri más yu si it, más yu laic it”.
2. No te dediques a ninguna otra profesión que no sea la de político. Como mucho, sácate unas oposiciones, pero ni se te ocurra ejercer. Es importante que no tengas ningún contacto con la realidad. La realidad podría llevarte a pensar que los trabajadores no reciben sobres con sueldos extra en negro, por ejemplo.
3. No tengas opiniones propias. A partir de ahora, tus principios serán una combinación de muy difícil equilibrio entre: a) las preferencias de la mayoría de tus votantes y b) las necesidades de tu partido.
4. En caso de que haya conflicto de intereses, di que sí a ambos y no hagas nada al respecto.
5. De hecho, lo mejor es no hacer nada nunca. Cualquier acción o declaración hará que alguien que se enfade: lo ideal es mantenerte quieto y callado.
6. A no ser que necesites crear una cortina de humo. Si por ejemplo alguien de tu equipo está acusado de corrupción, resucita a Franco, habla de toros, declárale la guerra al Reino Unido o incendia un hospital infantil. Cualquier cosa antes de que uno de los tuyos se vea obligado a dimitir o, peor, tú te veas obligado a dar explicaciones.
7. Aprende a hablar sobre cosas que no te interesan con gente que no sabes quién es. La mayoría de actos políticos (inauguraciones, campañas, conferencias) no son más que largas conversaciones de ascensor.
8. Cásate con una persona del sexo opuesto.
9. No tienes por qué saber historia, pero sí has de poder utilizarla. Cualquier peligro o controversia es comparable a “los peores momentos de la guerra civil / la dictadura / el nazismo / la Segunda Guerra Mundial / el estalinismo / la Cuba de Fidel” (según la ocasión y las preferencias). Da igual que no haya relación, lo importante es asustar y soliviantar a los propios en contra de los ajenos.
10. No hables de tus ideas: a nadie le importa si eres progresista, conservador, cristiano, ateo, ecologista, liberal… Eso pertenece a tu esfera privada. Es algo muy íntimo. Pero eso sí, cuéntale a todo el mundo de qué equipo de fútbol eres. No vaya a pensar nadie que no te gusta el fútbol.
11. Si tu equipo o la selección llega a alguna final, no trabajes y ve al campo. Lo primero es lo primero.
12. Busca fotos con líderes políticos internacionales, aunque no hables su idioma. Como estos restaurantes que cuelgan fotos de los famosos que han comido allí. Estrecha su mano y después comenta que “hemos tenido una conversación muy enriquecedora que fortalecerá los vínculos entre dos naciones aliadas”.
13. No tengas memoria: piensa que hoy puedes decir una cosa y dentro de seis meses la contraria, según lo que interese en cada momento. Es posible que algún listillo publique tu primera declaración, pero no te preocupes: a nadie le gustan los listillos.
14. Y tampoco te preocupes por tus memorias: te las escribirá otro y no las leerá nadie.
15. Recuerda que tus declaraciones son opiniones sensatas, expresadas con respeto y desde la moderación. Las declaraciones de la oposición son burdos ejemplos de demagogia.
16. Si alguien del partido de la oposición disiente de su líder es porque no están organizados de forma eficiente. Un caos. Si el que discrepa es de tu partido, es simplemente porque hay libertad y pensamiento crítico.
17. Cuando ocurra algo horrible, busca a alguien a quien culpar. Ha de ser fácilmente identificable, pero lo suficientemente difuso como para que el menor número posible de gente se sienta aludido. Por ejemplo, la culpa del paro puede ser del gobierno anterior, de las grandes empresas, de los sindicatos, de los funcionarios o de los propios parados que no están dispuestos a aceptar cualquier trabajo. Depende de lo que le interese a cada cual.
18. Pero no olvides que cuando te retires, necesitarás algún carguito majo, de estos de ir a firmar de vez en cuando y hacer alguna llamada telefónica, así que acuérdate de hacer algunos amigos.
19. En definitiva, lo importante es dormir bien por las noches. Y disfrutar de una reparadora siesta.

Si sigues estos consejos, lo tendrás algo más fácil para alcanzar la presidencia del gobierno. Se trata de un camino difícil y sacrificado, al final del cual le caerás mal a un montón de gente. Pero da igual, si quieres dedicarte a la política, es muy posible que ya le caigas mal a muchos antes de comenzar. Así que ya puestos, mejor oír los insultos desde tu coche oficial blindado y pedirle al chófer que suba el volumen de la música.

 

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