Las mejores recomendaciones pasivo-agresivas de Linkedin

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Alberto es uno de los mejores compañeros de trabajo que he tenido. Siempre estaba dispuesto a tomar un café o a comentar la prensa, y nunca dudaba en darle a “me gusta” en todas las fotos que veía en Facebook. Era apreciado por su optimismo, que le llevaba a no desanimarse jamás cuando se quedaba encallado en un nivel de Candy Crush.

Sandra es una excelente profesional con amplios conocimientos del mundo editorial, incluyendo las tendencias más actuales, como los libros electrónicos y la autoedición. Espero que consiga finalizar esa novela a la que dedicó tantas horas y por culpa de la cual fallecieron tres empleados en nuestra fábrica de mobiliario infantil. La echaremos de menos en el área de prevención de riesgos.

Iván fue mi jefe durante mi etapa en Massive Dynamics. De él aprendí muchas cosas, especialmente la importancia de delegar. También me enseñó que lo importante no es lo que sepas, sino lo que digas saber en las reuniones, y que una comida de trabajo con un cliente se puede alargar tres días, si es necesario para que esté satisfecho. Él me inspiró para dedicar mi trabajo final de posgrado al principio de Peter.

Noemí es una excelente profesional y la recomiendo encarecidamente y sin ningún asomo de duda a cualquier empresa de la competencia.

Contraté a Eva como desarrolladora freelance tras quedar gratamente sorprendido con su creatividad. La relación fue tan positiva que aunque el proyecto tenía prevista su finalización en seis meses, se alargó casi tres años. Fue precisamente esta excesiva creatividad la que provocó una relación tan duradera, ya que al parecer no fuimos capaces de inspirarla lo suficiente. De hecho, el proyecto era tan poco inspirador que nos acaba de llegar una demanda por plagio.

En los meses que pasé en el departamento dirigido por Sebastián, me sorprendió su conocimiento de la empresa y su habilidad para detectar las principales habilidades y los puntos débiles de nuestros compañeros. Gracias a sus charlas junto a la máquina de café, supe quién tenía problemas con el alcohol, quién se acostaba con quién y por qué despidieron al antiguo gerente tras una noche en el casino con la tarjeta de crédito de la empresa.

A pesar de lo que comentaban muchos, el olor de Daniel es perfectamente soportable, siempre dependiendo de las corrientes de aire y del calor que hiciera.

Seis años más tarde, ya recordamos con una sonrisa aquella mañana en la que Sonia arrojó por la ventana al becario por haberle traído el café con leche normal, en lugar de leche de soja. Sus antiguos compañeros esperamos que tras su salida de prisión y después de haber dejado definitivamente la cafeína, Sonia sea capaz de encontrar un empleo en el que demostrar su capacidad para trabajar en equipo y bajo presión.

(Fuente de la imagen).

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Holocausto contable

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Día 6 tras el incidente. La nube de polvo rojo sigue tapando el cielo, pero ya puedo distinguir el día de la noche. Aún queda comida, pero mañana tendré que salir a por agua. No me gustó lo que vi la última vez. Aún no he pasado por todos los pisos de esta finca, pero parece que mis vecinos han muerto. Todavía no he conseguido recibir ninguna señal ni de televisión ni de radio. Y lo que es peor, no he podido avisar a la oficina. La buena noticia es que este desastre de dimensiones tal vez mundiales que parece haber acabado con la civilización tal y como la conocemos comenzó el viernes por la noche, por lo que en realidad sólo llevo tres días sin ir a trabajar. Algo es algo.

Día 7 tras el incidente. He conseguido agua: un vecino tenía dos garrafas de ocho litros. Pero tarde o temprano tendré que bajar a la calle: en esta finca ya no queda comida utilizable, ya que gran parte de lo que había en las neveras se ha echado a perder. Además, no puedo cocinar. Intenté hacer una hoguera, pero sólo conseguí que el sofá ardiera en llamas. Por otro lado, hay que presentar la declaración del IVA y tengo toda la documentación en la oficina.

Mismo día, más tarde. No estoy muy seguro, porque las ventanas están llenas de polvo, pero me ha parecido ver la silueta de una persona en la calle. Estaba quieta y creo que me ha mirado cuando me he asomado y he gritado: “OIGA, ¿TIENE UN TELÉFONO O UNA PALOMA MENSAJERA PARA AVISAR A LA GESTORÍA GONZÁLEZ DE QUE LLEGO TARDE?”, pero se ha girado y se ha ido, caminando a trompicones entre esta especie de tormenta de arena. Seguramente ha sido una alucinación. Es cierto que está amainando, pero nadie saldría a la calle así. Suponiendo que quede alguien.

Sin embargo, no cierro la puerta a la posibilidad de que hayan sobrevivido otras personas. Lo cual sería una mala noticia porque ¿y si Alberto está vivo? A lo mejor él ha podido ir a la oficina y me está criticando a mis espaldas.

Día 8 tras el incidente. No era una alucinación: hay gente ahí fuera. He salido a por agua y comida, aprovechando que hay mucho menos polvo, y al volver con un carrito del súper lleno de latas y agua, me ha atacado un tipo con los ojos inyectados en sangre. No me ha hecho caso cuando le he pedido amablemente que por favor no me mordiera la oreja, que esas no son maneras, así que he tenido que golpearle con una paletilla hasta que se ha ido aullando. ¿Habrá más infectados?

En todo caso, ya es mala suerte que esto pase ahora, justo después de la jubilación de Matías y antes de la revisión trimestral. No hay duda de que yo soy la persona mejor preparada para sustituirle, pero si precisamente dejo de aparecer cuando está el proceso en marcha, Alberto aprovechará para clavarme otra de sus puñaladas traperas. Maldito traidor. Mal compañero. Trepa. Pelota. Holgazán. Gordo, porque además está gordo.

Día 9 tras el incidente. No he podido dormir en toda la noche. Normal, hoy es ya sábado y en toda la semana pasada ni fui a la oficina ni pude contactar con el jefe. Y reconozco que ayer podría haber intentado acercarme. Total, tampoco trabajo lejos e incluso podría haber ido andando. Sólo tenía que armarme con mi paletilla por si se me acercaba otro infectado, o zombi, o lo que sean. El lunes sí tendré que pasarme porque el martes como muy tarde hay que entregar la declaración del IVA y ni la he comenzado.

Mismo día, por la tarde. ¡Fantástica noticia! ¡Mi madre estaba viva y ha conseguido llegar a mi casa! Al parecer, el edificio en el que vivía se derrumbó durante el incidente, pero ella sobrevivió. Durante los días más graves de la tormenta se pudo refugiar en otro portal, donde fue atacada por varios infectados. Cuando amainó, se vendó las heridas con la ropa de un cadáver, se entablilló la pierna y salió hacia mi casa.

Esto es maravilloso porque el lunes quería llevar el traje azul, pero tiene un botón del puño descosido. ¡Menos mal!

Día 10 después del incidente. Ya puedo abrir la ventana sin que se llene todo de polvo. Las calles, las casas, los coches están cubiertos de una gruesa capa de esa especie de arcilla. De vez en cuando me parece ver a uno de los infectados, caminando a lo lejos lentamente, como un gato perdido y enfermo.

Mi madre intenta convencerme de que no salga. Le he contestado que si lo dice por no coserme el botón, que no se preocupe, que ya llevaré el traje gris. Tal y como esperaba, se ha sentido culpable y no sólo me ha arreglado el traje, sino que me ha planchado la camisa blanca, calentando la plancha con una cerilla.

Día 11 después del incidente. Qué asco, lunes. Lo peor es que mi madre se ha dormido y he tenido que hacerme yo el café. Se ha despertado por casualidad, al oírme golpear una cacerola con una cuchara mientras gritaba “ALGUIEN SE HA QUEDADO DORMIDO”. Se ha ofrecido a prepararme el desayuno, pero le he dicho que YA NO HACÍA FALTA. “Descansa, descansa… Aprovecha que tú no tienes que trabajar”.

Al final me ha hecho unos huevos.

Día 31 (?) después del incidente. Conseguí llegar a la oficina. De hecho, escribo esto desde el baño. El camino fue algo más complicado de lo que creía: primero me atacaron dos infectados. Suerte que llevaba mi paletilla. Después, unos tipos que iban vestidos como en Mad Max 3 (la mejor de la saga) me tuvieron encerrado durante unas seis semanas, calculo, con la intención de cebarme y comerme. Incluso me hicieron confesar que vivía con mi madre, al torturarme haciendo con la mano un gesto como así y diciendo “mira que te voy a dar un capón, ¿eh?”. Resistí todo lo que pude (no menos de dos minutos). Cuando la trajeron, la pobre mujer estaba llorando a gritos y aproveché la confusión para recuperar mi paletilla y escapar a golpes de cerdo.

Lo peor fue que al entrar en la oficina se confirmaron mis peores sospechas.

-Vaya horitas de llegar -así me ha saludado el jefe, nada más verme-. ¿Y esas manchas de sangre en la camisa?

Me he desplomado sobre mi silla, contestando con una serie de balbuceos inconexos que sólo ha oído el cuello de mi chaqueta, y he escuchado un gruñido a mis espaldas. Era Alberto. Infectado: tenía la piel amarillenta y llena de venas, los ojos encarnados y estaba mordiendo el ratón. Además, con unas uñas medio rotas y verdosas arañaba la madera de la mesa. La mesa de Matías. Estaba sentado en la mesa de Matías. Pero qué hijo de puta. En la mesa de Matías. Gracias a todos por confiar en mí y darme una oportunidad. Hijos de puta. En la mesa de Matías.

Mi madre estará bien, imagino.

(Fuente de la imagen).

Imprescindible pelazo

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Puesto vacante: Assistant to the Deputy Manager Assistant Intern Junior Assistant (Assistant).

Descripción de la oferta: Tornillos Gutiérrez, líder en tornillos y tuercas del norte de la comarca de Berguedà Occidental, busca a una persona para dar apoyo al departamento de becarios. Incorporación hace dos meses y medio, que tenemos un pico temporal de trabajo desde 1998.

Jornada laboral: se entra el lunes a las 8 y ya del tirón hasta el sábado. El sábado 23 de noviembre de 2019. Total, ¿qué vas a hacer en casa? ¿Aburrirte en el sofá? ¿Jugar con la Play? ¿Ver episodios repetidos de los Simpson?

Condiciones económicas: 12.000 euros al año, que el empleado podrá pagar en cómodas mensualidades con un interés del 4,6% anual. Esta paga se irá ajustando cada año, ya que conforme el empleado asuma más responsabilidades, también deberá compensar en mayor medida todo el conocimiento adquirido gracias a la empresa. El trabajador también deberá darse de alta como autónomo.

Requisitos mínimos:

  • Experiencia de doce años años en un puesto similar o a ser posible el mismo (¿dónde estás, Marcos? Te fuiste a por café y no regresaste).
  • Experiencia demostrable como consejero delegado en multinacionales, especialmente Coca-Cola o PepsiCo.
  • Licenciado en Económicas, ADE, Biotecnología, Filología Árabe, Orfebrería o similar.
  • Doctorado en Medicina y experiencia en trasplantes.
  • Máster o posgrado en Física Cuántica (se valorarán las publicaciones sobre teoría de supercuerdas).
  • Conocimientos avanzados de informática (debe haber inventado internet).
  • Nivel nativo de inglés, alemán, francés, ruso, chino mandarín, lenguas de Papua-Nueva Guinea, klingon y que nos tenga subtituladas las series cada mañana.
  • Imprescindible pelazo. Rollo que haga así con la cabeza o se pase los dedos como mirando al infinito y todos nos pongamos en plan guau, parece UN ANUNCIO DE CHAMPÚ.

Requisitos deseados:

  • Nivel avanzado de malabares (tres o más mandarinas).
  • Que cante pop de los 80 y los 90 con voz aterciopelada. En inglés y en italiano.
  • Conocimientos intermedios de ingeniería mecánica aeroespacial (la impresora se atasca de vez en cuando).
  • Acostumbrado a trabajar bajo presión (se valorará experiencia como buzo).
  • Buenas dotes comunicativas (a veces Marcos sólo gritaba y lloraba, y nunca supimos qué nos quería decir).
  • Flexibilidad y versatilidad (sí, hablamos de sexo). Acostumbrado a trabajar en equipo (ídem). Orientado a resultados (los resultados están en Cuenca).

Ubicación: A hora y cuarto de tu casa en tren y autobús. Aunque con Renfe ya se sabe.

Acerca de la motivación

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Un conocido experimento empresarial nos muestra lo curioso de los mecanismos de la motivación en el trabajo, además de romper el mito de que los incentivos económicos son los que mejor funcionan.

En una misma compañía, a un grupo de trabajadores se le dio coche de empresa y se le subió el sueldo un quince por ciento. A otro grupo del mismo nivel y con las mismas responsabilidades sólo se le compró una cafetera para compartir en la oficina y se le dio dinero para café, azúcar y galletitas danesas.

Adivinad qué grupo mejoró más su rendimiento.

El del café, obviamente.

Al principio se arguyó tomar café es una actividad que se lleva a cabo en grupo y esto mejoró el ambiente laboral. Además, se trataba de un incentivo simbólico, lo que va en línea con lo que sabemos acerca de la complejidad de las motivaciones personales y de las dinámicas de trabajo en las oficinas. Es decir, motivar no consiste en tratar a los empleados como máquinas expendedoras que funcionan con monedas, sino como personas con diferentes objetivos y preferencias.

Eso fue hasta que se comprobó que los tipos de los coches llegaban cada día tarde a la oficina por culpa de los atascos. Y que dos de ellos habían muerto en terribles accidentes. Bueno, en realidad uno no murió. Quedó en estado vegetativo. Lo desconectaron, pero aún aguanta gracias a la pila del marcapasos. Esas pilas duran diez o doce años tranquilamente. Además y con el incremento de sueldo, otro se fue de vacaciones a un páis exótico, donde fue asesinado, mientras que al menos cuatro acabaron adictos al alcohol, a las drogas y/o al juego, ya que tenían más dinero para dedicarlo a esas actividades que les servían para soportar la agonía absurda de la jornada laboral.

Lo peor vino cuando el grupo de la cafetera se enteró de que a sus compañeros les habían regalado esos Audis negros y, resentidos, quemaron la oficina y asesinaron a los dueños, a los altos directivos, a los psicólogos que habían diseñado el experimento, al jefe de personal que lo había permitido, a un tipo que había escrito un libro sobre cómo motivar a los empleados y a sus primogénitos.

“¡Café -gritaban-, los hijos de puta nos daban CÁPSULAS DE CAFÉ DE TREINTA CÉNTIMOS!” Cuando les recordaban lo contentos que estaban, los empleados aseguraban con los ojos enrojecidos por la ira que hubieran estado aún más contentos con un Audi negro. Incluso con un Audi gris.

Los trabajadores fueron juzgados y absueltos de todos los cargos. El juez aseguró en su sentencia que “él hubiera hecho lo mismo” y que estaba “hasta las narices de esas galletas danesas, que te las ponen en todas partes y no tienen ni chocolate, ni pasas, ni nada que sepa a algo que no sea mantequilla”.

(Fuente de la imagen).

Esto es un atraco

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A: Buenas, quería sacar cincuenta euros.
B: ¿Perdón?
A: Sí, es que el cajero no funciona. Aquí está mi libreta. ¿Me da cincuenta euros, por favor?
B: ¿Me está vendiendo una libreta por cincuenta euros? ¿Una libreta usada?
A: ¿Pero esto no es la Caja Bilbainocatalana de Ahorros?
B: Sí, claro. Eso pone en la puerta.
A: Qué susto. Pensaba que me había vuelto a confundir con la zapatería. El caso es que el cajero no funciona y…
B: Sí, eso ya me lo ha dicho. ¿Pero por qué le tengo que dar yo a usted ese dinero?
A: Porque es mío y lo necesito.
B: ¿Suyo? ¿Y qué hace aquí, si es suyo?
A: Pues abrí una cuenta corriente. Ustedes me lo guardan.
B: Ja, ja, ja, qué ridículo. Pero si yo a usted no le conozco de nada, ¿por qué iba a guardárselo?
A: Porque eso es lo que hacen los bancos. Ande, déjese de tonterías y déme mi dinero.
B: ¿Su dinero? Pero a ver, usted nos lo entregó, ¿no? Pues ahora es nuestro. No habérnoslo dado.
A: No se lo di, sólo se lo presté.
B: ¿Dónde dice eso?
A: Bueno, supongo que en los papeles…
B: Ya, ya, supongo que, imagino que, los papeles que no tengo aquí… Lo de siempre, no es la primera vez que oigo ese discursito.
A: Pero mire, la libreta dice que tengo más de seis mil euros en esta cuenta.
B: Bueno, al menos usted no peca de avaricioso, que los hay peores. Tenga, mire.
A: ¿Qué me da?
B: Es un post-it. Pone que usted me debe cinco millones de libras esterlinas.
A: Pero es que yo no soy un banco.
B: Ni nosotros una oenegé. ¿Qué se ha creído? ¿Que regalamos dinero? ¿Que repartimos billetes de cincuenta euros a cambio de nada? ¿Qué clase de negocio sería ese?
A: ¡Ustedes me cobran comisiones hasta por respirar! ¡Y pueden usar mi dinero para prestárselo a otra gente!
B: Mire, deje de molestar. O se va de aquí inmediatamente o llamo a la policía.
A: ¿Y mi sueldo? La empresa ingresa cada mes mi sueldo en esta cuenta.
B: ¿Ve cómo lo que dice no tiene sentido? Según usted, la empresa para la que trabaja nos da su sueldo a nosotros, que no le conocemos de nada y que no trabajamos allí. Eso es absurdo. ¿Qué clase de imbécil autorizaría a otra persona a cobrar su paga?
A: ¿Pero cómo van a pagarme cada mes en el despacho, si no?
B: Pues dándole su dinero.
A: Eso no funciona así.
B: ¿Ah, no? ¿Usted cobra en especie?
A: No, cobro un dinero que está aquí a mi nombre.
B: A su nombre, dice… Como si fuera el gobernador del Banco de España, firmando billetitos. El dinero ESTÁ EN el banco y ES del banco. Haga el favor de salir de aquí y si necesita cincuenta euros, venda algo o trabaje, como hacemos todos.
A: ¿Ah, sí? Pues no pienso seguir pagando la hipoteca.
B: ¿La qué?
A: La hipoteca. El dinero que el banco ME DIO para comprarme un piso.
B: Nosotros jamás le daríamos dinero a usted. Y menos para comprarse un piso. Eso es ridículo. La gente no necesita dinero para comprarse una casa.
A: ¿Cómo?
B: Usted, cuando nació, ¿dónde vivía?
A: En casa de mis padres.
B: O sea, en una casa. ¿Y alguna vez compró esa casa?
A: No.
B: Y sin embargo vivía allí.
A: ¡No me líe! Mis padres sí que la compraron.
B: ¿Tiene pruebas? ¿Más papeles misteriosos?
A: Recibirá noticias de mis abogados.
B: Pero si no puede pagárselos.
A: No, pero le suscribiré a su newsletter.
B: Un momento, espere… ¿Usted necesita una batería de cocina?
A: No me vendría mal.
B: Pues igual le interesa invertir un mínimo de tres mil euros en este fondo que invierte en máquinas de escribir. ¡Son máquinas! ¡Las máquinas son el futuro! ¡Le regalaremos una olla usada!
A: No tengo tres mil euros. Se lo han quedado todo ustedes.
B: No se preocupe. Nosotros le podemos prestar ese dinero. Para eso estamos.

(Fuente de la imagen).

91%

olimpiadas

A: Tenemos con nosotros a uno de esos españoles que está a favor de que los Juegos Olímpicos se celebren en Madrid.
B: ¿Eh?
A: Parte de ese 91% que según las encuestas está apoyando a la capital española en su carrera olímpica.
B: ¿Pero qué dice?
A: Todo el mundo está de acuerdo: a la vigésimo novena va a la vencida.
B: ¿Esa cámara está grabando?
A: Díganos, ¿qué ventajas cree que le pueden traer los juegos a Madrid?
B: ¿Pero de qué juegos habla? Si yo sólo he bajado a por pan.
A: Ya, pero se alegra por el hecho de que la llama olímpica ya caliente los corazones de los madrileños.
B: ¿De qué habla? Si yo soy de Huesca.
A: Es lo mismo, usted está a favor de Madrid 2020: es una verdad matemática.
B: No entiendo nada de lo que me está diciendo.
A: Es muy sencillo: sólo el 9% está en contra de que los juegos se celebren en Madrid. Eso significa que 0,9 personas de cada diez no apoyan a nuestra capital. Y no veo que le falte la mano ni que le hayan cortado la nariz. Por tanto, está a favor.
B: ¿Pero esa encuesta cuándo se hizo? A mí no me ha llamado nadie.
A: No es una encuesta, es una verdad matemática. Si uno es un español entero y no un traidor tullido, está a favor de los Juegos Olímpicos de Madrid.
B: Yo es que no soy mucho de deportes. Le he dicho que bajaba a por pan, pero en realidad voy a comprar una palmera de chocolate. (Baja el rostro, avergonzado).
A: Pues no le extrañe que en 2020 pueda comprar palmeras DE ORO: un 99% de los encuestados de fuera de Madrid cree que los juegos aportarán beneficios económicos.
B: ¿Un 99%? Eso es mucho, ¿no?
A: Es posible que hayamos preguntado a algunos de los votantes de Kim Jong-un.
B: Oiga, pues me alegra mucho estar a favor de algo porque estar en contra de las cosas es de tristes. Y yo sin saberlo. Me quedo más tranquilo.
A: Pero por favor, no se vaya sin darnos su opinión sobre los Juegos Olímpicos que sin duda se celebrarán en Madrid dentro de siete años.
B: No sé… Pues a ver… Yo no voy a verlos porque soy más de dormir, pero… ¿Qué me está dando?
A: Nada, nada.
B: ¡Me está pasando un papelito!
A: Es lo que piensa acerca de los juegos. Por si necesita ayuda.
B: “Los juegos son una ilusionante oportunidad…” ¿Quiere que lea esto? Yo no he pensado nada así en toda mi vida.
A: Según la encuesta de antes, sí.
B: No voy a leer esta hoja.
A: El 93% de los españoles cree que debería.
B: ¿Cómo lo sabe? Eso no lo puede decir la encuesta.
A: No, no, qué tontería… Es otra encuesta. Una que he hecho. Ahora.
B: Oiga, eso es imposible.
A: El 102% de los españoles cree que es posible.
B: Pero si no se ha movido de aquí.
A: El 345,2% de los españoles insiste en que por favor lea la nota que le he pasado, que seguro que coincide totalmente con sus ideas acerca de las olimpiadas.
B: Pero…
A: Mire. Se lo voy a demostrar. Disculpe, caballero.
C: ¿Sí?
A: ¿Debe o no debe este señor leer la nota que le he pasado?
C: Y tanto.
A: ¿Lo ve? ¡El 100%! ¡Todos!
B: Esto no me parece normal. ¿No estará usted compinchado con ese otro señor?
A: No, en absoluto.
B: Entonces, ha escogido a alguien al azar.
A: Sí.
B: Que casualmente es el cámara.
A: Las probabilidades eran escasas, lo admito. Pero la estadística y las matemáticas son así.
B: (…)
A: ¿Sabe que nueve de cada diez españoles se está impacientando?
B: (…)
A: ¿Sabe que estamos en directo?
B: (Lee la nota mientras se va desnudando torpemente. La última palabra -“alegría”-, coincide con el caer de sus calzoncillos sobre los tobillos).
A: Muchas gracias.
B: De nada.

 

(Fuente de la imagen).

Cosas tuyas

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A: ¡SOCORRO! ¡NO ME MATES!

B: ¿Yo? No sé de qué hablas…

A: ¡Me estás clavando un cuchillo en el pecho!

B: Pero qué dices, ¡esto es un peine!

A: ¡Basta, estoy sangrando!

B: Anda, exagerado.

A: ¡NO! ¡BAJA LA PISTOLA! ¡AAAAH! ¡ME HAS DADO EN LA BARRIGA! ¡AAAAAAH!

B: No digas tonterías, yo estoy aquí tan tranquilo, esperando al autobús, pensando en mis cosas.

A: ¡Pero si estamos en mi casa!

B: Yo no tengo la culpa de que el autobús pase por aquí. Reclama al ayuntamiento o a quien sea.

A: ¿Qué es eso? ¿Qué me das?

B: Agua.

A: Ah, gracias, veo que has entrado en razón… ¡Sabe amarga!

B: Es que el agua de grifo de Barcelona es un asco.

A: ¡Me has envenenado!

B: ¿¡Yo!? ¿Pero por qué dices eso? Me estás ofendiendo con estas acusaciones infundadas.

A: ¡Al menos hazlo rápido! ¡Basta ya de tanto sufrimiento! ¿Qué haces con esa cuerda?

B: Nada, nada; me estoy atando los zapatos.

A: ¿Pero tú crees que la lámpara aguantará?

B: Los zapatos, te digo.

A: ¡Ah! ¡Suéltame! ¡No! ¡No quiero morir ahorc…! Au… Te dije que no aguantaría.

B: ¿El qué?

A: Estoy sangrando por todas partes, tengo el estómago revuelto, me he torcido el tobillo, me has roto la lámpara…

B: En serio, no dices más que tonterías. ¿No tendrás fiebre?

A: ¡AH! ¡BASTA! ¡NO! ¡EN LA CARA, NO! ¡SUELTA LA SARTÉN!

B: Jajaja, qué humor más raro tienes.

A: Mif dientef…

B: Jajaja…

A: ¡Qué me estás echando! Huele a… ¿Es gasolina?

B: No, hombre, si fuera gasolina y te tirara esta cerilla por encima, arderías en llamas.

A: ¿Se puede arder en otra cosa que no sea llamas? ¡AAAAH! ¡AAAAAH! ¡QUEMA! ¡POR FAVOR! ¡AYÚDAME! ¡AAAAAH! ¡Aaaah…! Menos mal que rodando se ha apagado… Duele… Llama a una ambulancia, por favor. ¿Qué haces? ¿Dónde me llevas? Suéltame.

B: Yo no te llevo a ningún lado. Vas tú solo. Yo te sigo.

A: No, por la ventana, no. ¡No! ¡Para! ¡Aaaaah!

B: ¿Qué dices? No te oigo.

A: Jajaja… Vivo en un primero… Jajaja… Sólo me he roto las dos piernas y varias costillas.

B: En serio, no entiendo lo que me estás contando. ¿Te encuentras bien?

A: ¿Eso es mi piano?

B: ¿Un piano? No hombre, no, ¿qué haría yo con un piano?

A: ¡NO! ¡NO ME LO TIRES ENCIMA! ¡NO!

B: Deja de inventar cosas, que me estás preocupando.

A: Ha caído sobre el lado izquierdo. Aún sigo vivo. Me duele todo, excepto lo que ya no siento, pero sigo vivo. ¿Qué es eso?

B: El móvil.

A: ¿Le estás quitando la anilla a una granada?

B: Que no, que es el móvil. Me ha llegado un guadsap.

A: ¡Ah! ¡Socorro! ¡Señora, corra, es una granada! Ah no, era el móvil.

B: Si te lo estoy diciendo. Mira qué foto más graciosa me han enviado. Es un perro.

A: Ah, pues sí. Jejeje… Envíamela.

B: Voy.

A: ¡NO ERA UNA FOTO DE UN PERRO! ¡ERA UNA GRANADA! ¡AH! ¡SOCORRO!

(Se oye una explosión. Mueren A y la señora).

B: Anda, coño, si tenía razón él. Si le estaba asesinando. Anda. Fíjate.

(Fuente de la imagen).