National Domestic

McCall's Magazine Cover, family arriving in kitchen for the holidays

A: Estamos ante imágenes nunca vistas antes en televisión. Se trata de Luis García disponiéndose a comerse una manzana sentado en la mesa de su casa. Está frente al televisor, viendo un episodio repetido de los Simpson, sin prestar mucha atención. No sabemos siquiera si pelará o no la manzana… ¡No la está pelando! Traía un plato y un cuchillo, pero finalmente ha decidido no pelarla. Esto es sensacional. Es información nueva e interesante para los luisgarciólogos. La semana pasada pudimos ver a Marta Jiménez buscando un libro y hoy a Luis García comiéndose una manz… Creo que nos ha visto. Nos hemos agachado porque parece que…

B: ¡Eh! ¿Qué hacen ustedes detrás de mi sofá?

A: Efectivamente, nos ha visto. En esta situación hay que mantener la calma y procurar no moverse para que no nos vea.

B: Oigan, ¿cómo han entrado en mi casa? ¿Eso es una cámara?

A: Vamos a intentar entablar una conversación con él. A la hora de hablar con humanos, lo fundamental es que vea que somos inofensivos y venimos en son de paz.

B: ¡Salgan inmediatamente de aquí! ¡Voy a llamar a la policía!

A: Saludos, señor García, venimos a grabar un documental.

B: ¿Pero qué documental ni qué niño muerto? ¿Cómo van a grabar un documental en mi casa?

A: Estamos interesados en las vicisitudes domésticas del homo sapiens.

B: ¿Homo sapiens? ¡Ustedes están locos! ¡Fuera de mi casa!

A: Nos gustaría grabar antes un…

B: ¡Aquí no se graba más! ¡Fuera! ¡Fuera he dicho!

A: Pero…

B: ¡Fuera! ¡Largo de aquí!

A: Oiga, sin golpes.

B: ¡Que se marchen!

A: ¡No, la cámara n…!

*****

C: Estremecedoras e interesantísimas imágenes las que pudo grabar nuestro compañero y que pudimos rescatar gracias a nuestro equipo técnico, que consiguió rescatarlas de un disco duro dañado. Tanto el reportero como el cámara se encuentran bien aunque el médico les ha recomendado reposo. En todo caso, resulta interesante apreciar cómo Luis García comía su manzana sin usar cuchillo. Aunque no podamos decir que lo haga siempre, se trata de una duda que siempre habíamos tenido: ¿cómo prefiere Luis García su fruta? ¿Con o sin piel? Me dicen que tenemos una llamada. Buenos días.

B: Buenos días, soy Luis García. ¿Por qué están hablando de mí en la tele?

C: Atención, tenemos con nosotros a Luis García, en un testimonio único. Se trata de la primera vez en la que Luis García habla por televisión.

B: ¡Que no hablen de mí, les digo! ¡Y que no saquen mi comedor por la tele!

C: Se trata de un documento con un valor científico fundamental que intenta responder a la pregunta: ¿cómo prefiere Luis García la fruta?

B: ¡Les he denunciado a la policía!

C: Comprobamos además que Luis García recurre a las fuerzas de seguridad del estado cuando siente su espacio amenazado por otros homo sapiens.

B: ¡Oiga, que deje de hablar de mí y de mi fruta, le digo!

C: (Susurrando). Es importante mantener la calma en estas situaciones. Recordemos lo que les pasó a nuestros compañeros, cuando fueron atacados por Luis García.

B: LE ESTOY OYENDO.

C: Luis García y la fruta. Este ha sido otro documento interesante que les hemos traído.

B: QUE YA VALE, LE DIGO.

C: La semana que viene les traeremos otro documento jamás visto en televisión. El matrimonio Sánchez Romero discutiendo en Ikea.

B: Ah mire, eso ya lo veo más interesante.

C: Por primera vez les mostraremos imágenes de Julio Sánchez y Natalia Romero muy enfadados por el color más apropiado para una mesa de café valorada en 19,95 euros. Él prefiere la marrón clara porque en la negra se ve el polvo en seguida, pero ella le recuerda que la Expedit que tienen ya es negra por lo que la marrón no pegaría con el resto del comedor. Es una escena que nunca antes se habían grabado.

B: A mí es que los documentales me gustan mucho.

C: Nos vemos la semana que viene. Muchas gracias por su atención.

B: Me los pongo para dormir.

¡Doctor, doctor!

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A: Adelante.
B: ¡Doctor, doctor! ¡Tengo doble personalidad!
A: Siéntese.
B: ¡Tengo doble personalidad!
A: No, pero siéntese.
B: ¡Digo que tengo doble personalidad!
A: A ver, que abro su ficha.
B: No, pero no es así…
A: ¿El qué no es así?
B: Usted tiene que decir: «Pues pase y hablemos los cuatro».
A: ¿Cómo?
B: ¡Es un chiste!
A: ¿Pero a qué viene esto?
B: Comencemos otra vez.
A: ¿Pero a dónde va?
B: ¡A la puerta!
A: Pero…
B: ¡Doctor, doctor! ¡Tengo el cuerpo lleno de pelo! ¿Qué padezco?
A: Oiga, que aquí viene gente enferma.
B: No, tiene que decir: «Padece uzted un ozito».
A: ¿Quiere parar de una vez?
B: ¿Es que no se sabe ninguno de los chistes?
A: Este no es el lugar ni el momento para gracietas. ¿Está usted enfermo o no?
B: ¡No! ¡Soy un actor! ¡Vengo a escenificar chistes!
A: ¿Pero por qué?
B: ¡Porque es gracioso! ¡Maldita sea! ¡Nunca lo vamos a lograr!
A: ¿Nunca vamos a lograr el qué? ¿De qué está hablando?
B: ¡El éxito! ¡La fama! ¡La gira de verano por las fiestas mayores de los pueblos!
A: Oiga, si no tiene ninguna consulta médica que hacerme, haga el favor de marcharse.
B: Un momento.
A: ¿Otra vez a la puerta? ¿Qué hace?
B: ¡Doctor, doctor!
A: ¿Se ha atado un pato de goma a la cabeza con esparadrapo?
B: Tiene que decir: «¿Qué le ha pasado?» Y entonces el pato dirá: «No sé, empezó con un bulto en el pie».
A: Es un pato de goma. No creo que pueda hablar.
B: ¡También soy ventrílocuo! ¡Soy un artista del Renacimiento!
A: Por favor, márchese. Hay gente esperando y esto no es ningún teatro.
B: En fin. Ya le llamaremos.
A: ¿Cómo?
B: Que ya le llamaremos. Gracias por venir.
A: Está usted en mi consulta. Gracias a usted por venir.
B: Ya puede marcharse. ¡Siguiente!
A: ¡Oiga!
C: Buenas tardes. Venía por el puesto de partennaire de pareja cómica.
B: Aquí es. Comencemos. Le doy la línea. ¡Doctor, doctor! ¡Me duele aquí!
C: ¡Pues váyase allí!
B: ¡Doctor, doctor! ¡Nadie me hace caso!
C: ¡Siguiente!
B: ¡Jajaja!
C: ¡Jajaja!
A: ¿Quieren hacer el favor de salir de mi consulta!
B: ¡Está usted contratado!
C: ¡Gracias!
A: ¡Salgan de aquí!
B: ¡Nos vamos a forrar!
C: ¡El éxito nos aguarda!
B: Tengo una gira por Soria medio apalabrada.
A: ¡Fuera! ¡Largo! A ver, siguiente.
D: Padre, me quiero confesar. Soy un pirómano.
A: ¿Cómo?
D: Ay, me he vuelto a confundir. ¿Dónde está la iglesia?
A: ¡No sé dónde está la iglesia!
D: ¿Y no me puede ayudar?
A: ¿A qué?
D: Usted me pregunta: «Hijo, ¿pecas?» Y yo le contesto: «Sí, hasta en el culo». Porque soy pelirrojo.
A: ¡Usted no es pelirrojo!
D: Es verdad, así no funciona. Pongamos que yo le digo: «Padre, me he acostado con el párroco del pueblo de al lado» y usted…
A: ¡Basta! ¡Esto no es una iglesia! ¡Y no pienso escenificar ningún chiste! ¡Márchese!
D: Está bien. Ya me voy… Pero no conozco el barrio… ¿La calle Sevilla?
A: Si la pisa fuerte… ¡JAJAJAJAJA!
D: No es así.
A: ¡JAJAJAJA!
D: Es Saboya. Es la calle Saboya.
A: ¡JAJAJAJA…! Fuera, le digo. Es mi consulta y los cuento como quiero.
D: No sé dónde está la calle Sevilla.
A: ¡Váyase de una vez!
D: No la encontraré y moriré de hambre vagando por la ciudad.
A: Le está bien empleado. Por contar chistes. Nadie debería contar chistes. Nunca. No estamos en 1992.