Solo es una encuesta

Foto: Antoine Barrès (Unsplash)

—Buenas tardes, le llamo para hacerle una encuesta. Si mañana se celebraran elecciones, ¿a quién votaría?

—¿Mañana? Mañana estoy de viaje. No podría votar.

—No, a ver, es un caso hipotético…

—¿Por qué no me ha llamado con más tiempo? Podría haber votado por correo.

—Es una encuesta, no hablamos de un voto de verdad.

—¿Cómo que no? ¡Cada voto cuenta! ¿No es consciente de lo que está pasando? ¡El clima político polarizado y fragmentado en el que nos hayamos inmersos es un caldo de cultivo idóneo para los extremismos! Si no votamos todos, no podremos frenar el avance de la derecha. Nos vamos a quedar sin sanidad y educación públicas, volveremos al feudalismo, a las jornadas laborales de dieciséis horas diarias, a los toros, a estudiar francés en lugar de inglés. Y todo por su culpa.

—¿Por mi culpa?

—¿Por qué no me ha avisado antes de que mañana tenía que ir a votar?

—Pero es que esto no es un voto.

—No, claro que no lo es. Porque estaré de viaje.

—Solo es una encuesta.

—Pero tengo que ser sincero igualmente, ¿no?

—Sí, claro.

—Pues eso: mañana no podré votar.

—Veamos… Imagine que mañana no fuera de viaje y hubiera elecciones. ¿A quién votaría?

—No lo sé… Estaría muy triste.

—¿Cómo?

—Tenía muchas ganas de ir a Sevilla y ahora no puedo ir.

—No, no. Usted puede ir. Solo tiene que imaginar que no va.

—Eso estoy haciendo. Ha sido horrible.

—¿El qué?

—Me he roto las dos piernas y he tenido que cancelar el viaje. Me han devuelto el dinero del hotel porque tenía hasta hoy para cancelarlo, pero he perdido el del tren.

—Pero…

—Una pasta.

—Al menos puede votar.

—Eso es lo peor. No sé si estoy de ánimos para votar.

—Abstención, ¿entonces?

—Por otro lado, es mi obligación… Estoy indeciso. Debo reunir fuerzas para que mi voz cuente y sea escuchada o el fascismo vencerá.

—Espere. Tengo una idea. ¿Cuándo vuelve de Sevilla?

—Solo me voy tres días.

—Pues imagine que las elecciones son cuando vuelva del viaje. ¿A quién votaría?

—La pregunta está muy mal planteada.

—¿Por qué?

—Piense que estaré de viaje, desconectando y pasándolo bien. No podré informarme en la recta final de la campaña.

—Solo es un suponer.

—No, no. Es una idea horrible. Usted quiere que vote completamente desinformado. Creo que sería mejor no votar. Y así vuelve a ganar el fascismo. No le perdonaré jamás que me avise con tan poco tiempo.

—¿Y si le digo que las elecciones son una semana después de que vuelva de vacaciones?

—Deje que coja la agenda… Tengo dentista… El dolor podría llevarme a un voto de castigo irracional.

—¿Y al día siguiente?

—Al día siguiente podría, pero solo para comer.

—¿Quedamos por el centro?

—Sí, conozco un sitio majo. Luego le envío la localización.

—Perfecto. ¿A qué hora?

—A mí me gusta comer pronto. ¿A la una y media?

—Por mí bien, más tranquilos.

—Genial, pues nos vemos entonces.

—Envíeme la dirección.

—Ahora mismo.

—¡Eh! ¡Un momento!

—¿Qué?

—¡No estábamos quedando! ¡Le estaba haciendo una encuesta!

—Es verdad… ¿Usted a mí o yo a usted?

—Yo a usted.

—De acuerdo. Es que como solo hay guiones, a veces me pierdo.

—He puesto mi texto en rojo.

—Bien pensado.

—Volviendo a la encuesta, imagine que las elecciones son ahora mismo.

—Joder, qué presión.

—¿A quién votaría?

—¿Pero cómo van a ser las elecciones ahora? Necesitaremos una campañita electoral, unos debates, unos articuletes de analistas de los buenos, de los que aprendieron a leer y escribir.

—Que a quién votaría, le digo.

—¡Yo qué sé! ¡Voto en blanco!

—Madre mía.

—¿Qué? ¿Qué pasa? ¿Qué he hecho?

—No, nada, nada.

—Pero dígamelo.

—No se preocupe, solo es una encuesta.

—Lo dice como si no fuera solo una encuesta.

—Es que… No, no. No puedo decírselo.

—Ahora no me puede dejar así.

—Pues nada. Que ha perdido usted el apartamento.

—Oh.

—No era solo una encuesta. También era un concurso. Y esa no era la respuesta que buscábamos.

—Qué desastre.

—Y además ha dado paso a otra Guerra Civil.

—¿Por votar en blanco?

—El mal triunfa cuando los hombres buenos no hacen nada.

—Me parece un poco exagerado.

—Es usted peor que los nazis.

—Sigo pensando que la culpa es suya. Tendría que haberme llamado antes.

—Sí, encima. Ah, otra pregunta. Puntúe del 1 al 10 a los siguientes líderes políticos.

—No sé quiénes son los siguientes, solo conozco a los actuales.

—Supongo que serán más de lo mismo, ¿no?

—No sé, no me gusta ser tan conformista.

—Pues para no serlo, ha votado en blanco.

—También tiene razón. Pues un cuatro a todos.

—Muy bien. A usted le han puesto un tres.

—¿Cómo?

—Ellos también votan. Le ha ido mal lo de votar en blanco. Si hubiera aprobado a alguno, ese le habría puesto mejor nota y le habría subido la media.

—Cuánto rencor.

—Lo siento, yo solo leo las preguntas.

—Pues si no hay más, voy a colgar, que creo que ya han comenzado los primeros bombardeos.

—¿Lo de comer juntos sigue en pie?

—Por supuesto.

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Autor: Jaime Rubio Hancock

Yo soy el mono de tres cabezas