La subasta

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-El precio de salida es de 6.000 euros al año. Tenemos 6.000. Ofrecen 6.500. 7.000. ¿7.500? ¿Nadie ofrece 7.500? 7.500 al fondo.

La sala está abarrotada: casi todos los que pujan son jóvenes, pero unos cuantos están en torno a la cuarentena, como Antonio, de 38 años: “Me quedé sin empleo hace unos meses y esta es la forma de volver a trabajar. Yo estaba ya casi cobrando, pero bueno, así es la vida”.

La puja es por un contrato indefinido como administrativo. Los empleos de esta categoría suelen rondar los 18.000 euros al año, pero se espera que en este caso el precio sea inferior, ya que se busca a alguien con experiencia y buen nivel de inglés. Es decir, no debería haber tantos pujantes como para otros puestos similares.

“No sé qué decirte, yo veo la sala llena, más llena incluso que ayer, cuando se llegó a los 20.000 -opina, algo desanimada, Mónica, de 29 años, poco antes de que comience la subasta-. Me he puesto el tope en los 16.000, porque a mi edad no puedo estar en puestos de más de 20.000 o no llegaré a cobrar nunca, pero no sé si pujaré porque no es realmente de lo mío”.

-Tenemos 8.000. ¿Quién ofrece 8.500? 8.500 por aquí. Vamos por 9.000. ¿Quién ofrece 9.000? ¿9.000 por horario intensivo entre mayo y septiembre, ambos incluidos?

Nuria, de 32 años, es una de las pocas personas que ha venido a pujar a pesar de que ya tiene un empleo: “Solo pago 12.000 y no creo que esta puja mejore mis condiciones, teniendo en cuenta que empieza ya en los 6.000, pero es importante estar abierta a nuevas oportunidades”. Su objetivo es bajar de los 10.000 el año que viene y comenzar a cobrar en menos de cinco años: “Sé que es difícil tener un sueldo antes de los 40, pero mi generación está muy bien preparada. Tenemos másters, idiomas… Yo sigo estudiando”.

-Ofrecen 9.000 Tenemos los 9.500. ¿Nadie ofrece 10.000? ¿10.000? Tenemos 10.000. 10.500. ¿11.000? ¿11.000 por un empleo que ofrece la posibilidad de trabajar desde casa un día a la semana? 11.000. 11.500.

Aunque algunos economistas se llevaron a la cabeza cuando las primeras empresas cobraron a sus empleados a cambio de permitirles trabajar, lo cierto es que el experimento ha sido todo un éxito: “En una empresa uno recibe una formación que en realidad no se puede pagar con dinero, pero que al menos se puede compensar parcialmente”, explica Rebeca Martínez, responsable de empleo de la casa de subastas Clisbal.

Cuando el empleado está formado y produce beneficios a la empresa es cuando comienza a percibir un sueldo. “Los primeros años son difíciles, sin duda, pero a partir de los 35 hay mucha gente que ya pasa a cobrar unos mil euros al mes y puede comenzar a devolver los créditos a los bancos”. La banca ha sido una de las grandes favorecidas por la iniciativa: los beneficios del sector han llegado casi a duplicarse en los últimos cuatro años.

-12.000. Ofrecen 12.500. ¿13.000? Recordemos que el puesto cuenta con luz natural. ¿Alguien ofrece 13.000? Tenemos 13.000. ¿13.500? ¿Nadie ofrece 13.500? 13.500 a la una. 13.500 a las dos. 13.500 a las tres. Adjudicado por 13.500.

“Me había puesto el límite en 12.000 -explica Jordi, de 29 años, que se ha llevado el empleo-, pero al final he decidido subir porque puedo ir andando a la oficina y me ahorro el transporte”. Jordi tiene un empleo, pero esta oferta mejora sus condiciones: “Estoy pagando 18.000 al año en mi actual trabajo y ya me dijeron que no pueden cobrarme menos porque la empresa sigue en pérdidas y el director general se ha comprado una casa nueva”. A Jordi le sale a cuenta el cambio incluso teniendo en cuenta que tendrá que compensar a su empresa con 3.000 euros por romper el contrato para marcharse.

Jordi sale a la calle para llamar a sus padres y darles la buena noticia. Frente a la puerta hay media docena de manifestantes, con carteles con lemas perezosos como “el trabajo es un derecho” y “no se paga por trabajar”.

Las protestas cada vez son menos, explica Martínez, de Clisbal: “Antes venían todos los días, pero ahora solo se acercan de vez en cuando. Ya nos conocemos y nos saludamos, son buena gente”. En su opinión, no saben cómo funciona el mundo: “¿Cuál es la alternativa que ofrecen? Porque aquí no vivimos en el país de la gominola, sino en una economía de mercado. Claro que a todos nos gustaría cobrar por hacer nuestro trabajo, pero eso no se sostiene: ¿cómo vas a pagar a alguien que acaba de llegar y no sabe ni dónde está el baño? Esa persona tendrá que poner algo de su parte, ¿no? Además, es que ya es una realidad. Hoy en día, si no quieres pagar por trabajar, la única alternativa es el paro. ¿Quién quiere estar desempleado, con la que está cayendo?”.

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Autor: Jaime Rubio Hancock

Yo soy el mono de tres cabezas