Instrucciones para colgar un cuadro

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Para colgar un cuadro necesitarás:

-Un cuadro.

-Un clavo.

-Un agujero.

Es cierto que puedes hacerte un agujero a mano, pero lo más fácil es comprarse uno ya hecho. Se pueden adquirir en cualquier ferretería y vienen en packs de seis. Al fin y al cabo, también podrías fabricarte tus cuadros y tus clavos, pero la mayoría de la gente no lo hace. La civilización consiste en gran medida en la división del trabajo.

Hay tres o cuatro empresas importantes en el sector de los agujeros. Se encargan de fabricar agujeros para todo tipo de usos: para colgar cuadros, para el queso gruyère, para huir de prisiones, para tu camiseta favorita, para todo. También fabrican agujeros de gusano y agujeros negros, pero de esos no suelen tener en las ferreterías de barrio porque son más bien caros. En El Corte Inglés sí que hay. Sirven para colgar cuadros, pero en otras épocas o dimensiones.

El problema con los agujeros prefabricados es que si no los usas en un tiempo razonable (pongamos uno o dos meses), se dan de sí. Guardé los últimos cuatro que me sobraron en el cajón del escritorio y un día entré en el despacho y me encontré con que la mesa se había caído por uno de esos hoyos.

Fue muy complicado arreglar el lío: tuve que meter medio cuerpo en el agujero, abrir el cajón del escritorio, sacar el agujero y guardarlo en una bolsa. Después tuve que salir del agujero y de la bolsa, arrastrando la mesa. Y aún tenía que deshacerme de aquellos cuatro agujeros. Los llevé a un descampado, no sin dificultad (me caí un par de veces en uno de ellos) y los llené de tierra. Pero claro, al llenarlos de tierra, dejé otro hoyo enorme al lado.

Por suerte, un par de semanas más tarde me tocó la lotería y pude tapar ese agujero con billetes. Me sobró un poco de dinero y lo metí en un queso porque del queso me gusta todo menos los agujeros, que no me saben a nada.

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Acerca de las justas críticas de la CEOE a la pereza de los asalariados

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José de la Cavada, responsable de relaciones laborales de la CEOE, ha criticado que se concedan hasta cuatro días de permiso cuando fallece un familiar directo y hay que ir a enterrarle lejos de donde uno vive. Es una excusa muy barata porque nadie entierra a sus familiares. Sólo nos quedamos ahí de pie, mirando como otros señores hacen todo el trabajo. Nuestra asistencia es inútil. Somos los empresarios de los funerales.

En todo caso, De la Cavada tiene razón: la actual legislación laboral tiene muchos huecos que son continuamente aprovechados por empleados vagos y sin escrúpulos. Por ejemplo:

– Las empresas están medio vacías porque los empleados están continuamente asesinando a todos los familiares que viven lejos sólo para poder disfrutar de cuatro días de permiso.

– Conozco a muchas parejas que se han casado para tener los quince días de vacaciones. Cada cierto tiempo se divorcian y después se vuelven a casar para tener otros quince días.

– Ojo, que también hay bodas entre amiguetes para hacer un viaje en plan colegas a costa de la empresa o simplemente tener dos semanas de fiesta cada uno. El matrimonio homosexual ha agravado esta costumbre, aunque hay que reconocer que ya estaba muy extendida desde hace años.

– Muchas parejas tienen hijos para disfrutar del permiso de paternidad y maternidad, por no hablar de las visitas al ginecólogo. Cuando se cansan del niño, estos comunistas lo matan y lo entierran. A ser posible, bien lejos, para tener cuatro días de permiso y no sólo dos.

– Cuando se termina el amor, muchos prefieren asesinar a su pareja en lugar de divorciarse, para tener, de nuevo, dos o cuatro días de fiesta. Es importante darse prisa para ser el criminal y no la víctima.

– Combinando bodas, divorcios, nacimientos y asesinatos, hay gente que acaba trabajando dos o tres meses al año, como mucho.

– Es más, un antiguo compañero de trabajo no sólo mató a su pareja, sino que tuvo la desfachatez de pedirse una baja por depresión con la excusa, claro, de que su esposa había fallecido.

– Y ojo, que si pillan a alguien por uno de estos crímenes, sigue impune, porque si le citan judicialmente, puede faltar al trabajo sin consecuencias.

También hay un día de permiso por mudanza. Como todo el mundo sabe, la burbuja inmobiliaria no fue debida a que los empresarios no tuvieran visión de futuro y los bancos no supieran hacer su trabajo. No: la burbuja se debió a que muchos trabajadores comenzaron a comprar y a vender casas como locos para disfrutar de ese día de asueto extra. Una amiga mía se mudó cada semana durante un año para trabajar sólo de lunes a jueves.

– ¿Y qué hay del derecho a voto? El derecho a voto no es más que una concesión de los partidos políticos a los sindicatos para que quienes trabajan en domingo puedan escaquearse unas horas. La gente puede votar en su tiempo libre. O por correo. Es cuestión de planificarse. O de eliminar el derecho a voto. ¿Para qué quiere votar todo el mundo? No tiene sentido. Cuánta más gente vote, menos valor tiene cada voto, por lo que la democracia pierde fuerza si todo el mundo puede acceder a ella.

Los abusos de las bajas por enfermedad son aún peores. Todos conocemos a alguien que ha viajado a Fukushima para volver con cáncer y poder pillarse la baja.

– Las excusas no quedan ahí. ¿Quién no se ha disparado alguna vez en la cabeza para no ir a trabajar? Al fin y al cabo, nadie te hará ir a la oficina una vez muerto. Vale, hace unos años mi jefe obligó a un compañero a venir a trabajar después de haberse suicidado. Fue un poco desagradable porque se pasó las horas comiendo cerebros, pero sin duda fue una decisión justa.

– Lo reconozco: en una ocasión yo llamé al trabajo dando un aviso de bomba para no tener que ir. Y para que nadie descubriera que era mentira, detoné varios kilos de explosivos de verdad. Pasaron tres semanas hasta que nos reubicamos en otras oficinas. Y sólo murieron siete personas. Mereció la pena. Ocho ya me hubiera sabido mal.

Está claro: si reducimos drásticamente estos permisos innecesarios, no sólo mejorará la productividad de nuestras empresas, sino que prácticamente eliminaremos la criminalidad en España. De hecho, por poco que investiguemos veremos claro que Gerardo Díaz Ferrán, presidente de la CEOE entre 2007 y 2010, simplemente acabó en la cárcel porque sus trabajadores no rindieron lo suficiente. Y el propio De la Cavada fue multado sólo por intentar desenmascarar a los asesinos que había infiltrados en su plantilla.

Héroes. Son héroes.

 

(Fuente de la imagen).

19 trucos para ahorrar

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Desde que entramos en crisis en 1830, todos estamos buscando nuevas formas de ahorrar y controlar los gastos, ya sea porque nuestros ingresos se han visto reducidos o simplemente por miedo a que se vean recortados y no contar con unos ahorros que nos permitan aguantar los 70 años de recesión previstos por los más optimistas.

Como a estas alturas (estoy subido a un taburete) ya debería saber todo el mundo, soy un experto en economía y conozco muchas técnicas de ahorro que a lo mejor vosotros ignoráis, al ser unos iletrados y unos manirrotos. Os explico unos cuantos trucos fáciles de aplicar:

1. Compra marcas blancas y ahorra, por ejemplo, cuatro céntimos por cada kilo de arroz. Después de comprar 300 paquetes habrás reunido los 12 euros que te cuesta el primero de los siete gintonics de cada fin de semana.

2. Por cierto, siempre que voy de gintonics, me llevo la ensalada de casa.

3. Si gastas lo mismo, pero pagas con billetes pequeños, tu gasto es más pequeñito. Y es supermono.

4. De hecho, es mucho mejor tener cien billetes de cinco euros que uno de quinientos porque los puedes tirar en la cama y revolcarte desnudo sobre ellos. Con el de quinientos también lo puedes hacer, pero queda muy raro.

5. En enero suelen subir los precios, aprovechando que nadie mira. Yo me compro unos setenta cortados en diciembre y me los voy tomando tranquilamente para empezar el año sin tanto gasto.

6. Si te cuesta ahorrar, puedes empezar poco a poco. Por ejemplo, ahorrando una hora al día o comprando menos cosas que comiencen por la letra A.

7. Desde que no tengo coche, ahorro mucho en gasolina. Sólo me gasto unos treinta euros al mes en llenar el depósito de la bicicleta.

8. De hecho, aproveché que me deshacía del coche para renegociar el seguro y ahora pago un 20% menos.

9. Hay que estudiar bien la factura del móvil: puede que no estemos aprovechando las ventajas de la tarifa, que necesitemos cambiar de operadora o, mejor aún, apagarlo, guardarlo en un cajón, meter el armario en una furgoneta, conducir hasta un acantilado de la costa y tirarlo el armario al mar.

10. ¿Seguro que necesitas respirar tanto? Prueba a respirar más lento y así gastarás menos oxígeno.

11. Cuando veas por Facebook que ofrecen cachorritos en adopción, ¡aprovecha! ¡Podrás comer carne gratis!

12. No hace falta que bebas agua embotellada. El agua del grifo cumple todos los requisitos de salubridad y a tu vecino no le importará que te cueles en su casa saltando por el balcón para llenar las dos garrafas de ocho litros cada día.

13. Hablando de agua, yo no me ducho. Cojo a un gato de la calle y le obligo a lamerme.

14. Puedes ahorrar haciendo pan casero. Y tu propio queso. Y comprándote una vaca para la leche. También tengo un cerdo al que mataré para hacer mi propio jamón. Y en la bañera es donde preparo Jaibeer, mi cerveza artesana. En el recibidor tengo una plantación de algodón y lino para tejerme mis propias camisas. Y con esta impresora elaboraba mis billetes caseros, pero se ve que eso es ilegal, como aprendí después de pasar cuatro años en la cárcel.

15. Los packs de ahorro son un timo, tal y como le demostré al encargado de un supermercado.

Jaime: Oiga, que este pack de doce yogures vale cuatro euros, pero el de cuatro sólo vale dos. ¿Cómo se atreven a llamarlo pack de ahorro si cuesta el doble?
Encargado: No, verá, si compra doce, cada yogur le cuesta treinta y tres céntimos, pero si compra cuatro, el yogur le sale por cincuenta céntimos.
Jaime: CUESTA EL DOBLE.
Encargado: Piense que es como si le regaláramos cuatro.
Jaime: CUATRO ES EL DOBLE DE DOS. TENDRÍA QUE SER AL REVÉS. EL PACK DE AHORRO TENDRÍA QUE COSTAR DOS Y EL NORMAL, CUATRO.

Me echaron a patadas porque no les interesa que se sepa la verdad.

16. En vez de ir cada día de menú, puedes llevarte un tupper al trabajo. Los puedes comprar por menos de un euro. Eso sí, saben mucho a plástico.

17. Comprar ropa de otras temporadas o incluso de segunda mano no es más que un parche. Yo prefiero desenterrar tumbas y vestirme con la ropa de los cadáveres. Fíjate, toca la tela. Calidad. A este señor lo enterraron con el traje de su boda, no hay más que ver las elegantes chorreras de la camisa. Sí, huele raro, pero lo disimulo echándome encima medio litro de Nenuco.

18. En vez de salir a cenar y de copas, invitaba a mis amigos a casa, pero me cobraban por venir y darme conversación, así que preferí hacer lo de siempre: divertirme con ellos por los mejores bares de Barcelona. Además, siguen empeñados en jugar al divertidísimo “¿pero esta vez quién coño ha avisado a Jaime?” ¡Nadie! ¡Os sigo cada tarde y os observo con mis prismáticos! ¡Nunca me ganaréis! ¡Jajaja! ¡Aunque esto de llevarla siempre es muy injusto! ¡Podríamos turnarnos!

19. No sabes lo que te ahorras en cenas si tu novia es una muñeca hinchable o un maniquí que no querían en Zara porque el brazo izquierdo está un poco roto. Eso sí, es posible que no te dejen entrar en todos los restaurantes.

 

(Fuente de la imagen).

Colmillos venenosos

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A: Buenas, venía a devolver este juguete.

B: Claro, ¿qué le ocurre?

A: Verá, es que pone que es una araña de plástico con colmillos venenosos. Y ahora mi hijo está muerto.

B: Aham… ¿Y cuál es el problema?

A: A ver, es una araña de plástico. Con colmillos. Y los colmillos tienen veneno de verdad.

B: Claro, lo pone en la caja.

A: Pero es un juguete para niños. ¿Por qué ponen veneno en un juguete para niños?

B: Para niños de entre 6 y 12 años.

A: Sí… Mi pobre Alfredito tenía 7 años de nada…

B: Es decir, niños que saben leer.

A: ¿Cómo?

B: A ver, es que usted mismo lo ha dicho, lo pone en la caja: “Araña monstruosa con colmillos venenosos”.

A: Pero es un juguete. Los juguetes no son venenosos. Hacen ver que lo son, pero en realidad no lo son.

B: No sé qué decirle, es que está muy claro.

A: Creía que era un reclamo publicitario.

B: ¿Un reclamo publicitario? ¡Era una advertencia!

A: ¿Pero a quién se le ocurre ponerle veneno a un juguete?

B: Así es más divertido. Los niños quieren juguetes realistas. Para jugar a ser mayores. Y de esta forma  aprenden acerca de los riesgos con los que se pueden encontrar cada día.

A: ¡Y ahora mi hijo está muerto!

B: Claro, es que usted tendría que haberle avisado. Mira, Luisito…

A: Alfredito.

B: Perdón. Mira, Alfonsito, esta araña tiene veneno, así que cuidado con los colmillos. Colmillos CACA.

A: ¿Y no sería más fácil poner colmillos de goma SIN veneno?

B: El problema que tienen los padres de hoy en día y perdone que sea Franco y me subleve contra el orden constitucional iniciando una Guerra Civil básicamente porque no respeto la voluntad de los ciudadanos y me falta un huevo… Ay, disculpe, que me he equivocado. Quería decir que el problema de los padres de hoy en día y perdone que sea franco, es que ustedes rehúyen sus responsabilidades. Pretenden aparcar a los niños delante de la tele o con algún juguete moderno para no tener que perder el tiempo educándolos.

A: Es que llego tarde a casa… Mi mujer también trabaja mucho… Estamos cansados, compréndalo…

B: Ya, si yo lo comprendo, pero no le eche la culpa al juguete. Lo decía bien claro. En la caja. Colmillos venenosos. Mire, vamos a hacer una cosa. ¿Tiene más hijos?

A: Una niña. De cinco.

B: Pues le vendo esta muñeca con un descuento del treinta por ciento. Es perfecta. Come papillitas y llora…

A: Aquí pone que también hace pipí. Y que el pipí es ácido de batería.

B: Efectivamente.

A: ¿No tiene nada más seguro?

B: ¿Qué le parece este juego de construcción? Con los bloques puede construir una casa. ¡O lo que imagine!

A: Aquí pone que dos de los ladrillos son de dinamita y explotan al colocarlos.

B: Jajaja… Sí…

A: ¿No tiene nada que no sea mortal?

B: Es que es lo que está de moda… Mire, por ejemplo, esto es lo último que nos llega de Estados Unidos.

A: ¿Es una pistola? Parece de verdad.

B: Es de verdad. El juego consiste en que usted la esconde y los niños la tienen que buscar. Hay dos niveles de dificultad: cargada o sin cargar.

A: Me sigue pareciendo muy peligroso.

B: También tengo una botella de lejía.

A: No, es igual, déjelo.

B: Y este juego de manualidades. ¡Incluye sierra eléctrica!

A: Gracias, buenas tardes.

B: ¡Eh! ¡Oiga! ¡Se deja la araña! ¡Oiga!

Ideas para un negocio

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Yo también quiero ser emprendedor: montar una empresa con un nombre parte en español, parte en inglés y parte en una lengua muerta, como Consultalia o Improvención, dar charlas sobre cómo emprender cosas y actuar como si “emprendedor” no fuera sólo una mala traducción de “entrepreneur”, es decir, empresario. Soy consciente de que para “emprender” no hace falta más que eso, un buen nombre y hablar mucho sobre el proceso de “emprendimiento”, pero me gustaría ir más allá y que mi empresa hiciera algo. Sí, lo sé, soy un revolucionario. Me compré una libreta para ir anotando todas mis IDEAS PARA UN NEGOCIO. Estoy dudando entre estas:

  • Heredar veintiséis millones de euros (a lo mejor más, tengo que hacer cálculos).
  • Si no puedo heredar veintiséis millones de euros, podría comprarlos, PERO POR MENOS (veinte millones, por ejemplo) y luego venderlos POR MÁS (no menos de treinta).
  • Fundar la Coca-Cola. Podría ser también el Banco Santander o Movistar, por ejemplo.
  • Ganar la lotería.
  • Un día me encontré un billete de diez euros por la calle: ENCONTRAR MÁS.
  • Debería inventar algo que pudiera usar todo el mundo. El inventor del agua debe estar forrado, por ejemplo.
  • ¿Y si invento una especie de cabina telefónica con ruedas, para que la gente pueda llamar por teléfono desde donde quiera?
  • Quizás podría inventar un líquido que al beberlo provocara buen humor, incluso euforia, pero luego depresión, finalmente sueño y, al despertar, dolor de cabeza y náuseas.
  • No sé, no parece buena idea. ¿Quién pagaría por lo primero, sabiendo que luego viene todo lo demás?
  • Pedir un euro a cada español.
  • De hecho, si cada español le diera un euro a cada español, todos tendríamos 47 millones de euros. Acabaríamos con la crisis y seríamos millonarios. El problema es que no nos damos cuenta de que podríamos hacer mucho más si trabajáramos unidos. Mucho egoísmo y mucha envidia es lo que hay.
  • Casas a domicilio. Le enviamos la casa que quiera a su residencia.
  • Comida de segunda mano. Vende todas esas paellas y helados que ya comiste y que no te gustaron tanto como para volverlos a usar.
  • Personal shopper para pobres, acompañando a gente al Mercadona para elegir mejor las conservas.
  • ¿No tiene tiempo para echar una siesta? ¡Nosotros lo hacemos por usted!
  • Bonsáis a tamaño natural. Son como bonsáis, pero miden lo mismo que un árbol normal.
  • ¡Clonamos a su cactus! (Clonar cactus debe ser más barato que clonar animales o personas).
  • Hay gente que necesita órganos para vivir. No se pueden comprar y vender órganos humanos. Por tanto, vender órganos musicales a gente que espera un trasplante.
  • Hay países que llevan muchos años con sus banderas. ¿No viene siendo hora de rediseñarlas?
  • Inventar una palabra, como gunufreta, y cobrar derechos de autor cada vez que alguien la use. Como resulta imposible saber quién la usa y quién no, cobrar una tasa anual a todo el mundo.
  • Debería ser una palabra que todos necesitáramos, para evitar reclamaciones. Así que gunufreta (es un ejemplo) debería tener un significado IMPORTANTE. Digamos que gunufreta significa SÍ. Todo el mundo necesita decir que sí en algún momento, ¿verdad? La respuesta es GUNUFRETA.
  • Soy un puto genio.
  • Comercializar lámparas maravillosas. ¿Quién no querría que se le concedieran tres deseos?
  • ¿Y por qué no CUATRO deseos? (Importante: así nos diferenciamos de la competencia).
  • Lámparas premium: hasta diez deseos al mes por un fijo mensual. Con permanencia mínima. Los deseos no usados se pierden. Como lágrimas en el mar.
  • Me voy a forrar.
  • Otra idea para un negocio: forrarme. Eso da mucho dinero.
  • ¿Pierdes mucho tiempo en internet? ¡Nosotros lo localizamos y te lo devolvemos!
  • ¿Se podrá buscar en Google el tiempo que perdemos en internet?
  • Un internet paralelo, en el que todo es casi igual, pero hay pequeñas diferencias. En el internet paralelo, Yahoo le ganó la batalla a Google, nadie está en Facebook porque la red social de moda es una versión renovada de IRC, en Twitter se pueden usar hasta 200 caracteres y Napster todavía existe.
  • El internet paralelo es en 3D y te puedes descargar OBJETOS. Objetos pequeños, nada más allá de una taza o un libro, pero objetos, al fin y al cabo.
  • De hecho, en el internet paralelo los buscadores también te encuentran las gafas, las llaves, el paraguas y el amor de tu vida.
  • En el internet paralelo, Amazon se llama Nile.

En el súper

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Llego con el carrito a la caja y comienzo a amontonar la comida: el pan, la leche, las manzanas, los yogures, el queso. La cajera empieza a pasar los productos, y sigo con los pimientos, la berenjena, los champiñones, las uvas, el zumo de melocotón, y ella va pasando y al marcar el precio se oye un pip, y continúo con el zumo de naranja, los filetes, las pechugas, el café y la cajera pasando y el pip sonando. Vacío el carro y agarro una bolsa de plástico para ir guardando las cosas, mientras oigo pip, pip y más pip. La bolsa no se abre, ahora sí, ya está, y vamos metiéndolo todo por orden, primero la leche, luego el queso, pero la chica va muy rápido y se amontona todo; cojo otra bolsa y agarro como puedo la carne y los huevos, y los meto de cualquier manera, ¿no se habrán roto? La chica ya ha acabado de pasar la comida y dice veintiocho con cincuenta, pero yo aún no he guardado ni la mitad de lo que traía y tengo una bolsa en una mano y el pan de molde en la otra. No sé si pagar o acabar de guardar la comida, ¿veinticuántos con qué? El labio inferior comienza a temblarme y la señora que está detrás de mí en la cola me mira muy enfadada, con el morro muy arrugado; la chica espera, pero yo sigo quieto y el labio me tiembla más deprisa, hasta que hablo y digo un minuto más, treinta segundos y lo acabo todo, de verdad, por favor, sólo un minuto, no me miréis así todos, un momento, pero el labio ya me tiembla demasiado y me pongo a llorar.

Pero nada. Son cuatro sollozos. Ya está. Qué tontería. Me seco los ojos con las mangas de la camisa. Ya pasó. Saco la cartera y le tiendo la tarjeta de crédito a la cajera. Veintiloquesea con lo que haga falta. Y deja de mirarme así, que todo esto es por tu culpa.

Fuente de la imagen.

¿Te apetece un café?

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A: Mi primer impulso fue estrangularle con el cable del teléfono.
B: ¿Pero…?
A: Mi teléfono es inalámbrico.
B: Ah, los odio. Donde esté un buen cable.
A: Así que decidí quitarme el cordón de uno de los zapatos.
B: ¿Pero…?
A: Pero le dio tiempo a huir, claro. Bueno, en realidad no huyó. O huyó de forma bastante tranquila. Teminó el café, bostezó durante mucho rato y salió a la calle silbando.
B: Ah, cómo odio a esa gente que sabe silbar y te lo restriega por la cara.
A: Cuando acabé de quitarme el maldito cordón salí a la calle tras él, pero el zapato se me caía todo el rato. Le dio tiempo a escaparse calle arriba. Caminando. Parándose a mirar en un escaparate.
B: Calle arriba. Encima estaba en buena forma.
A: Entonces volví a poner el cordón en el zapato, para recobrar velocidad y, por qué no, elegancia, y corrí también calle arriba.
B: Así que tú también estás en buena forma.
A: No. De hecho, de ahí viene el infarto.
B: Oh. Vaya. Cierto. Ahora entiendo por qué nos rodea este hospital y por qué traigo un ramo de flores.
A: Gracias.
B: No, si no son para ti.
A: Oh. Vaya.
B: Tengo una cita.
A: Anda. ¿Y está buena?
B: No lo sé. Es la primera vez que voy.
A: Es una cita a ciegas.
B: Supongo que la puedes llamar así, pero en realidad es una cita con un o una dentista. Lo que pasa es que yo soy un romántico y siempre llevo flores a todas mis citas.
A: Por eso te trataron tan bien en hacienda.
B: Y tan mal en el taller mecánico.
A: Y tan bien en la sastrería.
B: Y tan mal en aquella cena con aquella morena.
A: ¿Y eso?
B: Alergia.
A: Yo también tengo alergia, pero a los gatos.
B: Lo tendré presente. Si alguna vez vamos a cenar juntos, no traeré ninguno conmigo.
A: Gracias.
B: ¿Y qué piensas hacer?
A: Las alergias no se curan, así que me tendré que aguantar. Supongo que si me ataca un gato iré al médico para que me recete algo.
B: Me refiero a ese asesinato frustrado.
A: Ah. No sé. Al fin y al cabo nos conocemos desde hace mucho tiempo. Claro que durante todo este tiempo he querido estrangularle. De hecho, le invité a tomar café con esa única intención. No lo sé, la verdad, no lo sé.
B: Igual es demasiado astuto para ti. La horma de tu zapato.
A: Sí, algo tendrá que ver con los zapatos porque tuve muchos problemas para quitar el cordón.
B: Deberías buscarte una víctima más… fácil.
A: Igual sí. ¿Te apetece un café?
B: Uhm. ¿No querrás… matarme?
A: No, no. No. No, por favor. ¿De dónde habrás sacado esa idea? No. Ja, ja. No, no. No.
B: Ya.
A: Aunque no sería mala idea. Como entrenamiento. Pero no. No, no. Ja, ja. No. Nos conocemos desde hace mucho tiempo y… Vamos, que no.
B: Ya. Bueno.
A: No, no. Ja, ja. No. Qué idea tan absurda.
B: De todas formas, creo que voy a pasar del café.
A: Como quieras. Pero no lo hagas porque tenía pensado asesinarte.
B: No, no. Bueno, en realidad es por eso. Pero. Bueno. Además tengo que ir al dentista.
A: Claro, claro, ningún problema. Déjame a solas en este sucio hospital.
B: Tengo la cita programada desde hace más de un mes. No es una excusa.
A: Yo no he dicho que fuera una excusa.
B: Mira: traigo flores. Y me he puesto colonia.
A: Yo no digo nada.
B: Sí que lo dices. Me estás reprochando que te…
A: Yo no te estoy reprochando nada.
B: No, ya veo. Te recuerdo que tú querías asesinarme.
A: No mezcles cosas que no tienen nada que ver.
B: Mira, lo siento, pero tengo que ir al dentista.
A: Podrías llamar y decir que vas otro día.
B: Y qué hago con las flores.
A: Eso, vete, que te has gastado quince euros en un ramo de mierda.
B: Oye…
A: Así valoras nuestra amistad. En quince euros.
B: Insisto en que querías asesinarme.
A: Eso, no soy capaz de matar a nadie y no me quieres echar una mano.
B: Mira, lo siento, pero me voy. Tengo prisa.
A: Vete, vete. No te necesito para nada. Ni a ti ni a nadie.
B: Oh, vale, me quedo. Pero sólo un rato.
A: ¿En serio?
B: Sí, es igual. Puedo quedarme un rato más y pillar un taxi. Llegaré diez minutos tarde y en paz.
A: Guay.
B: Total, los dentistas siempre le hacen esperar a uno.
A: Y no sólo los dentistas: también los peluqueros.
B: Y los abogados.
A: Sí.
B: Uhm.
A: Bueeeno.
B: Sí.
A: Ehm…
B: Hace calor, ¿eh?
A: Sí. En la calle no tanto.
B: Ya.
A: Uhm… ¿Un café?
B: Me voy.
A: No, espera.
B: Te odio.
A: No digas eso.
B: Te odio.
A: Oh, últimamente todo me sale mal.
B: Ya, bueno, será por algo.

(Fuente de la imagen).