19 trucos para ahorrar

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Desde que entramos en crisis en 1830, todos estamos buscando nuevas formas de ahorrar y controlar los gastos, ya sea porque nuestros ingresos se han visto reducidos o simplemente por miedo a que se vean recortados y no contar con unos ahorros que nos permitan aguantar los 70 años de recesión previstos por los más optimistas.

Como a estas alturas (estoy subido a un taburete) ya debería saber todo el mundo, soy un experto en economía y conozco muchas técnicas de ahorro que a lo mejor vosotros ignoráis, al ser unos iletrados y unos manirrotos. Os explico unos cuantos trucos fáciles de aplicar:

1. Compra marcas blancas y ahorra, por ejemplo, cuatro céntimos por cada kilo de arroz. Después de comprar 300 paquetes habrás reunido los 12 euros que te cuesta el primero de los siete gintonics de cada fin de semana.

2. Por cierto, siempre que voy de gintonics, me llevo la ensalada de casa.

3. Si gastas lo mismo, pero pagas con billetes pequeños, tu gasto es más pequeñito. Y es supermono.

4. De hecho, es mucho mejor tener cien billetes de cinco euros que uno de quinientos porque los puedes tirar en la cama y revolcarte desnudo sobre ellos. Con el de quinientos también lo puedes hacer, pero queda muy raro.

5. En enero suelen subir los precios, aprovechando que nadie mira. Yo me compro unos setenta cortados en diciembre y me los voy tomando tranquilamente para empezar el año sin tanto gasto.

6. Si te cuesta ahorrar, puedes empezar poco a poco. Por ejemplo, ahorrando una hora al día o comprando menos cosas que comiencen por la letra A.

7. Desde que no tengo coche, ahorro mucho en gasolina. Sólo me gasto unos treinta euros al mes en llenar el depósito de la bicicleta.

8. De hecho, aproveché que me deshacía del coche para renegociar el seguro y ahora pago un 20% menos.

9. Hay que estudiar bien la factura del móvil: puede que no estemos aprovechando las ventajas de la tarifa, que necesitemos cambiar de operadora o, mejor aún, apagarlo, guardarlo en un cajón, meter el armario en una furgoneta, conducir hasta un acantilado de la costa y tirarlo el armario al mar.

10. ¿Seguro que necesitas respirar tanto? Prueba a respirar más lento y así gastarás menos oxígeno.

11. Cuando veas por Facebook que ofrecen cachorritos en adopción, ¡aprovecha! ¡Podrás comer carne gratis!

12. No hace falta que bebas agua embotellada. El agua del grifo cumple todos los requisitos de salubridad y a tu vecino no le importará que te cueles en su casa saltando por el balcón para llenar las dos garrafas de ocho litros cada día.

13. Hablando de agua, yo no me ducho. Cojo a un gato de la calle y le obligo a lamerme.

14. Puedes ahorrar haciendo pan casero. Y tu propio queso. Y comprándote una vaca para la leche. También tengo un cerdo al que mataré para hacer mi propio jamón. Y en la bañera es donde preparo Jaibeer, mi cerveza artesana. En el recibidor tengo una plantación de algodón y lino para tejerme mis propias camisas. Y con esta impresora elaboraba mis billetes caseros, pero se ve que eso es ilegal, como aprendí después de pasar cuatro años en la cárcel.

15. Los packs de ahorro son un timo, tal y como le demostré al encargado de un supermercado.

Jaime: Oiga, que este pack de doce yogures vale cuatro euros, pero el de cuatro sólo vale dos. ¿Cómo se atreven a llamarlo pack de ahorro si cuesta el doble?
Encargado: No, verá, si compra doce, cada yogur le cuesta treinta y tres céntimos, pero si compra cuatro, el yogur le sale por cincuenta céntimos.
Jaime: CUESTA EL DOBLE.
Encargado: Piense que es como si le regaláramos cuatro.
Jaime: CUATRO ES EL DOBLE DE DOS. TENDRÍA QUE SER AL REVÉS. EL PACK DE AHORRO TENDRÍA QUE COSTAR DOS Y EL NORMAL, CUATRO.

Me echaron a patadas porque no les interesa que se sepa la verdad.

16. En vez de ir cada día de menú, puedes llevarte un tupper al trabajo. Los puedes comprar por menos de un euro. Eso sí, saben mucho a plástico.

17. Comprar ropa de otras temporadas o incluso de segunda mano no es más que un parche. Yo prefiero desenterrar tumbas y vestirme con la ropa de los cadáveres. Fíjate, toca la tela. Calidad. A este señor lo enterraron con el traje de su boda, no hay más que ver las elegantes chorreras de la camisa. Sí, huele raro, pero lo disimulo echándome encima medio litro de Nenuco.

18. En vez de salir a cenar y de copas, invitaba a mis amigos a casa, pero me cobraban por venir y darme conversación, así que preferí hacer lo de siempre: divertirme con ellos por los mejores bares de Barcelona. Además, siguen empeñados en jugar al divertidísimo “¿pero esta vez quién coño ha avisado a Jaime?” ¡Nadie! ¡Os sigo cada tarde y os observo con mis prismáticos! ¡Nunca me ganaréis! ¡Jajaja! ¡Aunque esto de llevarla siempre es muy injusto! ¡Podríamos turnarnos!

19. No sabes lo que te ahorras en cenas si tu novia es una muñeca hinchable o un maniquí que no querían en Zara porque el brazo izquierdo está un poco roto. Eso sí, es posible que no te dejen entrar en todos los restaurantes.

 

(Fuente de la imagen).

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Colmillos venenosos

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A: Buenas, venía a devolver este juguete.

B: Claro, ¿qué le ocurre?

A: Verá, es que pone que es una araña de plástico con colmillos venenosos. Y ahora mi hijo está muerto.

B: Aham… ¿Y cuál es el problema?

A: A ver, es una araña de plástico. Con colmillos. Y los colmillos tienen veneno de verdad.

B: Claro, lo pone en la caja.

A: Pero es un juguete para niños. ¿Por qué ponen veneno en un juguete para niños?

B: Para niños de entre 6 y 12 años.

A: Sí… Mi pobre Alfredito tenía 7 años de nada…

B: Es decir, niños que saben leer.

A: ¿Cómo?

B: A ver, es que usted mismo lo ha dicho, lo pone en la caja: “Araña monstruosa con colmillos venenosos”.

A: Pero es un juguete. Los juguetes no son venenosos. Hacen ver que lo son, pero en realidad no lo son.

B: No sé qué decirle, es que está muy claro.

A: Creía que era un reclamo publicitario.

B: ¿Un reclamo publicitario? ¡Era una advertencia!

A: ¿Pero a quién se le ocurre ponerle veneno a un juguete?

B: Así es más divertido. Los niños quieren juguetes realistas. Para jugar a ser mayores. Y de esta forma  aprenden acerca de los riesgos con los que se pueden encontrar cada día.

A: ¡Y ahora mi hijo está muerto!

B: Claro, es que usted tendría que haberle avisado. Mira, Luisito…

A: Alfredito.

B: Perdón. Mira, Alfonsito, esta araña tiene veneno, así que cuidado con los colmillos. Colmillos CACA.

A: ¿Y no sería más fácil poner colmillos de goma SIN veneno?

B: El problema que tienen los padres de hoy en día y perdone que sea Franco y me subleve contra el orden constitucional iniciando una Guerra Civil básicamente porque no respeto la voluntad de los ciudadanos y me falta un huevo… Ay, disculpe, que me he equivocado. Quería decir que el problema de los padres de hoy en día y perdone que sea franco, es que ustedes rehúyen sus responsabilidades. Pretenden aparcar a los niños delante de la tele o con algún juguete moderno para no tener que perder el tiempo educándolos.

A: Es que llego tarde a casa… Mi mujer también trabaja mucho… Estamos cansados, compréndalo…

B: Ya, si yo lo comprendo, pero no le eche la culpa al juguete. Lo decía bien claro. En la caja. Colmillos venenosos. Mire, vamos a hacer una cosa. ¿Tiene más hijos?

A: Una niña. De cinco.

B: Pues le vendo esta muñeca con un descuento del treinta por ciento. Es perfecta. Come papillitas y llora…

A: Aquí pone que también hace pipí. Y que el pipí es ácido de batería.

B: Efectivamente.

A: ¿No tiene nada más seguro?

B: ¿Qué le parece este juego de construcción? Con los bloques puede construir una casa. ¡O lo que imagine!

A: Aquí pone que dos de los ladrillos son de dinamita y explotan al colocarlos.

B: Jajaja… Sí…

A: ¿No tiene nada que no sea mortal?

B: Es que es lo que está de moda… Mire, por ejemplo, esto es lo último que nos llega de Estados Unidos.

A: ¿Es una pistola? Parece de verdad.

B: Es de verdad. El juego consiste en que usted la esconde y los niños la tienen que buscar. Hay dos niveles de dificultad: cargada o sin cargar.

A: Me sigue pareciendo muy peligroso.

B: También tengo una botella de lejía.

A: No, es igual, déjelo.

B: Y este juego de manualidades. ¡Incluye sierra eléctrica!

A: Gracias, buenas tardes.

B: ¡Eh! ¡Oiga! ¡Se deja la araña! ¡Oiga!

Entrevistas de trabajo: algunos consejos

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Observo con espanto y horror que son muchos quienes no saben cómo comportarse en una entrevista de trabajo y movidos por el pánico acaban corriendo hasta la ventana más cercana para saltar entre gritos de angustia.

Y así es muy difícil que a uno le den el puesto, excepto para un empleo de suicida en France Telecom.

Yo soy un experto en entrevistas de trabajo. Las hago tan bien que a veces me presento a procesos de selección simplemente por divertirme. Ahora podría estar trabajando como gobernador del Banco Central Europeo, de presidente fundador de Google o incluso como reponedor en el Mercadona, si no fuera porque me debo a mi blog y cada dos días he de despiojar y limpiar a manguerazos a mis monos redactores, cosa que me quita mucho tiempo.

De todas formas y siguiendo mi vocación de que La Conspiración se consolide como un manual para el hombre contemporáneo y la mujer de los 80, recojo aquí una lista de consejos y cuestiones a tener en cuenta en una entrevista de trabajo.

-Hay muchas dudas al respecto de la vestimenta adecuada. Yo soy de la opinión de que conviene llevar ropa. Y que esta ropa ha de ser adecuada al sexo de cada cual. Y a su tamaño. A su tamaño total, no sólo al tamaño del sexo.

-En cuanto al cuidado e higiene corporal, por norma es mejor ir limpio que ir sucio, pero si por ejemplo vas a pedir trabajo a una empresa madrileña, un exceso de higiene podría hacer sentir incómodos a tus posibles compañeros. Confórmate con engominarte el pelo, para disimular la grasa, y sobre todo no olvides bordar tus iniciales en la camisa, como hacen ellos, que por ahí hay mucho chorizo.

-Varios estudios demuestran que las personas altas lo tienen más fácil para conseguir un puesto de trabajo. Procura crecer cinco o seis centímetros la noche antes de la entrevista.

-Cuando saludes a tu entrevistador, ponte de pie y dale la mano con energía. Si ves que se la queda, recuérdale en tono amistoso que la necesitas, pero ya al final de la entrevista. Si tienes más manos, ni lo menciones. Tacaño.

-No seas tú mismo. Si estás en paro es porque probablemente tienes algún defecto. Si estás en paro y además eres soltero, tienes muchos defectos y nadie te quiere. Así no te van a dar trabajo. Mejor sé otra persona. Alguien agradable y atractivo, para variar. E interesante. John Malkovich. O James Spader. Pero el Spader gordote de ahora, no el pusilánime de los 80 y los 90.

-No todo el mundo está interesado en tus teorías sobre invasiones alienígenas. Especialmente si sostienes que “ya están aquí” y te pones a buscar cicatrices en la nuca de tu entrevistador, “donde implantan los chips”.

-El sexo en la primera entrevista no está bien visto por todo el mundo, sobre todo si es una entrevista de grupo. Mejor a partir de la segunda. Deja que tu entrevistador tome la iniciativa, pero no te andes con remilgos. Que estamos en crisis.

-Cuando te pregunten por tu experiencia laboral anterior, no hace falta que menciones a Martínez, “ese hijo de puta, vago de mierda, que se llevaba todo el mérito sin hacer nada”. Sobre todo si tú eres Martínez.

-Si tienes trabajo y te preguntan por los motivos por los que quieres cambiar, no expliques que tu jefe “es uno de ellos” y que “ya le implantaron el chip”. Tampoco añadas que quieres “acabar con esta invasión, SEA COMO SEA”.

-Mientras hables con tu entrevistador, procura mirarle a los ojos, ya que esto denota sinceridad y confianza. Pero no intentes hipnotizarle. Y si lo consigues, no le hagas imitar a una gallina. Cliché.

-No uses la palabra cliché. “Tópico” es preferible.

-Quién más, quién menos, todos hemos pasado una temporada en la cárcel por desfalco, pero mejor no lo incluyas en el currículum ni lo menciones en la entrevista. A no ser que hayas coincidido en prisión con tu entrevistador. En tal caso, recuerda con una sonrisa los buenos momentos y procura no referirte al incidente del almacén.

-Toma tu medicación antes o después de la entrevista. No suele estar bien visto lo de tomar antipsicóticos durante una entrevista de trabajo. Mejor arriesgarte a uno de tus famosos e hilarantes episodios, que además rara vez son violentos.

-Si te preguntan por tus pretensiones salariales, sé realista. Estando la economía como está, confórmate con no pagar. Respecto al horario, lo que ahora se lleva es salir el mismo día que se entró.

-En este sentido, muéstrate flexible y coloca los pies por detrás de la nuca.

-Al despedirte, evita estas preguntas: ¿Qué tal he estado? ¿Lo has pasado bien? ¿Te ha gustado tanto como a mí? ¿Me llamarás? ¿Quieres quedar mañana? ¿O vamos a tomar algo ahora? ¿Te apetece un café? ¿Ese es tu nombre de verdad? ¿Y este es tu número de verdad? ¿Puedo llamar para comprobarlo? ¿Te lo has pasado tan bien como yo? Mira nuestro reflejo, ¿no crees que hacemos buena pareja? ¿Por qué no hacemos una locura y nos casamos? ¿Eh? ¿Tú y yo? ¿Nos casamos? ¿Vamos al ayuntamiento y nos casamos? ¿Eh? ¿No? ¿Por qué no? ¿Es que no significo nada para ti? ¿Te abro mi corazón y así me recompensas? ¿Sólo soy otro candidato? ¿Eso es lo que soy para ti? ¿Otro candidato?

-Tampoco llames nada más salir y digas: “¡Sorpresa! ¡Soy yo! Te echaba de menos…”

-Los sobornos son una buena idea: todo el mundo tiene un precio. Pero claro, ese precio suele estar por encima de tu colección de cromos Panini de la liga 94-95. No, ese álbum no es “de coleccionista” y no tiene un “valor incalculable que se incrementa con el paso del tiempo”. Tampoco te pagará tu jubilación. Y además, falta Chendo.

-No quemes puentes. Si no te han cogido, no lances cócteles molotov a las oficinas, ni te hagas con el teléfono personal del responsable de recursos humanos para llamarle a las cuatro de la mañana. Tampoco te presentes en la empresa llorando y preguntando ¿¡POR QUÉ!?

-Por otro lado, si te cogen, tampoco acudas el primer día a trabajar llorando y preguntando ¿¡POR QUÉ A MÍ!?

-Espera dos meses antes de ponerte “enfermo”.

Un día en la vida de Jaime Rubio

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De entre los cientos de correos electrónicos que me llegan cada día con elogios y declaraciones de amor, rescato este simpático mensaje que recibí la semana pasada:

JAIME CABRÓN DEJA DE AMARGARNOS LA VIDA NO SABES ESCRIBIR DEDÍCATE A OTRA COSA PUTO GORDO.

Querido piscis, me alegra que quieras saber a qué dedico el resto del día, cuando no estoy revolucionando las letras hispánicas con mi blog, en Twitter o con mis novelas. Y aunque soy una persona discreta y reservada (todos los genios lo somos), no tengo inconveniente en explicar un día en la vida de Jaime Rubio cuando no está escribiendo.

Un día en la vida de Jaime Rubio (cuando no está escribiendo)
Hay que comenzar explicando que por desgracia me veo obligado a trabajar. La literatura no me da para vivir, ya que soy negro y el racismo imperante en la sociedad actual impide que mis libros se vendan todo lo que se deberían vender.

Desde aquí hago un llamamiento a que vivamos en un mundo en el que el color de la piel no tenga importancia y seamos todos hermanos, después de haber matado a los cerdos blancos y a sus repugnantes aliados amarillos.

Dicho lo cual, me levanto cada día muy temprano, a eso de las diez de la mañana, ya que entro en la oficina a las ocho. Salgo de casa tropezando por las escaleras mientras acabo la primera taza de café, taza que dejo en el buzón para recogerla cuando vuelva por la tarde.

Llego a la oficina con una segunda taza de café en la mano, que pido para llevar en el bar de la esquina, donde ya me conocen y me sirven sin que haga falta casi ni saludar, mientras otros dos camareros bloquean la puerta para impedir que me marche corriendo y sin haber pagado.

Una vez en la oficina, leo el correo electrónico y me quejo en voz muy alta, para que los compañeros crean que tengo mucho trabajo y me dejen tranquilo, cosa a la que ayuda el hecho de que sólo me duche los sábados, técnica que aprendí de los más avispados emprendedores.

Después de servirme una taza de café de la máquina, me organizo la mañana, apuntando las tareas pendientes, para acabar golpeando la mesa varias veces con el puño mientras grito NO ES EL CAFÉ, SON ESTOS HIJOS DE PUTA QUE QUIEREN QUE TRABAJE. Entonces abro la ventana y asomo el torso descamisado, con la esperanza de pillar una gripe y tres días de baja. Los vecinos acostumbran a gritarme lo que yo interpreto como elogios y que en ocasiones la policía acaba aclarando que son gritos de terror, para después recordarme lo que dijo el juez al respecto.

A media mañana tomo otro café y me escondo en el baño a llorar. Luego me escondo otro rato debajo de la mesa, a leer el Hola hasta que me encuentra el jefe. Intento negociar la posibilidad de trabajar desde casa, alegando que el aire de la oficina me reseca los codos, pero mi superior se mantiene ridículamente aferrado a los convencionalismos. Ni siquiera consigo que me deje venir en pijama a la oficina. Claro, lo importante es aparentar. Pero del trabajo de verdad NADIE DICE NADA.

Entonces suelo mirar el reloj, para darme cuenta con alegría de que ya han pasado los primeros siete minutos de la jornada laboral, lo que me lleva a intentar cortarme las venas con una regla que por desgracia no está lo suficientemente afilada.

Entro en Twitter y explico lo mal que lo paso y lo poco que me afecta el café. Me doy ánimos con mis otras doce cuentas, pero el resto de seguidores (los nueve que no son bots) SE RÍE DE MÍ, tomándose a broma mi sufrimiento, BURLÁNDOSE CON CRUELDAD. Esto me suele provocar un ataque de ira que me lleva a agarrar el monitor y arrojarlo por la ventana.

El monitor cae sobre una señora mayor, reventándole la cabeza, así que cojo mi camisa (por lo general, aún no me la he puesto) y me voy al aeropuerto en taxi, donde compro un billete para Laos. Allí ingreso como monje en un templo budista, donde paso tres años quejándome de lo malo que es el café. Me echan porque finalmente entienden que las palabras españolas “sí que estaba gordo, el Buda este; pues con la mierda de arroz que nos dan no lo entiendo”, no son la traducción de ningún rezo tradicional.

Es entonces cuando intento viajar a China, con el objetivo de demostrar que en este país sólo vive una persona muy nerviosa. Por eso los chinos nos parecen iguales: porque en realidad son el mismo, que se mueve mucho. Es más, es un chino de Cádiz, pero habla muy rápido y por eso no se le entiende.

Por desgracia, en la frontera me apresa la interpol y me extradita a España, donde soy juzgado por homicidio. Me defiendo a mí mismo y alego que la mujer ya estaba mayor y que no nos vamos a pelear por uno o dos años más que le podían quedar a la señora. Como soy negro, el juez me condena a prisión, donde paso seis años que aprovecho para estudiar Derecho porque me han robado la silla.

(Ruido de grillos. Toses. Prosigo.)

Al salir en libertad, voy a casa, por lo general dando un paseo. Me siento en el sofá, con una copa de vino blanco y un buen libro. Estoy cansado, pero también orgulloso y satisfecho por una jornada laboral productiva que, una vez más, me ha hecho sentirme útil.

(Fuente de la imagen).

La bolsa de Nueva York entra en un bucle

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La bolsa de Nueva York ha recuperado los niveles del 9 de octubre de 2007. De hecho, cuando uno entra en la bolsa de Nueva York está todavía en 2007. Por ejemplo, George W. Bush todavía es presidente, dado que a Obama aún le quedan unas tres semanas para ganar las elecciones. Y Mariano Rajoy seguiría recibiendo sobres de Bárcenas un año más.

De momento, la policía ha rodeado la zona y no deja entrar a nadie, ya que se conoce el alcance de este efecto y si podría expandirse o no al resto de la ciudad. El bucle temporal es muy brusco: dos operadores de bolsa han salido del edificio, desoyendo las advertencias de la policía, y han envejecido cinco años de golpe. Uno de ellos sólo se volvió algo más arrugado y canoso, además de perder algo de vista en el ojo izquierdo, pero el segundo falleció el 4 de agosto de 2011, de un infarto, antes de poder volver a entrar en el edificio.

Las comunicaciones con el interior son confusas. Los operadores y empleados se hayan algo desorientados y no acaban de comprender qué está pasando. No se trata sólo de que hayan viajado en el tiempo, sino que además no recuerdan nada de lo que ocurrirá entre 2007 y 2012.

De hecho, la mayoría se muestra escéptica y cree que se trata de alguna broma de un canal de televisión, ya que consideran imposible que haya una crisis económica. “Todos los indicadores apuntan a un crecimiento sólido del mercado de valores. La Fed sólo tiene que vigilar la inflación”, afirma uno. “Es cierto que hay signos de debilidad, pero lo peor ha pasado. No irá más allá de una corrección en el mercado inmobiliario”, ha explicado otro. “¿Qué dice de Lehman Brothers? No sólo sus números son más que buenos, sino que además, ese banco es demasiado grande para caer”.

Fuente de la foto.