Esto es un atraco

oficina

A: Buenas, quería sacar cincuenta euros.
B: ¿Perdón?
A: Sí, es que el cajero no funciona. Aquí está mi libreta. ¿Me da cincuenta euros, por favor?
B: ¿Me está vendiendo una libreta por cincuenta euros? ¿Una libreta usada?
A: ¿Pero esto no es la Caja Bilbainocatalana de Ahorros?
B: Sí, claro. Eso pone en la puerta.
A: Qué susto. Pensaba que me había vuelto a confundir con la zapatería. El caso es que el cajero no funciona y…
B: Sí, eso ya me lo ha dicho. ¿Pero por qué le tengo que dar yo a usted ese dinero?
A: Porque es mío y lo necesito.
B: ¿Suyo? ¿Y qué hace aquí, si es suyo?
A: Pues abrí una cuenta corriente. Ustedes me lo guardan.
B: Ja, ja, ja, qué ridículo. Pero si yo a usted no le conozco de nada, ¿por qué iba a guardárselo?
A: Porque eso es lo que hacen los bancos. Ande, déjese de tonterías y déme mi dinero.
B: ¿Su dinero? Pero a ver, usted nos lo entregó, ¿no? Pues ahora es nuestro. No habérnoslo dado.
A: No se lo di, sólo se lo presté.
B: ¿Dónde dice eso?
A: Bueno, supongo que en los papeles…
B: Ya, ya, supongo que, imagino que, los papeles que no tengo aquí… Lo de siempre, no es la primera vez que oigo ese discursito.
A: Pero mire, la libreta dice que tengo más de seis mil euros en esta cuenta.
B: Bueno, al menos usted no peca de avaricioso, que los hay peores. Tenga, mire.
A: ¿Qué me da?
B: Es un post-it. Pone que usted me debe cinco millones de libras esterlinas.
A: Pero es que yo no soy un banco.
B: Ni nosotros una oenegé. ¿Qué se ha creído? ¿Que regalamos dinero? ¿Que repartimos billetes de cincuenta euros a cambio de nada? ¿Qué clase de negocio sería ese?
A: ¡Ustedes me cobran comisiones hasta por respirar! ¡Y pueden usar mi dinero para prestárselo a otra gente!
B: Mire, deje de molestar. O se va de aquí inmediatamente o llamo a la policía.
A: ¿Y mi sueldo? La empresa ingresa cada mes mi sueldo en esta cuenta.
B: ¿Ve cómo lo que dice no tiene sentido? Según usted, la empresa para la que trabaja nos da su sueldo a nosotros, que no le conocemos de nada y que no trabajamos allí. Eso es absurdo. ¿Qué clase de imbécil autorizaría a otra persona a cobrar su paga?
A: ¿Pero cómo van a pagarme cada mes en el despacho, si no?
B: Pues dándole su dinero.
A: Eso no funciona así.
B: ¿Ah, no? ¿Usted cobra en especie?
A: No, cobro un dinero que está aquí a mi nombre.
B: A su nombre, dice… Como si fuera el gobernador del Banco de España, firmando billetitos. El dinero ESTÁ EN el banco y ES del banco. Haga el favor de salir de aquí y si necesita cincuenta euros, venda algo o trabaje, como hacemos todos.
A: ¿Ah, sí? Pues no pienso seguir pagando la hipoteca.
B: ¿La qué?
A: La hipoteca. El dinero que el banco ME DIO para comprarme un piso.
B: Nosotros jamás le daríamos dinero a usted. Y menos para comprarse un piso. Eso es ridículo. La gente no necesita dinero para comprarse una casa.
A: ¿Cómo?
B: Usted, cuando nació, ¿dónde vivía?
A: En casa de mis padres.
B: O sea, en una casa. ¿Y alguna vez compró esa casa?
A: No.
B: Y sin embargo vivía allí.
A: ¡No me líe! Mis padres sí que la compraron.
B: ¿Tiene pruebas? ¿Más papeles misteriosos?
A: Recibirá noticias de mis abogados.
B: Pero si no puede pagárselos.
A: No, pero le suscribiré a su newsletter.
B: Un momento, espere… ¿Usted necesita una batería de cocina?
A: No me vendría mal.
B: Pues igual le interesa invertir un mínimo de tres mil euros en este fondo que invierte en máquinas de escribir. ¡Son máquinas! ¡Las máquinas son el futuro! ¡Le regalaremos una olla usada!
A: No tengo tres mil euros. Se lo han quedado todo ustedes.
B: No se preocupe. Nosotros le podemos prestar ese dinero. Para eso estamos.

(Fuente de la imagen).

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