Algunos trucos de belleza

guapas probablemente ya muertas

Cuando paseo por la calle la gente acostumbra a maravillarse de mi aspecto físico: pocos son los que pueden dejar de mirarme y muchos los que gritan, excitados, “PERO DE DÓNDE SALES, POR EL AMOR DE DIOS, TÁPATE UN POCO”. Los hay que incluso arrancan a llorar o acaban vomitando.

He decidido compartir algunos de los trucos de belleza que me han convertido en un hombre tan atractivo que el Ministerio de Sanidad me ha multado en tres ocasiones. Sobre todo ahora que llega el buen tiempo y lucimos más cuerpo que el resto del año, siempre que la policía nos deje acercarnos a la playa y no haga aquello de taparnos con una manta y atarnos a las duchas hasta que llegan los empleados del zoo.

  • La barba favorece y sigue estando de moda. Igual que las gafas de sol. Y el pasamontañas. Y el turbante. Y la bufanda enrollada desde la coronilla hasta el cuello. Y la máscara al estilo fantasma de la ópera.
  • La oscuridad es tu aliada: yo me siento especialmente atractivo de noche, en casa, con las luces apagadas y las persianas bajadas. De vez en cuando las levanto para tirarles una botella a los perros que ladran frente a mi portal.
  • Otra arma infalible es la distancia. Soy mucho más guapo a tres kilómetros que a treinta metros. Ninguna chica deja que me acerque más. Supongo que corren el peligro de enamorarse.
  • Un truco que nunca me falla es salir a la calle tapándome la cara y gritando: “NO ME MIRÉS, NO ME MIRÉIS, AH, POR QUÉ HAY TANTA LUZ, NO ME MIRÉIS O ME COMERÉ A VUESTROS HIJOS”. Impacto asegurado.
  • Las jorobas son el complemento de la temporada. Además, son muy útiles en caso de que el objeto de tu amor necesite un hombro sobre el que llorar. Toma hombro. No has visto un hombro así de grande, turgente y lleno de venas en tu vida.
  • No te duches demasiado: podrías dejar de emitir feromonas. Un cierto olor a sudor, además de un sugerente aliento a yogur, ayudan a subrayar nuestro atractivo y a destacar entre todos esos afeminados que insisten en “peinarse” y “lavarse las orejas”.
  • El pelo en la espalda queda feo, pero si te haces unas trencitas, pasa a ser un rasgo alegre y divertido, y además demuestras que no tienes complejos y sí mucha flexibilidad en los brazos. Sin lacitos, que eso ya es demasiado.
  • La simetría es aburrida y está obsoleta: tener las dos orejas al mismo lado de la cara me ha dado pie a muchas conversaciones iniciadas por un “POR FAVOR, NO ME TOQUES”.
  • Si te quedas calvo, lo mejor es llevarlo con dignidad y amputarte la cabeza.
  • O afeitarte toda la cabeza. Y el resto del cuerpo. E irte a vivir a una cueva.
  • La belleza viene en gran medida determinada por la genética: si tus padres no son muy guapos, cómprate unos nuevos. ¡Notarás el cambio en seguida.
  • También me dicen muy a menudo que calladito estoy más guapo. Intento hacerles caso, pero tengo tanto conocimiento que compartir. Pero tanto.

(Fuente de la imagen).

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